2 - AMÉRICA, 5 - CONTEMPORÁNEA, HISTORIA — 12/09/2013 at 00:01

BRASIL: DELA INDPENDENCIA A LA REPÚBLICA(2ª Parte).Por Cristófol Miró Fernández

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4Brasil se independiza.

 


 

Brasil iba cambiando poco a poco. El año 1816, la reina María I había fallecido y Juan VI pasó de príncipe a rey portugués. Paralelamente, en el norte, en Pernambuco había estallado una revuelta que se quejaba contra las duras condiciones económicas y los privilegios que poseían los portugueses sobre los brasileños. Pernambuco se convirtió en república independiente durante tres meses, hasta el mayo del 1817 cuando cayó Recife, tras los cuales fue sometida de nuevo al poder de la Corona. Como pasó en el caso de la revuelta donde murió el célebre Tiradentes el año 1792, esta muestra de nacionalismo brasileño auguraba tiempos movidos, y sobre todo teniendo en cuenta los antecedentes que había en los dominios españoles que rodeaban Brasil…

Mientras en Portugal Napoleón abandonaba Lisboa y el gobierno caía en un regente muy impopular para la población metropolitana. El año 1820 estalló una revolución liberal, como en su vecina España con el Trienio Liberal, y las Cortes pidieron con urgencia la vuelta de Juan VI a Lisboa. El rey aceptó volver a la metrópolis, dejando un Brasil saqueado y arruinado, la Corte decidió saquera todos los bancos y volver con el botín a Portugal, y a su hijo como rey, Don Pedro (imagen superior), de 24 años de edad. Brasil despertaba de su sueño de sede real a colonia de nuevo…

En enero del año 1821 Portugal convocó Cortes para promulgar una constitución escrita y Brasil decidió que podría participar en este texto legal…y entonces Brasil se despertó del todo de su sueño. Los liberales se negaron a permitir que Brasil participara, para ellos era una simple colonia, como para sus vecinos españoles y ordenaron la vuelta del rey a Portugal, la sede del gobierno luso. Brasil vio cómo su sueño de ser algo más que una colonia no fue más que un hermoso sueño que ahora se había acabado.

Juan VI se convirtió en el rehén de los brasileños, y a su alrededor se desató un enorme tira y afloja entre Portugal y Brasil. Las oligarquías se comenzaron a reunir a su alrededor y el “partido brasileño” aumentó su fuerza. Estas élites hicieron lo que no consiguió Iturbide con su Imperio Mexicano, mantener Brasil unido mediante pactos y alianzas. Sin enfrentamientos civiles como los acaecidos en las repúblicas herederas del Imperio Español, el dinero se invirtió en industrias y demás asuntos económicos que dieron brillantez al Brasil de mediados del siglo XIX, mientras la sociedad permaneció estable y en paz interna. Garantías seguras estas para un brillante desarrollo sostenido del lugar que las goza.

El 7 de septiembre del año 1822 resonó el “grito de Ipiranga” (independencia o muerte, compárese este lema con el lema de la revolución cubana de Fidel Castro “libertad o muerte”). Este grito implicó la independencia brasileña, la fuerza enorme del nacionalismo de un Brasil que tras tantos éxitos anteriores no quería perder ni un ápice de lo conseguido. El 12 de octubre Don Pedro fue declarado oficialmente Emperador de Brasil y fue coronado como tal el día 1 de diciembre. Lord Cochraine, ayudante de San Martín y aliado militar, en operaciones corsarias llevadas a cabo para hostigar a los mercantes españoles, metió baza en este conflicto y expulsó a los portugueses de sus guarniciones acantonadas en Pará, Maranhao y Bahía. El año 1823 Brasil podía considerarse independiente bajo la figura de su joven emperador Don Pedro I, con la derrota de los portugueses que habían ocupado Montevideo, y Inglaterra mantenía un cliente que, como se vio antes, contrató empréstitos entre 1823 y 1824 por valor de 3.200.000 libras esterlinas convertidos en una humillante deuda externa cuyos intereses Brasil pagaba religiosamente a Londres llenado sus arcas… los favores hechos por una potencia ávida de ganancias y mercados donde vender sus productos industriales pocas veces son desinteresados, y se pude decir que los ingleses habían sucedido a España y Brasil sobre el dominio de sus antiguas posesiones sudamericanas en lo que podría llamarse sin duda alguna neocolonialismo económico (y político).

El año 1824 los Estados Unidos e Inglaterra aceptaron un Brasil independiente, y el embajador británico consiguió que Brasil firmara dos tratados con Portugal e Inglaterra el año 1825 para enterrar el hacha de guerra…dos tratados con trampa para Brasil. La cláusula secreta con Portugal decía que Brasil le debía pagar, después de haber sido saqueada previamente su Hacienda el año 1821, dos millones de libras a Don Juan por la pérdida del Brasil, mientras a esta onerosa carga se sumaban los intereses de la deuda externa con Inglaterra. En definitivas cuentas, que Brasil tenía que pagar con largueza a Portugal e Inglaterra el derecho a ser independiente (Portugal) y la ayuda recibida para serlo (Inglaterra)…pero Brasil era libre, bajo la persona de Don Pedro, un Emperador que podía dejar Brasil en favor de Portugal, pues como hijo de Don Juan, era el heredero del trono luso…

 

El Imperio de Don Pedro I.

 

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Don Pedro I, Emperador del Brasil y por herencia rey de Portugal, decepcionó en exceso a unos poco listos liberales, pues concebían erróneamente que el monarca debiera gobernar como un monarca moderno de un modo diferente al que lo había hecho su padre. Es difícil concebir como un monarca que ha visto gobernar toda su vida a su antecesor en un estilo absolutista pueda cambiar de modo de gobernar, pues tiene unas bases de gobierno absolutista asumidas desde su infancia, por lo tanto, si no es un monarca visionario y reformista, tenderá a repetir los patrones aprendidos en su niñez. Y Pedro I no era reformista ni visionario…aunque tampoco un absolutista al estilo Fernando VII. Influenciado por las ideas revolucionarias que se habían llevado a cabo en las ex-colonias españolas, y que a su vez bebían de la revolución americana, Pedro I reconoció y aplicó la Declaración de Derechos del Hombre americana, de la que derivaba la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Francia revolucionaria del 1789. Con estos elementos de base Brasil tuvo una Constitución democrática dentro de una monarquía parlamentaria, unitaria y centralizada que estaba destinada a durar casi cincuenta años.

Pero estos derechos no incluían a toda la población brasileña, excluyendo a los esclavos de esta, lo que también se hacía en las nuevas repúblicas herederas del imperio español. Los rasgos básicos de este gobierno eran una mezcla de tradición absolutista y modernidad. Al estilo inglés, era formalmente liberal, con una cámara de diputados elegida periódicamente mediante elecciones, y un Senado vitalicio, lo que sería la Cámara de los Lores inglesa, hecha por nobles. El rey era asistido por un Consejo de Estado, encabezaba el poder ejecutivo y nombraba, y cesaba, al Primer Ministro sin tener el Parlamento nada que decir al respecto, siendo este un rasgo despótico de monarca absolutista, al mismo tiempo que nombraba a los miembros del Consejo de Estado, designaba a los senadores según los resultados de las votaciones, y convocaba o disolvía la Cámara de Diputados y convocaba elecciones parlamentarias, de suerte que si la Cámara rechazaba un gabinete, el propio Emperador podía disolverla y crear otra nueva por oponerse a su voluntad.  Pedro I además era responsable de nombrar y promover funcionarios civiles y militares, de reglamentar la legislación aprobada por el Parlamento y de distribuir los recursos entre los organismos administrativos, a lo que unía sus plenas competencias en materia religiosa, con lo que la separación Estado y religión era tibia.

Ningún comienzo es fácil, y este tampoco lo fue. En 1817 en Pernambuco estalló otra sublevación (imagen superior) para crear una Confederación del Ecuador, de corte liberal y republicano, en una reacción contra una monarquía no democrática y contra el peso portugués en el gobierno que hería a los brasileños en su nacionalismo, como en la España del siglo XVIII se luchaba entre el partido francés y el partido español. Don Pedro reaccionó de un modo poco tolerante y para atajar esta revuelta cortó las garantías legales de los derechos ciudadanos, mientras al poco tiempo en el sur estallaba otra revuelta con idéntica intención secesionista.

El año 1826 murió Don Juan, y Don Pedro, Emperador del Brasil, fue llamado a ser rey de Portugal. Brasil volvería a ser una simple colonia de Portugal, de nuevo…pero Don Pedro renunció a la corona portuguesa a tiempo, para acallar rumores que Portugal atraía más a Don Pedro que Brasil. Pero había más problemas en Brasil: Don Pedro empezaba a actuar como un déspota que vulneraba la propia Constitución no habiendo convocando al Parlamento hasta el año 1826 y la economía se hundía lentamente, lo que implicaba que había un alto riesgo revolucionario. Como las cosas no iban a mejor, Don Pedro I, Emperador del Brasil, optó por abdicar el 7 de abril de 1831, en un infante de cinco años, Don Pedro II, que según el propio Don Pedro I reconocía me filho tem sobre min a ventagem de ser brasileiro. Don Pedro II, nacido el 12 de diciembre del año 1825 de Amelia de Leuchtenberg, la segunda esposa de Don Pedro I, nació en Río de Janeiro, y era un monarca NACIONAL. Pacíficamente y sin levantar grandes odios, y eso puede implicar sin saquear las reservas de la Hacienda brasileña como hizo Don Juan el año 1821, el ex-emperador partió a su exilio europeo con su familia. Su salida voluntaria del poder conjuró una revolución y permitió que la nueva burocracia de oligarcas terratenientes sustituyera la colonial antigua sin romper con la tradición de la misma.

 

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