2 - AMÉRICA, 5 - CONTEMPORÁNEA, HISTORIA — 16/09/2013 at 00:05

BRASIL: DE LA INDEPENDENCIA A LA REPÚBLICA (4ª Parte). Por Cristófol Miró Fernández

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8El Imperio y su sistema político.

 

 

Manuel Deodoro Da Fonseca, mariscal que destronó a Pedro II de Brasil el 15 de noviembre del año 1889, y acabó con el Imperio de Brasil.

Describamos el sistema político brasileño, antes que nada…de elecciones indirectas, era un sistema similar al existente en Europa y América, donde el caciquismo era moneda corriente y el fraude era la norma general. Para subsanar estos errores de fondo se intentaron varias reformas en 1842, 1855 y 1860, pero todas fueron un fracaso. Además de este hecho para votar había que tener más de 25 años, 21 en caso de militares, y tener como mínimo 100 milreis…es decir, era democrático, al estilo de la época, al permitir que votaran todos los varones de más de una cierta edad, pero censitario al establecer una renta mínima para conseguir tal derecho, lo que eliminaba toda noción de democracia. El año 1846 la renta mínima pasó a ser de 200 milreis, y para poder ser elegido era de 400 milreis. Tras cincuenta años la cantidad mínima era tan baja que casi todos los brasileños, incluidos los analfabetos, podían votar, lo que equivalía a un auténtico sufragio universal masculino, toda una sociedad democrática para la época, como la Alemania de Bismarck en la Europa contemporánea…

Brasil era el único país sudamericano donde podían votar los analfabetos. Pero eso tenía que acabarse. Los analfabetos, y especialmente los ex-esclavos africanos, de un modo claro no compartían la visión de la vida de las clases altas brasileñas que formaban el gobierno imperial de Pedro II y podían votar a alguien que no fuera muy complaciente con las ideas de los hacendados o el emperador…así que perdieron el derecho a voto el año 1881 por la ley Saraiva al tiempo que se instauraban las votaciones directas. Un rasgo de modernidad y un rasgo de arcaísmo que conllevó que la gente sin derecho a voto empezara a no ver el imperio con tan buenos ojos…

El régimen de gobierno era una monarquía parlamentaria.  La cadena comenzaba con el Emperador, que elegía al primer ministro, y éste a sus ayudantes, y había que controlar a ambas cámaras para gobernar de un modo efectivo el país.

Los senadores tenían por ley más de 40 años, y el Senado una pieza clave para el gobierno del Brasil. Los senadores tenían posiciones muy influyentes en el gobierno y el Consejo de Estado se nutría de ellos, que en muchos casos, en un 40%, eran nobles. Como Inglaterra o España liberales y conservadores se alternaban en el poder, creando un gobierno similar al de la Restauración de la España del 1875, y el Emperador decidía este orden de gobierno, mientras podía cesar los altos cargos de gobierno…la unión de intereses entre gobierno y Emperador era total y eso ayudó a que el gobierno de Brasil fuera estable y sin contratiempos, pero Brasil, como el México de Porfirio Díaz iba cambiando al compás del tiempo mientras el gobierno, cuya estabilidad lo anquilosaba lentamente, se convertía en incapaz de adaptarse a la sociedad cambiante (la negación del derecho de voto a los analfabetos es una muestra de tal hecho). Pedro II mientras tanto consideraba que el Parlamento debía controlar la dirección y la gestión administrativa del país mientras Pedro II se convertía en supervisor general y garante de la Constitución, aunque en un lugar donde el Parlamento estaba unido de un modo caso total con su emperador en sus intereses se podría decir que su voz era la de Pedro II…

 

Progreso social y cultural.

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Sin educación no hay progreso, y Pedro II lo sabía. Se esforzó por mejorarla, socavando sin darse cuenta su propio poder imperial, pues a más nivel educativo adquirido la población más se apercibe de las deficiencias que tiene el gobierno del lugar donde vive y exige los cambios necesarios para subsanarlas. Construyó 6.000 centros de educación primaria y secundaria por todo Brasil. El Colegio Imperial Pedro II (arriba en la foto), en Río de Janeiro, era uno de los más prestigiosos, junto las dos escuelas agrarias imperiales, destinadas a mejorar la explotación de la tierra y propiciar un mayor desarrollo económico, que hizo surgir ciudades mayores y nuevos grupos sociales que demandaban un cambio social y político…como en el México de Porfirio Díaz, el propio desarrollo social y económico de Brasil propició la caída de un sistema político anticuado incapaz y reticente a tal cambio.

Las ciudades cambiaron su fisonomía con la mejora sustancial de las infraestructuras, como el agua,

el gas, las cloacas y el tranvía, como y ase mencionó anteriormente en la referencia al Barón de Mauá el año 1851. Y las ciudades se llenaban de inmigrantes sin cesar (en 1872 Río de Janeiro tenía 172.000 habitantes siendo 84.000 de ellos inmigrantes, y en 1890 su población se duplicaba nuevamente).

 

Éxitos sociales y derrotas gubernamentales.

 

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La sociedad moderna del Brasil de fines del siglo XIX exigía cambios políticos. El año 1864 el Partido Conservador se escindió dos y se creó la Liga Progresista. La Liga Progresista exigía cambios como una descentralización política, una reforma electoral (exitosa), un nuevo Código Civil, la reforma del sistema judicial y modificar el Código de Comercio en lo referente a sociedades anónimas y quiebras…mientras el Partido Liberal también se escindió y se creó un ala radical llamada Partido Republicano el año 1870.

El emperador aún tenía popularidad el año 1870 y este Partido Liberal era muy minoritario, pero al cariz del cambio de los tiempos fue adquiriendo mayor poder hasta crearse numerosos clubes republicanos en las principales ciudades brasileñas. Renegaban del Imperio y deseaban ser republicanos (“Somos de América y queremos ser republicanos”), mientras sus miembros eran miembros de los nuevos sectores urbanos surgidos en el nuevo Brasil en las clases medias. Sólo había un plantador mientras el resto eran periodistas, abogados, médicos, etcétera. Todo un Partido que se negaba a aceptar que el gobierno estuviera en manos sólo de hacendados y élites de antiguo cuño y de clase noble.

El Partido Republicano, unido al Partido Conservador, fueron a la elecciones y Prudente José de Morais e Barros y Manuel Ferraz de Campo Salles, los dos primeros presidentes de la República, fueron los dos primeros diputados republicanos que accedieron al Parlamento.

La Guerra de la Triple Alianza originó un conflicto entre civiles y militares. La guerra había sido muy costosa en vidas y dinero, y su larga duración enfrentó a civiles y militares por su conducción, lo que implicó dos cosas contrapuestas, por un lado la lucha por el predominio del gobierno civil sobre el militar y que el nacionalismo brasileño se viera confirmado como un factor de unión de todo el país.

El Emperador, por otra parte, prefería favorecer la Armada y no el ejército de tierra. Con una lucha entre esclavistas terratenientes y grupos antiesclavistas cada vez más activos, la oposición al Emperador se extendió por los grupos de plantadores y posteriormente a la Iglesia, que tenía problemas con el Emperador por su actitud pro-liberal política en conflicto con Pio IX que deseaba reforzar el poder de la iglesia. El Emperador se enfrentaba así a sus sostenes tradicionales en el poder al apoyar a los grupos abolicionistas y los sectores liberales que herían a terratenientes esclavistas y a la Iglesia conservadora.

La iglesia se revolvió aún más contra el Emperador con ayuda de los nuevos sacerdotes educados en Europa. El año 1873 se produjo una polémica que incluía a gobierno e Iglesia. Muchos políticos eran masones y la Iglesia pugnaba por prohibir la masonería, con lo que se desató una guerra entre gobierno e Iglesia que acabó con el encarcelamiento del Obispo de Olinda el año 1874, privando al Emperador del apoyo de la Iglesia brasileña, en una copia de la sucesiva pérdida de apoyos sufrida por Napoleón III desde su ocupación militar de Roma hasta su caída el año 1870 tras Sedán.

Y la Iglesia hizo uso del nacionalismo brasileño para demostrar su repulsa al Emperador. En la revuelta nordestina de los quebra quilos, se unió la resistencia del campesinado a los nuevos impuestos, la resistencia a aceptar la introducción del sistema métrico decimal y la ayuda a los rebeldes del clero más integrista. Su lema “abajo los masones” implicaba no una revuelta social por nuevas imposiciones tributarias y el sistema métrico decimal, sino una revuelta religiosa y tradicionalista…

 

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