MIRADA AMARGA. Por Ángel Frías Coca

 Foto Por Jesús García Moreno

Bebo agua del pilón, camino muy lentamente por la vereda de un pueblo cualquiera, ubicado en cualquier provincia, situación geográfica o país, pueblo pequeño lleno de casas vacías, donde algunas de sus gentes fueron felices. Es un pueblo minúsculo y casi desaparecido, de los que gracias a la emigración, jamás volverán a ser como antes; es un pueblo sin edad, con unas pocas calles, pero eso sí, todavía les quedan sus nombres. Es un pueblo falto de sonrisas, y al que, como a muchos otros, por desgracia ya, no lo quiere nadie. Forma parte de esos lugares en donde el agua de los pilones es más pura que la bendecida en sus iglesias. Me encuentro andando lentamente, sin tener afán por nada, la brisa es suave, refrescante, huele a campo, a agua de la fuente, ese olor a vida, agua vital.

Me gusta hundir mis manos en el pilón, la siento fría. Me gusta ver el agua resbalar por entre mis dedos, sigo andando, (o eso creo) desprevenido. Los pájaros revolotean, las nubes van sobre los añorados cerros bajando en fugaz carrera, como buscando comida; poco después suena un trueno, mas pareciese un canto. Entonces me detengo y observo. Miro al cielo y veo las nubes, ellas majestuosas, del color de la nieve con algún que otro girón gris, vuelan en aparente revoloteo en un baile sincronizado. Reflexiono sobre el presente; ni el pasado ni el futuro valen ahora, tan solo la sensación de haber creado unas vidas de las que solo quedan algunas huellas en mi memoria… a saber por cuánto tiempo.

El paso del tiempo es como la brisa en el aire de nuestros pueblos, en los que su historia se resume como la de un cadáver reciente. Está carente de niños y hay muy pocos ancianos puesto que el resto se fue apagando con los años. Son pueblos llenos de llagas como heridas en el tiempo, dando por sentado que su fundación se tuvo que hacer un día, en el que Dios estuvo enfermo.

Miro mis manos metidas en el pilón, están hasta las muñecas y no me había percatado, a pesar del frío. Me paré y el tiempo no pasó. En ese mismo momento me quedé aturdido, no sé si he retrocedido y lo que es peor, jamás sabré ni entenderé el porqué de la necesidad de emigrar. Rompo a llorar con mis recuerdos y mis lágrimas se mezclan con el agua del pilón. Me voy, comienzo a andar. Al parecer me siento más libre, miro hacia atrás y detecto que ya no hay huellas, están borradas, hay muchos caminos todavía por andar. Sé que ni aunque corriese podría llegar más pronto al mañana, entendiendo que esos sueños de todo emigrante, son parte de las tormentas sufridas en el deambular de nuestras vidas.

Miro con cierta amargura cómo pasa la historia de un lugar llamado España, lo ojeo desde un país lejano y sin poder hacer nada. Estoy abocado a ver a través de las imágenes proyectadas por un condenado aparato al que yo llamo la caja tonta, y me sigo cuestionando nuestra historia. Y es por eso que me puse a escribir. Aporreo las teclas de mi ordenador con tan solo un sentimiento… narrar un compendio de cosas vividas, basado en algo que creo puede ser real, algo que ronda en mi cabeza desde que dejé mi España, y contemplar desde afuera, la cantidad de cosas que sé que algunos dejamos en el camino; cosas reales, recordando incluso, cosas que ya creíamos haber olvidado.

Dejamos a nuestros amigos y familia; salimos de nuestros países, dejamos toda una vida atrás, sin buscar ningún tipo de aventura como se pudiese pensar. Salimos buscando una realidad, una cosa llamada futuro.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>