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NO HAY MILAGROS AHORA PORQUE NO ESTAMOS EN OCTUBRE…NO ESTAMOS EN LIMA. Por Walter Elías Álvarez Bocanegra, de Pallasca, Ancash, Perú.

No hay milagros ahora porque no estamos en octubre…no estamos en Lima.

 

Es una fría tarde de marzo, mes de crudo invierno, llueve y deja de llover, y otra vez llueve, y deja, y llueve. El día no sé ni me importa, sólo sé que durante nueve meses he parido tres páginas de este escrito muy personal y desde luego informal, y no sé si podré seguir pariendo, porque me place sobremanera sumergirme en mis escritos programados, mis novelas, que por pésimas y absurdas que sean alguna vez para los demás, ahora me dan felicidad, y esto es lo que importa para mí, por lo mismo ignoro los comentarios de las gentes que pasan por la calle y se detienen a propósito para comentar burlonamente:

 

¿Está  durmiendo?, ¡ese conch… no trabaja!.

 

¡Ja, ja,ja,…!, ríe mi vecino de confianza, como queriendo dar credibilidad a lo comentado, disimuladamente, para que yo no me dé por enterado.

Bueno, ¡al diablo con todos esos!. Hoy, no hay agua, agua de la llamada potable, felizmente he recogido agua de lluvia. Dicen que la tubería se ha roto, el mismo alboroto de siempre, de todos los días, “sia roto la tubería, sia roto el tubu”, cuando yo niño, solían decir : “sia quebrao la cequia”. ¿Cómo no se va a romper la tubería si la red de agua esta hecha a la diabla?, por eso, apenas llega una persona de talla y peso completos y se pone a pasear por las calles, se resquebrajan los empedrados y las tuberías se rompen de puro susto, ¡claro, cómo no, si las obras están proyectadas y ejecutadas por enanos en toda la extensión de la palabra!.

Seguiremos “chupabarros”, no hay milagros ahora porque no estamos en octubre, y peor aún, no estamos en Lima, sólo castigos en este pueblo lejos de todo periodismo.

Ha dejado de llover y la neblina, ahí afuera, se ha despejado, quería plasmarla tal como la veía, pero, mientras esta Pentium dos se activaba, pasó el momento. Se escucha el ruido del agua discurriendo por la calle, con lo absurdos que son los drenajes de las obras municipales el agua formará un torrentoso río a partir de una cuadra de aquí y arrasará con los sembríos aledaños, ya lo veo como lo he venido viendo. ¿Será tan difícil, para los alcaldes, hacer obras que permitan que el agua de lluvia discurra a los desagües?. ¿Será tan difícil conducir el agua de lluvia hasta quebradas colectoras, de tal manera que los vecinos no salgan perjudicados y los sembríos no resulten arrasados?.

Me gustaría ver a los alcaldes inspeccionando el beneficio de sus obras, obras que obedecen a proyectos técnicamente estúpidos y económicamente embusteros, lejos de la realidad concreta del lugar, proyectos encarpetados por inescrupulosos ingenieros que facilitan se pongan en marcha, indistintamente, ya en Pallasca, ya en Conchucos, ya en Conchamama, ya en Sacaycacha. No sucederá que un alcalde evalué el impacto de sus obras, creo yo, y me gustaría que alguien me demuestre que estoy equivocado. Pero, quién soy para merecer tal demostración, dirán con soberbia actitud, en afán de tapar evidente y vergonzosa irresponsabilidad.

La neblina está hacia allá, del río Tablachaca para la Libertad, en el norte, y por el este, cubriendo el cerro cercano, el Muash, a diez kilómetros en línea recta, talvez; al sur no puedo precisarlo, ahí están todas las casas del Tambo besándose con la neblina, tras de ellas está el barrio de Chaupe, y al oeste no distingo más que la pared de mi cuarto y en ella un perchero fatigado por mis mugrosas prendas de vestir. Están pasando una novela, por América televisión, una mejicana tan tonta como la gente que la ve, mejor apago la tele.

Los gorriones cantan en el árbol de afuera, en el patio, y me hacen sentir que aún vivo. La neblina empieza a tupirse, apenas se divisan las siluetas de las casas al sur, cual fantasmas que se dejan entrever, y al este apenas se ven los árboles de eucalipto, ahí nomás, donde se inicia la quebrada de El Común, y ahí están pastando unos cerdos, a su antojo. Los árboles se agitan irritados por el viento, como queriendo escapar de la tupida, viento y neblina ¡qué miedo!, luego, ¡jua!, los árboles desaparecen, la neblina los sepulta, y luego avanza a mi ventana, ¡desafiante!, talvez piensa en sepultarme igual que a los eucaliptos, y tropieza con el vidrio, favor a tiempo, ¡caramba!, es bueno tener un techo de barro con algo de vidrio, ahora me doy cuenta de su importancia, naturaleza y tecnología en comunión. ¡Vapor!, vapor de agua hirviendo, después de la ventana, puedo ver.

Se escucha un motor por el este, lo puedo escuchar atronador, claro que lo escucho, y ahora la ajetreada bocina, ¡caray!. Se detuvo.

Deseo un cigarrillo, no sé porqué, pero deseo. Talvez sin saber porqué los políticos desean mentir y los ladrones desean robar y las aves volar. Dejo de escribir, llevo el cigarrillo a la boca, ahí se queda. Escribo, me rasco la mano derecha, prendo el cigarrillo y vuelvo a escribir con el cigarro en la boca. Dejo de escribir, cojo el cigarrillo, jalo y boto el humo y otra vez a la boca y a escribir, y aquí me quedo… Y a fumar tranquilamente mientras el motor del vehículo está encendido, a unos sesenta metros talvez, sobre el puquio, ahí hay agua por siempre, no se quiebra ni se rompe desde que me acuerdo. La neblina me ha circundado, sólo alcanzo, apenas, a ver la confusa silueta del árbol del patio. Doy otra jalada de humo y cigarro en boca escribo, y el humo me ciega, ahora comprendo porqué el pueblo es ciego…, mejor termino el cigarrillo con largas jaladas de humo, ¡no más ciegos!, y ahora mis pulmones cómo estarán…, ¡qué tal estupidez el habito de fumar!, ¡qué masoquismo!, en contraposición con el robo y la mentira, ¡qué sadismo!, espero poder dejar de fumar, pero, ya,…dejo de pensar y me retuerzo en ademán cansado.

Sigue sonando el motor y yo tras la cortina de nube que no se decide a partir, por fin veo la primera casa frente a la mía, la de don Tomás Zúñiga, ¡y el motor se apaga!, “¡aguanta, aguanta!”, grita el gentío y se arma la confusión parlanchina. “¡Pon piedra, piedra, carajo!”. Me rasco el mentón, y a las teclas, me rasco la mano y a las teclas, me rasco la mano porque sufrí una picadura de abeja mientras limpiaba una colmena.

La neblina se acerca de nuevo, pienso en el pobre caballo “Recuerdo”, alias “Alcalde”, que está en el corral de mi hermana, nada más que a cuatrocientos metros al este, desde aquí se ve cuando está despejado el ambiente. Mi amigo caballo está flaco, no por falta de comida, por exceso de lluvia y frío, el hombre debe tener un pesebre con techo, se lo merece, pero cuando yo no estoy, ¿quién le pondría bajo techo?, sufriría más aún, es mejor que siga como está. Es que a veces yo me voy, a Lima o Chimbote, y se queda al cuidado de otros. El gato gordo y blanco de mi sobrina ha sido mimado por ella y no sabe defender su alimento frente a los otros, ni buscar los ratones ni las lagartijas en los corrales aledaños como lo hacen sus compañeros, el pobre sufre, lo sé porque su maullido es lastimero, por lo mismo tengo que acogerlo y vigilar que coma solo. Y el camión ese, recién prende el motor, de nuevo, y los gritos del gentío, “¡dale, dale, carajo!”, y pasa frente a la casa. Y escucho otros vehículos más, el sonido es peculiar, son camionetas, las cuatro por cuatro que vienen de las minas de la libertad o de Pasto Bueno, son dos camionetas y más de las cinco de la tarde, no soporto tres carros en línea pasando, no soporto el ruido, ¡a la m…!, tendré que usar tapones. La situación se agrava para mí cuando corren ómnibus, camiones y camionetas, desde la Libertad, desde Pampas y desde Conchucos.

Que el ilustrísimo Alcalde haga un desvió a fin de que en verano los tarados de los conductores que pasan fierro a fondo no nos arrojen tanto polvo, pero, ¡qué lo va hacer!, a la gente le gusta el ruido de las máquinas, a propósito salen a mirarlas y gozan con ello, a propósito suben a los volquetes vacíos y desde la tolva arman una confusión sonora de gritos y silbidos con ronco motor, ¡es el adelanto!, si yo propongo un desvío me consideran antisocial, ¡ya los escucho!.

Y ahora, dónde estará el Alcalde, casi siempre está de viaje y los empleados del municipio en desgobierno total, talvez está viajando, haciendo gestiones importantísimas en beneficio del pueblo, beneficio que yo no alcanzo a percibir, ¿qué harán con tanto dinero?, hay un volquete y un cargador frontal, hacen mayormente servicio comercial para terceros (para quién, pues, sino para los más…), pasan todo el día por la calle de enfrente, el volquete carga leña y arena, y el cargador frontal piedras desde Murahua hasta la plaza y adobes desde el común hasta no sé dónde, como si se tratara de un volquete, ¡tienen uso indebido!, ¿no sería mejor que el cargador frontal estuviera limpiando las carreteras de acceso al pueblo y las lagunas de Chaupincocha y Shulgarape, y, además, las cunetas aledañas al pueblo para que las crecidas del agua de lluvia no malogren los corrales de los vecinos?. ¡Les importa un silvestre ballico!, y si no es así, se puede decir que ignoran lo que se debe hacer en el pueblo.

Los conductores de los vehículos motorizados del Municipio son el colmo del irrespeto, los manejan como si fueran de su propiedad en las circunscripciones de sus chacras, ¡nos atropellan!, son iguales, con escasas excepciones, sucede en todos los Gobiernos Locales de turno, merecen un jalón de orejas, porque los vehículos son nuestros y nuestro el Pueblo; pero, quién podría apoyar abiertamente lo que aquí digo, somos cobardes y murmuramos en pequeños círculos, solamente, y luego corremos con el chisme, ¡y a ver si nos ganamos alguito!, somos arrastraditos, actuamos de acuerdo a conveniencia pecuniaria.

Somos pallasquinitos, antes éramos pallasquinos, y los demás eran: conchucanitos, pampinitos, mollejoncitos. Ahora nos han superado. Es la dialéctica de Marx, ¡pues!, qué dirán mis compatriotas, los rojos institucionalizados, bifurcados a la sazón en demócratas y terroristas, los otrora dirigentes estudiantiles en las Universidades Nacionales, qué estarán haciendo, ¿habrán experimentado un salto dialéctico?, ¿o le habrán dado la razón a don Víctor Raúl Haya o no haya, que solía llamarlos RÁBANOS: rojos por fuera y blancos por dentro?. Estoy seguro que, si se enteran de esto, saltarán aburridamente con sus teorías revisionistas e instituciones internacionales desde la primera hasta la enésima, pasando por la Cuarta Internacional; ¿o talvez dirán que estuvieron equivocados y se han enrumbado, por fin, por el camino correcto?. Sin querer he llegado hasta Rusia, Rusia y no rucia, tan burra como la burra shapra y chueca que tiene un pallasquino y que sólo sirve para parir crías casi shapras y  medio chuecas.

Mejor, mejor vuelvo a casa, sin comunismos ni capitalismos, sin globalizaciones ni libres tratados, en casa hay mucho que decir, mucho que ordenar, ordenar, por ejemplo, ordenar lo que estoy escribiendo, para que alguno de mis parientes que se quedó en tiempo pretérito estúpido perfecto del modo despectivo, no diga que he estudiado por las puras: “Ese conch…escribe guevadas… ¡qué va a ser mi familia!”. De alguna manera mi pariente tiene razón, porque la gramática siempre me resultó, me resulta y me resultará muy difícil, con eso de los tiempos y los modos y la sintaxis y la con taxis, y la semántica y la sé nada, etc, etc,…, muy fácil, facilísimo, me resultó saber que dos más dos es cuatro, y dos por dos es cuatro, y dos al cuadrado, cuatro, cuatro los lados del cuaderno, cuatro los lados del salón, cuatro las patas de la mesa, etc, etc, y uno elevado a cualquier potencia siempre es uno y no puede ser otro, en Pallasca, en Lima o en Zarrapastra, con burro propio o con auto prestado siempre es uno y no puede ser otro…Vuelvo a casa:

¿Qué cosa es un Alcalde, ahora, sino un Cacique a lo moderno, con aires de Condesa, plagado de adulones y titiriteros, y además, con presupuesto fácil de gastar?. Si hay alguien que no lo ha sido, en los últimos tiempos, me arrodillo ante él.

Mejor, prendo la tele para relajarme, el único canal que se puede captar bien aquí en la casa es América TV, ahí está “El chavo del ocho”, más de treinta años lo encuentro en el mismo canal, los mismos episodios, la letanía de la tele, no quiero decir que el programa es malo, al contrario es el mejor programa infantil que he visto, pero me aburre la repetición, por lo mismo me aburre la reelección de las autoridades. Seguro que pronto entrará Raúl Romero, esforzándose con jergas y gestos para salir de lo común, finalmente es su negocio privado, privado por fin, cada uno vive como puede, siempre y cuando no choque con el patrimonio común. Mejor, hasta otro día, mientras, ¡a ver si se despeja la neblina!.

Es otro día, otra tarde, y nuevamente la neblina y la lluvia, y los vehículos motorizados, y faltan tres días para que termine abril, esto parece ser un quiebre en el normal desarrollo del tiempo, no suele llover así por este tiempo. Otra vez no hay agua potable, precisamente ahora que vuelvo a escribir, “la tubería sia roto”, la misma letanía. ¿Cómo no se va a romper la tubería si la red de agua está mal cimentada?, tendré que recoger agua de lluvia. Bueno, pero la razón por la que me he puesto a escribir es para sentirme bien, y nada más.

Son las 7 de la mañana de otro día, del 5 de junio, de éste o del año pasado o del siguiente, me es indiferente, dos años ya que el medio ambiente obedece a similar comportamiento, siete de la mañana del cinco de junio y cero nubes en el amplio cielo azul, es indescriptiblemente hermoso con el sol todavía acariciándose con el Muash, ¡hasta mañana!, parecen decirse. Hoy no hay gente ni vehículos para mí, hoy los ignoro. Me quedaría contemplando todo el día, ¡sólo existiría el cielo y yo!, pero, debo ir a desayunar a la Plaza y comprar pan para los gatos. Voy, disimuladamente mirando al cielo, ingreso al restaurante en la casa del tío Beto Zanelli, me ubico frente al oriente, ahí está el cielo azul, sirven mi pedido, rápidamente doy cuenta de él, pido un sol de pan y, ahora, me voy a casa, disimuladamente mirando al cielo.

Doy de comer a los gatos, ahora debo sentarme en el centro del patio para contemplar el cielo, ahí está la silla desde ayer que estuve lavando…..,ocho de la mañana y el cielo sigue completamente limpio. Nueve de la mañana, igual de limpio. Diez de la mañana, puedo ver por allá por el cerro Guaura que aparecen unas nubes, ¡caramba!, Guaura ha nevado, igual que el otro día y el otro también, y un día lo hizo el Chonta, como cuando yo era niño, burlándose ahora del calentamiento global, ahora el tiempo está queriendo formar nevados, pero, con la tarde se habrá ido la nieve para regresar mañana, ya lo he visto días atrás. ¡Caramba!, por todos los cerros que alcanzo a divisar, al norte y al oriente, y que limitan con el infinito, aparecen nubes, cual humo de escondidas fogatas casi ahogadas. Las ralas nubes que aparecen van formando copos a medida que ascienden, algunas se esparcen, se escarmenan y vuelven a conglomerarse, y así se van desplazando, lentamente, rumbo a la conquista del abierto cielo, pero, son pocas, por supuesto, sencillamente adornan el azul cielo, y el sol está radiante e invita a caminar por los senderos, ¡pero, qué!, no puedo, tengo que fabricar mi almuerzo, ahí voy.

Lo hago saliendo intermitentemente al patio mientras la cocción, cielo azul y escasas nubes ahí arriba, y en la cocina, tallarines llegando a su punto, ahora no con gallina, ahora con enlatado de pescado desmenuzado, igual que lo hacía mi tía Elmita en Chimbote, ingeniándose para cubrir la dieta…,. Ya está, están sabrosos, ¡qué bien!, podré compartirlos con los gatos. Primero yo y luego los gatos. No, primero los gatos y luego yo. No, así no, mejor, todos juntos…,. ¡Cómo lo saborean!…

Salgo al patio, miro al cielo y lo fijo en mí, ingreso a mi cuarto e inicio la lenta Pentium, miro a través de las ventanas mientras se activa. Y, ¡ya está!. Dos de la tarde con diez, y, (“Dos y picos”, dijera don José María, mientras se aprestara a terminar unos zapatos de “Bozcal, para mujer” o de “Impermeable, para varón”). Y ahora, mientras me llegaba la figura de don José María, dos de la tarde con doce, y…, de este mismo 5 de junio. He visto desde el patio, hace un momento, que las esparcidas nubes, más osadas, no han alcanzado perpendicularidad con el punto en el que me he ubicado como vértice de un cono invertido respecto a las nubes, se han quedado a cuarenta y cinco grados, talvez, eso creo; y veo desde aquí, que el Guaura ha perdido toda la nieve formada durante la noche de ayer y la madrugada de hoy, hasta este momento el sol ha girado más de noventa grados hacia el poniente, ¡y volverá mañana!, y yo, sólo yo, ciento veinte grados hacia el ocaso, si es que algo no me quiebra antes de llegar a ciento ochenta,… ¡Y no volveré!…

 

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