Archivo de la etiqueta: Literatura femenina

ENCUENTRO CON ESCRITORAS: VOCES DE LA NARRATIVA ESPAÑOLA Y RUMANA EN DIÁLOGO 3ª Parte. Por Raquel Viejobueno

http://bibliomor.blogspot.com.es/2012/03/mujeres-escritoras.html

El valor femenino y sus nostalgias.

Los niños adolescentes pueblan sus historias, niños que viven en un mundo inocente enfrentándose, siempre, a la cruda y tremenda realidad de los adultos, que siempre vencen. Si embargo, su obra no pretende  hacer crítica social, ni dar soluciones, sino, simplemente, protestar. Citemos sus propias palabras extraídas de una entrevista, “yo siempre escribo y protesto, pero no doy soluciones. Un escritor explica y expone lo que le molesta, lo que le crea un gran malestar, pero no da soluciones, eso no corresponde al escritor.”

Es importante insistir en un núcleo de ideas homogéneas a lo largo de su obra. Es constante en ésta el tono elegíaco. Su estilo es brillante, plástico, sensorial y rico en adjetivación y en imágenes, aunque hay críticos que lo califican de bastante más brillante que eficaz.

Es necesario explicar en breves palabras la denominada corriente tremendista o realista, llamada también miserabilismo, excrementicialismo, términos, todos ellos, que se usaron para  designar esta nueva tendencia que escandalizó, por la violencia expresiva y desmesurada.

El término tremendismo quedó definido como el desquiciamiento de la realidad en un sentido violento o la sistemática presentación de hechos desagradables e incluso repulsivos. En la literatura española de los años 40, se produce esta tendencia. No sólo Matute, formó parte de esta nueva corriente, sino que podemos citar a otras escritoras como Susana March, Rosa María Cajal y Carmen Laforet.

Diferentes críticos y escritores, como Carmen Conde, lo expresaron como un momento de cierto estupor y aturdimiento por la avalancha de novelas tremendistas que eligieron sus temas entre “lo podrido, lo hediondo lo infrahumano, en lo lugar de lo creativo, lo luminoso o lo bello.”

Pero no sólo en la narrativa literaria encontramos un cambio direccional de la presencia de literatura escrita por mujeres, también en los estudios lingüísticos se aprecia un giro, con el objetivo de favorecer el posicionamiento de la mujer.

Es importante destacar la falta de la representación simbólica de las mujeres en la lengua. El mismo uso del  lenguaje como podemos observar, las hace prácticamente invisibles. Quizá estemos hablando de un tópico cuando afirmamos las formas de subordinar  a las mujeres, cuando se crea una verdadera confusión, en muchos casos con plena conciencia, y en otros casos inconsciente, pero sin duda, real.

Es toda una polémica hablar de géneros gramaticales y el sexo de las personas, sin duda un debate muy extendido, que ha pasado por muchas Universidades y ha sido objeto de estudio.

Desde este artículo, no se pretende otra cosa que concienciar al hablante del mal uso del lenguaje, uso, que sin duda, es responsable unas tendencias sociales que parecieran intrínsecas y muy difíciles de cambiar.

La lengua designa en las cosas dos géneros: el masculino y el femenino, que por supuesto nada tiene que ver con el sexo de las personas. Existen muchas palabras que designan  el género gramatical y al mismo tiempo, el sexo de la persona  a quien se nombra.

Pongamos un ejemplo: enfermera/enfermero, niños/niñas.

El valor gramatical en estos ejemplos, coincide el género con la persona que estamos designando. Así pues, cuando se utiliza el masculino, ya sea para referirse a una mujer, o  si lo usamos en plural para denominar a un grupo de mujeres, o a un grupo mixto, estamos ante la invisibilidad de la figura femenina, por no decir que la esconde a límites que es casi imposible encontrarla en el proceso de representación simbólica que activa el funcionamiento de la  lengua.

Llegados a este punto, debemos señalar y decir que existen  palabras que designan un aspecto genérico, sean femeninas o masculinas.

Pongamos un ejemplo: “El vecindario estaba triste”.

Evidentemente en este ejemplo nos encontramos que dentro del vecindario, incluimos, de forma natural, a los dos géneros, sin excluir en ningún momento a ninguno. Vecindario sería un sustantivo colectivo con género masculino, pero también podemos encontrar el mismo caso de colectivo, con el género femenino, como por ejemplo “La gente estaba triste”. Es obvio que estamos ante el mismo ejemplo de vecindario, sin que exista el riesgo de excluir simbólicamente a ninguno de los géneros.

Ahora bien, podemos encontrarnos con un problema, donde ciertos masculinos excluyen radicalmente el género y la persona femenina que lo designa, es decir, estamos ante un pensamiento androcéntrico que considera a los hombres como sujetos de referencia y a las mujeres seres dependientes o que viven en función de ellos.

No hay que alarmarse llegados a este punto, ya que yo, personalmente me siento optimista, puesto que  el problema, o la raíz del mismo, no provienen, en ningún caso del propio lenguaje, sino de la utilización del mismo.

La lengua como instrumento comunicativo, debe ser empleada en base a las creencias sociales y a la educación recibida. Para que este instrumento poderoso, como es la lengua, sea realmente objetivo y justo con los dos géneros, debemos de cambiar estas orientaciones  y  las creencias. En primer lugar olvidarnos que el masculino socialmente es un referente para designar un todo poderoso, y que la invisibilidad de la mujer en la utilización propia de la lengua, lo único que hace es extirpar las miles de bellas variedades y  posibilidades de la misma.

Es conveniente que los expertos, creadores y aficionados del arte de escribir, empiecen, para algunos, y continúen, para otros, con el arduo trabajo de la transformación de la creencia social.

Debemos desechar la idea que el hombre, como género masculino es el centro del cosmos, donde debe girar todo, y tenemos la obligación de crear una nueva galaxia social, donde el hombre y la mujer sean designados correctamente en sus usos gramaticales.

Espero que a partir de ahora, se me nombre, tal y como deseo, ya que no soy invisible, simplemente he sido no nombrada en el laberinto majestuoso y mal utilizado del lenguaje humano.

Para ir terminando con estas breves pinceladas y exposiciones respecto al tema que nos ocupa, tenemos, sin duda, un sinfín de obras literarias escritas por mujeres, con trayectorias sobresalientes, pero también otro sinfín sumergidas en el olvido y la indiferencia. Mujeres con un enorme valor artístico, profesional, literario, que vieron sus vidas dobladas como simples servilletas expuestas en una mesa, donde el pastel se lo comían otros, y aún así, su imagen se refleja en el mantel de su tiempo.

El resurgir de la narrativa femenina ha sido y es, sin duda, un triunfo y un logro que pone de manifiesto todo aquello que le queda por decir a la mujer, que aún gozando de una situación más privilegiada, en ocasiones caemos en el olvido.

Y terminando con este compendio de nostalgias y memorias, de voces despiertas y mudos espacios simbólicos, quiero volver a recordar a Ana María Matute en su entrega del Premio Cervantes, donde expresó su alegría y rememoró entre recuerdos como muchos años atrás se imaginaba recogiendo el galardón y saltando de alegría. Saltos que no pudo dar, por sus ya más de 83 años y su impedimento físico, pero que, sin duda, lo dejó plasmado en su trayectoria literaria, porque como decía Machado a su recordada Leonor “caminante no hay camino, se hace camino al andar” aunque sea empujando las nostalgias, memorias, soledades y deseos sobre ruedas de esperanzas y voces nuevas sin cadenas.

 

ENCUENTRO CON ESCRITORAS: VOCES DE LA NARRATIVA ESPAÑOLA Y RUMANA EN DIÁLOGO 2ª Parte. Por Raquel Viejobueno

 

Oswaldo Vigas 2007

El valor femenino y sus nostalgias.

Las ideologías políticas, creyentes en la educación exacerbada de guiar desde su nacimiento a la persona, para así direccionarlo a la ideología política, convirtió a la mujer republicana en verdaderos úteros políticos, donde las semillas depositadas de ideales distintos, esperaban seguidores embrionarios, y luego fieles incondicionales. No sólo esta aberración se desarrolló en España, en las Guerras Mundiales, un Hitler convencido de su estrellato y mandato, colocó y utilizó a las mujeres del bando contrario como úteros para la creación de la nueva raza.

Teresa Gracia supo en su sublime obra teatral abrir todos los miedos de la mujer, y contar desde su experiencia propia, aquello que a la edad de siete años le tocó vivir. Espacios oníricos, simbólicos donde soñaba con tener una cama, una casa, y no pasar frío, ni hambre, o volver a ver a sus seres queridos con vida. Todas inquietudes ahogadas en  silencios y paciencia, como si el tiempo que las tocó vivir fuera una segunda piel, la cual todavía no había mudado, dejando al descubierto la nueva.

Pero no sólo las narradoras crearon textos basados en la memoria, sino en su actualidad, como Belén Gopegui en su novela “La conquista del aire”. Es la historia de un desencanto, de la decepción individual de los protagonistas que se descubren a ellos mismos y deben aceptar que son mucho peores de lo que en un tiempo pensaron. De ahí la singularidad de esta historia con relación a otras, el fracaso no se esconde en una sociedad hostil, en una realidad adversa, sino en la propia conciencia de quien desearían ser mejores y no saben cómo. Gopegui nos conduce por la psicología de los personajes, característica fundamental de la narrativa femenina.

En la construcción de los protagonistas se puede percibir atisbos de ternura Gopegui obliga a esos personajes a enfrentarse a la realidad, a mirar de frente una serie de verdades que se empeñan en esquivar. La autora acaba haciendo entender al lector, que lo triste no es estar sólo, sino empañarse es ignorar la soledad. La conquista del aire es quizá, la más contundente muestra de novela realista escrita en nuestro país en esta década. Aportada voluntariamente de la mainada “Generación Kronen”. Gopegui es capaz de crear una corriente de novela urbana y contemporánea, donde los encuentros con el alcohol, el sexo desencarnado y los cigarros de marihuana, son sólo un ingrediente de la historia y no su última razón de ser ni el pilar que sostiene la trama.

Pasemos a Imma Monsó, escritora catalana (Lérida 1959), es una de las voces más originales y reconocidas. Su obra está subrayada por la temática de la incomunicación, la soledad que siempre acompaña a los seres humanos, o la dificultad que puede entrañar las relaciones familiares y el modo de afrontar la enfermedad y la fama de introducir esta temática es lo que otorga singularidad y maestría al conjunto.

Es prescindible citar, aunque no dentro de la narrativa, pero si de la poética a Gabriela Baquero (Vigo 1960). Es una poeta sólida no sólo por la fuerza seductora de sus palabras y sus imágenes, sino también parque expresa la coherencia de un mundo que se sostiene vertical con columnas de sentido. Su biografía, como he dicho anteriormente está orientada más a la filosofía  y a la poesía.

Poeta que avoca todo un Universo poético, con una premisa clave ¿qué se puede hacer desde nuestra contingencia y nuestras circunstancias, desde esta situación tan relativa y subjetiva en la que nos toca vivir a cada persona? <<Puedo hacer nada y sin embargo intervengo>> muestra que el yo poético reconoce ya en primera persona un enunciado que es lo contrario a <<hacer nada>> y donde se transluce la libertad de esa intervención.

 

No podemos ni debemos dejar en el tintero a Carmen Martín Gaite. Esta autora expone constantemente el problema de la identidad, característica sobresaliente dentro de su temática narrativa. En su cuento para adultos “Retirada” de 1974, Martín Gaite, tira un a vez más de este tema. Y replantea, con una técnica innovadora, la insatisfacción femenina con la vida, y con la identidad propia. Este cuento se distingue claramente de los otros escritos por la autora, por ser un ejemplo notable de las escritura performativa, es decir, de la escritura que exhibe rasgos de un performance, (performance; acción artística, es una muestra escénica, muchas veces con su importante factor de improvisación, en la que la provocación o el asombro, así como el sentido de la estética, juegan un papel principal. Tuvo mucho auge durante los años noventa) y que por tanto realiza simultáneamente la acción evocada. Los cuentos de Martín Gaite cuestionan y subvierten la estrategia estructuralista de analizar las costumbres culturales en términos de oposición binarias; se resisten a cualquier noción universal, y de estabilidad. Insisten más bien, en la inestabilidad, es decir, todo está en proceso.

Pero aún menos podemos olvidar a Ana María Matute, nacida en Barcelona el 26 de julio de 1925. La narrativa de Matute es un caso singular dentro del realismo, ya que partiendo de él, intenta desligarse a través de la fantasía y de la imaginación. Se basa, por tanto, en la realidad y en la autobiografía psicológica destacando entre sus temas la soledad del hombre (lo que vendría a decir la incomunicación entre las almas), la mezcla de odio y amor, en las relaciones entre hermanos, amantes o amigos, y la necesidad de huir y evadirse de la vida vulgar y corriente.

La obra de esta escritora está cargada de lirismo subjetivo, fantasía e imaginación que parte de la realidad y unos hechos, la Guerra Civil y la posguerra, y que hace que sus personajes sean unos seres tristes, llenos de obsesiones y a la vez de inocencia, que siempre acaban mal. Sus finales son trágicos y desgraciados, no hay esperanzas en sus historias, no se encuentra una salida porque su vida está marcada desde su comienzo hacia lo irremediable, hacia la nada.

Narrativa cargada de evocación, de matices tremendos y grotescos.

ENCUENTRO CON ESCRITORAS: VOCES DE LA NARRATIVA ESPAÑOLA Y RUMANA EN DIÁLOGO1ª Parte. Por Raquel Viejobueno

El valor femenino y sus nostalgias.

 

La historia cuenta como a lo largo de los siglos la invisibilidad femenina ha destacado por su notable presencia en todos los ámbitos.

La mujer, aún siendo parte imprescindible de la sociedad, fue arrinconada en todos sus aspectos. Es a partir de la finalización de la dictadura española, donde comienza a resurgir la narrativa femenina. Difícil establecer parámetros o características que definan dicha literatura, pero lo cierto, es que  se puede partir de unas premisas comunes que comparten las narradoras.

Encontramos un sublime Universo femenino, donde la interiorización nos presenta a protagonistas con conductas psicológicas profundas. Mujeres  que debaten el amor y el desamor, la vuelta e importancia de la infancia, la utilización de la ironía, junto con una temática muy variada, donde nos presentan tanto espacios físicos como simbólicos. Narrativa que utiliza como narrador o narradora la primera persona, aportando al texto un carácter íntimo, donde los espacios reales y oníricos se fusionan, creando una simbiosis detonante en lo que al texto narrativo se refiere.

El silencio social respecto a una realidad,  fue y ha ido tejiendo en las psicologías femeninas un continúo despertar de inquietudes y nostalgias. Sí, nostalgias por aquellas que cosieron su futuro en remiendos de soledades, cocinaron su  vida a las sombras y luces de un candil próximo a la esperanza de decir, pero que nunca la llama era lo suficientemente potente como para alumbrar todas las galaxias, de un mismo Universo.

Por todos he sabido, que en un principio el tronco del grupo del 27, que hasta no hace mucho se consideraba un núcleo cerrado, formado por un aserie de escritores (hombres y poetas) es necesario establecer dos ramas más: la denominada la otra generación del 27 (la del humor), compuesta por una serie de dramaturgos y constituido por una serie de escritoras, que afortunadamente, se  reivindicaron en estos últimos años, y que produjeron una valiosa nómina de escritos auto-biográficos.

Existe una tercera rama de autoras andaluzas en el exilio que tratan en sus obras de los testimonios autobiográficos, que es conveniente e importante tenerlas en cuenta. (ver anexo 1)

Es bien sabido que en la España peregrina, por motivos personales, políticos y sentimentales, produjo un conjunto autobiográfico muy cuantiosos y valioso, pleno de nostalgia y literalidad, como atestiguan los textos memorísticos.  La mayoría de las mujeres surgidas en los años 20 en España y que constituyeron la primera avanzadilla en la vida social y cultural, vieron como consecuencia la Guerra Civil, abocadas al exilio, dando lugar a una escritura muy significativa. Nunca antes las mujeres plasmaron sus vivencias en tan abundantes textos, donde el recuerdo de lo vivido y perdido, muy especialmente en la Guerra Civil, y sus consecuencias, aflorará con un  recio vigor testimonial.

 

En la Segunda República española se consiguió avanzar en los derechos sociales de la mujer, pero después de la sin razón bélica y la enfermedad vírica de un país destinado a la represión, España se arrugó como un sueño sin luces, o como aquel papel amarillento que con el paso de los años, se dejó depositado con versos y prosas en algún cajón, de alguna casa, de alguna mujer consumida en mudez y silencios.

La invisibilidad fue un paño extendido durante años. La sociedad patriarcal constituyó el pilar principal y único de cualquier hogar o directriz a seguir.

Fue a partir de los años 80-90, donde se establece y se observa un resurgir de una mujer cansada de esperar. Autoras que plasman en sus novelas, un constante esfuerzo por colocar a la mujer en el sitio que le corresponde. Narradoras que demuestran que no sólo es posible escribir novelas rosa, destinada a un público costumbrista, sino mujeres que elaboran una literatura de memoria.

Así es el caso de Dulce María Chacón, donde con su voz dormida, nos dejó despiertos toda la noche. Novela que expresa a la perfección el Universo femenino, de una protagonista donde enlaza la realidad y ficción en sus espacios reales y simbólicos.

Habla de una mujer republicana que espera pacientemente cuarenta años a que sus sueños de juventud y de amor vieran la luz, y coquetea con el tiempo como la eterna enamorada, como aquella sombra que busca sus reflejos para resaltar más su figura. Chacón crea un personaje basado en una historia real de una mujer sevillana que le contó su historia a través del oído del tiempo, porque no hay mejor forma de escuchar que dejar a toda una vida que hable.

Es arriesgado afirmar que las temáticas de sus cinco novelas, pueden obedecer a circunstancias personales, culturales o socio-históricas. Citemos su novela “Algún amor que no mate”, de corte social. Sus temáticas se centran en las relaciones de pareja y tiene como núcleo la incomunicación y como consecuencia de la misma; el fracaso amoroso, soledad, frustración, desprecio, rencor, locura, lo cual plasma constantemente en esta fabulosa novela.

 

También nos encontramos con Rosa Regás, la cual nos hace descubrir en su novela Luna Lunera, la infancia y la vida de la protagonista, aferrada a una férrea  disciplina patriarcal, donde las decisiones vienen precedidas, si cabe, antes del nacimiento. Igual que Chacón, crea personajes, donde se observa el choque generacional, la falta de conductas nuevas, y el sufrimiento de una joven que no entiende que tiene de distinto ella, que no tengan los hombres. Pero quizá el rasgo más característico es la vuelta a la infancia de la protagonista, como sin darse cuenta el tiempo va tejiendo su mente y su cuerpo, característica típica de la literatura escrita por mujeres.

La narrativa femenina se ha ocupado también de la memoria, no sólo de la memoria individual, sino del papel de la mujer en las memorias históricas. Así Teresa Gracia, en su obra teatral “Las Republicanas” coloca a la mujer de la Guerra Civil española, como siglos atrás hizo Eurípides  con “Las troyanas”. Heroínas que vieron morir a sus hijos cuando subía la marea, y las cunas de arena eran destruidas por el agua. Mujeres que perdieron la vida en intentar reencontrarse con sus esposos a la otra orilla del campo de concentración francés, memorias que vieron la miseria, el hambre y la tortura del desconsuelo en el reflejo del rostro de su compañera famélica y moribunda. Memorias que las dejó más desnudas que estando desnudas, aún estando vestidas.

Es ahí donde colocó Teresa Gracia el papel simbólico de la mujer, de cualquier nacionalidad, en tiempos de guerras. No se las dejaban combatir en el campo de batalla, pero se las obligaba a pasar peor condena que la muerte; ver morir a todos aquellos que le dieron la vida y las aportó otra nueva. Utilizada como útero político, el catedrático Francisco Gutiérrez Carbajo, en medicina forense de la UNED, y con su investigación “Teoría de la construcción de la memoria” vino a decir” hay peores fosas que las comunes, o aquellas donde te arropan con tierra, son las otras, las que te obligan a vivir estando muerto”. Sin duda idea literalizada para que el lector pueda construirse en su cabeza, la necesidad de la creación de los personajes en todos sus espacios simbólicos, para combatir contra los horrores de una realidad que cortaba como cristales.