4ª HISTORIA, Hª UNIVERSAL — 08/07/2013 at 01:07

DEL REINO DE PRUSIA AL IMPERIO ALEMÁN 1ª Parte. Por Cristófol Miró Fernández

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Alemania, de la Primavera de los Pueblos a la llegada de Bismarck al poder

 

El año 1848, Alemania había vivido una gran esperanza, la de unirse en una sola con capital en Berlín, no creando un imperio seguramente, sino en una unión federal similar a la actual, pero salió desairada y decepcionada. La Primavera de los Pueblos, el segundo gran movimiento nacionalista desde el año 1830, había concluido en una gran decepción para casi todos los estados que tomaron parte en este movimiento, salvo para Francia, pero incluso en Francia desembocó en un Imperio, el de Napoleón III, el año 1851, muy diferente de la república popular obrera que los obreros deseaban. En cierto modo también en Francia fracasó, la Primavera de los Pueblos, de un modo completo.

En Alemania la Primavera de los Pueblos fracasó porque en Frankfurt el Rey de Prusia no aceptó la corona que el Parlamento le ofrecía porque era una petición hecha por revolucionarios (ello significaría tener que pactar con ellos y aceptar una Constitución democrática que recortaría sus poderes y además tendría que respetar los diferentes Estados alemanes, lo que imposibilitaba para el monarca prusiano ser absolutista).

Por otra parte, Alemania no estaba unida, lo que también arruinó el proyecto. Desde siempre el divide y vencerás ha sido muy útil para dominar un territorio que, enfrentado entre sí por banderías de mayor o menor calibre, no llega a unirse siendo usado por las potencias más fuertes que lo bordean para dominarlo políticamente. Alemania era usada por Francia y Rusia, dominada y dividida por Francia y Rusia, manipulada por Francia y Rusia. Francia temía que si se unía, sería poderosa, lo que pasó a partir del año 1871, y quedaría relegada en el plano industrial, mientras Rusia temía un poder militar que rivalizara con el suyo.

¿Qué hubiera pasado si Alemania nunca se hubiera unido? El mundo que vivimos ahora no sería el mismo, pues Rusia sería un gran imperio militar desde el Báltico al interior de Polonia y la fachada atlántica no hubiera concentrado la fuerza cultural y económica que concentró, y concentra.

Pero volvamos al año 1848. Alemania había vivido una ilusión que ahora se veía defraudada. El nacionalismo había surgido con fuerza, y había sido humillado. Esta humillación no podía ser olvidada, y los alemanes ya no querían dar marcha atrás en sus aspiraciones nacionalistas, habían llegado demasiado lejos…

Hegel, el filósofo, que antes era marginal y poco escuchado, ahora era seguido con auténtico fervor. Hablaba de como Alemania era diferente de Occidente, de rasgos occidentales y otros rasgos alemanes, de un modo orgulloso. Hablaba que Alemania era Alemania porque estaban unidos ante la idea de lealtades de grupo y de Estado. Hegel y Marx usaron la Historia como acicate y promesa de un mundo mejor que estaba cerca, diferente del actual, mientras los propios alemanes se consideraban superiores a los eslavos, convirtiéndolos en una raza inferior, mientras ellos se consideraban a sí mismos como una raza pura, libre de todas las mezclas que habían creado las otras naciones europeas, algo obvio y comprensible psicológicamente en un grupo étnico que se creía destinado a grandes cosas en el futuro pero que había vivido humillado hasta entonces por los países colindantes más  poderosos que este mismo grupo étnico germánico. Y los eslavos eran un grupo étnico, los rusos eran eslavos, que dominaba políticamente a los Estados alemanes divididos, de ahí su rabia a los eslavos.

El año 1848 la vía parlamentaria, pacífica, había fracasado. Hacía falta buscar otro medio para conseguir unirse, y si no funciona la política se recurre a las armas. Se hicieron un tanto fanáticos de la vía militarista, Die Match, pero eran débiles para conseguirlo. Los alemanes eran gente muy ligada a sus diversos Estados, nunca los atacarían para derribar sus gobiernos, pero tenían cierto parecido con Italia, si Italia se creó gracias a la fuerza militar de Cerdeña, Alemania se creó gracias a la fuerza militar de Prusia.

Tras el 1848 se dio la contrarrevolución en forma de la vuelta atrás al año 1815. Se reconstruyeron en 1850 todos los antiguos estados, una treintena, mientras la confederación del 1815 fue reconstruida de nuevo. Pero el 1850, no es el año 1850, y el año 1848 había sido un formidable estallido revolucionario nacionalista que no tenía marcha atrás, mientras se producían grandes cambios económicos y sociales, lo que a menudo deriva en grandes políticos. La industria se desarrollaba y daba sus frutos, y el Zollverein del 1818 había creado un mercado común, salvo Austria y Bohemia, que daba prosperidad a los Estados alemanes, mientras se extendía el ferrocarril y el telégrafo.

Estos éxitos industriales exigían mayores campos donde vender sus productos industriales, el nacionalismo del año 1848 había creado una conciencia común de pueblo alemán, y Hegel y Marx auguraban un mundo mejor por llegar, basado en el devenir de un brillante futuro histórico, mientras el pueblo alemán sentía un profundo respeto por el estado y veían que la unión inevitable no se podría conseguir por la diplomacia, sino por las armas, Die Match.

Prusia era la fuerza que Alemania, sus Estados, necesitaban para unirse, así que el paso previsible siguiente fue caer en brazos de Prusia, conocida por su pequeño, pero muy potente, ejército. El imperio estaba al caer.

 

Otto Von Bismarck

 


 

Prusia no estaba en condiciones, relativamente, de unificar Alemania y crear un imperio. Nadie contaba con Prusia para nada, pero era resistente, y eso es la base de la adaptación necesaria para crear algo grande. Prusia había caído tras Jena en 1806, pero se había levantado de nuevo de sus cenizas. Su auténtico poder era el militar, no el político. Su ejército, aunque pequeño, era un ejército a tener en cuenta por sus éxitos y su preparación, pero en política exterior o fueron simples espectadores (Guerra de Crimea) o no fueron tenidos en cuenta (unificación de Italia el año 1859).

Prusia tenía 18 millones de habitantes, mientras en 1815 tenía 11 millones de habitantes. La población había aumentado mientras su ejército se había mantenido estático, no había crecido. El rey concibió la idea de duplicarlo, pero el Parlamento prusiano, creado el 1850, se negó a ello. Recelaban de los ejércitos profesionales y los “junkers”, que eran absolutistas, mientras los capitalistas de Renania eran liberales y deseaban controlar ellos el gobierno y no el ejército el gobierno…la lucha estaba servida, y el rey de Prusia actuó al modo del Rey sargento, Federico el Grande, e hizo uso de sus poderes reales el año 1862 nombrando a un nuevo primer ministro: a un odiado, pero remarcablemente astuto “junker”: Otto Von Bismarck.

¿Quién era Bismarck? Ante todo un “junker”, pero diferente de los otros miembros de su clase social. Como terrateniente que era, era partidario de un mundo tradicionalista, opuesto a los liberales, pero poseía otras virtudes que lo diferenciaban de sus compañeros de clase social. Era un hombre de mundo y bastante más sabio que los otros “junkers”, a los que despreciaba. No le temblaba la mano a la hora de cumplir las leyes, y nunca se hacía atrás en ninguna decisión, lo que lo convertía en casi un hombre dotado de un sistema de gobierno dictatorial. En cuanto al nacionalismo, no era nacionalista: ante todo era prusiano, no alemán. No comprendía al occidente ni su sistema de ver la política ni la sociedad, lo que lo apartaba de todo apoyo al liberalismo, igual que la democracia o el socialismo.

Occidente era para él lo que ahora se llamaría decadente en el lenguaje de Al-Qaida. Los órganos de gobierno ineficaces y la sociedad turbulenta y revolucionaria. Era en esencia un conservador que enaltecía la idea del deber, el servicio, el orden y el temor a Dios sobre todas las cosas, mientras todo lo que era diferente era malo o inútil. Era algo a evitar. Esto incluía a los Estados alemanes, cuyo único servicio, a los ojos de Bismarck, era engrandecer Prusia.

Bismarck, el gran mutante político…no estaba atado a ninguna ideología política concreta, por lo que no era fiel a ninguna. Sólo era fiel a Prusia y a Dios…el enemigo de hoy podía ser el amigo de mañana, y al revés, ya fueran los grupos políticos, la casa real o su propia clase social. Todo por engrandecer a Prusia, aunque su política fuera llevada a cabo sin escrúpulo alguno ni fidelidad a nadie…humano.

 

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