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PABLO NERUDA HABLA SOBRE FEDERICO GARCÍA LORCA. Por Jesús García Moreno

 

 

 

Pablo Neruda, poeta universal conoció a Federico García Lorca, un genio de la poesía y del teatro, la extraordinaria admiración mutua que se generó de forma inmediata no estuvo exenta de periodos de una cierta tirantez entre ambos. Pablo Neruda  que nos va a contar sus impresiones sobre Federico, y su carácter poco dado a la rigidez en sus compromisos sociales  y a la puntualidad en sus citas.

Todo dentro del homenaje que al cumplirse treinta años del asesinato de Federico García Lorca, Radio París dedicó al inmortal poeta. La ORTF  (Radio Televisión Francesa) había adquirido los derechos de emisión de ‘Ayer, Federico García Lorca, recuerdos y testimonios’, un interesante cortometraje realizado por el fotógrafo argentino Roberto Otero, Yerno de Rafael Alberti y de María Teresa León,  el cual había recogido para su elaboración los testimonios de un importante elenco de intelectuales españoles exiliados. A lo largo de varios vídeos, reproduciremos la voz grabada en Radio París, y extraída de la página de la Universidad de Alicante “Devuélveme la voz”, con el testimonio de Pablo Neruda,  ampliamos esta serie de testimonios que continuará con los de  Jorge Guillen y José Bergamín, entre otros. José Bergamín,  fue editor de la revista ” Cruz y raya” ( Madrid 1933-1936)y la persona a la que Federico García Lorca confió el borrador de “Poeta en Nueva York” pocos días antes de marchar a Granada en donde sería asesinado el 20 de agosto de 1.936 por las fuerzas franquistas . Posteriormente, José Bergamín, exiliado en México, publicó la primera edición en Castellano de Poeta en Nueva York en 1940, y posibilitó, cediendo el manuscrito, la primera edición del poemario en inglés.

 

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“POETA EN NUEVA YORK” VERÁ LA LUZ TAL Y COMO GARCÍA LORCA LO CONCIBIÓ

Publicado por primera vez el poemario manuscrito entregado por el poeta antes de morir

EL PAÍS /JESÚS RUIZ MANTILLA / MADRID / Publicada el 26/03/2013

Nota de Pulso.- Los textos  originales del poemario ” Poeta en Nueva York”, que Federico García Lorca escribió durante su estancia entre 1929 y 1930 en Nueva York y la Habana,  no  salieron a la luz hasta 2003,  que subastados , fueron adquiridos por la fundación  Federico García Lorca.
Estos manuscritos desde la víspera del 13 de julio de 1936, en  que  Federico García Lorca los dejó sobre la mesa del despacho  de un ausente José Bergamín*, acompañados de una escueta nota: “He estado a verte y creo que volveré mañana”. Sufrieron  innumerables peripecias, -entre ellas la de acompañar a su depositario José Bergamín durante su camino al exilio-.
*José Bergamín presidió durante la  Guerra Civil la Alianza de Intelectuales Antifascistas; su nombre está está asociado  en esta época a casi todas las empresas culturales  que tuvieron lugar durante la contienda. Preside en 1937 en Valencia el segundo Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura, julio de  1937, que reunió a más de un centenar de intelectuales llegados de casi todas partes del mundo: Antonio Machado, León Felipe, Cesar Vallejo, entre otros.  A José Bergantín le cabe  además  el honor de haber  hecho a Pablo Picasso el encargo oficial del “Guernica” para la Exposición Universal de París de 1937. Información extraída de Wikkipedia.

 

El poeta partió a Granada pocos días antes de que estallara la guerra. Creyó, inocente, que allí se encontraría más seguro.

Lo que le dejó a su editor encima de la mesa en la redacción de la revista Cruz y Raya fue el original manuscrito, mecanografiado, ordenado por partes y estructurado en 35 poemas y 10 secciones de lo que acabaría siendo una obra maestra que cambiaría para siempre la literatura: Poeta en Nueva York. El resto de la historia es conocida; Lorca murió, el original pasó por toda clase de vicisitudes y nunca, hasta ahora, se había publicado en el orden indicado por su autor.

El texto no apareció hasta 2003. Lo compró por 194.000 euros en una subasta la Fundación García Lorca. Hasta ese día de junio, las polémicas y el misterio habían

rodeado las auténticas intenciones de Lorca. La editorial Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores hará llegar a las librerías la semana que viene la versión que al poeta le hubiese gustado tener entre las manos. Se acompaña un estudio minucioso del profesor de la Universidad de Virginia Andrew A. Anderson y reproducciones de los originales donde se puede leer el texto escrito a mano y las correcciones sobre las piezas mecanografiadas.

La fundación compró el original en 2003 en una subasta

El libro iba a titularse por consejo de Pablo Neruda Introducción a la muerte. Demasiado premonitorio, pero inevitablemente veraz. Luego fue suavizado. La realidad, no tanto. El resultado es una obra inacabada —autor y editor hubiesen llevado a cabo un trabajo conjunto para darle la forma definitiva—, aunque no por ello menos valiosa, menos impactante, menos crucial.

El libro se iba a llamar ‘Introducción a la muerte’, por consejo de Neruda.

 

La epopeya del manuscrito es digna de un relato épico. Cuando estalla la guerra, Bergamín se lleva al exilio los poemas concebidos en la Universidad de Columbia en 1929. “Lorca quiere que se incluyan la gran mayoría, pero no todos. A los sobrantes se les ha dado en llamar huérfanos”, afirma Anderson.

Intenta publicarlo en París, pero el ajetreo de su nueva vida en el extranjero y, muy probablemente las dudas o la imposibilidad de hallar algunos poemas que Lorca indicó que se incluyeran sin dejar copia, impidió que la empresa llegara a buen puerto. En ese tiempo, sin embargo, se realizaron dos versiones mecanografiadas que sirvieron para las primeras ediciones.

 

Después viajó a México: “Allí, Bergamín le regala el manuscrito a Jesús de Ussía, que había apoyado económicamente su editorial Séneca. Años más tarde, cuando Ussía sale de México, lo deja con otras posesiones suyas almacenadas a cargo de un pariente, Ernesto de Oteyza”, comenta Anderson. Su viuda se lo regala a su vez a la actriz Manolita Saavedra que lo guarda en su casa de Cuernavaca hasta los años noventa. Cuando se da cuenta de que se trata de una pieza muy buscada, decide venderla. Sale a subasta en 1999, pero no es hasta 2003 cuando lo adquiere la fundación.

A partir de entonces ha sido cuidadosamente estudiado. Allí se encontraban las respuestas a las polémicas padecidas por Bergamín por haber, según muchos, traicionado las intenciones del autor. Hubo decisiones que tomó por pura necesidad, ya que algunos poemas, como Crucifixión —adquirido en subasta por el Ministerio de Cultura en 2007—, no se pudieron incluir porque estaban perdidos. Pese a que Lorca reclamó el original deCrucifixión a Miguel Benítez Inglott, a quien se lo había regalado, el poeta no obtuvo respuesta. “En general, las críticas no han sido justas. No conocíamos todos los detalles del proceso y sin esa apreciación es difícil juzgar”, agrega Anderson.

La versión mexicana es la que mayor polémica ha generado

La historia de la publicación de Poeta en Nueva York también es digna de ser contada. Desde 1930 a 1935, son incontables las alusiones al libro escrito durante su viaje a EE UU y que Lorca pensaba publicar. Pero la guerra truncó aquella necesaria última conversación entre autor y editor. Desconocida la fuente principal por los expertos, sin completar la lista de poemas que a Lorca le hubiese gustado incluir —algunos se habían dado a conocer en

revistas y otros los había regalado a amigos—, la recopilación costó lo suyo e incluyó 32 poemas.

Pero vio la luz. Primero en Estados Unidos y más o menos en la misma época en México, adonde Bergamín había llegado con una delegación de la Junta de Cultura Española, de la que fue primer presidente. En México, Bergamín fundó la editorial Séneca, fiel a los principios de Ediciones del Árbol, donde hubiese sido publicado el poemario en España.

 Al estallar la guerra, Bergamín se llevó el texto consigo al exilio

Durante su estancia en Estados Unidos le ofreció la primicia mundial a William Warder Norton para sacarlo a la luz en Nueva York. La versión mexicana es la que mayor polémica ha generado. Pero sobre todo fue, según Anderson, por el trabajo de edición efectuado por Emilio Prados. En palabras de este estudioso, Prados cambió varias cosas, corrigió la puntuación e incluyó apéndices.

Pese a tanto contratiempo, la huella de la obra ya comenzaba a marcar su camino. “Ha inspirado a muchos poetas de distintas nacionalidades y en distintas épocas. Con Residencia en la tierra I y II, se produce el parangón de cierto tipo de estilo vanguardista en estos años. Bajo muchos aspectos, se trata de un texto muy comparable con La tierra baldíade T. S. Eliot. Gracias a la segunda traducción al inglés, de 1955, ha influido en muchos poetas estadounidenses”, asegura Anderson.

Hoy, tras una vida llena de trasiego, interrogantes y polémicas, el público tiene acceso a, si no la última, sí la penúltima palabra de Lorca acerca de la concepción definitiva de su obra más abierta, universal y sin embargo enigmática. “Asesinado por el cielo”,escribía el poeta en el primer verso deVuelta de paseo, mientras escudriñaba su soledad y su asombro en su estancia de la Universidad de Columbia, donde parió la mayoría de estos poemas.

Resucitado ahora para su definitiva posteridad con la edición que él soñó, descansa el poeta quizás, donde quiera que esté, un poco más en paz.

 

 

 


Cuando Federico García Lorca fue la víspera del día 13 de julio de 1936 al despacho de José Bergamín y no lo encontró, le dejó una nota manuscrita: “He estado a verte y creo que volveré mañana”.

Mañana fue nunca.

El poeta partió a Granada pocos días antes de que estallara la guerra. Creyó, inocente, que allí se encontraría más seguro.

Lo que le dejó a su editor encima de la mesa en la redacción de la revistaCruz y Raya fue el original manuscrito, mecanografiado, ordenado por partes y estructurado en 35 poemas y 10 secciones de lo que acabaría siendo una obra maestra que cambiaría para siempre la literatura: Poeta en Nueva York. El resto de la historia es conocida; Lorca murió, el original pasó por toda clase de vicisitudes y nunca, hasta ahora, se había publicado en el orden indicado por su autor.

El texto no apareció hasta 2003. Lo compró por 194 mil euros en una subasta la Fundación García Lorca. Hasta ese día de junio, las polémicas y el misterio habían rodeado las auténticas intenciones de Lorca. La editorial Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores hará llegar a las librerías la semana que viene la versión que al poeta le hubiese gustado tener entre las manos. Se acompaña un estudio minucioso del profesor de la Universidad de Virginia Andrew A. Anderson y reproducciones de los originales donde se puede leer el texto escrito a mano y las correcciones sobre las piezas mecanografiadas.

El libro iba a titularse por consejo de Pablo Neruda Introducción a la muerte. Demasiado premonitorio, pero inevitablemente veraz. Luego fue suavizado. La realidad, no tanto. El resultado es una obra inacabada —autor y editor hubiesen llevado a cabo un trabajo conjunto para darle la forma definitiva—, aunque no por ello menos valiosa, menos impactante, menos crucial. La epopeya del manuscrito es digna de un relato épico. Cuando estalla la guerra, Bergamín se lleva al exilio los poemas concebidos en la Universidad de Columbia en 1929.

“Lorca quiere que se incluyan la gran mayoría, pero no todos. A los sobrantes se les ha dado en llamar huérfanos”, afirma Anderson.

Intenta publicarlo en París, pero el ajetreo de su nueva vida en el extranjero y, muy probablemente las dudas o la imposibilidad de hallar algunos poemas que Lorca indicó que se incluyeran sin dejar copia, impidió que la empresa llegara a buen puerto. En ese tiempo, sin embargo, se realizaron dos versiones mecanografiadas que sirvieron para las primeras ediciones.

Después viajó a México: “Allí, Bergamín le regala el manuscrito a Jesús de Ussía, que había apoyado económicamente su editorial Séneca. Años más tarde, cuando Ussía sale de México, lo deja con otras posesiones suyas almacenadas a cargo de un pariente, Ernesto de Oteyza”, comenta Anderson. Su viuda se lo regala a su vez a la actriz Manolita Saavedra que lo guarda en su casa de Cuernavaca hasta los años noventa. Cuando se da cuenta de que se trata de una pieza muy buscada, decide venderla. Sale a subasta en 1999, pero no es hasta 2003 cuando lo adquiere la fundación.

A partir de entonces ha sido cuidadosamente estudiado. Allí se encontraban las respuestas a las polémicas padecidas por Bergamín por haber, según muchos, traicionado las intenciones del autor. Hubo decisiones que tomó por pura necesidad, ya que algunos poemas, como Crucifixión —adquirido en subasta por el Ministerio de Cultura en 2007—, no se pudieron incluir porque estaban perdidos. Pese a que Lorca reclamó el original deCrucifixión a Miguel Benítez Inglott, a quien se lo había regalado, el poeta no obtuvo respuesta.

“En general, las críticas no han sido justas. No conocíamos todos los detalles del proceso y sin esa apreciación es difícil juzgar”, agrega Anderson.

La historia de la publicación de Poeta en Nueva York también es digna de ser contada. Desde 1930 a 1935, son incontables las alusiones al libro escrito durante su viaje a EE UU y que Lorca pensaba publicar. Pero la guerra truncó aquella necesaria última conversación entre autor y editor. Desconocida la fuente principal por los expertos, sin completar la lista de poemas que a Lorca le hubiese gustado incluir —algunos se habían dado a conocer en revistas y otros los había regalado a amigos—, la recopilación costó lo suyo e incluyó 32 poemas.

Pero vio la luz. Primero en Estados Unidos y más o menos en la misma época en México, adonde Bergamín había llegado con una delegación de la Junta de Cultura Española, de la que fue primer presidente. En México, Bergamín fundó la editorial Séneca, fiel a los principios de Ediciones del Árbol, donde hubiese sido publicado el poemario en España.

Durante su estancia en Estados Unidos le ofreció la primicia mundial a William Warder Norton para sacarlo a la luz en Nueva York. La versión mexicana es la que mayor polémica ha generado. Pero sobre todo fue, según Anderson, por el trabajo de edición efectuado por Emilio Prados.

Pese a tanto contratiempo, la huella de la obra ya comenzaba a marcar su camino. “Ha inspirado a muchos poetas de distintas nacionalidades y en distintas épocas. Con Residencia en la tierra I y II, se produce el parangón de cierto tipo de estilo vanguardista en estos años. Bajo muchos aspectos, se trata de un texto muy comparable con La tierra baldía de T. S. Eliot. Gracias a la segunda traducción al inglés, de 1955, ha influido en muchos poetas estadounidenses”, asegura.

Resucitado ahora para su definitiva posteridad con la edición que él soñó, descansa el poeta quizás, donde quiera que esté, un poco más en paz.
Al detalle
Federico García Lorca dejó España por primera vez en su vida en el verano de 1929.
Tras un fugaz paso por París, el poeta llegó a Nueva York, donde pasó al menos nueve meses. Se alojó en la Universidad de Columbia.
En marzo de 1930 partió en tren rumbo a Cuba. Desde Key West en Florida tomó un ferry que lo llevaría a La Habana, ciudad donde pasó unos tres meses.
Un transatlántico llevó de vuelta al escritor (y al manuscrito que ahora ve la luz) a Cádiz en julio de ese mismo año. De vuelta en España, no tuvo prisa por editar Poeta en nueva York.