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ROMANCERO, SEGUNDA PARTE: “La Guerra, el Honor, el Amor y la Muerte a través del Romancero Castellano”. Por Valentín Villalón.

Segunda Parte

La emotividad, la podemos encontrar, a veces en los actos más mas sencillos e intrascendentes de la vida, todo depende de la forma de contar los hechos ,depende siempre de quien nos lo cuente, de la persona encargada de trasmitir el hecho relatado. En el mismo hecho dos personas distintas, pueden ver distintos motivos a resaltar, los mismos actos, provocan en diferente personas diferentes formas de interpretar la misma realidad.

En el romancero, y a través de estos anónimos poetas, vemos la realidad que estos poetas nos muestran de forma distinta a como nosotros la hubiéramos podido ver. Sin embargo, a la misma persona, el mismo relato, puede despertar sensaciones distintas contado por diferentes narradores.

Si miramos detenidamente el romance del pastor desesperado podemos ver la versión que nos da el poeta anónimo que lo creó, y podemos imaginarnos la visión que podía habernos dado del mismo hecho cualquier otro lugareño ,menos sensible, que nos hubiera hecho el mismo relato.

No cabe duda que el poeta anónimo, que escribió “ el Pastor Desesperado” era un gran poeta lírico, prueba de ello ha siso, que pasados los siglos, hoy sigan teniendo vigencia. Este romance se sigue cantando en recitales, Paco Ibáñez entre otros, lo ha musicalizado y quizá mil años después de que algún juglar lo creara puede oírse en la vos de otros actualizados juglares, que lo trasmiten en sus discos y en sus recitales.

Es El Pastor Desesperado uno de los más hermosos poemas de amor del Romancero Castellano. Como casi siempre, las más bellas historias de amor, terminan mal, y este romance , no iba a ser una excepción, también termina mal.. Termina con la muerte del Pastor Enamorado, protagonista principal de esta bella historia de amor y de muerte.

 

ROMANCE DEL PASTOR DESESPERADO

Por aquel lirón arriba

lindo pastor va llorando;

del agua de sus ojos

el gabán lleva mojado.

-Buscaréis, ovejas mías,

pastor más aventurado,

que os lleve a la fuente fría

y os caree con su cayado

¡Adiós, adiós, compañeros,

las alegrías de antaño!

Si me muero deste mal,

no me enterréis en sagrado;

no quiero paz de la muerte,

pues nunca fui bien amado;

enterréisme en prado verde,

donde paste mi ganado,

con una piedra que diga:

“Aquí murió un desdichado;

murió del mal de amor.

que es un mal desesperado.”

Ya le enterraron al pastor

en medio de verde prado,

el son de un triste cencerro,

que no hay allí campanario.

Tres serranitas le lloran

al pie del monte serrano;

una decía: “Ay mi primo”,

otra decía, ¡Hay mi hermano!

la más chiquitas del ellas:

“Adiós lindo enamorado,

mal te quise por mi mal

siempre viviré penando”.

 

Romance del Prisionero

Es un poema completo, concretamente un romance anónimo que pertenece al Romancero Viejo. Esta clase de romances se ha transmitido oralmente desde su creación, por el poeta anónimo que lo escribiera, hasta la llegada de la imprenta.

Pertenece al género lírico porque en él se cuenta el estado de ánimo del único personaje del relato. El protagonista, expone en el relato, su tristeza, su estado interior, sus más íntimos sentimientos, condicionados por el estado de ánimo que le produce la prisión en la que se encuentra.

 

ROMANCE DEL PRISIONERO

Que por mayo era por mayo,

cuando hace la calor,

cuando los trigos encañan

y están los campos en flor,

Cuando canta la calandria

y responde el ruiseñor,

cuando los enamorados

van a servir al amor,

sino yo, triste, cuitado,

que vivo en esta prisión,

que ni sé cuándo es de día

ni cuándo las noches son,

sino por una avecilla

que me cantaba al albor.

Mató mela un ballestero ;

¡déle Dios mal galardón.

 

ROMANCE DE DON BUESO

Rafael Alberti

El romance tradicional de Don Bueso, o de La hermana cautiva relata la aventura fronteriza del caballero que, yendo a tierras extrañas en busca de amores, encuentra a su hermana, cautiva por los moros desde tiempos atrás. El regreso a casa de la desdichada niña es de un realismo conmovedor. La tradición oral ha mantenido con singular viveza esta historia, transmitida durante siglos en todo el mundo hispánico en versiones poética y musicalmente diversas, adaptadas unas al canto melancólico propio del norte peninsular, y otras al festivo de la navidad andaluza.

Lunes era, lunes
de Pascua florida,
guerrean los moros
los campos de Oliva.
¡Ay campos de Oliva,
ay campos de Grana,
tanta buena gente
llevan cautivada!
¡Tanta buena gente
que llevan cautiva!,
y entre ellos llevaban
a la infanta niña;
cubierta la llevan
de oro y perlería,
a la reina mora
la presentarían.
—Toméis, vos, señora,
esta cautivita,
que en España toda
no la hay tan bonita;
toméis vos, señora,
esta cautivada,
que en todo tu reino
no la hay tan galana.
No la quiero, no,
a la cautivita,
que el rey es mancebo,
la enamoraría.
—No la quiero, no,
a la cautivada,
que el rey es mancebo,
la enamorara.
—Mandadla, señora,
con el pan al horno,
allí dejará
hermosura el rostro;
mandadla, señora,
a lavar al río,
allí dejará
hermosura y brío.
Paños de la reina
va a lavar la niña;
lloviendo, nevando,
la color perdía;
la niña lavando,
la niña torciendo,
aun bien no amanece
los paños tendiendo.
Madruga Don Bueso
al romper el día,
a tierra de moros
a buscar amiga.
Hállola lavando
en la fuente fría:
—Quita de ahí, mora,
hija de judía,
deja a mi caballo
beber agua limpia.
—¡Reviente el caballo
y quien lo traía!,
que yo no soy mora
ni hija de judía,
sino una cristiana
que aquí estoy cautiva.
—¡OH qué lindas manos
en el agua fría!,
¿si venís, la niña,
en mi compañía?
¡OH qué blancas manos
en el agua clara!
¿si queréis, la niña,
venir en compaña?
—Con un hombre solo
yo a fe no me iría,
por los altos montes
miedo te tendría.
—Juro por mi espada,
mi espada dolida,
de no hacerte mal,
más que a hermana mía.
—Pues ir, caballero,
de buen grado iría.
¿Paños de la reina
yo qué los haría?
—Los de grana y oro
tráelos, vida mía,
los de holanda y plata
al río echarías.
Y digas, la niña,
la niña garrida,
¿has de ir en las ancas
o has de ir en la silla?
—Montaré en las ancas
que es más honra mía.
Tomola don Bueso,
a ancas la subía.
Tierras van andando,
tierras conocía,
tierras va mirando
da en llorar la niña.
—¿Por qué lloras, flor,
por qué lloras, vida?,
¡maldígame Dios
si yo mal te haría!
—¡Ay campos de Grana,
ay campos de Oliva,
veo los palacios
donde fui nacida!
Cuando el rey mi padre
plantó aquí esta oliva,
él se la plantaba,
yo se la tenía,
mi madre la reina
bordaba y cosía,
yo como chiquita
la seda torcía,
mi hermano don Bueso
los toros corría;
yo como chiquita
la aguja enhebraba,
mi hermano don Bueso
caballos domaba.
¡Abrid puertas, madre,
puertas de alegría,
por traeros nuera
traigo vuestra hija!
—¡Si me traes nuera,
sea bien venida!
Para ser mi hija,
¡qué descolorida!
—¿Qué color, mi madre,
qué color quería,
si hace siete años
que pan no comía,
si no eran los berros
de una fuente fría
do culebras cantan,
caballos bebían?
¡Si no eran los berros
de unas aguas margas
do caballos beben
y culebras cantan!
¡Válgame Dios, valga,
y Santa María!
¡Ay campos de Grana,
ay campos de Oliva!

 

ROMANCE DEL CAUTIVO

Mi padre era de Ronda

y mi madre de Antequera;

cautivaron me los moros

entre la paz y la guerra,

y llevaron me a vender

a Vélez de la Gomera.

Siete días con sus noches

anduve en el almoneda,

no hubo moro ni mora

que por mí una blanca diera,

sino fuera un perro moro

que cien doblas ofreciera,

y me llevara a su casa,

echaramé una cadena.

Dábame la vida mala,

dábame la vida negra:

de día majaba esparto,

de noche molía cibera,

echo me un freno a la boca

porque no comiese de ella,

Pero plugo a Dios del cielo

que tenía el ama buena;

cuando el moro se iba a caza

quitaba me la cadena;

echaba me en su regazo,

mis regalos me hiciera,

espulgaba me y limpiaba

mejor que yo mereciera;

por un placer que le hice

otro muy mayor me hiciera:

diérame casi cien doblones

en libertad me pusiera,

por temor que el moro perro

quizá la muerte nos diera.

Así plugo a Dios del cielo

de quien mercedes se espera

que me ha vuelto a vuestros brazos

como de primero era.

 

MORIANA LA CAUTIVA

Igual que el Romance del Prisionero, este romance, nos cuenta la tristeza que invade a esta Moriana, que a diferencia de la Moriana del veneno, es cristiana y prisionera en tierra de moros. Moriana escucha las quejas de quien era su enamorado, su marido o su amante, mientras ella estaba jugando a las tablas, con quien probablemente fuera su secuestrador, con el que ahora mantiene una estrecha relación amorosa.

Moriana en un castillo
con ese moro Galván
jugando estaba a las tablas
por mayor placer tomar.
Cada vez que el moro pierde
bien perdía una ciudad;
cuando Moriana pierde
la mano le da a besar;
del placer que el moro toma,
adormecido se ha.

Tendió la vista Moriana,
caballero vio asomar;
llorando viene y gimiendo
palabras de gran pesar:
—¡Arriba, canes, arriba,
que mala rabia os mate!;
en jueves matáis el puerco
y en viernes coméis la carne.
¡Ay que hoy hace los siete años
que ando por aquestos valles,
trayendo los pies descalzos,
las uñas corriendo sangre,
buscando triste a Moriana,
la hija del imperante!,
la cautivaron los moros
la mañana de san Juan,
cogiendo rosas y flores
en las huertas de su padre.
Bien le conoce Moriana
con alegría y pesar;
Lágrimas de los sus ojos
en la faz del moro dan.

Con pavor recordó el moro
y comenzara de hablar:
—¿Qué es esto, la mi señora?
¿Quién vos ha hecho pesar?
Si os enojaron mis moros,
luego los haré matar;
o si las vuestras doncellas,
árelas bien castigar;
y si pesar los cristianos,
yo los iré a conquistar.

 

ROMANCE DE JULIANESA.

El romance de Julianesa es el mismo romance que el de Moriana y el moro Galván, o el Romance de Moriana cautiva. Probablemente, cuando se escribió la segunda versión, llevaría muchos años muerto el juglar que escribió la versión primera y quien la copió, quiso darle un nombre nuevo que estuviera más acorde con la idea que el tenía de lo que pensaba que debiera ser el romance que iba a dar como suyo.

¡Arriba, canes, arriba!
¡que mala rabia os mate!
En jueves matáis el puerco
y en viernes coméis la carne.
Ya hace hoy los siete años
que ando por este valle,
pues traigo los pies descalzos,
las uñas corriendo sangre;
pues como las carnes crudas
y bebo la roja sangre.
Busco, triste, a Julianesa,
la hija del imperante,
pues me la han tomado moros,
mañanica de Sant Juane
cogiendo rosas y flores
en un vergel de su padre.

Oído lo ha Julianesa,

que en brazos del moro estáe,

las lágrimas de sus ojos,

al moro dan en la face.

El romance de la mora Moraima es un romance de amor, un romance de deseo, la protagonista es una mujer joven, como ella misma dice, morilla de bel catar . Podríamos decir aquí, sin temor a equivocarnos que era una mocilla ardiendo en deseos de tener un hombre entre sus brazos, y tal vez por eso no encontrara su brial.

 

ROMANCE DE LA LOBA PARDA

Se le atribuye a los pastores de Extremadura el mérito de haber creado el más bello y emotivo romance pastoril español. Su popularidad y su área de difusión, es al menos tan grande como España, y pienso, que no se ha hecho una sola publicación en castellano del romancero, donde no esté incluido este romance. Por esto vamos con esta establecida costumbre de incluirla aquí, igual que otros ha hecho, que nos hace ver la distancia existente entre los dueños de tierra y los trabajadores que la explotan, y a pesar de esto, como defienden el ganado que guardan, aunque los dueños sean otros.

Estando yo en la mi choza

pintando la mi callada,

las cabrillas altas iban

y la luna rebajada;

mal barruntan las ovejas,

no paran en la majada.

vi. de venir siete lobos

por una oscura cañada.

Venían echando suertes

cuál entrará a la majada;

le tocó a una loba vieja,

patituerta, cana y parda,

que tenía los colmillos

como punta de navaja.

Dio tres vueltas al redil

y no pudo sacar nada;

a la otra vuelta que dio,

sacó la borrega blanca,

hija de la oveja churra,

nieta de la orejisana,

la que tenían mis amos

para el domingo de Pascua.

-¡Aquí, mis siete cachorros,

aquí, perra trujillana,

aquí, perro el de los hierros,

a correr la loba parda!

Si me cobráis la borrega,

cenaréis leche y hogaza,

y si no me la cobráis,

cenaréis de mi callada.

Los perros tras de la loba

las uñas desmigajaban;

siete leguas la corrieron

por unas sierras muy agrias.

Al subir un cotarrito

la loba ya va cansada:

-Tomad, perros, la borrega,

sana y buena como estaba.

-No queremos la borrega

de tu boca alobadada,

que queremos tu pelleja

para hacer una zamarra;

el rabo para correas,

para calzarse las bragas;

de la cabeza un zurrón,

para meter las cucharas;

las tripas para vihuelas,

para que bailen las damas.

Moraima

Yo me era mora Moraima

Morilla de bel catar,

Cristiano vino a buscarme

hablome en algarabía,

como aquel que la bien sabe:

-Ábreme las puertas, mora,

sí Alá te guarde de mal.

-¿Cómo te abriré, mezquina,

que no sé quién te serás?

-Yo soy el moro Mazote,

hermano de la tu madre,

que un cristiano dejó muerto,

tras mí venía el alcalde.

Si no me abres tú, mi vida,

aquí me verás matar.

Cuando esto oí, coitada,

comiénceme a levantar,

vistierame una almejía

no hallando mi brial,

fuérame para la puerta

y abrila de par en par.

 

ROMANCE DE LAS TRES CAUTIVAS

Pertenece este romance igual que los cinco anteriores a esa parte del romancero, donde nos cuentan, una parte de la vida diaria de la reconquista, el diario acontecer de los que sufren la esclavitud que conlleva la guerra. Sus protagonistas son los olvidados, los que permanecen encerrados en las mazmorras, esperando que por ellos paguen una importante suma de dinero, que quien la tiene que pagar, no lo puede hacer, porque carece de medios, o por que el encarcelado estorba fuera y se tiene que morir en una mazmorra, como le pasa al protagonista del Romance del Prisionero, o como le pasó a don García, hijo del rey Fernando I de Castilla, que a la muerte de su padre, este le deja Galicia a título de reino. Y una vez muerto su padre, su hermano Sancho II, que era el primogénito, invade su reino, se lo arrebata, lo hace prisionero y lo encierra en un castillo, a las afueras de Valladolid. A la muerte de Sancho II en el cerco de Zamora, su hermano Fernando, es nombrado rey de Castilla, después de la jura en Santa Gadea, donde el Cid Campeador, por encargo de las cortes de Castilla le hace jurar que no ha sido ni consentido en la muerte de su hermano. Cuando el nuevo rey de Castilla toma posesión de su reino, se olvida de su hermano don García que seguía prisionero en Valladolid, y allí quedó don García, prisionero hasta su muerte, por el mero hecho de que su padre lo nombrara rey de Galicia.

En el campo moro,
entre las olivas,
allí cautivaron
tres niñas perdidas;
el pícaro moro
que las cautivó
a la reina mora
se las entregó.
- Toma, reina mora,
estas tres cautivas,
para que te valgan,
para que te sirvan.
- ¿Cómo se llamaban?,
¿Cómo les decían?
- La mayor Constanza,
la menor Lucía,
y la más chiquita,
la llaman María.

Constanza amasaba,
Lucía cernía,
y la más chiquita
agua les traía.

Un día en la fuente,
en la fuente fría,
con un pobre viejo,
se halló la más niña.
- ¿Dónde vas, buen viejo,
camina, camina?
- Así voy buscando
a mis tres hijitas.
- ¿Cómo se llamaban?
¿Cómo les decían?
- La mayor Constanza,
la menor Lucía,
y la más pequeña,
se llama María.
- Usted es mi padre.
- ¡Tú eres mi hija!
- Yo voy a contarlo
a mis hermanitas.
- ¿No sabes, Constanza,
no sabes, Lucía,
que he encontrado a padre
en la fuente fría?
Constanza lloraba,
lloraba Lucía,
y la más pequeña
de gozo reía.

 

ROMANCE DE MARQUILLOS.

¡Cuán traidor eres, Marquillos!

¡Cuán traidor de corazón!

Por dormir con tu señora

habías muerto a tu señor.

Desque lo tuviste muerto

quitástelé el chapirón;

fuéraste al castillo fuerte

donde está la Blanca Flor.

-Ábreme, linda señora,

que aquí viene tu señor;

si no lo quieres creer,

veis aquí su chapirón.

Blanca Flor, desque lo viera,

las puertas luego le abrió;

echóle brazos al cuello,

allí luego la besó;

abrazándola y besando

a un palacio la metió.

-Marquillos, por Dios te ruego

que me otorgases un don:

que no durmieses conmigo

hasta que rayase el sol.

Marquillos, como es hidalgo,

el don luego le otorgó;

como viene tan cansado

en llegado se adurmió.

Levantóse muy ligera

la hermosa Blanca Flor,

tomara cuchillo en mano

y a Marquillos degolló.

La misa del amor

Mañanita de San Juan,
mañanita de primor,
cuando damas y galanes
van a oír misa mayor.
Allá va la mi señora,
entre todas la mejor;
viste saya sobre saya,
mantellina de tornasol,
camisa con oro y perlas
bordada en el cabezón.
En la su boca muy linda
lleva un poco de dulzor;
en la su cara tan blanca,
un poquito de arrebol,
y en los sus ojuelos garzos
lleva un poco de alcohol;
así entraba por la iglesia
relumbrando como el sol.
Las damas mueren de envidia,
y los galanes de amor.
El que cantaba en el coro,
en el credo se perdió;
el abad que dice misa,
ha trocado la lección;
monaguillo que le ayuda,
no acierta responder, no,
por decir amén, amén,
dice amor, amor.

 

Romance del veneno de Moriana

El romance de esta Moriana vengativa que vamos a ver ahora, es la venganza por un abandono amoroso. Cuando don Alonso le comunica a Moriana su próxima boda, y la invita a asistir a ella, es cuando esta prepara el veneno, que ya debía tener guardado con anterioridad. Cuando entra en su cuarto y nos dice el poema: Tres onzas de solimán / con el acero ha molido, de la víbora los ojos, / sangre de un alacrán vivo. Esto nos debe hacer pensar, que envenenar a don Alonso, lo había programado Moriana con tiempo suficiente, para no estar preparando los ingredientes para hacer el veneno en el momento que lo iba a necesitar. Hay mas romances de Moriana, donde Moriana es mora o cristiana, según le venga al autor y con otros temas que no son el veneno, aunque, al menos en los romances que yo conozco, el argumento, gira siempre en torno al amor.

Madrugaba don Alonso
a poco del sol salido;
convidando va a su boda
a los parientes y amigos;
a las puertas de Moriana
sofrenaba su rocino:
—Buenos días, Moriana.
—Don Alonso, bien venido.
—Vengo a brindarte Moriana,
para mi boda el domingo.
—Esas bodas, don Alonso,
debieran de ser conmigo;
pero ya que no lo sean,
igual el convite estimo,
y en prueba de la amistad
beberás del fresco vino,
el que solías beber
dentro, en mi cuarto florido.
Moriana, muy ligera
en su cuarto se ha metido;
tres onzas de solimán
con el acero ha molido,
de la víbora los ojos,
sangre de un alacrán vivo:
—Bebe, bebe, don Alonso,
bebe de este fresco vino.
—Bebe primero, Moriana,
que así está puesto en estilo.
Levantó el vaso Moriana,
lo puso en sus labios finos;
los dientes tiene menudos,
gota dentro no ha vertido.
Don Alonso, como es mozo,
maldita gota ha perdido.
—¿Qué me diste, Moriana,
qué me diste en este vino?
¡Las riendas tengo en la mano
y no veo a mi rocino!
—Vuelve a casa, don Alonso,
que el día ya va corrido
y se celará tu esposa
si quedas acá conmigo.
—¿Qué me diste, Moriana,
que pierdo todo el sentido?
¡Sáname de este veneno,
yo me he de casar contigo!
—No puede ser, don Alonso,
que el corazón te ha partido.
—¡Desdichada de mi madre
que ya no me verá vivo!
—Más desdichada la mía
desque te hube conocido. ero;

 

Romance de la gentil dama y el rústico pastor

Está se la gentil dama

paseando en su vergel,

los pies tenía descalzos,

que era maravilla ver;

desde lejos me llamara,

no le quise responder.

Respondile con gran saña:

-¿Qué mandáis, gentil mujer?

Con una voz amorosa

comenzó de responder:

-Ven acá, el pastorcillo,

si quieres tomar placer;

siesta es del mediodía,

que ya es hora de comer,

si querrás tomar posada

todo es a tu placer.

-Que no era tiempo, señora,

que me haya de detener,

que tengo mujer y hijos,

y casa de mantener,

y mi ganado en la sierra,

que se me iba a perder,

y aquellos que me lo guardan

no tenían qué comer.

-Vete con Dios, pastorcillo,

no te sabes entender,

hermosuras de mi cuerpo

yo te las hiciera ver:

delgadita en la cintura,

blanca soy como el papel,

la color tengo mezclada

como rosa en el Rosell,

el cuello tengo de garza,

los ojos de un esparver,

las teticas agudicas,

que el brial quieren romper,

pues lo que tengo encubierto

maravilla es de lo ver.

-Ni aunque más tengáis, señora,

no me puedo detener.

El romance conocido como Romance de la Gentil Dama y del rústico pastor es un romance que pertenece al romancero viejo, de autor anónimo,, fechado en el siglo XVI. El hecho que este romance se publicara en el siglo XVI no quiere decir que se escribiera entonces. Los romances se compusieron en la Edad Media y se transmitieron de forma oral de generación en generación. Ya a finales del siglo XV y durante el XVI, abundarán las colecciones de romances, y se afianzará una de las manifestaciones más genuinas de la literatura tradicional española: el Romancero.

Este romance desarrolla un asunto novelesco, un capitulo más de la vida, el deseo de una dama de compartir su siesta y su cama con el pastor que va en busca de su ganado. Este no cede a los deseos de la dama, a pesar de que esta lo llama con insistencia. Este tipo de romances alcanzan altas cotas de originalidad y de valor literario. Son fruto de la invención, no se inspiran en acontecimientos históricos ni en ciclos literarios; son fruto del hacer colectivo y desarrollan leyendas universales y motivos folclóricos.

El tema, se centra es el rechazo del pastor ante las acometidas carnales de su pretendienta. Impertérrito y digno ante las acometidas de tan hermosa mujer aduce como razones de su negativa su mujer, sus hijos y sus obligaciones como pastor

 

LANZAROTE Y EL CIERVO DEL PIE BLANCO

El rey tenía tres hijos,
todos tres los maldecía:
Uno se le volvió perro,
que en cadenas lo tenía;
otro se le volvió moro,
moro de la morería,
y el otro se volvió ciervo,
ciervo que al monte se iría.
-No me pesaba del perro,
sino el alma que perdía;
ni me pesaba del moro,
sino en la ley que vivía,
que come la carne en viernes
y bebe del agua fría.
De quien me pesa es del ciervo,
que por los montes corría
comiendo manos de hombre,
que otra cosa no comía.-
A la puerta de la iglesia
a pregonar un día
que al que le trajese el ciervo
mil ducados le daría
y a la infanta coronada,
con ella le casaría.
Salen duques, salen condes,
y el ciervo no parecía.
Baltasar se alabó
entre las damas un día
que él solo mataba al ciervo,
solito, sin compañía.
Baltasar tenía un caballo
que al par del viento corría;
cogió la espada en la mano,
la su espada guarnecida,
se tiró ese lomo abajo,
se tiró ese lomo arriba
y ha encontrado un ermitaño
que hacía la santa vida:
-Por Dios te pido, ermitaño,
y por la Virgen María,
ese ciervo del pie blanco
¿donde tendría su guarida?
-Por aquí ha pasado un ciervo
tres horas antes del día,
comiendo manos de hombre,
que otra cosa no comía;
no deja duques ni condes,
ni cosa que sea viva.-
-Arriba, caballo, arriba,
con mi espada guarnecida,
tengo de matar al ciervo
aunque me cueste la vida.-
Allí lo hallara durmiendo
al pie de una fuente fría.
El ciervo, de que lo oyó,
a Baltasar se vendría:
-Yo bien sabía, Baltasar,
que en busca mía venías,
aquel que te mandó acá
poco estimaba tu vida.-
Allí formaron la guerra,
Baltasar la vencería:
le mató cuatro leones
y una leona parida;
lo amarra de pies y manos
y con el ciervo camina.
Desque los vio el rey venir,
de contento lloraría:
-Vamos a contar monedas,
que para ti las tenía.
-Yo no quiero las monedas,
que yo monedas tenía,
lo que quiero es a la infanta
que me tiene prometida;
si palabra de rey vale,
debiera de ser cumplida.

—-Se cantaba ya en el siglo XV. Nebrixa cita este “romance antiguo” dos veces en su Gramática sobre la lengua castellana, impresa en Salamanca en 1492, para ejemplificar dos características métricas de los romances viejos: la asonancia (el consonar sólo las vocales) y el verso de “diez e seis sílabas”. En el primer caso, los versos citados son:

-Digas tú, el hermitaño, que hazes la vida santa:
–Aquel ciervo del pie blanco ¿dónde haze su morada?.
-Por aquí passó esta noche un ora antes del alva.

y en el segundo:

-Digas tú, el ermitaño, que hazes la santa vida,
aquel ciervo del pie blanco ¿dónde haze su manida?

Aunque quepa pensar que Nebrixa conociera el romance en dos versiones de distinto asonante, me inclino a creer que se trataba de un texto en que se daban estrofas paralelas (no necesariamente en “pareados”), tal como aún ocurre con romances de la tradición del siglo XX (sobre todo en el muy conservador romancero sefardí de Marruecos).

Este diálogo, que ha pervivido casi inalterado en la tradición oral durante más de medio millar de años, formaba parte de una narración que, en la única versión completa publicada en el siglo XVI (en el Cancionero de Romances de Amberes, 1550), comenzaba más o menos como nuestro texto:

Tres hijuelos avía el rey,
–tres hijuelos, que no más,
por enojo que uvo d’ellos,
–todos malditos los ha;
El uno se tornó ciervo,
–el otro se tornó can,
el otro se tornó moro,
–passó las aguas del mar;

aunque, como aquí vemos, en asonante –á, no en –í.a. Tras esta presentación del “ciervo”, el cual va a ser el verdadero protagonista del romance, se nos sitúa, bruscamente en un primer escenario, descrito en asonante –á.o:

Andávase Lanzarote
–entre las damas holgando,
grandes bozes dio la una:
—Cavallero, estad parado…

—-Y en él se nos explica la razón de la “quête”, ‘demanda’ o búsqueda del “ciervo del pie blanco”: es que la dama (¿la “dueña de Quintañones” a la cuál maldice el ermitaño al fin del romance?) le exige esa búsqueda como prueba de amor, en calidad de “arras” al ofrecérsele en casamiento. Sólo en la escena en que Lanzarote asume la empresa surge el asonante –í.a (sin huellas del otro asonante –á.a que aún pervivía en paralelo a fines del siglo XV). En esta escena, la respuesta del ermitaño ofrece adicionales detalles que enlazan con la tradición oral del siglo XX:

 

LA BELLA MALMARIDADA

La bella mal maridada,

de las lindas que yo vi,

véote tan triste, enojada,

la verdad dila tú a mí.

Si has de tomar amores

por otro, no dejes a mí,

que a tu marido, señora,

con otras dueñas lo vi.,

besando y retozando,

mucho mal dice de ti;

juraba y perjuraba

que te había de ferir.

Allí habló la señora,

allí habló, y dijo así:

—Sácame tú, el caballero,

tú sacásesme de aquí;

por las tierras donde fueres

bien te sabría yo servir:

yo te haría bien la cama

en que hayamos de dormir,

yo te guisaré la cena

como a caballero gentil,

de gallinas y capones

y otras cosas más de mil;

que a este mi marido

ya no le puedo sufrir,

que me da muy mala vida

cual vos bien podéis oír.

Ellos en aquesto estando,

su marido helo aquí:

—¿Qué hacéis mala traidora?

¡Hoy habedes de morir!–

—¿Y por qué, señor? ¿por qué?,

que nunca os lo merecí.

Nunca besé a ningún hombre,

ni hombre me besó a mí.

Las penas que él merecía,

señor, dadlas vos a mí:

con riendas de tu caballo,

señor, azotes a mí;

con cordones de oro y sirgo

viva ahorques a mí.

En la huerta del naranjo

viva entierres tú a mí,

en sepultura de oro

y labrada de marfil,

y pongas encima un mote,

señor, que diga así:

«Aquí está la flor de las flores,

por amores murió aquí

cualquier que muere de amores

mándese enterrar aquí

que así hice yo, mezquina,

que por amar me perdí.

 

ROMANCE DE LANZAROTE Y EL CIERVO DEL PIE BLANCO

Romance de Lanzarote y el ciervo

Tres hijuelos había el rey
tres hijuelos, que no más;
por enojo que hubo de ellos
todos maldito los ha.
El uno se tornó ciervo,
el otro se tornó can,
el otro se tornó moro,
pasó las aguas del mar.

Andaba se Lanzarote
entre las damas holgando,
grandes voces dio la una;
—Caballero, estad parado;
si fuese la mi ventura,
cumplido fuese mi hado
que yo casase con vos,
y vos conmigo de grado,
y me dieses en arras
aquel ciervo del pie blanco.
—Dároslo he yo, mi señora,
de corazón y de grado,
y supiese yo las tierras
donde el ciervo era criado.

Ya cabalga Lanzarote,
ya cabalga y va su vía,
delante de sí llevaba
los sabuesos por la traílla.
Llegado había a una ermita,
donde un ermitaño había:
—Dios te salve, el hombre bueno.
—Buena sea tu venida,
cazador me parecéis
en los sabuesos que traía.
—Dime tú, el ermitaño,
tú que haces santa vida,
ese ciervo del pie blanco
¿dónde hace su manida?
—Quedaos aquí, mi hijo,
hasta que sea de día,
contaros he lo que vi.
y todo lo que sabía.
Por aquí pasó esta noche
dos horas antes del día,
siete leones con él
y una leona parida.
Siete conde deja muertos
y mucha caballería.
Siempre Dios te guarde, hijo,
por doquier que fuer tu ida,
que quien acá te envió
no te quería dar la vida.
—¡Ay dueña de Quintañones,
de mal fuego seas ardida,
que tanto buen caballero
por ti ha perdido la vida!

 

ROMANCE DE FERNANDO IV El EMPLAZADO

Seguro que muchos de vosotros habéis oído hablar del peñón de los Carvajales, pero quizá desconozcáis el romance. Aquí abajo os facilito el romance íntegro (tenía fragmentos en Castellano antiguo, que he procurado quitarlos). Este romance, es también conocido como romance del Emplazado, pero para no confundirlo con el Romance del Emplazado de Federico García Lorca, es por lo que hago esta aclaración.

El romance, nos cuenta un hecho histórico. Nos cuenta como el rey Fernando IV de Castilla, tras haber condenado a morir despeñados, desde el peñón de Martos dentro de una jaula llena de grandes púas, a los hermanos Carvajal de forma injusta, estos emplazan al rey a comparecer ante el juicio de Dios, en el plazo de treinta días. Tenía el rey veintisiete años cuando se produjeron estos hechos. Durante estos treinta días vivió muy preocupado, y al cumplirse el plazo que le habían dado los hermanos Carvajal, se echo la siesta, y cuando fueron a buscarlo, lo encontraron muerto en la cama. Desde entonces, el peñón de Martos, que es un pueblo de Jaén, es conocido por el nombre del peñón de los Carvajales, ya que Carvajal era el apellido de los hermanos que emplazaron a este rey, a comparecer en el plazo de treinta días ante el juicio de Dios.

Válgame Nuestra Señora
que dicen de la Ribera,
donde el buen rey don Fernando
tuvo la su cuarentena
Desde el Miércoles corvillo
hasta el Jueves de la cena
el rey no afeitó su barba
ni se lavó su cabeza;
una silla era su cama
un canto su cabecera;
cuarenta pobres comían
cada día a la su mesa:
de lo que a los pobres sobra
el rey hacía su cena;
con vara de oro en mano
bien hace servir su mesa.
Dícenle sus caballeros
do había de tener la fiesta:

A Jaén dice, señores,
con mi señora la reina
En Jaén tuvo la pascua
y en Martos el cabo de año.
Parte se para Alcaudete,
ese castillo nombrado.
El pie tiene en el escribo,
aún no había descabalgado,
cuando le daban querella
de dos hombres hijosdalgos,
y daban le la querella
dos hombres como villanos:
Justicia, justicia, el rey,
pues que somos tus vasallos,
de Don Pedro Carvajal
y don Rodrigo su hermano,
que nos corren nuestras tierras
y nos roban nuestro campo,
fuerzan nos nuestras mujeres
a tuerto y desaguisado
y comen nos la cebada:
no nos quieren pagar.
Hacen otras desvergüenzas
que era vergüenzas contar
Yo haré de ellos justicia;
tornaos a vuestro ganado.
Manda pregonar el rey
y por todo su reinado,
que cualquier que los hallase
le darían un buen hallazgo.
Halló los el almirante
allá en Medina del Campo,
comprando muy ricas armas,
jaeces para sus caballos,
para ir a ver el pregón
que buen rey había dado.
Presos ,presos, caballeros,
presos, presos, hijosdalgos.
No por vos, el almirante,
si de otro no es mandado.
Sed presos, los caballeros,
que del rey traigo mandado.
Pues así es, el almirante
plácenos de muy bien grado.
Por las sus jornadas ciertas
a Jaén habían llegado.
Manténgase Dios, el rey.
Mal vengáis, hijosdalgos.
Mandó les cortar los pies,
mandó los cortar las manos
y mandó los despeñar
de aquella peña de Martos.
Allí habló el menor de ellos,
el menor y más osado:
¿Por qué nos matas, el rey,
siendo tan mal informado?
Pues nos quejamos de ti
al Juez que es soberano,
que dentro de treinta días
con nosotros seas en plazo;
y ponemos por testigos
a san Pedro y a san Pablo,
ponemos por testimonio
al apóstol Santiago.
Y sin más poder decir
mueren estos hijosdalgos.
Antes de los treinta días
malo esta el rey don Fernando,
el cuerpo cara oriente
y la candela en la mano.
Así falleció su alteza,
de esta manera citado.

El poder siempre genera abusos, y los reyes de todos los países del mundo, cuanto más poder han ostentado, mas abusos han cometido. Igual que el rey don Fernando IV de Castilla cometió actos injustos contra sus súbditos, los cometió el rey Pedro I de Castilla contra los suyos, como vamos a ver en los tres poemas que vamos a ver a continuación. Dentro de las dinastías que han regido a España a lo largo se su historia, ha tenido muchos reyes con sus manos tintas en sangre, y lo mismo que los reyes españoles, se han manchado de sangre al gobernar, se han manchado otros gobernantes, que sin ser reyes, han gobernado como si lo fueran, haciendo ostentación de su poder, de su fuerza, mientras sus manos se iban tiñendo de sangre. ¡ Que fácil le ha sido siempre a los poderosos delinquir, y al pueblo, que difícil le ha sido pedirle cuentas y hacerle justicia. En España nunca se ha ejecutado a un rey, y si ha habido reyes que lo han merecido.

 

Romance del rey don Pedro el Cruel

El rey más conocido en España por su crueldad, ha sido don Pedro I de Castilla, más conocido por Don Pedro el Cruel, aunque tan bien fue conocido con el sobrenombre de Don Pedro el Justiciero. Si no fue el más cruel, que puede ser que si haya sido si ha sido el rey del que sus crueldades han sido más y mejor cantadas por los juglares, los cantautores de la Edad Media. De él vamos coger aquí tres romances, aunque nos dejamos otros sin mencionar. Estos romances, nos muestran la premonición de su muerte, de cómo mandó matar a su esposa doña Blanca de Borbón y de cómo mató a su hermano Don Fadrique con traición en Sevilla, donde lo cita a venir para asistir a unos imaginarios trofeos que según él se habían montado.

Por los campos de Jerez

a caza va el rey don Pedro;

en llegando a una laguna,

allí quiso ver un vuelo.

Vio volar una garza,

dispárale un sacre nuevo,

le remontara un neblí,

a sus pies cayera muerto.

A sus pies cayó el neblí,

Túb0lo por mal agüero.

Tanto volaba la garza,

parece llegar al cielo.

Por donde la garza sube

vio bajar un bulto negro;

mientras más se acerca el bulto,

más temor le va poniendo,

con el abajarse tanto,

parece llegar al suelo,

delante de su caballo,

a cinco pasos de trecho.

De él salió un pastorcillo,

sale llorando y gimiendo,

la cabeza desgreñada,

revuelto trae el cabello,

con los pies llenos de abrojos

y el cuerpo lleno de vello;

en su mano una culebra,

y en la otra un puñal sangriento;

en el hombro una mortaja,

una calavera al cuello;

a su lado, de traílla,

traía un perro negro,

los aullidos que daba

a todos ponían gran miedo;

y a grandes voces decía:

-Morirás, el rey don Pedro,

que mataste sin justicia

los mejores de tu reino:

mataste tu propio hermano,

el Maestre, sin consejo,

y desterraste a tu madre,

a Dios darás cuenta de ello.

Tienes presa a doña Blanca,

enojaste a Dios por ello,

que si tornas a quererla

darte ha Dios un heredero,

y si no, por cierto sepas

te vendrá desmán por ello;

serán malas las tus hijas

por tu culpa y mal gobierno,

y tu hermano don Enrique

te habrá de heredar el reino;

morirás a puñaladas,

tu casa será el infierno.

Todo esto recontado,

despareció el bulto negro.

Hechos históricos del reinado del rey Don Pedro I de Castilla

Rey de Castilla y León (Burgos, 1334 – Montiel, La Mancha, 1369). Era hijo de Alfonso XI, a quien sucedió en 1350. El comienzo de su reinado estuvo marcado por la debilidad del poder real frente a las facciones que se disputaban el poder: los diversos hijos bastardos que había tenido Alfonso XI con Leonor de Guzmán, los infantes aragoneses primos del rey y la reina madre -María de Portugal-.

Inicialmente controló el poder la facción de la reina madre y del favorito Juan Alfonso de Alburquerque, que reorientó la política exterior hacia la alianza con Francia; para cimentarla, se concertó el matrimonio del rey con Blanca de Borbón (1353). Pero por entonces el rey era ya amante de María de Padilla, por la que abandonó a su esposa tres días después de la boda, haciéndola encerrar en el Alcázar de Toledo; con ello provocó la ruptura con Francia, la caída de Alburquerque y el estallido de una rebelión en Toledo, que pronto se extendió a otras ciudades del reino.

La insurrección contra el autoritarismo real aunó a la nobleza con las oligarquías municipales, reclamando ambas mayor participación en el gobierno del reino; al frente de la misma se situaron el propio Alburquerque (muerto poco después) y don Enrique de Trastámara (el futuro Enrique II, uno de los bastardos de Alfonso XI). El rey fue obligado a ceder, quedando confinado en Toro; pero pronto consiguió escapar y recuperar la iniciativa. Pronto comenzando una guerra civil que sólo terminaría con la muerte del monarca.

A medida que fue tomando ciudades, fue ejecutando en represalia a la mayor parte de los sublevados, con la excepción de don Enrique, que consiguió refugiarse en sus tierras de Asturias. La guerra civil se transformó en guerra exterior desde que Pedro I de Castilla atacó a Pedro IV de Aragón (1356), al tiempo que Inglaterra se alineaba con los partidarios de don Pedro y Francia con los de don Enrique, en el marco de la Guerra de los Cien Años que enfrentaba a ambos países.

 

Muerte de Doña Blanca

—Doña María de Padilla,

no os me mostréis triste, no

que si me casé dos veces

lo hice por vuestro amor,

y por hacer menosprecio

a doña Blanca de Borbón.

Envió luego a Sidonia

que me labren un pendón,

será de color de sangre,

de lágrimas su labor;

tal pendón, doña María,

se hace por vuestro amor.

Fue a llamar a Alonso Ortiz,

que es un honrado varón,

para que fuese a Medina

a dar fin a la labor.

Respondiera Alonso Ortiz:

-Eso, señor, no haré yo,

que quien mata a su señora

es aleve a su señor

El rey no le dijo nada,

en su cámara se entró

enviara dos maceros

los cuales él escogió.

Estos fueron a la reina,

Hallaron la en oración.

La reina como los vido

casi muerta se cayó,

mas después en sí tornada,

con esfuerzo les habló:

-Ya sé a qué venís, amigos,

que mi alma lo sintió;

y pues lo que está ordenado

no se puede excusar, no.

Di, Castilla, ¿qué te hice?

No por cierto, no traición.

¡OH Francia mi dulce tierra!

¡OH mi casa de Borbón!

Hoy cumplo dieciséis años

en los cuales muero yo;

el rey no me ha conocido,

con las vírgenes me voy.

Doña María de Padilla,

esto te perdono yo;

por quitarte de cuidado

lo hace el rey mi señor.

Los maceros le dan priesa,

ella pide confesión:

perdónalos a ellos,

y puesta en contemplación

danle golpes con las mazas:

así la triste murió.

Romance del don Fadrique

Yo me estaba allá en Coimbra,

que yo me la hube ganado,

cuando me vinieron cartas

del rey don Pedro, mi hermano,

que fuese a ver los torneos

que en Sevilla se han armado.

Yo, Maestre sin ventura,

yo, Maestre desdichado,

tomara trece de mula,

veinticinco de caballo,

todos con cadenas de oro,

de jubones de brocado.

Jornada de quince días

en ocho la había andado.

A la pasada de un río,

pasándole por el vado,

cayó mi mula conmigo,

perdí mi puñal dorado,

ahogarás me un paje,

de los míos más privado,

criado era en mi sala

y de mí muy regalado.

Con todas estas desdichas

a Sevilla hube llegado;

A la puerta Macarena

encontré con un ordenado,

ordenado de evangelio,

que misa no había cantado.

-Mantenga te Dios, Maestre,

Maestre, bien seáis llegado.

Hoy te ha nacido hijo,

hoy cumples veintiún años.

Si te pluguiese, Maestre,

volvamos a bautizarlo,

que yo sería el padrino,

tú, Maestre, el ahijado.

Allí hablara el Maestre,

bien oiréis lo que ha hablado:

-No me lo mandéis, señor,

padre, no queráis mandarlo,

que voy a ver qué me quiere

el rey don Pedro, mi hermano.

Di de espuelas a mi mula,

en Sevilla me hube entrado.

De que no vi. tela puesta,

ni vi. caballero armado,

fui me para los palacios

del rey don Pedro, mi hermano.

En entrando por las puertas,

las puertas me habían cerrado;

quitaron me la mi espada,

la que traía a mi lado,

quitaron mi compañía,

la que me había acompañado.

Los míos, desque esto vieron,

de traición me han avisado,

que me saliese yo fuera

que ellos me pondrían en salvo.

Yo, como estaba sin culpa,

de nada hube curado.

Fui me para el aposento

del rey don Pedro, mi hermano.

-Mantenga os Dios, el rey,

y a todos de cabo a cabo.

-Mal hora vengáis, Maestre,

Maestre, mal seáis llegado.

Nunca nos venís a ver

sino una vez en el año,

y ésta que venís, Maestre,

es por fuerza o por mandado.

Vuestra cabeza, Maestre,

mandada está en aguinaldo.

-¿Por qué es eso, buen rey?

nunca os hice desaguisado,

ni os dejé yo en la lid,

ni con moros peleando.

-Venid acá, mis porteros,

hágase lo que he mandado.

Aún no lo hubo bien dicho,

la cabeza le han cortado;

a doña María de Padilla

en un plato la ha enviado.

Así hablaba con ella,

como si estuviera sano,

las palabras que le dice

de esta suerte está hablando:

-Aquí pagaréis, traidor,

lo de antaño y lo de hogaño,

el mal consejo que diste

al rey don Pedro, tu hermano.

Asió la por los cabellos,

Echado se la a un alano;

el alano es del Maestre,

puso la sobre un estrado,

a los aullidos que daba

atronó todo el palacio.

Allí demandara el rey:

-¿Quién hace mal a ese alano?

Allí respondieron todos

a los cuales ha pesado:

-Con la cabeza lo ha, señor,

del Maestre, vuestro hermano.

Allí hablara una su tía

que tía era de entrambos:

-Cuán mal lo miraste, rey,

rey, qué mal lo habéis mirado.

Por una mala mujer

habéis muerto un tal hermano.

Aún no lo había bien dicho

cuando ya le había pesado.

Fuese para doña María,

de esta suerte le ha hablado:

-Prendedla, mis caballeros,

ponédmela a buen recaudo,

que yo le daré tal castigo

que a todos sea sonado.

En cárceles muy oscuras

allí la había aprisionado,

él mismo le da a comer,

él mismo con la su mano,

no se fía de ninguno,

sino de un paje que ha criado

 

ROMANCE DEL INFANTE VENGADOR

Helo, helo por do viene el infante vengador,
caballero a la jineta en un caballo corredor,
su manto revuelto al brazo, demudada la color,
y en la su mano derecha un venablo cortador;
con la punta del venablo sacarían un arador,
siete veces fue templado en la sangre de un dragón
y otras tantas afilado porque cortase mejor,
el hierro fue hecho en Francia, y el asta en Aragón.
Perfilándoselo iba en las alas de su halcón.
Iba buscar a don Cuadros, a don Quadros, el traidor.
Allá le fuera a hallar junto al emperador,
la vara tiene en la mano, que era justicia mayor.
Siete veces lo pensaba si lo tiraría o no
y al cabo de las ocho el venablo le arrojó;
por dar al dicho don Cuadros, dado ha al emperador,
pasado le ha manto y sayo, que era de un tornasol,
por el suelo ladrillado más de un palmo lo metió.
Allí le habló el rey, bien oiréis lo que habló:
-¿Por qué me tiraste, infante? ¿Por qué me tiras, traidor?
-Perdóneme tu alteza, que no tiraba a ti, no,
tiraba al traidor de Cuadros, ese falso engañador,
que siete hermanos tenía no ha dejado si a mí, no.
Por eso delante de ti, buen rey, lo desafío yo.
Todos fían a don Cuadros y al infante no fían, no,
sino fuera una doncella, hija es del emperador,
que los tomó por la mano y en el campo los metió.
A los primeros encuentros Cuadros en tierra cayó.
Apeara se el infante, la cabeza le cortó
y tomara la en su lanza y al buen rey la presentó.
De que aquesto vido el rey con su hija le casó.

 

Romance del prior de san Juan

Los reyes no se fiaban de la nobleza, ni la nobleza se fiaba de los reyes, unos y otros tenían motivos mas que suficientes para no fiarse, como prueba podemos poner este romance, donde vemos como el rey no se fía del prior de San Juan, ni el prior de San Juan se fiaba del rey.

Don Rodrigo de Padilla,

aquel que Dios perdonase,

tomara e rey por la mano

y apartó lo en puridad

-Un castillo está en Consuegra

que en el mundo no le hay tal,

más para vos vale, el rey,

que para el prior de Sant Juan.

Convidadme vos, el rey,

Convidadme a cenar,

la cena que vos le dieses

sea como en Toro a don Juan,

que le cortéis la cabeza

sin ninguna piedad:

desque se la hayáis cortado,

en tenencia me lo das

Ellos en esto estando,

el prior llegado ha.

-Mantenga Dios a tu Alteza,

y a tu corona real.

-Bien vengáis vos, Prior,

digáis me la verdad:

¿el castillo de Consuegra,

decidme, por quién está?

-El castillo con la villa

está todo a tu mandar.

-Pues convido os, el Prior,

para conmigo a cenar.

-Pláceme, dijo el Prior,

de muy buena voluntad.

Déme licencia su Alteza,

licencia me quiera dar,

mensajeros nuevos tengo,

irlos quiero aposentar.

-Vais con Dios, el buen Prior,

luego vos queráis tornar.

Va se para la cocina,

donde el cocinero está;

así hablaba con él

como si fuera su igual:

-Toma estos mis vestidos,

los tuyos me quieras dar;

ya después de medio día

salido se ha a pasear.

Va se a la caballeriza

donde el macho fue a estar.

-De tres ya me has escapado,

con esta cuatro serán,

y si de ésta me escapas,

de oro te haré herrar.

De presto le echó la silla,

y comienza a caminar.

Media noche era por filo,

los gallos querían cantar

cuando se entró por Toledo,

por Toledo, esa ciudad.

Antes que el gallo cantase

a Consuegra fue a llegar.

Halló las guardas velando,

y empiézales a hablar:

-Decidme, veladores,

decidme la verdad,

El castillo de Consuegra,

cuyo es y a qué mandar?

-El castillo con la villa

es el prior de San Juan.

-Pues abridme las puertas,

Catad de aquí donde está.

La guardia de que lo vio

Abrió las de par en par.

-Tomadme ese macho,

a él me queréis curare:

dejadme a mí la vela,

porque yo quiero velar.

¡Vela, vela, veladores,

que rabia os quiera matare!

que quien a buen señor sirve,

ese galardón le dan.

Y estando él en esto

el buen rey llegado ha:

halló las guardas velando,

comiénzales a hablar:

-Decidme, veladores,

que Dios os quiera guardare:

¿el castillo de Consuegra,

decidme, por quién está?

-El castillo con la villa,

por el Prior de San Juan.

-Pues abridme las puertas;

Catad de aquí donde está.

-Afuera, afuera, el buen rey,

que el Prior llegado ha.

-¡Macho rucio, macho rucio,

muermo te quiera matar!

¡siete caballos me cuestas,

y con este ocho serán!

Abridme, buen Prior,

allá me dejéis entrar;

que por mi corona os juro

de nunca he haceros mal.

-Hacerlo he esto, buen rey,

que agora en mi mano está.

 

Ramiro II de Aragón

Desde muy joven Ramiro II pasó su vida dedicado a la Iglesia, primero como monje en el monasterio francés de San Ponce de Tomeras; luego como abad de San Pedro el Viejo (Huesca) y, por último, como obispo de Roda-Barbastro.

Su hermano, el rey Alfonso I, legó sus reinos a las Órdenes Militares (es decir, a la orden de los Templarios, a los Hospitalarios y a los caballeros del Santo Sepulcro de Jerusalén), pero nadie pensó en cumplir dicho testamento, y los nobles aragoneses, reunidos en Jaca, reconocieron a Ramiro como rey. Por su parte, los navarros eligieron a García el Restaurador. Ramiro era entonces obispo de Roda-Barbastro y se encontraba celebrando la Natividad de la Virgen en Tierrantona1 cuando recibió la noticia de la muerte de su hermano el día anterior, teniendo que ocupar el trono. Su coronación tuvo lugar en Zaragoza el 29 de septiembre de 1134.

ROMANCE DE LA CAMPANA DE HUESCA

Don Ramiro de Aragón,

el Rey Monje que llamaban,

caballeros de sus reinos

asaz lo menospreciaban:

que era sobrado manso

y no sabidor en armas,

por lo que no le obedecen,

por lo que le desacatan.

Enviado ha un mensajero

al monje que lo criara,

a San Ponce de Tomeras,

donde el buen abad moraba,

por que el diese consejo

en la bajeza en que estaba.

Mal recaudo os traigo, Rey,

que el monje no vos preciaba,

ni me quiso dar respuesta;

creo que de vos burlaba;

se entró luego a una huerta

en leyendo vuestra carta,

y afilando un cuchillo,

las ramas emparejaba.

Oyendo estas razones,

el rey las disimulara;

entendió bien la respuesta

y el consejo que le daba

Hizo llamar a las Cortes,

a Cortes que celebraba;

dice que hacer quería

una solemne campana

que se oyese por el reino

y sonase en toda España.

….

Mandó cortar las cabezas

los que más del burlaban.

quince fueron sentenciados,

a los otros perdonara.

Mandó sacar las cabezas

a los mozos de la sala;

díjoles que era sus padres

todas las que allí miraban,

porque le tenían en poco

y en su presencia burlaban;

que viesen aquel ejemplo

y ellos mojasen la barba.

Así fue temido el Monje

con el son de esta campana

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LIBREPENSADORES IV, por Valentín Villalón.

Librepensadores IV.

por Valentín Villalón.

 

Las noticias en los pueblos se extienden enseguida y mucho más una noticia como esta, que a todo el pueblo le afectaba. Todos lamentaban su marcha, y al mismo tiempo todos entendían las razones que le habían movido a tomar esta decisión. Vieron todos que la mayor preocupación para los padres son los hijos, y al mismo tiempo pensaban que en iguales circunstancias hubieran actuado ellos de la misma forma. Nadie podía reprocharle nada, pero todos lamentaban su marcha.

Cuando llegaron al pueblo, los habitantes de Alameda de la Mancha los veían con cierto reparo, al enterarse que no eran creyentes. Sin embargo, como decían quienes los conocían, eran gente inteligente, agradable y amena en el trato, brillante en sus exposiciones, y con sentido del humor. A medida que iba pasando el tiempo fueron ganando adeptos, y tanto en la escuela como en la consulta, fueron ganando amigos muy deprisa. Tenían la costumbre de decirle adiós a las personas con quien se encontraban en la calle y pararse a saludar a todos los conocidos con los que antes habían tenido ocasión de hablar. Por esta razón de cercanía hacia todos, pronto perdieron el descrédito, estigma o sambenito que desde ciertos sectores cercanos a la iglesia les achacaban.

Esta cercanía era fruto de las enseñanzas recibidas en los centros donde estudiaron, y al mismo tiempo fruto del ambiente familiar en que se criaron. Era fruto de la educación recibida en los centros de la Institución Libre de Enseñanza, donde el krausismo formaba la parte más importante del pensamiento filosófico de la institución en la que sus padres se habían formado, y al mismo tiempo donde Ángel y Josefina habían recibido su formación. Tenían la costumbre bien arraigada de levantarse temprano, no ser perezosos, y como consecuencia de esto, no dejar las cosas sin hacer de un día para otro. Eran laicos, ateos, libre pensadores. Gracias a esta forma de entender la vida, podían disponer de unas horas más al día, que les permitían cumplir con su trabajo como profesionales de la educación y la medicina, controlar su casa, y dedicar parte del tiempo que le sobraba a hablar con amigos y conocidos.

Habían encontrado en Alameda a amigos con los que poder hablar, discutir sus ideas. eran capaces de defender lo que pensaban, y de aceptar otras ideas, si encontraban en ellas mejores razones para defenderlas que las que hasta ahora habían mantenido, aceptando de buen grado ideas diferentes a las suyas, si estas veían que estaban más cerca de la razón y de la verdad

La tertulia en la que limaban sus diferencias, la solían establecer en cualquier sitio donde se juntaran, bien en el bar donde habitualmente tomaran sus cervezas, en la mesa del casino donde se juntaban a tomar café o en una finca de don Alonso. Allí se juntaban ocasionalmente para cazar un rato por la mañana, y cobraban piezas suficientes para hacer la comida que solía ser la misma o muy parecida, ya que sus principales ingredientes siempre eran los mismos, conejos y perdices. Tenían desechadas de antemano, la caza mayor, tórtolas, y otras piezas menores, a no ser que en los primeros días de agosto y al levantarse la veda de la codorniz madrugaran una mañana, y la dedicaran durante un par de horas a matar codornices y con ellas hacer una paella en la huerta del bachiller, donde había agua fresca y sombra. Allí, después de comer a la sombra de los árboles, tomaban café alrededor de la mesa de la cocina para después hablar largo y tendido del tema que los ocupara. Otro sitio donde solían reunirse era en la rebotica, donde Antonio el boticario recibía las visitas de los amigos, que normalmente se prolongaban hasta la hora de la cena.

Ángel y Josefina repasaban una y otra vez la forma en que su vida había trascurrido en aquel pueblo manchego donde llevaban ya viviendo ocho años, y que se estaba pasando como si fuera un sueño, del que muy pronto tenían que despertar. A diario evocaban la vida en este olvidado pueblo de la Mancha, donde por un capricho del destino, vinieron a parar hace ya tanto tiempo. Para ellos iba a resultar un cambio brusco el que les aguardaba, sus compañeros y compañeras se habrían diseminado por toda España como ellos mismos. Tendrían que rehacer amistades y poco a poco el pueblo iba a ser un recuerdo que se iría diluyendo lentamente en el tiempo. La vida sigue y las sombras pasan dice el poeta. No puede uno anclarse en el pasado, tenemos que seguir adelante, la vida es senda a seguir, camino a recorrer. No podemos quedarnos varados en el camino, como las nueras de Lot, el sobrino de Abraham, convertidas en estatuas de sal para toda la eternidad.

A veces, mientras hablaban de las despedidas, recordaban el pueblo de los Montes de Toledo donde habían estado viviendo durante cinco años, y ya de él solo recordaban hechos aislados, que muy de tarde en tarde evocaban. Lo mismo pasaría con este, todo lo borra el tiempo decían. Las despedidas, los adioses siempre son tristes, cuesta decir adiós y cuesta mucho más, cuando sabes que si pasado el tiempo, vuelves a encontrarte con alguna de las personas de las que ahora te vas a despedir, tú no serás la misma persona y la persona con quien te encuentres, también será otra. Todo lo cambia el tiempo, no podemos bañarnos dos veces en el mismo río, decía Parménides de Elea, filósofo griego, porque cuando vuelvas, será otro el río donde te bañes. El tiempo nos cambia a todos, seremos otros cuando nos encontremos, no seremos los mismos.

Lo perdido, perdido está, pero nos preocupa más aquello que esperamos perder. Por esa razón, y a medida que pasaban los días, Ángel y Josefina se iban encontrando más inquietos. Tenían que cesar ambos el treinta y uno de agosto en Alameda, y tomar posesión en Madrid el uno de setiembre. Ya había quedado Ángel con don Gustavo en que este le atendería a sus clientes en su consulta, y al mismo tiempo le atendería las visitas que tuviera que hacer durante los días treinta y treinta y uno de agosto. De esta forma ellos tendrían libre estos días para que la agencia que les tenía que mudar los muebles los recogiera en Alameda el día treinta, y el treinta y uno por la mañana, los dejara colocados en su nuevo hogar, para otra vez volver a empezar. El día uno de setiembre a primera hora, tenían que tomar posesión en el ayuntamiento de Madrid de la plaza a la que habían sido destinados.

Quedaban quince días para el treinta de agosto y todavía no habían decidido ni cuándo ni cómo iban a empezar las despedidas, ni de cuántas casas pensaban despedirse. Ya llevaban una semana tratando de hacer una lista con los nombres de las casas que tenían que visitar, y no encontraban la forma de ponerse de acuerdo para juntarse y decidir a qué casas debían ir para despedirse. El caso era que los dos querían hacerlo, pero no sabían cómo ni cuándo empezar. El tiempo se le echaba encima y ninguno se atrevía a decir ahora. Costaba trabajo empezar con las despedidas, mucho trabajo y a esto era a lo que le daban vueltas los dos.

Aquella misma noche había cine. Mientras cenaban las niñas les dijeron que iba a haber cine en el Huerto de Calatrava, que echaban la película La Isla del Tesoro y querían verla. Pensaban ir a verla con Jacinta, si le daban permiso, y las iba a acompañar Anselmo, si es que las dejaban. Yo sí os dejo, dijo Ángel, tratar de convencer a vuestra madre que es más estricta. Quedose Josefina mirando a su marido y a sus hijas, y contestó: Verdad será cuando tú lo dices, hasta ahora no me había dado cuenta, ni siquiera se me había ocurrido pensarlo, y dirigiéndose a Jacinta le dijo: Dile a Anselmo que pase para que lo conozcamos, queremos conocerlo antes de que nos vayamos, para que cuando volvamos a vuestra boda, Anselmo no sea un desconocido para nosotros. Coge dinero para las entradas de todos, y para si queréis comprar algo en el descanso y dirigiéndose a Jacinta dijo, ‘el monedero está en la mesita de noche mía, cuando volváis estaremos levantados, a no ser que la película, sea una película muy larga… muy larga.

Después de saludar a Anselmo y mantener con el unos minutos de animada conversación, salieron los que iban al cine y se quedaron en casa Ángel y Josefina, dispuestos a resolver el único tema que tenían pendiente, las despedidas. Sacó Josefina papel y lápiz y se dispuso a escribir, diciéndole a su marido, ¿por donde empezamos? Sería mejor, contestó Ángel, que cada uno hiciéramos nuestra lista, y cuando terminemos, confrontamos las listas que saquemos, para después buscar los olvidados que pueda haber en cada una de las lista y hacer una sola lista. Hacemos esta noche esa única lista donde no haya olvidados, y dentro de un par de días, la volvemos a sacar para ver si hemos dejado fuera alguno y esto nos proporcione un disgusto y una enemistad que hasta ahora no hemos tenido.

Cada uno, sentados en la mesa frente a frente, provistos de las herramientas necesarias para desarrollar su tarea, sin intercambiar palabra alguna, empezaron a hacerlo. Con relativa frecuencia dejaban de escribir para recabar datos de su memoria que le permitieran continuar con su obra. Cuando empezaron a escribir, pensaban que aquella misma noche acabarían con sus listas. Las paradas para buscar datos alicuando les jugaban malas pasadas, se dejaban calles cortadas, como si no existieran, tropezaban con familias que no sabían donde vivían, se tenían que intercambiar datos, buscar parentescos y mil cosas más que les llevaran a localizar a las familias de las que se tenían que despedir. Pronto llegaron las que habían ido al cine para ver la película, que tanto a las que fueron a verla como a los que se quedaron haciendo las listas, se les había hecho muy corta.

Tenían las hijas de Ángel y Josefina unas ganas locas de contarle a sus padres la Isla del Tesoro, y Ángel y Josefina no tuvieron más remedio que escuchar atentamente a sus hijas, mientras estas les contaban la película que acababan de ver. Esta causa fue el principal impedimento que les hizo que no pudieran terminar aquella noche la lista. Tuvieron que contar con la ayuda de Jacinta para poder terminar la confección de la dichosa lista.

Dejaron las visitas para la última semana mientras que en los días anteriores se dedicaron a recoger las cosas que pensaban llevarse a su nueva casa. Tenían que dejarle a Ramón Lozoya y a su hermano la casa limpia y arreglada para que esto no se pudieran quejar ante su prima Conchita de cómo la habían dejado. Se iban a vivir a un piso de cien metros cuadrados y habían estado viviendo en una vivienda de trescientos, sin contar patios y corrales. Tenían muchas cosas que no se iban a poder llevar. Pensaron dárselas a Jacinta una vez que recogieran los muebles y enseres que pensaban llevarse. Jacinta había sido en su casa un miembro más de la familia, y ni estaban en condiciones de poner una tienda de objetos usados las vísperas de la despedida ni estar regateando el valor de los objetos que no se podían llevar. Dejaron todo lo que se iban a llevar recogido y preparado en una habitación cercana a la calle, y le dijeron a Jacinta, todo lo que no nos vamos a llevar es para ti, quédate con los muebles y enseres restantes, pensamos que te casarás pronto, si algo no lo necesitas, puedes hacer con ello lo que quieras, regalarlo, dejarlo en casa de tus padres, o dárselo a quien lo necesite, es tuyo, y como tuyo puedes hacer con ello lo que quieras.

Llegó el día de la despedidas, y armados de valor, salieron a la calle dispuestos a decir adiós a quienes habían convivido con ellos durante ocho años, era lo último que les quedaba que hacer en el pueblo, y al mismo tiempo era lo que más trabajo les iba a costar. Fue un día duro y difícil, tenían que seguir adelante, y era un paso más en la vida, a la mañana siguiente tenían que salir para Madrid. El inicio de una nueva vida les estaba esperando. No podían vislumbrar que el nuevo camino que iban a iniciar iba a estar plagado de una gran cosecha de frutos amargos.

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LIBREPENSADORES III, por Valentín Villalón.

Valentín Villalón

Librepensadores 3

 

 

Cuando a Ángel Rico y a Josefina Fernández, médico y maestra de Alameda de la Mancha le dieron Madrid en el concurso de traslados del año treinta y tres, sintieron una sensación agridulce. Por un lado resolvieron el problema de la formación de sus hijas. Ellos querían que sus hijas se formaran en centros de la Institución Libre de Enseñanza, que era donde ellos habían recibido la formación que tenían y de la que tan orgullosos estaban, y por otro lado, cuánto trabajo le iba a costar abandonar el pueblo, donde llevaban ocho años trabajando y donde tan a gusto se encontraban. Se tenían que despedir de los boticarios, Antonio y Conchita, con quien tantas, tan largas y tan amenas tertulias habían compartido, de Pilar, escéptica siempre, sin inclinarse nunca ante una posición determinada, mirando siempre los pros y los contras que cualquier postura pudiera tener, de Inocente, conservador a ultranza, que con tanto ardor defendía sus convicciones, y con tantos otros, compañeros, compañeras, amigos, vecinas y vecinos…, y de Jacinta. Jacinta no era uno más, formaba parte de la familia. A sus hijas ni a Jacinta se atrevían a decirle que los dos habían pedido Madrid en el concurso de traslados. Cuando lo pidieron, no pensaron que se lo iban a dar. Lo pidieron pensando en ver si con los puntos que tenían, estaban cerca de poderse ir a Madrid, las chicas estaban ya estudiando bachiller y aunque Pilar y ella se encargaban de sus clases, iban a tratar por todos los medios a su alcance que sus hijas se integraran en un centro de la Institución Libre de Enseñanza, que era donde ellos habían estudiado. El tiempo se les echaba encima, y por eso trataron de ver en las listas cuánto le quedaba para poder irse. Ya no les quedaba nada, en septiembre tenían que estar los dos en Madrid. Tenían que dejar Alameda, archivar sus recuerdos de aquel pueblo, y decirle adiós a aquella gente, que posiblemente no volvieran a ver más.

Pero ¿cómo decían ahora que en septiembre se tenían que ir a Madrid? Pensaban que al menos otro par de años podían haber seguido en el pueblo, pero ya no tenía remedio, se tenían que ir. Tenemos que seguir el camino que nos hemos marcado, dijo Josefina, los adioses siempre son tristes, si continuamos dos años más aquí, cuando estos dos años pasen, vamos a tener el mismo problema que tenemos ahora, o tal vez mayor. El árbol de la vida tiene siempre una gran cosecha de frutos amargos pendientes de recolectar, y alguna vez, sin que lo esperemos nos obsequia con uno de ellos. Tal vez sin ellos, la vida no fuera lo suficiente completa para poder valorar lo que de ella recibimos. Tal vez sea mejor, que junto a los buenos recuerdos que almacenamos entre los más profundos pliegues de la memoria, tengamos también espacio reservado para poder guardar lo recuerdos tristes de los frutos amargos que nos da la vida. Pienso que los recuerdos tristes son parte de nuestro yo, que tenemos que guardar para que no se pierdan y son el camino que nos lleva a la melancolía, a la tristeza.

No vamos a dar marcha atrás, no sacaríamos nada con renunciar, y puede ser, que si renunciamos ahora, cuando verdaderamente lo necesitemos, no tengamos plaza. Podremos guardar el secreto, tres, cinco días, una semana, pero de noche no nos vamos a ir. Todos tienen que saber lo que para nosotros ha sido este pueblo, dijo Ángel. Y sé que para nosotros esto va a ser duro. También sé que para ti va a ser mucho más duro que para mí. El último día de clase que aquí tengas, va a ser el día mas triste que hayas vivido, eso no lo vas a olvidar nunca. La cercanía que has mantenido con tus alumnas, no la vas a tener en ninguna otra escuela donde vayas. Siempre son tristes las despedidas, puede que sea el día más emotivo, pero no el más triste, dijo Josefina a su marido. Si cuando dices adiós algo te llevas, si algo dejas, eso no lo vas a olvidar nunca, eso son los buenos recuerdos que te acompañarán siempre. Lo malo sería que de una escuela te despidieras sin lágrimas que nada dejes, que nada te lleves. A eso si le debemos temer, dijo mientras las lágrimas le surcaban las mejillas.

Pensaron que nada iban a ganar ocultando su partida una semana, tenían que decirlo ya, descartada la posibilidad de renunciar a las plazas que le habían adjudicado en el último concurso de traslados, lo mejor era decirlo ya. No podían seguir ocultándolo, se van a dar cuenta, dijo Josefina, algo raro van a notar en nosotros. No me gustaría que en el recuerdo que de nosotros guarden, quede el hecho de no haber sido sinceros con ellos a la hora de la despedida. Eso no es dejar de ser sinceros, yo diría que más bien es el miedo a decir adiós, dijo Ángel a su esposa. Pero también, creo que es mejor decirlo ya, con ocultarlo no ganamos nada y podría parecer una deslealtad hacia ellos, no me gustaría que pudieran pensar eso de nosotros.

A quien se lo tenemos que decir en primer lugar es a Jacinta, dijo Josefina, es con quien más obligados estamos, es a quien más vamos a echar de menos toda la familia. Por eso quiero que sea la primera en saberlo, quiero que lo sepa antes que nuestras hijas, antes que nadie, que por nadie se entere antes que por nosotros. Creo que cuando mejor se lo podemos decir es cuando terminemos de comer, mientras tomamos el café selo decimos. cuando se lo vamos a decir. Vamos a procurar, que no se dé cuenta antes, que no nos note nada, pero hoy lo decimos. Es jueves, y al no tener yo clase esta tarde, lo aprovechamos también para decírselo a las niñas.

Al terminar de comer, recogió Jacinta la mesa y al poco volvió con las tazas y la cafetera, a nosotras no nos pongas dijo una de las niñas. Quedaos un poco, os tenemos que hablar de algo que nos afecta a todos y quiero que estemos todos juntos. Sentaos y ve sirviendo el café, perdonad que os robe un poco de tiempo, pero tenemos que hablar con vosotras sosegadamente, mientras tomamos café y hablamos. Sirvió Josefina el café, mientras Jacinta y las niñas observaban, entre sorprendidas e intrigadas, solo se oía el ruido de las tazas al dejarlas reposar en el plato, esperaban intrigadas que alguien hablara.

Cuando aquí llegamos, hace ya casi ocho años, dijo Ángel a su familia, (para ellos, Jacinta había sido una más de la familia, durante aquellos ocho años) veníamos preocupados pensando en las dificultades que aquí podríamos encontrar. Al llegar a un pueblo que solo habíamos visto en los mapas y del que no conocíamos a nadie. Teníamos que encontrar una casa donde vivir, teníamos que relacionarnos con gente a la que nunca habíamos conocido, teníamos que encontrar amigos. Organizar nuestra casa, nuestras vidas, en un pueblo del que nunca habíamos tenido noticias. En pocos días se resolvieron todas nuestras incógnitas, en menos de una semana todo estuvo resuelto. Tuvimos amigos, compañeros, casa, vecinos, te hemos tenido a ti Jacinta, con la que tan bien hemos congeniado, a la que tanto debe esta familia, a la que tanto vamos a echar de menos, a la que tanto y tan bien vamos a recordar y a la que tan difícil nos va a ser decirle adiós, cuando llegue septiembre y tengamos que cerrar esta casa.

Al convocarse en el mes de enero el concurso de traslados para los funcionarios de carrera de los distintos ministerios, pensamos pedir Madrid los dos, nunca pensamos que nos fueran a dar en este concurso. Más bien queríamos ver a cuántos puntos de distancia estábamos de las plazas que se iban a adjudicar este año. Nuestra sorpresa ha sido que esta mañana me han dicho en el Ayuntamiento, que a los dos nos habían dado Madrid, en los concursos de traslados de nuestros respectivos ministerios. Lo habían visto en el boletín oficial del estado que vino ayer, me lo han sacado y lo he visto. Podíamos haber estado unos años más aquí, pero ya no vamos a dar marcha atrás. Si renunciamos ahora, podría ser que cuando verdaderamente necesitáramos irnos, no nos dieran plaza a los dos o a ninguno. Los concursos de traslados son así, dependen de las plazas vacantes que haya y de los puntos que tengan los aspirantes a cubrirlas. Nos quedan seis meses para despedirnos. Pensamos volver, nuestra despedida no va a ser definitiva. Volveremos cuando tengamos vacaciones, y una vez que nos instalemos en nuestra nueva casa, tendréis noticias nuestras, os escribiremos.

Durante un tiempo quedaron todos callados y tristes, no esperaban estas noticias, les parecía que así iban a seguir siempre. La vida sigue / y las sombras pasan, decía un oeta. Y Jacinta y las niñas como les decía Josefina a sus hijas, apenas se habían dado cuenta del paso del tiempo, eran tan jóvenes que no le había dado tiempo a pensar que conforme caminamos por la senda de la vida, nos vamos encontrando obstáculos que tenemos que salvar, y que nos hacen virar a un lado o a otro para seguir adelante, y que, a veces nos hacen retroceder. Son las piedras del camino que con tanta frecuencia nos encontramos y que tanto nos condicionan.

Pasaba el tiempo, sin que nadie hablara, todos permanecían callados. Trató Josefina de romper el nudo a que habían llegado en su conversación, recordándoles a sus hijas que algo tenían que hacer cuando le dijeron a Jacinta que no les pusiera las tazas para tomar café. Pensábamos ir dando un paseo a Peña Hueca con unas amigas, pero ya se habrán ido, dijo una de ellas. Esta tarde debiéramos ir a ver a los boticarios y si nos da tiempo, nos acercamos también a decírselo a Don Gustavo, que si lo vamos dejando y no le decimos nada, con lo quisquilloso que es, puede que se enfade. A mis compañeras, mañana se lo digo yo en la escuela y a los maestros, me acerco con Pilar en un momento, y se lo digo en el recreo. Como tú vas a ver mañana a los practicantes, se lo dices, y a los demás se lo vamos diciendo conforme los vayamos viendo.

Creo que sería mejor por ahora no hacer visitas, conforme nos vayamos encontrando con los amigos, se lo vamos diciendo y que poco a poco se vaya extendiendo la noticia, será mejor que no seamos nosotros el foco de la noticia, puede que algunos piensen: “y a mi que me importa, que tú te vayas”. Es mejor que no hagamos visitas con este fin. También puede, que sin quererlo, alguien se sienta minusvalorado por nosotros y podamos hacerle daño, al pensar que el no visitarlo, sea por que lo tengamos en menor estima. Antes de tomar decisiones debemos valorarlas y procurar, que éstas no hagan heridas a nadie, siempre hay gentes muy susceptibles y se sienten ofendidos por cualquier cosa. Las ofensas tardan mucho en olvidarse, y a la hora de irnos, tenemos que procurar por todos los medios a nuestro alcance, no hacer heridas gratuitas, que nadie se sienta herido por nosotros.

Tu opinión vale más que la mía, está mejor pensada. He querido resolver pronto este problema, he buscado una solución rápida y me ha salido con muchos defectos. Tienes toda la razón, no vamos a hacer dos despedidas. Una ahora y otra cuando de verdad nos vayamos, eso serían muchas despedidas, mucha tristeza la que tuviéramos que compartir. Es mejor que la noticia se vaya expandiendo sola, nos va a costar menos trabajo contestar si nos vamos, que hacer las visitas y dar las explicaciones. Ha sido mejor así, y de esta forma vamos a quedar mejor ante todos.

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LIBREPENSADORES II, por Valentín Villalón.

Valentín Villalón

LIBREPENSADORES  II

 

Cuando Ángel Rico y Josefina Fernández salieron de casa del boticario, le dijo éste a su mujer, creo que le vamos a poder ofrecer una buena casa. En Semana Santa, cuando estuvo aquí Ramón Lozoya estuve tomando unas cervezas con él, y entre otras cosas me dijo que su casa, al estar vacía, se estaba deteriorando mucho, y que su hermano le había dicho que la casa se había deteriorado, según había podido ver, cuando estuvo aquí en Navidad, que lo  mejor que podíamos hacer era alquilarla, si encontramos a alguien que la pueda mantener en buen estado, y preveamos que no vayamos a  tener problemas con él. Entonces le dije que era mejor no hacerlo, sería mejor que la conserváramos, aunque alguna vez le tuviéramos que recorrer los tejados, tapar algunos remiendos, pintarla de cuando en cuando, y que el carpintero pusiera lo cristales rotos y repasara puertas y ventanas, si acaso, con el paso del tiempo se cerraban o abrían con dificultad.

Estoy viendo, me dijo, que lo que mi hermano decía era verdad, le están saliendo manchas de humedad en las paredes, en el corral de dentro ha salido mucha hierba, y hemos visto entre la hierba muchos conejos, que ni sé de donde han podido llegar. Temo que cuando en el verano se seque la hierba y llegue la feria, con lo aficionados que son aquí a la pólvora, prendan fuego con algún cohete y nos quemen la casa. Lo malo es que como mi hermano fue el que me propuso alquilarla, y la otra alternativa que le di, él la aceptó.  Ahora me cuesta decirle que sería mejor hacer lo que él pensaba.

Pienso llamar mañana a Ramón y decirle que ha llegado aquí un matrimonio formado por un médico y una maestra, formados ambos en la Institución Libre de Enseñanza como propietarios definitivos de la plaza de Don Hilario y de Doña Margarita, jubilados el año pasado y que en el último concurso de traslados de los cuerpos a que pertenecen le han  dado plaza aquí. Como  necesitan una casa grande, ya que él quiere poner en su casa la consulta, para no tener que salir, en caso de que algún paciente llegue, y para atenderlo, no tenga que salir de su casa. Y como no lo llamas ahora, dijo Conchita a su marido, que estará cenando o a punto de cenar.

La mejor forma de encontrarlo en su casa es llamándolo ahora, mañana puede que te sea más difícil encontrarlo. Como el teléfono que tenemos aquí es el de su casa, no lo podríamos llamar hasta las tres, o mejor dicho hasta las seis, porque hasta las tres no saldrá del ministerio, ahora están  haciendo jornada completa y aunque su casa está cerca del ministerio donde trabaja, mientras llega, come y se echa un poco la siesta, hasta las seis no lo puedes llamar. Es mejor que lo llames ahora, y si tenemos suerte, puede que éstos se puedan ir con el problema de la casa resuelto. Llave de la casa debe tener  alguna de sus primas, o alguna vecina. No es fácil que se hayan ido sin dejar una llave en el pueblo, por alguna emergencia que pudiera surgir.

Es fácil, dijo Antonio, que lleves razón y que algún allegado suyo tenga las llaves de la casa, alguien las tiene que tener en el pueblo, posiblemente alguna vecina. Voy a llamarlo enseguida, estos son muy aficionados a ir al teatro y es posible que ya no estén en su casa, les gusta mucho vivir las noches de Madrid, voy a ver si llego antes de que salgan y esta pareja se pueden ir con el problema de la casa resuelto. Durante largo rato estuvieron Antonio y Ramón hablando, pensaba Conchita que nunca se le debió ocurrir haberle dicho a su marido que llamara a su amigo Ramón Lozoya con la mesa puesta, corría el riesgo de que la cena le sirviera de desayuno. Cuando llevaban un rato hablando tuvo que decirle Conchita a las criadas que ellas cenaran y se fueran a dormir, que ellos no sabían si iban a cenar tarde o a desayunar temprano. Cuando estos se ponen a hablar sé a la hora que empiezan, pero nunca sé a la hora que pueden terminar. Cenar  vosotras, que cuando terminen ya recogeré la mesa y os dejaré los platos en el fregadero.

Cuando Antonio colgó el teléfono le preguntó Conchita si estaban en casa los señores o si había estado hablando con la criada, a lo que este contestó, sin darse por aludido, que había estado hablando con Ramón, de quién era este matrimonio, de su profesión, de sus ideas, de la impresión que nos habían causado, de cómo creía que a su hermano le iban a gustar, y de cómo en el precio no iban a tener problemas, puesto que lo que ellos buscaban era en primer lugar, que la casa estuviera abierta y no se le deteriorara y al mismo tiempo, el inquilino fuera persona en quien se pudiera confiar. Y eso, por lo que yo le había dicho, estaba logrado. Bueno, dijo Conchita, vamos a cenar porque si me cuentas ahora todo lo que habéis estado hablando esta noche no nos vamos a poder acostar. Comprendió Antonio que su mujer había estado un largo rato esperando.  Estaba cansada, quería cenar y acostarse pronto. Siempre te digo, que cuando lleguen las horas de las comidas, no me esperes nunca, tú come, cena o desayuna, no me esperes, que ya comeré yo cuando termine. Llevaba un montón de tiempo sin hablar con Ramón, y bien conoces tú lo bien que congeniamos los dos desde que llegué al pueblo. Pensaban salir a tomar café a una terraza de la Castellana y cuando nos hemos dado cuenta era la una. Comprendo que a estas horas estéis las dos esposas un poco mosqueadas, pensando en el poco caso que os hacemos, pero eso no es verdad, es algo que no podéis pensar, pasa que hacía mucho tiempo que no hablábamos y la conversación se ha ido prolongando sin que nos diéramos cuenta de la hora que era.

No estamos las dos esposas mosqueadas, o al menos yo no estoy mosqueada, pasa que una interrupción de esta envergadura trastorna mucho, corta el normal desenvolvimiento de la casa. A la hora en que se ha producido, las chicas del servicio están cansadas, tienen gana de descansar, de irse, de ver a sus novios. En una palabra, ha terminado su jornada de trabajo y necesitan irse. Si tú me dices, cuando te has ido a hablar con Ramón, cenad vosotras, yo voy a hablar con Ramón y no sé a la hora que vaya a terminar. Tenemos que organizarnos mejor para que estas cosas no pasen. Me has  dicho que ibas a preguntarle a Ramón, si querían arrendarle la casa al médico y si alguien del pueblo tenía llave para que éste la pudiera ver. Has podido decirme, preveo que estaremos un rato hablando. Entonces preveo que vais a estar varios ratos hablando y el trastorno es mucho menor, pero vamos, siéntate y cena, que nos de tiempo a acostarnos antes de que llegue el día.

¿Me perdonas?, dijo Antonio a su mujer. No me queda otro remedio, contestó esta, si algún día nos tenemos que separar tendrá que ser por causas mayores, al menos eso es lo que pienso ahora. Durante la cena continuó Antonio contándole a su mujer lo que había estado hablando con Ramón, cómo tenía una llave de la casa su vecino Regino y otra tenía su prima Pilar y cómo Ramón pensaba que por su hermano no iba a poner ningún inconveniente en arrendarle la casa  a los médicos. Se levantó Conchita de la mesa, recogió los platos  y los cubiertos, los llevó a la cocina y al volver le dijo a su marido: son las tres y es hora de acostarse, pronto van a empezar a cantar las golondrinas. Puesto en pie, Antonio esperó a que su mujer terminara de hablar, la beso y juntos se fueron a la alcoba.

A la mañana siguiente, Antonio y Conchita se levantaron a la hora de todos los días, no por haberse acostado más tarde de lo que normalmente se acostaban dejaron de levantarse a su hora. Habían dormido mucho menos de lo que otros días dormían, pero la costumbre les había hecho levantarse a la hora de siempre. Tenían muchos asuntos que resolver, y sobre todo tenían que resolver el de la casa de los médicos, antes de que por otros contactos la alquilaran sin haber visto la casa de los Lozoya. La casa de los Lozoya era una gran casa, una de las casas más amplias y mejores que había en el pueblo. Pensaron mandar a una de las chicas del servicio para que fuera a la fonda y les dijera que tenían una casa muy buena para ellos y que la podían ver hoy, ya que aunque los dueños vivían en Madrid, disponían aquí de llaves para poder verla.

Pensando esto estaban, cuando Conchita dirigiéndose a su marido le dijo: pienso que lo mejor va a ser que vaya, y evitamos las malas interpretaciones que surgen cuando las noticias nos llegan a través de terceras personas. Es lo mejor que podemos hacer, dijo Antonio, de esta forma evitamos además de las malas interpretaciones que tú dices, evitamos que la noticia se extienda y dé lugar a que otros vengan a ofrecer sus casas y busquen nuestra colaboración para  alquilarlas. Arréglate un poco y sal lo antes que puedas, no sea que vayan a salir y cojan compromisos que luego les pesen.

Al ir a salir de su casa tropezó Conchita con su marido, que dijo, así deben salir las mujeres a la calle, arregladas y guapas, como vas ahora. Con un gesto agradeció Conchita el piropo que acababa de hacerle. Salió a la calle en busca de los médicos, como su marido decía, para decirles que habían encontrado la casa de unos amigos que a la vez era una de las casas mejores del pueblo y que esta mañana la podían ver.

Cuando Conchita llegó a la fonda, donde Ángel y Josefina estaban hospedados, ya llevaban un buen rato levantados. Estaba allí Pilar, compañera que iba a ser de Josefina el próximo curso y los que allí estuviera, ya que Pilar allí había nacido y allí pensaba jubilarse. Estaba allí para acompañar a Josefina, que tenía que ir a casa de Jacinta. Jacinta era la chica que Pilar le había aconsejado a Josefina para que esta le ayudara a llevar su casa mientras estaba en la escuela. Tenía diecisiete años y desde los diez hasta los catorce años había sido la alumna más lista y aventajada que había tenido en su escuela. Conocía Josefina a través de Pilar el gran concepto que tenía de ella. El día anterior había estado en casa de Jacinta hablando con ella y con su madre de lo que Josefina le había encargado. No se atrevieron a decirle nada hasta que no hablaran con su padre, pero a las dos les había parecido que era una gran muchacha.

Cuando llegó Conchita a la fonda se disponían a salir Pilar y Josefina  a casa de Jacinta para ver que les había dicho su padre y marido a Jacinta y a su madre de la propuesta que el día anterior le habían hecho. Antes de que éstas salieran les informo Dorita del asunto que traía, cosa esta que les alegro bastante a los tres. Era Pilar prima de los dueños de la casa, que habían gestionado para vivienda de Ángel y Josefina, Antonio y Dorita. Esta casa había sido la casa de los abuelos de Pilar y la conocía tan bien como la casa donde ella vivía. A la muerte de sus abuelos, le tocó a su tío y a la muerte de sus tíos la heredaron los hijos de estos, que eran los primos de Pilar. Nunca pensé, dijo Pilar que mis primos  arrendaran su casa, pero ellos son los dueños, casi nunca vienen, y las casas cerradas se deterioran muy deprisa. Seguramente es por eso, por lo que la arriendan.  Pero tiene que costar trabajo alquilar la casa donde has nacido.

De esa casa tengo llave, si queréis la podemos ver esta mañana, o a la tarde. Mejor será que la veamos ahora, dijo Josefina, cuanto antes tengamos casa, antes nos podremos venir. Nos vamos por tu casa, recogemos a tu marido, vamos a casa de Pilar, recogemos las llaves, vemos la casa, Ángel y Antonio se dan una vuelta por el pueblo, se toman unas cervezas por ahí y mientras nosotras vamos a casa de Jacinta.

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LIBREPENSADORES I : “Angel y Josefina. Laicos, ateos, librepensadores”, por Valentín Villalón.

Valentín Villalón

ANGEL Y JOSEFINA. LAICOS, ATEOS Y LIBREPENSADORES,  por Valentín Villalón.

 

Cuando el médico llegó al pueblo, ya había estado ejerciendo durante cinco años en un pueblo pequeño de los Montes de Toledo. Vino casado y con dos hijas, había estudiado la enseñanza primaria y el bachiller en centros ligados de la Institución Libre de Enseñanza. Era el médico hijo de un catedrático de filosofía de la Universidad Central, que a la vez era librepensador y amigo personal de Giner de los Ríos, y los padres de su esposa eran maestros, librepensadores los dos y también pertenecían a la Institución Libre de Enseñanza. Con estos antecedentes, el matrimonio formado por Ángel Rico y Josefina Fernández, que llegaron a Alameda de la Mancha como médico y como maestra en los años veinte del pasado siglo. En sus ideas, eran hijos de las ideas de las familias donde habían nacido, y a la vez eran hijos del pensamiento de la Institución Libre de Enseñanza donde se habían formado.
Cuando una familia llega a un pueblo, siempre despierta la atención de todos los vecinos, y esta familia, al llegar a Alameda de la Mancha, despertó la curiosidad de todo el pueblo, como lo hubiera hecho en cualquier otro pueblo de la tierra. Todos sacaron una buena impresión de ellos, visitaron juntos las escuelas, donde Josefina iba a llevar nuevas ideas. Iba a tratar de infundir en sus alumnos el amor al saber, el amor a los libros, el amor a la naturaleza, el amor a pensar y a razonar. Les enseñó las escuelas una de las maestras que estaba en el pueblo de la que después fueron grandes amigos. Estuvieron en el Ayuntamiento donde saludaron al alcalde, al secretario y a los funcionarios que allí estaban, ofreciéndoles su casa y todo lo que de ellos pudieran necesitar.
Por la tarde fueron a la farmacia, donde encontraron al boticario preparando unos medicamentos en la rebotica, y que en ese momentos dejó de hacerlos, encargando al mancebo de la farmacia que los terminara de preparar. Los recibió este de forma efusiva, y los hizo pasar a su casa, donde estaba su mujer. Era un día de verano, de intenso calor, donde el termómetro había llegado a los treinta y ocho grados a la sombra. Temperatura esta, que según dijo Conchita, la mujer del boticario era normal que se alcanzara en el verano, y que se atrevería a decir que era un día normal de verano, pero que no era un día de mucho calor. La visita que hicieron al boticario fue larga y provechosa, llegaron pasada la hora de la siesta, y salieron de allí después de anochecer.
Los recibieron en el patio de la casa. Era el patio una estancia digna de ver, de unos sesenta metros, totalmente cuadrado, cubierto por un toldo de lona blanca, rodeado de macetas con geranios, donde las paredes estaban adornadas con macetas de claveles, rojos, amarillos y blancos. Tenía el patio cuatro ventanas de hierro forjado arriba y otras cuatro abajo. Tenía también en la planta baja, cuatro puertas de madera labrada, que le daban un aspecto digno y señorial. El mobiliario lo formaban una mesa grande de hierro labrado con el tablero de cristal y una docena de sillones de mimbre que rodeaban a la mesa de forma un poco desordenada. Cuatro faroles de hierro forjado con bombillas de alto voltaje le proporcionaban luz suficiente para poder leer durante la noche.
Pasaron al patio a través de la puerta que daba de la rebotica al portal de la casa, y de allí pasaron al patio. Allí todo fueron alabanzas de los recién llegados a lo que estaban viendo. Enseguida que oyó la puerta, por una de las puertas laterales del patio salió Conchita, que estaba dentro de la casa esperando su llegada en otra de las estancias. Después de los saludos de rigor, y una vez que comentaron lo bien que allí se estaba, vieron las plantas, los muebles, y los objetos que en el patio había, los invitó Conchita a sentarse, mientras ella preparaba con la muchacha de servicio el café, que la chica se había quedado haciendo.
Mientras Conchita salió, continuaron hablando de la grata impresión que el patio le había causado, lo bien que quedaban los azulejos y sobre todo de la buena temperatura que allí había. Para mantener esta temperatura, lo más importante es el toldo, dijo Antonio el boticario. A él le debemos, no solo la buena temperatura que aquí hace, sino la buena temperatura que en la casa tenemos. Gracias al toldo, y al cuidado que tengamos nosotros en extenderlo por la mañana, y en recogerlo por la tarde, podemos tener un verano agradable, si no lo hacemos así, tenemos que estar siempre con un abanico en la mano, y a pesar de eso, estar todo el verano pasando calor. Salió la criada con el mantel y las servilletas, los extendió sobre la mesa y volvió a salir por las cosas que le faltaban,
Llegó Conchita con las tazas y los cubiertos, y enseguida llegó la criada con el café y la leche. Les sirvió a cada uno el café con arreglo a sus preferencias, dejó el azucarero sobre la mesa, para que ellos se sirvieran y después de preguntar si necesitaban alguna cosa más, salió del patio, dejando la puerta cerrada.
Una vez que salió la muchacha y se quedaron solos, Ángel y Josefina les dijeron a sus anfitriones que solo habían venido a conocer el pueblo y ver las posibilidades que tenían de encontrar una casa en alquiler que dispusiera de las condiciones más imprescindibles de habitabilidad y que fuera lo suficiente grande para vivir en ella, ellos y sus hijas, un dormitorio para huéspedes, por si alguna vez venían sus padres a hacerles alguna visita, un dormitorio para el servicio, dos habitaciones más para el comedor y el cuarto de estar, cuarto de baño, cocina y alguna cámara o habitación que le sirviera para guardar los trastos habituales que en una casa suele haber.
Les contestó Conchita, diciendo que de momento ella no se acordaba de ninguna, pero que pensaba que si debía de haber, este es un pueblo de casi cinco mil habitantes y siempre suele haber casas vacías aquí, lo que pasa es que ahora no me acuerdo de ninguna. Ya preguntaremos a la familia, a los vecinos, preguntaremos en el ayuntamiento, donde sea, pero por falta de casa no os vais a tener que ir, dijo Conchita. Hemos preguntado esta mañana en el ayuntamiento, a lo que allí estaban si conocían a alguien que nos pudiera arrendar una casa con estas características, pero nadie se acordaba de ninguna, han dicho que tratarían de preguntar, pero que casas si tiene que haber, y como todavía nos quedan veinte días para tomar posesión a mí y treinta a esta esperemos que nos de tiempo a encontrarla. Si no la encontramos, no sé lo que tengamos que hacer. Vamos a pensar que si la vamos a encontrar y si no la encontramos el problema nos lo plantearemos luego, ahora vamos a buscarla.
La vamos a encontrar, dijo Conchita, aunque la casa no sea tan buena como a nosotros nos gustara que fuera. Por supuesto que la vamos a encontrar, si no la encontramos os venís a vivir con nosotros, pero a dormir debajo del palco de la música no vais a tener que ir, a eso yo me comprometo. Vais a encontrar casa, y una casa mejor de lo que esperáis, dijo Antonio. Os va a costar un poco más, pero vais a encontrar una buena casa, las casas que más tardan en arrendarse son las mejores, cuestan un poco más, pero vosotros no vais a tener problema con el precio, vais a encontrar una buena casa.
Siguieron hablando de otras muchas cosas, de cómo se veían las cosa en Madrid, de cómo se estaba devaluando la peseta, de la posible caída de Primo de Rivera, de la necesidad que España tenía que a la vez que cayera la dictadura, cayera también la monarquía. Si el rey la trajo, con ella se tiene que ir decía el boticario. Ángel y Josefina coincidían en esto con el boticario. Conchita era más conservadora, pertenecía a una de las familias más tradicionalista y conservadora del pueblo, donde el pensamiento de la iglesia pesaba mucho, y le costaba mucho aceptar las ideas progresistas que su marido tenía.
Este es muy liberal, dijo Conchita a sus invitados, de que lo sea no estoy tan segura, a veces dice que es libre pensador y anticlerical, creo que lo dice por crisparme, porque luego es buena persona. Entonces tú crees, que los liberales, los librepensadores, los laicos y los anticlericales somos malas personas preguntó Josefina. No es que crea eso, lo que pasa es que como ahora parece que esa forma de pensar se está poniendo de moda, la gente la sigue sin darse cuenta de los males ,que esto puede traer, contestó. Entonces estáis de acuerdo conmigo, dijo Antonio, gracias por haber llegado a este pueblo. Me encuentro solo, aquí hasta el enterrador, el basurero y el pregonero son conservadores, todo el mundo tiene algo que conservar. Hasta los pocos mendigos que hay, que creo que no hay ninguno son conservadores, mejor dicho serían si los hubiera. Rieron todos las palabras del boticario al tiempo que la muchacha de servio llegaba con las copas de helado puestas sobre una bandeja.
Las copas de helado dejaron al margen las ideas que cada uno defendía, y todos se centraron en lo bien que los helados caían siempre, aunque sea en la pascua están buenos, decía el boticario. Continuaron hablando de otras muchas cosas, entre ellas la necesidad que tenían de hacerle una visita a don Fausto, el otro médico que había en el pueblo, y al que todavía no habían ido a visitar. Con la iglesia hemos topado amigo Sancho, dijo el boticario, hay si que tenemos un gran conservador. A don Fausto le gusta conservar todo. Todo lo que hay, y todo lo que pueda venir. Pero bueno no es mala persona, con él te puedes entender y llevarte bien. Continuaron hablando el médico y el boticario durante un rato de problemas relacionados con su profesión, mientras ellas hablaban de las cosas que tenían, y de las que les quedaban que hacer.
Para ambos matrimonios fue un gran encuentro el de aquella tarde, dirigiéndose a su marido dijo Josefina, vámonos que esta familia tendrá cosas que hacer y nosotros la estamos importunando con nuestra dilatada visita. Puede que en la pensión tengamos ya la cena puesta y la dueña se inquiete por nuestra tardanza, no le hemos dicho a la hora que íbamos a llegar y nos estará esperando. Se despidieron y quedaron en verse antes de irse y que volverían unos días antes de su toma de posesión.