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FRANCIA: SU GOBIERNO Y SOCIEDAD BAJO EL SEGUNDO IMPERIO (2ª parte) Por Cristófol Miró Fernández

 

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De Cortes y ciudades

 


 

La Corte tenía que ser el espejo de la nueva Francia, y tenía que ser brillante. Más que eso fue deslumbrante dejando atrás en su fasto a Viena o San Petersburgo, con un palacio como las Tullerías con sede de poder. Habiendo de casarse con alguien como buen emperador que dejara heredero de sus dominios, Napoleón III eligió a una célebre belleza española, Eugenia de Montijo, que habría de vivir hasta el año 1920. Se dijo que era un matrimonio por amor, lo que acabó de completar el cuento de hadas francés con su suntuosa corte. Pero las Tullerías no eran París…París era una ciudad de callejuelas estrechas y barrios obreros, donde quienes vivían en ellos podrían alguna vez salir del sopor donde estaban sumidos y levantarse de nuevo contra el tirano que gobernaba Francia como lo hicieron ya antes en diversas ocasiones…y eso había que evitarlo, pero con disimulo, sin mostrar sus auténticas intenciones, maquillándolo un poco…o un mucho.

Primero se llamó a Haussmann (imagen anterior), el más célebre creador de ciudades del momento. Hecho esto, Haussmann proyectó hermosos edificios de todo tipo con amplios accesos y creó boulevares y plazas que acababan en bellas perspectivas urbanas junto a emblemáticos edificios o monumentos…mientras se modernizaba el alcantarillado y el abastecimiento de agua, se tiraban al suelo 40.000 casas y se construían 100.000…y lo más importante de todo, se daba trabajo a la población obrera, lo que convirtió al emperador en un héroe popular mientras inconscientemente lo ayudaban a destruir sus antiguos barrios obreros que los hubieran ayudado a destruir su poder si su héroe se convertía en diablo en un momento dado…los obreros ayudaban a su Emperador a burlarse de ellos sin darse cuenta, pero París bien valía…una reforma integral.

 

Evolución económica bajo el Imperio

 

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Napoleón III deseaba pasar a la historia como un ingeniero social, cierto que no podía ser de otra manera, puesto él mismo clamaba por ser quien eliminara la diferencia de clases sociales que separaba y dividía la sociedad francesa. Su obra anticapitalista de juventud (La extinción de la pobreza), su crítica exitosa a una Asamblea republicano que lo catapultó al poder el año 1850 como un radical político ficticio y su apoyo al sufragio universal masculino hizo que los sansimonianos lo llamaran “el emperador socialista”, pero esta designación era contradictoria, pues primero el socialismo incluye implícitamente la idea de un régimen gubernamental republicano, lo que es incompatible con un régimen monárquico como el napoleónico, por lo tanto esta designación titular llevaba a un gravísimo error de concepción del mismo, pero a Napoleón III le iba magníficamente pues el pueblo lo consideraba amigo suyo y su aliado contra las clases altas, cuando la realidad era completamente al revés…

Saint-Simon era un utópico que apoyaba la centralización económica, junto con su control, por parte de un régimen industrial planificado luchara contra el liberalismo. En definitivas cuentas, Saint-Simon abogaba por un sistema económico nacionalizado y centralizado como el que creó la Unión Soviética en el siglo XX, para lo cual crearon una banca de inversiones desde donde esperaban dirigir el desarrollo económico a través de la concentración de los recursos financieros, es decir, de un banco nacional y propiedad del Estado. Esto implicaba un gran peligro, pues dependía todo el desarrollo de Francia de la buena o mala salud del gobierno, y este era un rasgo dictatorial que implicaba que controlando las finanzas, el Estado controlaba todos los resortes del Estado completamente. De nuevo vemos aquí rasgos soviéticos en el régimen napoleónico francés del Segundo Imperio…

Idearon asimismo una nueva institución bancaria, el Crédit Mobilier, que conseguía fondos vendiendo acciones en público y así conseguía fondos para comprar acciones en las nuevas empresas industriales a desarrollar. El otro banco nacional creado fue el Crédit Foncier, un banco que concedía préstamos al campesinado para desarrollar la agricultura francesa. No se puede decir que lo tuvieran mal pensado en el gobierno, como ayudar a desarrollar la industria, pues a más materias primas, más expansión de la industria por más volumen de productos manufacturados derivados de los primeros, y con un gobierno controlando este proceso, era el gobierno (Napoleón III) quien recibía los mayores beneficios en forma de apoyo social a su régimen.

Francia vivió una era de gran expansionismo a escala mundial, y la aprovechó para favorecer a su Imperio. Se descubrió oro en California y Australia y esto unido a las facilidades de crédito, crearon un considerable aumento en la demanda de dinero en Europa, lo que influyó en una economía inflacionista que implicaba una constante subida de precios en Francia, y junto con la subida de valor de todas las monedas, esto hizo que nacieran un gran número de nuevas sociedades y de inversiones en Francia. Napoleón III llegó en el momento justo al gobierno francés para crear su Segundo Imperio y merced al control soviético de la economía francesa usar el oro de California y Australia para hacer avanzar Francia a la velocidad de una locomotora desbocada…porque en los ferrocarriles también se notó este progreso pues en los años 1850 Francia pasó de 3.000 kilómetros de vías férreas a 16.000…un “ordem e progresso” brasileño al estilo francés pero contemporáneo en el tiempo.

El ferrocarril movió a Francia hacia delante, pues la demanda de vías, raíles de hierro y material auxiliar para este trabajo, sin contar el de las estaciones a construir, hizo que la industria y la minería tuviera trabajo asegurado y el paro descendiera en picado. No olvidemos tampoco que en la España de Isabel II, hasta la época de la guerra civil del 1936, el ferrocarril fue un monopolio francés hasta el punto que se importaron hasta las palas para hacer las obras, y las compañías ferroviarias, todas privadas, eran en su mayoría francesas. Pero volvamos a Francia, donde se unieron a las 55 pequeñas líneas de ferrocarril en seis grandes regionales, racionalizando la línea ferroviaria francesa, mientras los vapores sustituían los barcos de vela y madera a marchas forzadas. El mundo entero favorecía a Francia, desde California hasta Australia…mientras en Suez una compañía francesa construía el canal entre 1859 y 1869, convirtiéndose Francia en propietaria suya aunque el principal accionista, aprovechando la caída del Imperio tras Sedán, fue el gobierno británico a partir del 1875.

Todo iba como la seda y aparecían grandes sociedades, sobre todo en ferrocarriles y la banca. El año 1863 el negocio inversor se abrió a las personas de pocos medios con el “derecho de responsabilidad” en el que cualquier inversor sólo podía perder el valor nominal de sus acciones aunque la sociedad se hundiera o fuera insolvente. Con esta medida todo quien no se atrevía a invertir invirtió en sociedades que activaron los ahorros de toda la nación y crearon un nuevo mundo donde surgieron muchos nuevos ricos mientras la bolsa estaba en constante auge y los financieros un nuevo renombre en tierra gala…los socialistas santsimonianos demostraron ser grandes tecnócratas.

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