Fráncfort, Alemania, 9 de septiembre del año 1896. Por Cristófol Miró Fernández

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Fue este lejano día y en el Fráncfort de fines del siglo XIX, cuando el cirujano alemán Ludwig Rehn

(1849-1930) suturó una herida en el ventrículo derecho a un joven jardinero que había padecido un apuñalamiento. Era la primera vez que alguien se atrevía a romper los tabúes ancestrales de la medicina y operó por primera vez un corazón humano con éxito.

 Mitos anacrónicos

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Gabriele Falloppio (1523-1562) (imagen superior) , importante médico italiano, lanzó un mito sobre la mortalidad del corazón que siguió vivo durante los siguientes tres siglos. Una frase latina dicha por el mismo rezaba :”Vulnerato corde homo vivere non potest” (“Herido el corazón, un hombre no puede vivir”), y esa frase siguió viva durante trescientos años.

El corazón se convirtió en una zona tabú del cuerpo humano, hasta fines del siglo XIX. Ilustres cirujanos habían operado todo el cuerpo humano de arriba a abajo a lo largo de la historia, pero eran reacios a tocar el corazón humano siguiendo las ideas de Falopio.

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De hecho, Theodor Billroth (1829-1894) (foto superior), el padre de la cirugía plástica, condenaba al ostracismo a quien operara, u osara intentarlo, el corazón humano en los siguientes términos: “El cirujano que intente la sutura cardíaca deberá perder el respeto de sus colegas”.

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Y el mito se deshizo en un latido

 

El doctor Ludwig Rehn (foto superior) osó romper ese mito, arriesgando su carrera médica y prestigio y la vida herida de una paciente que estaba herido de una puñalada en su corazón intocable por la cirugía. Este mismo mito de Falopio era una ruptura directa del Juramento Hipocrático, por otra parte, pues un enfermo del corazón estaba condenado a morir de su enfermedad sin que nadie lo tratara de su dolencia.

El día 9 de septiembre del año 1896 llegó un joven jardinero herido de una puñalada en el corazón a las manos del doctor Rehn…y este doctor se puso manos a la obra para salvarle la vida.

La herida era en el ventrículo derecho, y tras tantear manualmente el corazón del herido, tomó una aguja gastrointestinal con hilo de seda y esperó a una fase diastólica del corazón, cuando el ventrículo derecho quedaba al descubierto, y la pasó por la herida.

Rehn escribió tras la operación: “El corazón se detuvo en un momento en la diástole. Era muy inquietante ver cómo el corazón hacía una pausa en la diástole con cada paso de la aguja”. Pero tras estos inquietantes momentos, el pulso se hizo más fuerte y la operación se completó con éxito. Tras aquel éxito que desafiaba el mito renacentista el desarrollo de la cirugía torácica ha avanzado sin cesar durante los siguientes cien años y lo sigue haciendo cada día…

 

Autor: Cristóbal Miró Fernández

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