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DON JUAN JOSÉ DE AUSTRIA 1ª Parte: VÁSTAGO ILEGÍTIMO DE FELIPE IV. Por Cristófol Miró Fernández

Don Juan José de Austria


 

Don Juan José de Austria (1629-1679) vástago ilegítimo de Felipe IV y la actriz María Calderón, casada y amante a su vez del duque de Medina de las Torres, viudo de la hija de Gaspar de Guzmán, conde duque de Olivares (1587-1645), valido del Rey Felipe IV, conocido como El Rey Planeta, fue con mucho un hombre mucho más capaz de gobernar que el único hijo superviviente de dicho monarca Austria, Carlos II (1661-1700), heredero maltrecho de la dinastía Austria, habido del matrimonio entre el rey Felipe IV (1605-1665) y Mariana de Austria, reina entre 1649 y 1665, segunda esposa de dicho monarca, aunque todas sus medidas de gobierno no dieron fruto alguno y sólo su muerte en el año 1679 lo salvó del desastre y el oprobio total, pues perdía poder a marchas forzadas, junto con el respeto de la población, que no veía mejora alguna en sus condiciones de vida.

Ante todo hay que tener en cuenta que una persona X, en cualquier momento de la historia forma parte de su mundo teniendo en cuenta su nivel social, ya sea estamento o clase social, sus valores sociales heredados de su familia y su visión del mundo resultante de todos estos factores, y Don Juan José de Austria no era ajeno a estos factores, tampoco, con lo que determinaron sus actuaciones de gobierno y su rencor hacia su padre, madre y hermanastro.

Carlos II no tendría jamás que haber sido rey, no estaba destinada para él la corona. El heredero natural del trono Austria era el cuarto hijo, Baltasar Carlos, y el único superviviente, habido con su primera esposa, Isabel de Borbón (1615-1644), pero su muerte en 1646, a los diecisiete años, de unas fiebres, dejaron el trono Austria español en manos de un heredero incapaz de gobernar, con enfermedades de todo tipo, entre las que se hallaba raquitismo, hidrocefalia, impotencia y retraso mental severo, que en el año 1674 pidió ayuda a su hermanastro, codicioso por llegar al trono que tantas veces le fue negado, y convertir a su incapaz hermanastro en un juguete en sus manos con ayuda de los nobles, deseosos de conseguir poder y crear una república nobiliaria similar a la de Fronda (1648-1653) en Francia bajo la regencia de la Reina Ana de Austria ,durante la minoridad de Luis XIV, cuando hubieron de dejar París y volvieron a ruegos de la población, que odiaban el gobierno nobiliario que los esclavizaba.

Pero volvamos al principio para comprender el porque de tales actos políticos por parte de Don Juan José de Austria, uno de los escasos treinta vástagos ilegítimos de Felipe IV que recibió educación principesca, a partir de los 13 años de edad, en 1642 por parte de su padre, lo que en cierto modo legitimó sus deseos de conseguir reinar sobre España.

Pero hablemos de su madre, y conozcamos como acabó su vida. De sobras es conocido como cuando Felipe IV se cansaba de sus amantes eran recluidas en un convento de por vida. Su caso no fue diferente: cuando Felipe IV se cansó de su concubina real la ingresó en el convento de Valfermoso de las Monjas (Guadalajara), donde acabó su vida siendo abadesa. Se cuenta la anécdota de que un día se sintió traído por una joven dama en cierto baile y decidió cortejarla. La joven dama, conocedora de la situación de que el rey, en cuanto se aburría de una amante la ingresaba en un convento, le espetó en cuanto lo vio acercarse: “Lo siento, mi señor, pero no tengo vocación religiosa”.
María Calderón, llamada la Calderota, actriz de teatro, madre de Juan José de Austria (1629-1679), concubina de Felipe IV.

Museo de las descalzas reales, Madrid.

 

 

Ahora volvamos a Don Juan José de Austria. Felipe IV no lo quería ver por palacio. No olvidemos en primer lugar que era hijo ilegítimo, lo que implica que no podía reinar, pues no era heredero legal al trono, pero no olvidemos que había recibido educación principesca, lo que sí lo hacía soñar con llegar alguna vez al trono, y ello era una fuente de conflictos segura. Tras la muerte de Baltasar Carlos, el heredero era Carlos II, y todo el reino veía que era incapaz de gobernar, lo que convertía a Juan José de Austria en un personaje a tener en cuenta para subir al trono desbancando a su incapaz hermanastro.

Felipe IV intentó evitar este hecho, que veía como seguro, de todos los modos posibles, y el más posible fue enviarlo como gobernador a los Países Bajos, un avispero donde todos los que fueron o malograron su vida política o sencillamente jamás volvieron de allí. Era un exilio dorado para gente incómoda al rey de turno que veía en algún modo amenazado su poder por el hombre fuerte de turno, ya fuera Juan de Austria (1547-1578) bajo Felipe II (1527-1598), ya fuera El Duque de Alba (1508-1583), “el viejo caduco”, célebre por organizar el terrible Tribunal de los Tumultos en los Países Bajos, donde fueron ejecutadas 1.105 personas de 12.302 juzgados, muchas de ellas pertenecientes a la clase
humilde, pero ante todo un reformador que se ganó el odio de la nobleza al insistir en que la nobleza holandesa tenía que pagar impuestos como la clase humilde. Esto originó la resistencia a su poder de la nobleza, que unió al pueblo en su odio al Tribunal de los Tumultos, en un ambiente de crisis religiosa y económicamente que castigaba especialmente a las clases pobres de la sociedad holandesa, y desató la rebelión de Holanda contra España a partir del 1568 bajo el mando del Conde de Egmont (1522-1568), ejecutado por traición por Felipe II en Madrid tras ser convencido para ir a la Corte a hablar con “el maestro perfecto en el arte de gobernar” (Felipe II), tras desembarcar en Barcelona y ser detenido inmediatamente en el mismo puerto, y de Guillermo de Orange (1533-1584), rebelión que se vería temporalmente frenada en la Tregua de los Doce Años, firmada gracias a la ayuda del político holandés Van Oldenbarneveldt, que fue quien la promovió, firmada en Amberes el año 1609, por Mauricio de Nassau, como representante de las Provincias Unidas de Utrecht, y el Archiduque Alberto, Gobernador General de Flandes, como representante de España. Pero esta es otra historia, entroncada sin duda con la De Don Juan José de Austria que toca de refilón esta temática tratada aquí y que debe ser tratada de un modo más amplio en un trabajo de temática específica de este tema en concreto, con lo que, si me disculpan, volveré a tratar del tema que aquí nos atañe. Cómo se ve en el caso de Don Juan José de Austria, que sirvió como gobernador en dicho lugar, los problemas siguieron hasta que en el siglo XVIII, bajo el gobierno de Felipe V, en el Tratado de Utrecht, en 1713, se abandonó este territorio que había sido tan problemático para la corona española.

Ante todo, cualquier persona es hija del mundo donde ha nacido, y la vida de Don Juan de Austria transcurre entre el año 1629 y el año 1679. Como vástago, aunque ilegítimo del Rey Planeta, tuvo un papel en la política de su tiempo, intervino en los conflictos que sacudieron su época, pues fue militar a las órdenes de su padre real en los principales escenarios bélicos europeos, tales como Cataluña, Portugal, Nápoles y Andalucía, las dos primeras por su independencia de Castilla, los Países Bajos. Su formación como soldado le valió para ser llamado por su real hermanastro Carlos II el año 1674 para ayudarlo a gobernar España, aunque lo que hizo fue llamar a un militar que expulsó a Don Fernando de Valenzuela, primer conde de Villasierra, (1636-1692), el año 1677, como valido y lo exilió a México, donde moriría el año 1692 esperando el barco que lo traía de vuelta a España tras ser perdonado por Carlos II, en el puerto de Veracruz a consecuencia de una coz de caballo dada en mala hora. Más tarde volveremos a tratar de este personaje pero siempre es bueno tener en cuenta lo que se escribió de él por los partidarios de Don Juan José de Austria, tras el supuesto tiro de arcabuz, de Carlos II, errado que casi le cuesta la vida, el dos de diciembre del año 1676:

 

“…queda herido don Fernando, atúrdese el Rey, suelta el arcabuz, exclamándose por desgraciado, piden los coches, acuden a socorrer a don Fernando, que se dejó caer para levantarse más. Entra el Rey temeroso a ver a su madre, que se halló llorando del susto. Siéntelo el Rey, repitiendo tres veces que le pesaba del suceso, y mucho más por lo que se diría en Madrid. Desagravia el Rey el tiro con cubrir a don Fernando sobre la grandeza de los señores, por dejar a los señores de Castilla, mayordomo mayor del Rey, comprado de don Fernando, y el Almirante de Castilla por el precio de dos mil y quinientos doblones, con que compró el salir de Madrid para esta ocasión, habiéndoles sacado del hambre con que han dejado pereciendo los reformados del Consejo de Hacienda…”

A.H.N. Estado, Libro 880.

 

Antes he mencionado la Revuelta de Andalucía, junto a las de Cataluña y Portugal. Escasamente conocida, esta revuelta formó parte de la serie de revueltas regionales independentistas que se iniciaron a partir del año 1640 y que destruyeron todos los planes políticos del Conde Duque Olivares, quien, amargado, loco y enfermo, falleció el año 1645, en un convento de Toro fundado por él, tras ser apartado del gobierno por Felipe IV y juzgado por la Inquisición el año 1644. Pobre premio para un hombre que luchó sin descanso día y noche para conseguir llevar a buen puerto sus planes políticos y que, según su secretario, era tan difícil de desanimar que “aun con el agua con encima de su cabeza seguía nadando” y que, a falta de rey capaz de gobernar por total desentendimiento de sus regias funciones y deberes, tuvo él que ser el rey a la fuerza.

En fin, y volvamos al tema de la desconocida Revuelta de Andalucía. Muy relacionada con la revuelta lusa del año 1640, pues el Duque de Medina Sidonia era el hermano de la esposa del nuevo rey portugués, Joao IV de Bragança. Cabe contar con que ánimos recibió el hecho de ser el capitán general de un ejército que debía atacar tal territorio luso donde reinaba su hermana. Si a ello unimos su mal humor con respecto a pagar impuestos para las guerras que se cifraban en 800.000 escudos recaudados en sus dominios y exigidos por Gaspar de Guzmán, unamos una razón y otra y hallaremos una más que buena razón para levantarse contra Castilla, no, curioso, para independizarse de Castilla, sino para no pagar impuestos y echar del poder al Conde Duque de Olivares. El año 1641 se interceptó una carta entre el Duque de Medina Sidonia y un cuñado suyo, el marqués de Ayamonte, donde relataban este hecho. Fueron apresados y juzgados este mismo año y la revuelta andaluza anulada. Se considera menor, pero su posición junto a Portugal la coloca en un lugar clave y muy peligroso para Castilla. No conviene subestimarla por poco conocida.

Felipe II, retratado por Pablo Coello en su vejez, años 80 del siglo XVI.

 

 

Pasemos ahora, si les parece a dar una pequeña reseña histórica sobre la revuela y secesión portuguesa. Corría el año 1580 y Portugal, que había perdido a su rey Sebastián, el año 1578, en un ataque al norte de África en un intento suicida de conquistar Marruecos al estilo de una cruzada religiosa, junto con gran parte de la nobleza lusa, fue codiciado por Felipe II, como heredero legal de la corona de tal reino, ahora vacante. El heredero legal de Portugal a la muerte de su rey fue el cardenal Don Pedro, tío del fallecido monarca, aunque no obtuvo el trono porque falleció durante la guerra que llevó a la conquista y anexión de Portugal, culminada con la toma de Lisboa el año 1580 por los tercios españoles.

Portugal era el Japón del año 1945 al 1953. Como el Japón conquistado por los Estados Unidos de América, dependía de su defensa de los piratas holandeses de las arcas españolas, y ello llevó a que la debilidad progresiva de España llevara a la vulnerabilidad progresiva del socio portugués en sus territorios brasileños. Cuanto más débil estaba España, más padecía Portugal una deficiencia en la defensa de sus posesiones portuguesas y ello debilitaba la unión entre ambos socios y su fidelidad mutua. En pocas palabras: España abarcó demasiado territorio y era prácticamente indefendible frente a los piratas ingleses y sus aliados holandeses, que ya empezaban a expandirse por América y el Mar Caribe, puesto que el Caribe ya se empezaba a internacionalizar con la presencia de franceses, ingleses y holandeses. Definitivamente, España y Portugal habían dejado de ser los amos absolutos de América y entraban otros países en la competición por conseguir tierras en el continente, y los piratas que debilitaban las posiciones de los rivales en esta carrera por el dominio del continente americano eran una pieza fundamental. Tras los piratas, auténticas guerrillas de los estados europeos bajo el nombre de corsarios, venían las compañías privadas que tomaban posesión de las tierras arrebatadas a los rivales más débiles, tras ellas venían los reyes, que compraban las tierras privadas de las compañías que eran sus dueñas, y tras este proceso venía la organización como colonia de tal territorio. Pero este no es el tema de tal trabajo, con lo que se so tratará un tanto más ampliamente en otro momento, pero dejemos claro que el ataque pirata era un antecedente claro de un posterior establecimiento de una colonia en un lugar X, tras arrebatarle el terreno a sus rivales más débiles.

SERIAL KRITIC : JUEGO DE TRONOS: Choque de pareceres. Por Marta García Arnau

Juego de Tronos, la popularísima  adaptación que la cadena americana HBO esta realizando  sobre los libros “Canción de fuego y hielo ” ( trilogía, incompleta  o pendiente de la última entrega), escritos por  George R. R. Martin, Ha vuelto a las pantallas gracias al éxito sin precedentes que se obtuvo con la 1ª parte.

Marta García Arnau, nos refresca en su montaje, y con su habitual frescura  y  fino humor, lo mejor y lo menos mejor de la serie.