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COMENTARIO A LA PROPUESTA DE NUEVA REGULACIÓN DEL ABORTO EN ESPAÑA. Por Ana González.

En medio de los debates al rededor de la propuesta del Gobierno de modificación de la regulación de la interrupción del embarazo, recomiendo empezar por situarse visitando, por ejemplo, este artículo que ofrece una comparativa de los límites que existen a nivel internacional: enlace.

 

Vaya por delante que para nada se prente negar la necesaria protección del derecho a la vida desde su concepción, sencillamente se quiere denunciar el desequilibrio entre bienes jurídicos protegidos que supone anteponerla al respeto a los derechos fundamentales de la embarazada.

 

El postulado de esta colaboradora parte de considerar que la ley de plazos y la regulación especial de algunos supuestos especialmente graves, son un buen equilibrio entre ambas protecciones: la vida concebida y la mujer embarazada.

 

 

 

 

Desde esas premisas se ofrece este comentario:

Ana González

Madrid, 25 de mayo de 2013

ESTOS POLITICOS NO NOS SIRVEN, por Gabriel Alcolea.

Empezaré por confesar que, desde hace largo tiempo, pero, sobre todo, desde que el PP anda facilitándonos las malas nuevas, duermo cogido a un diccionario de María Moliner y otro de sinónimos y antónimos.

Si nos atuviéramos a la cita de Churchill:”El político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene; y de explicar después por qué fue que no ocurrió lo que el predijo”, tendríamos que obviar, desgraciadamente, a la mayoría de los políticos actuales, tanto por su inoperancia como por ser ajenos a los designios de su país, al estar manejados por los que realmente son sus verdaderos amos.

Es difícil conciliar lo aprendido a través de tantos años de estudios y de trabajo con los enunciados que, bien Montoro, mal De Guindos, peor aún Sáenz de Santamaría, socarrona y torpemente Cospedal o ininteliglemente Mariano Rajoy, aplican a sus recortes –que no ajustes como a ellos les gusta decir- y a sus calificaciones para definir las aberraciones que están cometiendo con los servicios sociales y los impuestos, como por ejemplo, modificación de la estructura impositiva, según De Guindos, para comentar la subida del IVA o plan de estabilidad y reformas, para referirse a los sangrantes recortes sociales. Ahora, más que nunca, oyendo a estos bárbaros comediantes, empiezas a comprender la diferencia real que existe entre las enseñanzas de la escuela privada y la pública y entre los políticos con mayúsculas y estos sicarios de poca monta.

Tengo claro desde hace muchísimos años, que la verdadera política de la derecha española, cuando “pilla” el poder, es poner en manos de sus amiguetes todos los bienes públicos que puedan enajenar. Bien lo dejó demostrado el dictador en sus treinta y cinco años de expolio al pueblo, al que se lo endulzaba todo con la práctica exención de impuestos indirectos. Toda la infraestructura de España se hizo sin los españoles. Ahí sólo metieron la mano los allegados al régimen.
Con Aznar, tres cuartos de lo mismo. Las mejores, mayores y más rentables empresas públicas españolas pasaron a manos privadas. Ya le había dado un buen empujón anteriormente Felipe González en tal tarea, cosa a la que también colaboró, aunque en menor medida, el ínclito Zapatero.
Ahora, con Rajoy, se piensa poner la guinda. Tienen prisa. Lo más dulce del pastel, la Educación y la Sanidad, están a punto para ser servidas a los exquisitos comensales de la oligarquía financiera y económica española y extranjera. Mientras tanto, y ya de camino, unas cuantas cajas de ahorros y algún que otro banco, pasarán a ser cebados, medicamentados, sanados, engordados y aliñados, para ser engullidos por las insaciables fauces del capital.
El pretendido “éxito” de Rajoy ante su “presión” a la comisión europea se ha convertido en aguas de borrajas, como era normal esperar. Su insensatez, su precariedad, su improvisación, sus dimes y diretes, sus inconcreciones, están siendo el hazme reir de todo el mundo civilizado.
Llevamos no sé cuanto meses con el tema de los cien mil millones. Pongamos que se deciden y nos aportan la ya famosísima cifra. ¿Y por qué no noventa mil? ¿Y por qué no ciento veinte mil? ¿Por qué cien mil millones?. Primera pregunta, que, por cierto, nadie ha hecho y, claro, nadie ha respondido.
¿Cómo va a producirse esa aportación?. Según el nefasto Presidente del Gobierno, vendrá como “una línea de crédito” directamente a los bancos españoles, quienes responderán como entidades privadas a dicho préstamo. Esta mentira es de las que no se creen ni los niños de pecho. ¿Quién demonios va a prestar a una banca como la española, con más agujeros que el calcetín de un mendigo?.
Hay quienes dicen (pero sin poder confirmar, pues el gobierno no es que haga mutis por el foro, es que no tienen ni la más remota idea de las condiciones que le van a imponer) que el dinero se cedería al FROB mediante los avales pertinentes del Estado y que el FROB repartiría entre los bancos nacionales. Si esto fuera así –es la misma práctica que se hizo con los 4.465 millones prestados a Bankia- el gobierno español seguiría defraudando al sistema europeo y a los propios españoles, pues dichos avales no contarían como deuda pública y, consecuentemente, como incremento del déficit. En mi opinión, debería evitarse la intervención de un organismo institucional como el FROB, ya que en caso de resultar impagado cualquier crédito, (como ha sucedido con Bankia) sería éste el que debería responder antes los prestamistas con el consiguiente desprestigio que asumiría dicho organismo hasta que el Estado recurriera a los avales pertinentes. Esto traería consigo la pregunta de : y si el Estado –o sea, nosotros- debiera pagar o hacer efectivos los avales ¿entonces sí se considerarían deuda pública y, por lo tanto, más déficit?. ¡Qué espanto y qué malas maneras de hacer las cosas “públicas”!. Claro, siempre y cuando nos creyéramos que en este modus operandi no subyace lo que en realidad hay: privatización a futuro inmediato de las cajas que hayan acudido –qué remedio- a los citados préstamos de la Unión Europea.
Otra pregunta de Perogrullo es ¿quiénes van a solicitar esa ayuda? y, sobre todo, ¿por qué y para qué?.
Las entidades más grandes de España y –dicen- más capitalizadas como BBVA, Caixabank, Santander y Sabadell han dicho que no lo harán. El Popular –genio y figura hasta la sepultura- también ha negado la ayuda. Entonces ¿quiénes la pedirán?. Muy sencillo: los que están hace años ahogados en las trampas y artimañas y no tienen, por su volumen, red y capital los recursos técnicos necesarios para, como los grandes, los antes citados, acudir a las subastas de préstamos que el BCE hace periódicamente, las últimas al 1% de interés y plazo de tres años y cinco años.
Y ¿saben ustedes por qué y cómo pueden acudir estos “grandes” bancos españoles a dichas subastas?. Se lo explico. Con el primer préstamo que reciben al 1%, compran deuda española al 4% o 5%. No sólo están ganando un notable diferencial, sino que, además, esos mismos títulos les sirven como avales ante el BCE para conseguir el segundo, tercero o cuarto préstamo; y así sucesivamente…¡¡Negocio redondo ¿eh?. ¿Para qué van a invertir o dar créditos al pobre españolito de a pie?, ¿para que no se los pague y los pongan en aprietos?. ¿Usted qué haría?. Yo, lo tengo claro, no permitiría semejante aberración económica y social, porque, claro, resulta que el dinero que el BCE presta a los bancos sale de nuestros bolsillos.
Lógicamente las cajas y bancos pequeños no tienen esa capacidad de “endeudamiento garantizado”, y, las torpezas cometidas desde 1996 hasta el 2008 en el negocio de la promoción inmobiliaria las pagan con creces. Esas cajas y bancos son los destinados –una vez saneados con el dinero (avales hechos efectivos) público, o sea, nuestro dinero- a convertirse mañana en el manjar preferido de los amiguetes de esta impúdica derecha a la que diez millones de ignotos españoles les han conducido a enriquecerse de nuevo.
Como imaginarán, caben aún así como ocho o diez preguntas importantes más, pero no tengo ganas de seguir amargándoles el día.

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EL EURO DE LA BUENA EDUCACIÓN. Por Ana González

 Hoy mismo, 31 de octubre, anunciaba el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, que a patir del 1 de enero del próximo año se cobrará un euro por receta médica. También ha comentado que calculan ingresar por este concepto hasta 83 millones de euros, si bien no es el objetivo de esta medida, según sus palabras.

 

Todavía no sabemos cómo se cobrará ese euro puesto que ha de detallarse en la la ley de Acompañamiento a los presupuestos, sí sabemos que se cuenta con un presupuesto que asciende a 17.048 millones de euros.

 

También se ha adelantado que estarán exentos del pago, por ejemplo, los afectados de síndrome tóxico y discapacidad, los que tienen pensiones no contributivas, parados que han perdido el subsidio de desempleo… Pero sí pagarán los jubilados.

 

Hasta aquí la información de lo que ahora mismo sabemos y, en el vídeo que incluimos a continuación, dejamos la opinión que nos suscita la noticia a la espera de leer en los comentarios tu parecer, amigo seguidor de Pulso.

Ana González

Madrid, 31 de octubre de 2012

 

AMAPOLIZADOS, por Gabriel Alcolea.

No echen mano del diccionario. El término “amapolizados” no lo encontrarán. Pero es una licencia eufemística que he supuesto al acordarme esta mañana de cómo anda por España el personal.
La amapola, en una de sus especies, es una planta herbácea de la familia de los opiáceos, con un raro nombre científico –como todos los nombres científicos, claro- “Papaver Somniferum” y es también conocida como adormidera, planta del opio, dormidera, planta blanca y no se cuántas cosas más.
Asimismo, Amapola es el título de una bellísima canción, compuesta en 1924 por un músico gaditano, afincado en New York y que fue recogida en varias películas. Entre otras, en la mejor y última cinta de Sergio Leone de 1984, complementando la, posiblemente, mejor banda sonora de la historia del cine creada y orquestada por el inigualable músico Ennio Morricone. La excepcional película, catalogada como una de las mejores de la historia cinematográfica, se titulaba “Érase una vez en América” y estaba protagonizada por el soberbio Robert de Niro… Va de mafiosos…¡¡como el mundo!!.
Pues dicho esto sobre la amapola, parece –también- que estemos todo el día tragándonos grandes dosis de este estupefaciente y andemos adormilados, dando pábulo a lo que el actual Gobierno de España y sus jefes, los capos europeos y mundiales, les interese que nos traguemos.
Ya resulta normal y cotidiano ver hasta los más progresistas e inteligentes periodistas, contertulios, politólogos, sociólogos, etc. hablar de que estamos metidos hasta las ingles en la crisis y en el rescate, hasta el punto de que se han olvidado de total manera si tal crisis existe en realidad y, si así fuera, cuales serían los motivos reales de la misma.
Es cierto que la balanza del gasto se ha desnivelado enormemente a favor de los gastos. Hechos incuestionables lo avalan. Pero, no es menos cierto, como bien ha dicho la canciller alemana Merkel, que eso ha estado motivado por los malos gobernantes que hemos tenido. Empezando por el señor González y terminando por el señor Rajoy.
¿Por qué demonios tuvimos que sacar billete para un transatlántico en crucero de lujo, ajeno totalmente a la idiosincrasia, capital, cultura y medios de los españoles?.¿Por qué ese empeño en ser “europeos”?. Después de la incivil guerra, con el lucro cesante humano, físico, síquico y económico que ese sufrimiento y división ya suponía per se, ¿cómo íbamos a pretender ser ni siquiera parecidos a los que habían sufrido, pero también combatido unidos, la intervención militar de la segunda guerra?. Además, recién salidos de una dictadura, con la escasa cultura europea que tenían los españoles, lo mal vistos que estábamos por culpa del anterior régimen, ¿a santo de qué podríamos emparentar con los europeos? ¿No era más fácil que nos vieran como unos inexpertos catetos y futuros consumidores de sus productos? ¿Quizás fuimos de cabeza por las subvenciones a recibir y que, en el fondo, sólo eran inversiones a futuro de alemanes, franceses, belgas, italianos y holandeses? ¿Por qué destrozamos todo nuestro tejido industrial, productivo-aunque fuera en poca medida- manufacturero, agrícola, ganadero, etc.etc.? . Un ejemplo: ¿cómo puede un pequeño empresario jugar a convivir, relacionarse y ser amigo de Botín, Florentino Pérez, Amancio Ortega o la Duquesa de Alba? ¡¡Está fuera de lugar!!.¿Tan adormecidos estaban nuestros políticos o es que les interesaba por espurios motivos?.
El daño que nos han hecho a todos los españoles ya hemos empezado a notarlo sobre nuestras propias carnes y, más adelante, lo notaremos con más vehemencia, como ahora los griegos y los portugueses.
Pero, aún así, no podemos, ni debemos creernos las falaces cuentas que están haciendo con nuestro trabajo, nuestro salario, nuestra Educación, nuestra Sanidad, nuestros mayores, nuestros hijos, nuestros logros, nuestros derechos,…nuestra vida.
La gente debe despertar, rechazar esta droga y decir ¡¡ya basta!!. Los primeros, los encargados de los medios de comunicación. Son estos los que deben ayudar a despertar a los ciudadanos. Podemos y debemos recuperar la estabilidad del presupuesto económico de España y no en base a las falseadas cuentas del PP, sino en base a un redistribución justa de los medios con que contamos y con los que hemos de “obligar” a las clases más pudientes. A aquellos que cuando la vaca ha estado dando leche, sólo se han ocupado de recoger el cubo lleno, pero jamás, jamás, de darle comida, llenar el pesebre de alfalfa, para que el animal siga produciendo.
Si han de quebrar bancos y empresas endeudados hasta los ojos que lo hagan. Cuando repartían fuertes dividendos –hace apenas dos años- los accionistas de esas empresas “privadas” –no lo olvidemos- no decían ni pruna, ni se acordaban del resto de conciudadanos. Ahora, están temerosos de quedarse sin sus ahorros y claman para que el dinero público palie su macabra situación.
Digámosles a las SICAV y a las grandes fortunas y los poderosos empresarios lo que en verdad deben tributar. Sin miedo. No como les pasa a estos papanatas gobernantes, que aducen a que los ricos quieran irse de España. Si se van, que se vayan, pero, además de con su dinero, con toda su familia, porque jamás podrían regresar a España.
González, pero sobre todo, Aznar, nos dejó –con precios de saldos- sin las mejores empresas públicas, pero pueden recuperarse, pagándolas a sus actuales propietarios del mismo modo y manera que a ellos se las regalaron.
Los acreedores, principalmente bancos alemanes, franceses, belgas, chinos, etc. así como los proveedores habituales –muchos de ellos vendiéndonos productos de nuestra propia tierra-que no teman no cobrar. Lo harán, pero en su momento. En aquel momento que una pobre viuda de ochenta años deje de percibir la mísera pensión que recibe o cuando un matrimonio con hijos en edad escolar tengan un puesto de trabajo decente y un sueldo digno. Nunca antes.
Los grandes empresarios españoles, aquellos llamados por Zapatero, Rajoy y el señor Borbón, no volverían a ser llamados “a consultas”, sino a crear puestos de trabajo, bajo esta premisa: o lo toman por las buenas…o por las otras, ¡¡elijan!!
La situación es extrema y, por ello mismo, se requieren medidas y soluciones extremas, no ponerse al pie de los caballos y, encima, de rodillas y llorando, como está haciendo Rajoy y antes lo hicieron los demás. Un Estado que sea en verdad Social y Democrático, lo podrá ser también de Derecho, pero sin aquellas premisas, el Estado de Derecho se convierte en lo que se ha convertido: en un inmundo y viciado estercolero. Un Estado Social y Democrático, debe saber proteger a sus ciudadanos cuando la situación lo requiera. Si ha de intervenir, lo ha de hacer con mano firme y en bien de los derechos sociales y no de eliminarlos o, peor aún, privatizarlos como está ocurriendo.
Existen mil y una medidas, muchas en la mente de todos, que aquí ahora no cabrían, pero que, con un régimen justo, libre, honesto, sin esta asquerosa corrupción que llena España entera de porquería, basura y 87.000 millones de euros cada año de dinero negro, solucionaría la mayor parte del problema. Con un sistema que sólo un régimen legal, legítimo y elegido por todos los españoles puede aglutinar, saldríamos adelante a nuestra manera, a nuestra forma, tamaño y medida, con nuestras costumbres, con nuestras capacidades normales, sin lujuriosas pretensiones de gentes que nada tienen que ver con nosotros, sino es tenernos como esclavos.

IRRESPONSABLE COMPLICIDAD, por Gabriel Alcolea.

Los resultados de las últimas elecciones gallegas van a configurar un hito en la forma en que seguiremos siendo vistos desde el extranjero e, incluso, entre la forma de vernos entre los propios españoles.

Sobre un censo electoral de dos millones trescientos mil gallegos, la abstención de más de ochocientos treinta y dos mil personas, que supone el 36,20% del total con derecho a voto, se ha mostrado como la primera “fuerza política”, lo que podría significar, en otro plano y sociedad más avanzada democráticamente, como la negación más absoluta al tremendismo vulgar y ramplón con que actualmente los representantes políticos nacionales o autonómicos aburren al pueblo español.

Curiosamente, las dos opciones más elegidas en estas elecciones: la abstención y la mayoría absoluta del PP, suponen en realidad la antítesis de lo que demandan los ciudadanos y lo que, a modo de rodillo, está aplicando el partido de derechas. Los ciudadanos gallegos, quedándose en casa el pasado domingo, han demostrado con creces que no quieren a “estos” políticos. Quieren un cambio radical, como así lo demuestran también la mayoría de manifestaciones públicas que inundan las ciudades españolas.

Sin embargo, la “otra mayoría”, los votantes del PP, que han sido más de seiscientos cincuenta y tres mil, o sea, el 28% del censo, han preferido dar su opción al partido que los está llevando a la ruina y, posiblemente, al hambre y la desesperación.

Estos hechos, votar a quienes están consintiendo las mayores atrocidades sociales y económicas, en cualquier lugar del universo, si en verdad hubiera democracia en él, serían tachados de irresponsables o, peor aún, de complicidades en el escarnio y expolio de los derechos sociales de las clases más necesitadas.

No sólo es Galicia. Esto mismo está sucediendo en toda España. Llámese Partido Popular, CyU, PNV, etc..De manera increíble, estos partidos precursores del mayor daño social ejercido sobre las personas más desfavorecidas en los últimos cuarenta años, están obteniendo el beneplácito de los electores españoles, aunque, al mismo tiempo, el grado de abstención es, en cada elección que transcurre, mayor en todas partes.

Independientemente de lo obtuso y subjetivo de nuestro sistema electoral, totalmente parcial a los grandes grupos políticos, el español de a pie, debería abandonar su miedo y su resignación y plantar cara a las circunstancias. Ha llegado el momento de decir ¡¡basta ya!!. Ha llegado el momento de volcar este corrupto sistema y este viciado modelo de Estado. Los españoles no deben seguir sufriendo la indefensión que le causan sus actuales políticos. Han de despertar y cambiar todo el anacrónico estado por el que pasan todas las instituciones públicas sin excepción. Han de darse cuenta que lo que hoy es un chusco de pan para ellos, mañana será hambre para sus hijos.

No podemos seguir manteniendo este Estado y a sus partidos políticos del modo en que se lo tienen montado desde hace treinta y seis años. Sobre todo, hemos de velar por los que vienen detrás de nosotros; nuestros hijos, nuestros nietos. Hemos de hacerlo porque estamos obligados a ello y, además, debemos hacerlo de forma serena y cerebral, antes de que otros lo hagan a la tremenda y nos embauquen de nuevo en otra cruzada de cuarenta años.

Tanta indignidad, tanto miedo, tanta resignación, no deben ni pueden cegarnos eternamente. ¡¡Reaccionemos ya o será tarde!!.

POBRES Y RESIGNADOS & amp; RICOS Y PODEROSOS. Por Gabriel Alcolea

Mal empieza la segunda quincena otoñal. De buena mañana, nos desayunamos con datos que resultan muy difíciles de creer y que, por sí solos, deberían ponernos los pelos como escarpias.
Según los datos del INE (publicados hoy por EFE) la mayoría de las SICAV -sociedades permitidas por los gobiernos españoles para que por el 1% de impuestos, las grandes fortunas tengan su refugio financiero- han incrementado su patrimonio en un 50%. Asimismo, se da cuenta de que en el segundo trimestre del año, la renta disponible en los hogares españoles ha descendido el 3,20%. Por si fuera poco, el 21,80% (más de diez millones) de los españoles están por debajo del umbral de la pobreza. Para rematar la alegría de la españolización, dos millones trescientos mil niños de esta preclara España no pueden ver satisfechas sus necesidades básicas y un millón setecientos mil hogares no perciben ni un sólo euro al mes.

Claro no es de extrañar que ante esta situación, hayamos sido nombrados “campeones” de la Unión Europea, como país miembro de la misma donde más desigualdades sociales existen. ¡¡Vamos, una verdadera calamidad!!…¡¡Y no pasa nada…!!

Visto lo visto y lo que aún tendremos que ver, resulta, cuando menos lamentable, oír, ver o leer a los comentaristas, tertulianos, sociólogos, economistas, escritores, pensadores y otros especímenes propios de cualquier foro de actualidad, tratando “la crisis” a la orden y dictado que les imponen.

Bajo el más puro estilo goebbelsiano, se han tragado todas los falaces discursos tremendistas del gobierno Zapatero y de Rajoy. El manido “no hay dinero”. El “no tenemos más remedio que hacer ajustes”. El “las circunstancias obligan por habernos gastado lo que no teníamos”. El “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, etc.etc. han calado tan profundo en las conciencias, -cuando ya no sea por el simple hecho de que los intereses editoriales y mediáticos sean los mismos que lo que pretenden estos políticos- de estos “profesionales” que ya no se limitan a ponderar la tesis de que sí hay otras salidas, de que sí hay otras alternativas, de que sí hay otras medidas y políticas que pueden sacarnos de esta “estudiada y meditada” crisis; sino que sólo se limitan, como corderos camino del matadero, a buscar ventajas o inconvenientes a las actitudes nefastas impuestas en el marco de la UE a los tecnócratas gobiernos de turno, dando por hecho que no existe otra solución más acorde a la paupérrima que tratan de dibujarnos.

Aun sabiendo de antemano (así está constantemente demostrado o bien convenientemente ocultos) que todos los datos facilitados por los estamentos gubernamentales, como los que facilitan las instituciones financieras oficiales, las propias entidades bancarias y cualquier otro organismo relacionado con el mundo financiero, son datos preparados en la justa medida que corresponde al bien de sus intereses; estos señores que, diariamente, inundan las mentes de los españoles en los medios de comunicación, son incapaces de facilitar al español común una sola verdad, un sólo atisbo de realidad, una sola argumentación positiva, de: primero, la verdad del por qué hemos llegado a esta situación y, segundo, de qué forma podríamos salir de ella, sin suspender un solo derecho adquirido por las clases trabajadoras. Por no salirse del guión oficial marcado, ni siquiera posibilitan el menor atisbo de duda. Ni siquiera dan opción o cancha alguna a sus oponentes en la visualización del engendro en que se ha convertido el espectro socio-político-económico español.

Remedios y soluciones distintas a las adoptadas las hay. Es algo que está en la mente de cualquier español medio. Existen numerosos economistas, sociólogos, politólogos, etc. que, de una y otra manera, las están plasmando en distintos círculos y foros sociales. Y todos ellos, curiosamente y de forma común se dirigen en la misma dirección: los ricos y los poderosos.

Sí. Ese es el quid de la, por otra parte, eterna cuestión. Ahí está todo lo necesario para salvar a España de esta mentira en que nos quieren enfangar por el tiempo suficiente y necesario como para poder privatizar todo lo que ahora aún es público. Ahí están los medios necesarios para salir de esta corrupta podredumbre humana a la que ya estamos llegando. Pero, claro, ¿quién tiene el valor suficiente para tomar el timón y encauzar el rumbo que conviene a la mayoría de los ciudadanos?. ¡Ese es el problema!

Nosotros, los trabajadores y las clases “pasivas”, el ciudadano común y corriente, no somos los culpables de esta hecatombe. Nosotros no somos quienes hemos vivido “por encima de nuestras posibilidades”. Nosotros, por desgracia, cuál cordero inocente, nos hemos limitado a poner un papel cada equis tiempo en una urna. ¡¡Algunos ni eso tan siquiera!!. Del resto, se han ocupado ellos, los políticos actuales, los gendarmes represores -sicarios- de los poderosos que han hecho el papelón para sus capos.

Las cifras facilitadas al conjunto de la sociedad -suponiendo que sean reales- sobre nuestra Deuda Pública y Privada, hablan a las claras dónde está en realidad el problema. Es el endeudamiento de las empresas el que dificilmente puede ser amortizado y sobrellevado por las mismas. Es en realidad este despilfarro especulativo, sin el debido retorno inversionista, el que ha llevado la duda a los evaluadores de nuestra situación financiera. Es aquí donde han tenido en cuenta las escasas sinergias aportadas por el destemplado entramado que forma el empresariado español.

Un buen ejemplo lo constituye nuestro -en otro tiempo- perfecto sistema financiero. Salvo cuatro entidades bancarias (que habría que analizarlas en profundidad con pelos y señales, pues alguno de los grandes apenas si mantiene unos activos tangibles dignos de poder ser considerados en una contabilidad bancaria) el resto del engranaje financiero español se ha ido al garete o está en estado de quiebra, disolución o del teje maneje correspondiente.
Naturalmente que hay entidades bancarias que no quieren ser “rescatadas”. Eso implica el control exhaustivo de “sus cuentas” por gente extraña a sus intereses y, por ahí, el clásico banquero español no está dispuesto a pasar. Prefiere la peligrosa huida hacia adelante, con el tácito consentimiento del Banco de España y el Gobierno español. Veremos que nos depara el próximo invierno. Nos llevaremos ingratas e indeseables sorpresas con alguno de nuestros bancos insignias.

España -es lacerante admitirlo y tolerarlo- ha carecido siempre de un empresariado solvente, profesional, capacitado y, sobre todo, responsable ante la sociedad y, por ende, ante sus trabajadores. Lo “nuestro” es la especulación pura y dura. Ahí tenemos la prueba: la construcción y la promoción inmobiliaria y su consecuencia, la burbuja inmobiliaria.

Independientemente, la Deuda Pública (380.000 millones de euros, el 36% del PIB en 2007 y 735.000 Millones de euros, el 68,50% del PIB en 2011 y, posiblemente, el 90% en el 2012) puede ser corregida con valientes y lógicas decisiones de los gobernantes. Eso lo sabe hasta un estudiante de primer grado de carrera. Pero debe existir esa voluntad necesaria y obligada para los momentos de extrema gravedad en que nos han colocado entre todos los políticos gobernantes y los empresarios advenedizos que han aprovechado treinta años para llenar sus repletas arcas y, ahora, si te he visto no me acuerdo.

La Deuda Pública emerge de los desajustes presupuestarios a que nos han llevado estos Gobiernos. La cosa es bastante simple: no hay por qué realizar ajustes en ningún capítulo de gastos, sino en ensanchar los capítulos del otro lado: el de los Ingresos.
Bastaría con aplicar el sentido común o cualquier nimio informe que nos brindan los Técnicos de la Agencia Tributaria.. Sólo con cinco partidas bastante normales en su aplicación se recaudarían, anualmente, más de 64.000 millones de euros. Datos como éste, son conocidos por todo el mundo; hasta me atrevería a decir que por el propio Gobierno, ¿por qué no se aplican?. La respuesta es casi ingenua por su simplicidad: porque haría daño a los ricos y poderosos que existen en nuestro país, donde unas cuantas familias manejan el mayor porcentaje del PIB. Otra respuesta a la insensatez presupuestaria la tenemos en la vergonzosa y zascandil amnistía fiscal propiciada por el señor Montoro: ¿quién se ha acogido a ella?. Pues los cuatro “pobres” defraudadores y desfalcadores de tres el cuarto. Los verdaderos ricos no tienen necesidad de tan “denigrante ostentación” de su fortuna. Ellos tienen sus ahorros a recaudo de torpes y vacuas medidas.

La solución está en las manos del Gobierno. Pero, claro, no de este tipo de Gobiernos. La situación es extrema. Todos, -todos- debemos arrimar el hombro. A unos nos basta con que nos recorten hasta la respiración o la nómina, pero no así a otros que vuelan a su antojo en sus paraísos fiscales. Pues bien, esos son los que, ahora, cuando no se pueden repartir los enormes dividendos y prebendas gozados en mejores tiempos, deben ayudar a sacar a España del atolladero. Han de convencerles para que lo hagan por las buenas, aunque las reuniones con Zapatero, primero, Rajoy, después y con el señor Borbón últimamente, se han disuelto como el azúcar en el café y sin resultado alguno. Hay formas de hacerlo. Si no lo hacen, deberá ser el pueblo, en su momento, el que tome decisiones más contundentes. La fiesta está llegando a su final.

Tienen la fuerza. Tienen el dinero. Tienen el poder…Y, nosotros…Nosotros sólo tenemos miedo. Miedo a todo. A perder el trabajo. A perder nuestra casa. A que golpeen a nuestros hijos, a nosotros mismos. A perder nuestros derechos, nuestra educación, nuestra sanidad, el cuidado de nuestros ancianos. Tenemos miedo a perderlo todo y volver a los años cincuenta o sesenta, esos atroces años que, desgraciadamente, sólo hemos vivido una parte de los españoles y que, por saber lo que significan, no queremos que vuelvan.

Pero, cuidado. Que no crean que todo está hecho. Pueden haber convencido a mucho resignado. Pueden haber dejado ciegos totalmente a los tuertos. Pueden haber aunado conciencias poco limpias. Pueden haber logrado que ellos, los ricos y los poderosos, lo sean ahora más que nunca y los pobres, más pobres que nunca…Pero esto no ha acabado. La gente decente suele morir de pie. No suele poner la otra mejilla cuando ya ha notado el agrio sabor del pillaje. No consentirán-no debieran hacerlo- que nuestros hijos se mueran de hambre, o, lo que es peor, de indignidad y de miedo.