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6/8 LEY DE POLARIDAD – HERMES TRISMEGISTO – LAS LEYES UNIVERSALES. 6ª entrega. Subido por 1ALISH, y compartido en PULSO por MAM.

 Ley de polaridad

Publicado el 09/09/2012
Reportaje sobre la 5a Ley del Universo, según “El Kybalión” de Hermes Trismegisto
Vídeo núm. 6 de una serie de 8 sobre LAS LEYES UNIVERSALES realizados por Alish para TimeForTruth.es.
LEY DE POLARIDAD
Todo tiene dos polos
Conoce Las Leyes para conocerte a ti mismo.
TRAILER

http://www.youtube.com/watch?v=sqY5DE…

Video 1: HERMES TRISMEGISTO, EL MAESTRO
Video 2: EL MENTALISMO
Video 3: CAUSA Y EFECTO
Video 4: LEY DE CORRESPONDENCIA
Video 5: LEY DE VIBRACIÓN
Alish
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LIBREPENSADORES II, por Valentín Villalón.

Valentín Villalón

LIBREPENSADORES  II

 

Cuando Ángel Rico y Josefina Fernández salieron de casa del boticario, le dijo éste a su mujer, creo que le vamos a poder ofrecer una buena casa. En Semana Santa, cuando estuvo aquí Ramón Lozoya estuve tomando unas cervezas con él, y entre otras cosas me dijo que su casa, al estar vacía, se estaba deteriorando mucho, y que su hermano le había dicho que la casa se había deteriorado, según había podido ver, cuando estuvo aquí en Navidad, que lo  mejor que podíamos hacer era alquilarla, si encontramos a alguien que la pueda mantener en buen estado, y preveamos que no vayamos a  tener problemas con él. Entonces le dije que era mejor no hacerlo, sería mejor que la conserváramos, aunque alguna vez le tuviéramos que recorrer los tejados, tapar algunos remiendos, pintarla de cuando en cuando, y que el carpintero pusiera lo cristales rotos y repasara puertas y ventanas, si acaso, con el paso del tiempo se cerraban o abrían con dificultad.

Estoy viendo, me dijo, que lo que mi hermano decía era verdad, le están saliendo manchas de humedad en las paredes, en el corral de dentro ha salido mucha hierba, y hemos visto entre la hierba muchos conejos, que ni sé de donde han podido llegar. Temo que cuando en el verano se seque la hierba y llegue la feria, con lo aficionados que son aquí a la pólvora, prendan fuego con algún cohete y nos quemen la casa. Lo malo es que como mi hermano fue el que me propuso alquilarla, y la otra alternativa que le di, él la aceptó.  Ahora me cuesta decirle que sería mejor hacer lo que él pensaba.

Pienso llamar mañana a Ramón y decirle que ha llegado aquí un matrimonio formado por un médico y una maestra, formados ambos en la Institución Libre de Enseñanza como propietarios definitivos de la plaza de Don Hilario y de Doña Margarita, jubilados el año pasado y que en el último concurso de traslados de los cuerpos a que pertenecen le han  dado plaza aquí. Como  necesitan una casa grande, ya que él quiere poner en su casa la consulta, para no tener que salir, en caso de que algún paciente llegue, y para atenderlo, no tenga que salir de su casa. Y como no lo llamas ahora, dijo Conchita a su marido, que estará cenando o a punto de cenar.

La mejor forma de encontrarlo en su casa es llamándolo ahora, mañana puede que te sea más difícil encontrarlo. Como el teléfono que tenemos aquí es el de su casa, no lo podríamos llamar hasta las tres, o mejor dicho hasta las seis, porque hasta las tres no saldrá del ministerio, ahora están  haciendo jornada completa y aunque su casa está cerca del ministerio donde trabaja, mientras llega, come y se echa un poco la siesta, hasta las seis no lo puedes llamar. Es mejor que lo llames ahora, y si tenemos suerte, puede que éstos se puedan ir con el problema de la casa resuelto. Llave de la casa debe tener  alguna de sus primas, o alguna vecina. No es fácil que se hayan ido sin dejar una llave en el pueblo, por alguna emergencia que pudiera surgir.

Es fácil, dijo Antonio, que lleves razón y que algún allegado suyo tenga las llaves de la casa, alguien las tiene que tener en el pueblo, posiblemente alguna vecina. Voy a llamarlo enseguida, estos son muy aficionados a ir al teatro y es posible que ya no estén en su casa, les gusta mucho vivir las noches de Madrid, voy a ver si llego antes de que salgan y esta pareja se pueden ir con el problema de la casa resuelto. Durante largo rato estuvieron Antonio y Ramón hablando, pensaba Conchita que nunca se le debió ocurrir haberle dicho a su marido que llamara a su amigo Ramón Lozoya con la mesa puesta, corría el riesgo de que la cena le sirviera de desayuno. Cuando llevaban un rato hablando tuvo que decirle Conchita a las criadas que ellas cenaran y se fueran a dormir, que ellos no sabían si iban a cenar tarde o a desayunar temprano. Cuando estos se ponen a hablar sé a la hora que empiezan, pero nunca sé a la hora que pueden terminar. Cenar  vosotras, que cuando terminen ya recogeré la mesa y os dejaré los platos en el fregadero.

Cuando Antonio colgó el teléfono le preguntó Conchita si estaban en casa los señores o si había estado hablando con la criada, a lo que este contestó, sin darse por aludido, que había estado hablando con Ramón, de quién era este matrimonio, de su profesión, de sus ideas, de la impresión que nos habían causado, de cómo creía que a su hermano le iban a gustar, y de cómo en el precio no iban a tener problemas, puesto que lo que ellos buscaban era en primer lugar, que la casa estuviera abierta y no se le deteriorara y al mismo tiempo, el inquilino fuera persona en quien se pudiera confiar. Y eso, por lo que yo le había dicho, estaba logrado. Bueno, dijo Conchita, vamos a cenar porque si me cuentas ahora todo lo que habéis estado hablando esta noche no nos vamos a poder acostar. Comprendió Antonio que su mujer había estado un largo rato esperando.  Estaba cansada, quería cenar y acostarse pronto. Siempre te digo, que cuando lleguen las horas de las comidas, no me esperes nunca, tú come, cena o desayuna, no me esperes, que ya comeré yo cuando termine. Llevaba un montón de tiempo sin hablar con Ramón, y bien conoces tú lo bien que congeniamos los dos desde que llegué al pueblo. Pensaban salir a tomar café a una terraza de la Castellana y cuando nos hemos dado cuenta era la una. Comprendo que a estas horas estéis las dos esposas un poco mosqueadas, pensando en el poco caso que os hacemos, pero eso no es verdad, es algo que no podéis pensar, pasa que hacía mucho tiempo que no hablábamos y la conversación se ha ido prolongando sin que nos diéramos cuenta de la hora que era.

No estamos las dos esposas mosqueadas, o al menos yo no estoy mosqueada, pasa que una interrupción de esta envergadura trastorna mucho, corta el normal desenvolvimiento de la casa. A la hora en que se ha producido, las chicas del servicio están cansadas, tienen gana de descansar, de irse, de ver a sus novios. En una palabra, ha terminado su jornada de trabajo y necesitan irse. Si tú me dices, cuando te has ido a hablar con Ramón, cenad vosotras, yo voy a hablar con Ramón y no sé a la hora que vaya a terminar. Tenemos que organizarnos mejor para que estas cosas no pasen. Me has  dicho que ibas a preguntarle a Ramón, si querían arrendarle la casa al médico y si alguien del pueblo tenía llave para que éste la pudiera ver. Has podido decirme, preveo que estaremos un rato hablando. Entonces preveo que vais a estar varios ratos hablando y el trastorno es mucho menor, pero vamos, siéntate y cena, que nos de tiempo a acostarnos antes de que llegue el día.

¿Me perdonas?, dijo Antonio a su mujer. No me queda otro remedio, contestó esta, si algún día nos tenemos que separar tendrá que ser por causas mayores, al menos eso es lo que pienso ahora. Durante la cena continuó Antonio contándole a su mujer lo que había estado hablando con Ramón, cómo tenía una llave de la casa su vecino Regino y otra tenía su prima Pilar y cómo Ramón pensaba que por su hermano no iba a poner ningún inconveniente en arrendarle la casa  a los médicos. Se levantó Conchita de la mesa, recogió los platos  y los cubiertos, los llevó a la cocina y al volver le dijo a su marido: son las tres y es hora de acostarse, pronto van a empezar a cantar las golondrinas. Puesto en pie, Antonio esperó a que su mujer terminara de hablar, la beso y juntos se fueron a la alcoba.

A la mañana siguiente, Antonio y Conchita se levantaron a la hora de todos los días, no por haberse acostado más tarde de lo que normalmente se acostaban dejaron de levantarse a su hora. Habían dormido mucho menos de lo que otros días dormían, pero la costumbre les había hecho levantarse a la hora de siempre. Tenían muchos asuntos que resolver, y sobre todo tenían que resolver el de la casa de los médicos, antes de que por otros contactos la alquilaran sin haber visto la casa de los Lozoya. La casa de los Lozoya era una gran casa, una de las casas más amplias y mejores que había en el pueblo. Pensaron mandar a una de las chicas del servicio para que fuera a la fonda y les dijera que tenían una casa muy buena para ellos y que la podían ver hoy, ya que aunque los dueños vivían en Madrid, disponían aquí de llaves para poder verla.

Pensando esto estaban, cuando Conchita dirigiéndose a su marido le dijo: pienso que lo mejor va a ser que vaya, y evitamos las malas interpretaciones que surgen cuando las noticias nos llegan a través de terceras personas. Es lo mejor que podemos hacer, dijo Antonio, de esta forma evitamos además de las malas interpretaciones que tú dices, evitamos que la noticia se extienda y dé lugar a que otros vengan a ofrecer sus casas y busquen nuestra colaboración para  alquilarlas. Arréglate un poco y sal lo antes que puedas, no sea que vayan a salir y cojan compromisos que luego les pesen.

Al ir a salir de su casa tropezó Conchita con su marido, que dijo, así deben salir las mujeres a la calle, arregladas y guapas, como vas ahora. Con un gesto agradeció Conchita el piropo que acababa de hacerle. Salió a la calle en busca de los médicos, como su marido decía, para decirles que habían encontrado la casa de unos amigos que a la vez era una de las casas mejores del pueblo y que esta mañana la podían ver.

Cuando Conchita llegó a la fonda, donde Ángel y Josefina estaban hospedados, ya llevaban un buen rato levantados. Estaba allí Pilar, compañera que iba a ser de Josefina el próximo curso y los que allí estuviera, ya que Pilar allí había nacido y allí pensaba jubilarse. Estaba allí para acompañar a Josefina, que tenía que ir a casa de Jacinta. Jacinta era la chica que Pilar le había aconsejado a Josefina para que esta le ayudara a llevar su casa mientras estaba en la escuela. Tenía diecisiete años y desde los diez hasta los catorce años había sido la alumna más lista y aventajada que había tenido en su escuela. Conocía Josefina a través de Pilar el gran concepto que tenía de ella. El día anterior había estado en casa de Jacinta hablando con ella y con su madre de lo que Josefina le había encargado. No se atrevieron a decirle nada hasta que no hablaran con su padre, pero a las dos les había parecido que era una gran muchacha.

Cuando llegó Conchita a la fonda se disponían a salir Pilar y Josefina  a casa de Jacinta para ver que les había dicho su padre y marido a Jacinta y a su madre de la propuesta que el día anterior le habían hecho. Antes de que éstas salieran les informo Dorita del asunto que traía, cosa esta que les alegro bastante a los tres. Era Pilar prima de los dueños de la casa, que habían gestionado para vivienda de Ángel y Josefina, Antonio y Dorita. Esta casa había sido la casa de los abuelos de Pilar y la conocía tan bien como la casa donde ella vivía. A la muerte de sus abuelos, le tocó a su tío y a la muerte de sus tíos la heredaron los hijos de estos, que eran los primos de Pilar. Nunca pensé, dijo Pilar que mis primos  arrendaran su casa, pero ellos son los dueños, casi nunca vienen, y las casas cerradas se deterioran muy deprisa. Seguramente es por eso, por lo que la arriendan.  Pero tiene que costar trabajo alquilar la casa donde has nacido.

De esa casa tengo llave, si queréis la podemos ver esta mañana, o a la tarde. Mejor será que la veamos ahora, dijo Josefina, cuanto antes tengamos casa, antes nos podremos venir. Nos vamos por tu casa, recogemos a tu marido, vamos a casa de Pilar, recogemos las llaves, vemos la casa, Ángel y Antonio se dan una vuelta por el pueblo, se toman unas cervezas por ahí y mientras nosotras vamos a casa de Jacinta.

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LIBREPENSADORES I : “Angel y Josefina. Laicos, ateos, librepensadores”, por Valentín Villalón.

Valentín Villalón

ANGEL Y JOSEFINA. LAICOS, ATEOS Y LIBREPENSADORES,  por Valentín Villalón.

 

Cuando el médico llegó al pueblo, ya había estado ejerciendo durante cinco años en un pueblo pequeño de los Montes de Toledo. Vino casado y con dos hijas, había estudiado la enseñanza primaria y el bachiller en centros ligados de la Institución Libre de Enseñanza. Era el médico hijo de un catedrático de filosofía de la Universidad Central, que a la vez era librepensador y amigo personal de Giner de los Ríos, y los padres de su esposa eran maestros, librepensadores los dos y también pertenecían a la Institución Libre de Enseñanza. Con estos antecedentes, el matrimonio formado por Ángel Rico y Josefina Fernández, que llegaron a Alameda de la Mancha como médico y como maestra en los años veinte del pasado siglo. En sus ideas, eran hijos de las ideas de las familias donde habían nacido, y a la vez eran hijos del pensamiento de la Institución Libre de Enseñanza donde se habían formado.
Cuando una familia llega a un pueblo, siempre despierta la atención de todos los vecinos, y esta familia, al llegar a Alameda de la Mancha, despertó la curiosidad de todo el pueblo, como lo hubiera hecho en cualquier otro pueblo de la tierra. Todos sacaron una buena impresión de ellos, visitaron juntos las escuelas, donde Josefina iba a llevar nuevas ideas. Iba a tratar de infundir en sus alumnos el amor al saber, el amor a los libros, el amor a la naturaleza, el amor a pensar y a razonar. Les enseñó las escuelas una de las maestras que estaba en el pueblo de la que después fueron grandes amigos. Estuvieron en el Ayuntamiento donde saludaron al alcalde, al secretario y a los funcionarios que allí estaban, ofreciéndoles su casa y todo lo que de ellos pudieran necesitar.
Por la tarde fueron a la farmacia, donde encontraron al boticario preparando unos medicamentos en la rebotica, y que en ese momentos dejó de hacerlos, encargando al mancebo de la farmacia que los terminara de preparar. Los recibió este de forma efusiva, y los hizo pasar a su casa, donde estaba su mujer. Era un día de verano, de intenso calor, donde el termómetro había llegado a los treinta y ocho grados a la sombra. Temperatura esta, que según dijo Conchita, la mujer del boticario era normal que se alcanzara en el verano, y que se atrevería a decir que era un día normal de verano, pero que no era un día de mucho calor. La visita que hicieron al boticario fue larga y provechosa, llegaron pasada la hora de la siesta, y salieron de allí después de anochecer.
Los recibieron en el patio de la casa. Era el patio una estancia digna de ver, de unos sesenta metros, totalmente cuadrado, cubierto por un toldo de lona blanca, rodeado de macetas con geranios, donde las paredes estaban adornadas con macetas de claveles, rojos, amarillos y blancos. Tenía el patio cuatro ventanas de hierro forjado arriba y otras cuatro abajo. Tenía también en la planta baja, cuatro puertas de madera labrada, que le daban un aspecto digno y señorial. El mobiliario lo formaban una mesa grande de hierro labrado con el tablero de cristal y una docena de sillones de mimbre que rodeaban a la mesa de forma un poco desordenada. Cuatro faroles de hierro forjado con bombillas de alto voltaje le proporcionaban luz suficiente para poder leer durante la noche.
Pasaron al patio a través de la puerta que daba de la rebotica al portal de la casa, y de allí pasaron al patio. Allí todo fueron alabanzas de los recién llegados a lo que estaban viendo. Enseguida que oyó la puerta, por una de las puertas laterales del patio salió Conchita, que estaba dentro de la casa esperando su llegada en otra de las estancias. Después de los saludos de rigor, y una vez que comentaron lo bien que allí se estaba, vieron las plantas, los muebles, y los objetos que en el patio había, los invitó Conchita a sentarse, mientras ella preparaba con la muchacha de servicio el café, que la chica se había quedado haciendo.
Mientras Conchita salió, continuaron hablando de la grata impresión que el patio le había causado, lo bien que quedaban los azulejos y sobre todo de la buena temperatura que allí había. Para mantener esta temperatura, lo más importante es el toldo, dijo Antonio el boticario. A él le debemos, no solo la buena temperatura que aquí hace, sino la buena temperatura que en la casa tenemos. Gracias al toldo, y al cuidado que tengamos nosotros en extenderlo por la mañana, y en recogerlo por la tarde, podemos tener un verano agradable, si no lo hacemos así, tenemos que estar siempre con un abanico en la mano, y a pesar de eso, estar todo el verano pasando calor. Salió la criada con el mantel y las servilletas, los extendió sobre la mesa y volvió a salir por las cosas que le faltaban,
Llegó Conchita con las tazas y los cubiertos, y enseguida llegó la criada con el café y la leche. Les sirvió a cada uno el café con arreglo a sus preferencias, dejó el azucarero sobre la mesa, para que ellos se sirvieran y después de preguntar si necesitaban alguna cosa más, salió del patio, dejando la puerta cerrada.
Una vez que salió la muchacha y se quedaron solos, Ángel y Josefina les dijeron a sus anfitriones que solo habían venido a conocer el pueblo y ver las posibilidades que tenían de encontrar una casa en alquiler que dispusiera de las condiciones más imprescindibles de habitabilidad y que fuera lo suficiente grande para vivir en ella, ellos y sus hijas, un dormitorio para huéspedes, por si alguna vez venían sus padres a hacerles alguna visita, un dormitorio para el servicio, dos habitaciones más para el comedor y el cuarto de estar, cuarto de baño, cocina y alguna cámara o habitación que le sirviera para guardar los trastos habituales que en una casa suele haber.
Les contestó Conchita, diciendo que de momento ella no se acordaba de ninguna, pero que pensaba que si debía de haber, este es un pueblo de casi cinco mil habitantes y siempre suele haber casas vacías aquí, lo que pasa es que ahora no me acuerdo de ninguna. Ya preguntaremos a la familia, a los vecinos, preguntaremos en el ayuntamiento, donde sea, pero por falta de casa no os vais a tener que ir, dijo Conchita. Hemos preguntado esta mañana en el ayuntamiento, a lo que allí estaban si conocían a alguien que nos pudiera arrendar una casa con estas características, pero nadie se acordaba de ninguna, han dicho que tratarían de preguntar, pero que casas si tiene que haber, y como todavía nos quedan veinte días para tomar posesión a mí y treinta a esta esperemos que nos de tiempo a encontrarla. Si no la encontramos, no sé lo que tengamos que hacer. Vamos a pensar que si la vamos a encontrar y si no la encontramos el problema nos lo plantearemos luego, ahora vamos a buscarla.
La vamos a encontrar, dijo Conchita, aunque la casa no sea tan buena como a nosotros nos gustara que fuera. Por supuesto que la vamos a encontrar, si no la encontramos os venís a vivir con nosotros, pero a dormir debajo del palco de la música no vais a tener que ir, a eso yo me comprometo. Vais a encontrar casa, y una casa mejor de lo que esperáis, dijo Antonio. Os va a costar un poco más, pero vais a encontrar una buena casa, las casas que más tardan en arrendarse son las mejores, cuestan un poco más, pero vosotros no vais a tener problema con el precio, vais a encontrar una buena casa.
Siguieron hablando de otras muchas cosas, de cómo se veían las cosa en Madrid, de cómo se estaba devaluando la peseta, de la posible caída de Primo de Rivera, de la necesidad que España tenía que a la vez que cayera la dictadura, cayera también la monarquía. Si el rey la trajo, con ella se tiene que ir decía el boticario. Ángel y Josefina coincidían en esto con el boticario. Conchita era más conservadora, pertenecía a una de las familias más tradicionalista y conservadora del pueblo, donde el pensamiento de la iglesia pesaba mucho, y le costaba mucho aceptar las ideas progresistas que su marido tenía.
Este es muy liberal, dijo Conchita a sus invitados, de que lo sea no estoy tan segura, a veces dice que es libre pensador y anticlerical, creo que lo dice por crisparme, porque luego es buena persona. Entonces tú crees, que los liberales, los librepensadores, los laicos y los anticlericales somos malas personas preguntó Josefina. No es que crea eso, lo que pasa es que como ahora parece que esa forma de pensar se está poniendo de moda, la gente la sigue sin darse cuenta de los males ,que esto puede traer, contestó. Entonces estáis de acuerdo conmigo, dijo Antonio, gracias por haber llegado a este pueblo. Me encuentro solo, aquí hasta el enterrador, el basurero y el pregonero son conservadores, todo el mundo tiene algo que conservar. Hasta los pocos mendigos que hay, que creo que no hay ninguno son conservadores, mejor dicho serían si los hubiera. Rieron todos las palabras del boticario al tiempo que la muchacha de servio llegaba con las copas de helado puestas sobre una bandeja.
Las copas de helado dejaron al margen las ideas que cada uno defendía, y todos se centraron en lo bien que los helados caían siempre, aunque sea en la pascua están buenos, decía el boticario. Continuaron hablando de otras muchas cosas, entre ellas la necesidad que tenían de hacerle una visita a don Fausto, el otro médico que había en el pueblo, y al que todavía no habían ido a visitar. Con la iglesia hemos topado amigo Sancho, dijo el boticario, hay si que tenemos un gran conservador. A don Fausto le gusta conservar todo. Todo lo que hay, y todo lo que pueda venir. Pero bueno no es mala persona, con él te puedes entender y llevarte bien. Continuaron hablando el médico y el boticario durante un rato de problemas relacionados con su profesión, mientras ellas hablaban de las cosas que tenían, y de las que les quedaban que hacer.
Para ambos matrimonios fue un gran encuentro el de aquella tarde, dirigiéndose a su marido dijo Josefina, vámonos que esta familia tendrá cosas que hacer y nosotros la estamos importunando con nuestra dilatada visita. Puede que en la pensión tengamos ya la cena puesta y la dueña se inquiete por nuestra tardanza, no le hemos dicho a la hora que íbamos a llegar y nos estará esperando. Se despidieron y quedaron en verse antes de irse y que volverían unos días antes de su toma de posesión.

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ELEGÍA A MANUEL Y ANTONIO MACHADO. Por Llúcia Pujol

Los Hermanos Machado con Margarita Xirgú (Obra La duquesa de Benamejí)


Fuisteis hermanos de sangre
y aún ahora, hermanos de palabra y letra,
corazones inmensos de poeta,
abrazando vuestra tierra madre.

Enamorados de esta España herida,
herida en lo profundo y desgarrada,
que aún hoy se levanta de la nada,
de sus viejas glorias ya perdidas.

España de charanga y pandereta
y al mismo tiempo desolada y triste,
esperanza de un mañana que no fuiste,
España entre burlona y de alma inquieta.

Volaron vuestros pasos por Castilla,
amasteis sus caminos y veredas.
y en vuestro corazón las callejuelas,
recuerdos infantiles de Sevilla.

Encinas de las tierras castellanas,
andaluces y verdes olivares,
el Duero corazón de tus cantares,
Sevilla y Soria, Antonio, tus hermanas.

Entre los versos, Manuel, tu alma vuela
buscando la razón de tus sentidos,
alma que ahonda entre sueños perdidos
y con el mar apetecido se consuela.

Fuiteís hermanos de sangre
y aún ahora, sois hermanos de palabra y letra…

Llúcia Pujol.

RELATO CORTO, SASTRES Y MODISTAS DE TABERNA.Por Paloma Hidalgo

 

Arreglan el mundo cada tarde aunque nadie se lo agradece, sentados en la mesa de la esquina, junto a la máquina tragaperras, los cuatro parroquianos del bar de la plaza desmenuzan con paciencia problemas de toda índole y raro es el día que no les encuentran una solución.

Matías sólo bebe carajillos, es el recuerdo de sus días de albañil. Paco prefiere sus chupitos de aguardiente, que el médico le ha recomendado que no pruebe el café por la tensión. Lola encontró en el anís la mejor manera de endulzarse la vida cuando su marido la abandonó y Tomás se decanta por el vino de la tierra, prima hermana de la que cultivaba hasta hace cuatro días, y la responsable de sus miserias. Es precisamente Tomás el que primero llega, de natural poco hablador, sólo suelta la lengua cuando el aterciopelado líquido empieza a confundirse con su sangre, entonces, liberado de todo el lastre que curva su espalda, saca pecho y dice verdades como puños al respetable que comparte su mesa.

Paco chasquea la lengua al sentir que el orujo calienta su boca, cuando la mirada se torna vidriosa encuentra la elocuencia que el resto del día le esquiva; son sus sentencias las más contundentes, su voz rasgada les presta el traje idóneo y las disfraza del sabor del buen vivir que todavía conoce gracias al taller. Matías se apoca entre vapores etílicos, pero las sonoras carcajadas que Lola les dedica a partir de la tercera copa, le estimulan, le hacen soñar. No faltan a su cita, puntuales cada tarde van llegando, ocupan su silla, siempre la misma y comienzan con su particular ritual con la complicidad de Braulio, el dueño del local.

El otoño va dorando las hojas de los árboles del paseo, pero Lola viste un vestido de tirantes blanco para zafarse de los calores veraniegos y para mitigar esos vaivenes térmicos que una incipiente menopausia le regala de vez en cuando. Hoy ha llegado la primera, arrebatándole el puesto a Tomás. Ha pedido su copita, sin apenas paladearla la envía directa al estómago y tras un gesto apenas perceptible Braulio le prepara la segunda, con ella en mano se ubica a esperar a sus contertulios. Llega Matías comentando el sol de justicia que calienta la tarde, intercambia unas palabras con el camarero mientras le sirven su carajillo y tras el primer sorbo se instala junto a Lola, que a punto de pedir la tercera le dedica una sonrisa. Tomás aparece, pide disculpas a los dos por la tardanza y mientras se retira el chaleco explica en la barra los motivos. Su mujer aseguraba que había prometido asistir con ella al funeral de su prima, circunstancia que él niega con rotundidad, nunca ha sido un meapilas y hace lustros que no pisa una iglesia.

La tarde transcurre tranquila, como siempre aunque Paco se está retrasando más de la cuenta. Los tres evitan decir lo que están pensando, prefieren hablar del nuevo barrendero que limpia las calles del centro. Con la que está cayendo y no se les ha ocurrido otra cosa que contratar al sobrino del alcalde, un flojo, un pan sin sal que de tanta mierda como se mete para el cuerpo, no tiene ni fuerzas para barrer. Si al menos hubieran dejado al otro, al polaco ese que lo dejaba todo bien resoplado, no se notaría tanto la ineptitud de éste.

Otra ronda, Tomás se ha levantado para recogerla. A regresar hacia la mesa escruta la calle en busca de Paco, que sigue sin venir. Lola pregunta si alguno sabe lo que pasa en correos, Matías le confirma que han reducido la plantilla y que ahora no reparten todos los días. Tras una de sus risotadas Lola apostilla que antes tampoco, pero que lo de ahora es escandaloso, los viernes el buzón se desborda, y eso que ella sigue viviendo sóla. El brillo de la soledad tiñe sus ojos y Tomás, empapándose en él, rompe su silencio comentando las obras de la carretera de circunvalación del pueblo. Le gustaría saber quién pensó que era mejor acometerlas en verano, cuando los cuatro gatos que viven todavía en él reciben las visitas de la mitad de sus amigos y la totalidad de la familia. Que debe ser que en el consistorio quieren que todos los veraneantes vean y sobre todo sufran, la llegada del progreso al pueblo.

Paco sigue sin aparecer, Braulio extrañado de su falta pregunta al trío si es que está enfermo. Niegan, no creen que así sea, ayer al despedirse estaba bien. Es Matías el primero que expone sus temores, a lo mejor esa dichosa tensión le ha jugado una mala pasada. Lola carcajea, no hombre, a Paco las únicas subidas que le afectan son las de la luz y las del gas, las de la tensión las soporta mucho mejor, después la sombra de la duda se asoma a su rostro, lleva cierto tiempo haciendo equilibrio sobre una cuerda floja, sin red, por supuesto. Encadenan entonces su retahíla de  otros asuntos pendientes, sus consejos,  sus juicios, sus sentencias.

Después cuando Matías apura su carajillo y pide otro más, Tomás levanta su chato y brinda con el aire a la salud del bueno de Paco. Lola corrige, eso del bueno…si todo lo que se dice en el pueblo es cierto, de bueno no tiene mucho. Esta vez ni siquiera sonríe, Tomás finge sorpresa y Matías asiente. Paco tiene la mano muy larga y la boca muy grande, añade Lola, para contarles después de darle otro sorbito al anisete que su cuñada le vio un día a la puerta de su casa levantándole la mano a su mujer, la Rosario. Matías entra, no cree que llegue aponérsela encima, pero reconoce que tiene un pronto muy desagradable cuando no ha bebido. En el bar tiene su chispa, Tomás explica que en el taller es un hacha descubriendo averías, que siempre está dispuesto a echar una mano si se le necesita y que hasta el cura habla bien de él. Lola apura su copa y vuelve a sus risotadas, claro que el mosén habla bien de él, no le cobra un duro cuando le lleva su tartana a reparar y se deja buenos billetes en el cepillo, dice ella que para compensar la mala vida que le da a la parienta. Matías les cuenta así, en petit comité que quiere meterse en política para que le devuelvan algunos favores, pero que aún no ha decidido dónde le conviene hacerlo, en qué partido. A ninguno le pilla de sorpresa, tiene madera. Lola ya ha perdido la cuenta de las copas que lleva, pero antes de despedirse, añade con su sonrisa despintada de carmín colgando de la boca, que la carcoma le dejará como un colador. Ya de pié comprueba que la noche se ha adueñado de la calle. Paco no vendrá, quizás mañana. Levanta la mano y se despide franqueando la puerta con su vestido blanco al viento. Matías se acercará a su casa, quiere dormir tranquilo y Tomás pide la última, bueno, la penúltima no vaya a ser que el mal fario venga a que le invite.

AMARETTO

 

DEJARÉ LA NOCHE ENTREABIERTA, POEMAS. Por José Ignacio Izquierdo Gallardo

Noche entreabierta

 

Dejaré la noche entreabierta

y esperaré con una copa de vino

tu llegada.

Cerraré los ojos

y soltaré las amarras

que sujetan mis sueños

dejándoles navegar

en busca de una isla

bañada con el olor de tu piel.

Imaginaré…

que esta será la noche

en la que nuestros cuerpos desnudos

se funden, y nuestros muslos

besen todo nuestro ser.

Dejaré la noche entreabierta

y me tumbaré al abrigo de tus labios

y al calor de tu mirada.

Acariciaré la silueta de mis pensamientos

deseando que la distancia

deje de ser distancia,

y pueda tocar de nuevo

el contorno de tu rostro,

y besar todos tus sentidos,

y sentir todo tu querer.

Dejaré la noche entreabierta

esperando que mi tiempo

se atreva a rasgar el telón de tu tiempo

y llegue el momento deseado

de perderme entre tus sábanas.

Dejaré la noche entreabierta

y esperaré la llegada del alba

para saber si los sueños

dejaron de ser sueños…

…o si se ahogaron en el camino

de nuestra soledad….

 

Los versos que nunca escribiré

 

Los versos que nunca escribiré

son aquellos que ocupan

los mágicos espacios

entre las líneas de mis poemas.

 … aquellos que juegan al escondite

 ocultándose tras las letras

 y bailan claqué sobre la débil tarima

de mis pensamientos.

 Los versos que nunca escribiré

llevan tu nombre escrito en los silencios;

y no tienen fecha de caducidad…

mientras tú existas,

mientras yo exista.

 Los versos que nunca saldrán de mis labios,

 ni serán dibujados por mi pluma

sobre el blanco papel del adiós,

 son aquellos capaces de aguantar tempestades

 y de viajar a través del tiempo

 en busca de un lugar

 donde poder descansar.

 

 

 

 

 

ZAPATERO, EL GRAN DEMONIZADO. Por Ángel Frías Coca

No sé dónde ni cuándo leí que las guerras no las ganan los héroes, ya que detrás de ellos siempre existirá gente que se apunte al carro de la gloria. Según mi criterio, ha llegado el momento de poner en el lugar que se merece a uno de esos personajes que nos dio tanto pero que, por el contrario, ha recibido tan poco.
Al parecer, y según lo conocido hasta ahora, no pertenece a ningún consejo de administración como otros. Tampoco, como algunos de los más ilustres aclamados ministros y presidentes de esta vieja piel de toro llamada España, tiene riquezas ocultas como presuntamente tiene un tal Juan Carlos, elevado al trono por un dictador, y cuya cuantía  debe ser  incalculable ya que la ley no permite el acceso a dicha información . De las cifras o cantidades, al igual que las funciones desempeñadas por esos personajes en esas multinacionales, escribiremos en otros momentos. Ahora me toca hablar de Zapatero.
Es imprescindible comenzar recordando algo que, a pesar de ser vital para una parte importante de la ciudadanía como son las pensiones, al parecer se nos olvidó. La merma del poder adquisitivo en la era del actual gobierno supera con creces la de todo el mandato de Zapatero, aún asumiendo lo erróneo de su decisión de congelar las pensiones en 2011. En sus siete años de gobierno las pensiones mínimas subieron a un ritmo, hasta el momento desconocido en este país, llegando incluso a ganar poder adquisitivo el resto de los subsidios. De 2004 al 2011 las prestaciones llegaron a subir cerca del 50%. Por el contrario, en tan solo un año del gobierno actual, en el 2012 las pensiones sufrieron una depreciación de 1,9 puntos.
¿Cómo se nos olvidó también que es el único dirigente de nuestro país que hizo una promesa y la cumplió? Ya no nos acordamos que en Marzo de 2003 hizo un comunicado en el que prometía que, en caso de ser elegido Presidente, ordenaría el regreso de las tropas españolas en Iraq, y que en Abril del 2004, recién investido presidente, su primer acto público fue convocar a los medios de comunicación para anunciarles la retirada de dichas tropas, constituyendo unos de los momentos más relevantes de nuestra historia reciente. También se nos olvidó la iniciativa de la unión de civilizaciones, de la que alguno que otro dirigente se rió por parecerles una idiotez. Ahora se apuntan a ella, una idea propuesta por el demonizado Zapatero, el 21 de Septiembre de 2004, con el respaldo de una veintena de países y
que incluso el gobierno estadounidense declaró su interés por la iniciativa. Tras la acogida mostrada por el mundo a la idea de nuestro Presidente, el gobierno de Estados Unidos se incorporó al grupo el 13 de Mayo de 2010, uniéndose a los 119 países y organizaciones internacionales que componen el Grupo de Amigos de la Alianza.
Al ser un personaje al que mi admiración personal supera lo inimaginable, continuaré escribiendo sobre los logros de este incomprendido Presidente Zapatero.

Ángel Frías Coca