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EL RÉGIMEN Y SU CRISIS. Por Gabriel Alcolea.

 

Gabriel Alcolea

Llevamos cinco años de “crisis” y los únicos datos claros y evidentes de la misma ha sido sus cuatro millones de desempleados, que, sumados a los que habían, completan esos seis millones de personas pasando calamidades.
Por fin y después de tanto tiempo, los españolitos de a pie, hemos podido comprobar como, día a día, el Gobierno anterior, como el de ahora, nos mienten de forma indecente. La crisis no procedía exclusivamente de los bancos americanos y sus hipotecas. La crisis no era consecuencia directa del desplome de la construcción. La crisis no era por haber gastado más de lo que teníamos. La crisis no fue por haber vivido “por encima de nuestras posibilidades”. La crisis no ha venido por el mantra rajoniano de “no hay dinero” (eso, precisamente es lo que sobre, aquí y en el resto del mundo). La crisis, lo que ellos, los políticos serviles del poder económico, llaman crisis, ha sido un tótum revolutum encabezada por una sanguinaria y especulativa Ley del suelo y continuada por una ceguera del sistema financiero español, arrastrando con ellos al resto de la sociedad española.
La deuda privada española -casi el 400% del PIB- donde se llevan la palma los grandes empréstitos para las corporaciones inmobiliarias, el 80% en situación de mora, el Billón trescientos mil millones de las empresas, los más de ochocientos mil millones de deuda de las Administraciones y Empresas Públicas y el billón cuatrocientos mil millones de euros del endeudamiento bancario, es lo que, realmente, ha tenido la culpa de la paralización de este país en cuestión de meses. Los bancos y las grandes empresas, el sistema español económico y financiero en pleno, tan aplaudido otrora por todos los políticos de turno sin excepción; no puede responder a los pagos que se le vienen encima. Colapso y desconfianza total: ni dinero, ni trabajo.
Los distintos Gobiernos, (que no el “Estado”-el pueblo- que no tiene culpa alguna, está preso del necio comportamiento de todos los Gobiernos que ha tenido España desde 1977, y, sobre todo, porque este país carece de una Jefatura de Estado como correspondería a un país moderno y progresista que pusiera límite a tanto desorden contra los ciudadanos y a tanta corrupción) cada uno a su manera, han intentado manipular las cuentas del Estado -ahí están las pruebas evidentes que nos han dejado en ridículo en la UE, y el endeble y defraudaror sistema financiero y económico, con la anuencia de sus vigilantes y reguladores, empezando por el mismo Banco de España y la CNMV, han hecho el resto.
El caso de Bankia y las otras entidades –y los que vendrán después, no lo duden- fue y ha sido el ejemplo de cómo los trapicheos no conducen a ninguna parte. Las ingenierías financieras, por no decir un adjetivo más grueso y del sur italiano, los chanchullos políticos, el obscurantismo, el amiguismo, han seguido y siguen marcando el made in Spain. La quiebra paulatina y cronológica de todo tipo de empresas, grandes y pequeñas, hablan a las claras del defectuoso sistema empresarial español. Somos el hazme reír del mundo.
Rajoy, creía que podría engañar a los españoles a base de decir que no hay dinero y hacer los recortes pertinentes para su deseada privatización del suelo patrio. Muchos ya lo sabíamos, pero Bankia, el resto de cajas, el desplome empresarial, la corrupción y la famosa SAREB -uno de los mayores timos históricos de España- les ha descubierto totalmente. Ese es su verdadero rostro. Ese es su objetivo: Privatizar, privatizar…
Sin entrar en la cantidad de barbaridades financieras, económicas, mentiras estadísticas e, incluso, contables, que están llevando a cabo para tratar de disfrazar los descalabros de toda la crisis y confundir a las personas ingenuas y desconocedoras de estas prácticas mafiosas, el “caso Bankia” o, mejor llamarlo el “caso Blesa-Rato”, les estalló en la cara y, al mismo tiempo, fue la chispa que servirá para adelantar el prólogo de las luchas internas en el PP.
Rato, en su día, le regaló el puesto de heredero a Rajoy. Su estrepitoso fracaso en el FMI, le impedía, políticamente, hacerse cargo de la herencia de Aznar. Además, Rato es un hombre que no vive “del aire”. Necesita fuertes sumas dinerarias para su cotidiana vida. Ahora, además, se ha confirmado la mala praxis en su etapa como ministro de Aznar. Un hombre que sólo sabía hacer una cosa: privatizar empresas públicas y poner el precio del suelo por las nubes.
No cabía otra opción: la tumba de los elefantes: Telefónica. El ridículo fue mayúsculo y Rajoy le devolvió “el favor”con una puñalada trapera. No lo olvidará. Y su amiga doña Esperanza, tampoco. A fin de cuentas, les han quitado “su” Caja.
Si no conseguimos dar la vuelta totalmente a esta mal oliente tortilla, todo seguirá igual…o peor.