Archivo de la etiqueta: Napoleón III

5

FRANCIA: SU GOBIERNO Y SOCIEDAD BAJO EL SEGUNDO IMPERIO ( y 3ª). Por Cristófol Miró Fernández

 

Imprimir

 

 

 

 

5

 

No todo va a ser banca y ferrocarril.

 


Rue des capucins, año 1913, París. Oficina del Crédit Foncier, creado en los años 1850 bajo el régimen imperial bonapartista.

La base de toda economía son los trabajadores de clase humilde, y Francia no era diferente en esto al resto del mundo, sobre todo teniendo un “emperador socialista” que era tan amigo suyo y los deseaba proteger. El crédit foncier (arriba) fue beneficioso para los campesinos con recursos, pues les daba créditos que los ayudaban a modernizar sus campos, y con sus campos abasteciendo a las industrias, obviamente se necesitaban trabajadores para los mismos, y los salarios eran buenos para la época hasta la depresión del 1857, por lo pronto. Pero también el emperador deseaba crear su particular versión de los Talleres Nacionales del 1848, y siguiendo a sus fieles sansimonianos que tan bien hacían su trabajo, ideó unas unidades de trabajo de tipo militar para roturar tierras yermas y así expandir la agricultura, pero no fueron excesivamente tenidas en cuenta…pero sus proyectos para crear asilos y hospitales sí tuvo éxito, y las medicinas fueron repartidas de un modo gratuito por el gobierno a los necesitados. Se creaba un estado incipiente donde el welfare state era una vaga realidad, pero dio unos inmejorables resultados para el emperador, asistido por los sansimonianos, que lo convertían en amigo del pueblo sin ninguna duda.

Otra cosa eran los sindicatos, y la ley Le Chapelier del 1791 seguía vigente. Radical como era, socialista como era Napoleón III, decidió hacer algo al respecto. El año 1864 se declaró legal el derecho a la huelga de los trabajadores y se permitieron crear sindicatos, que por otra parte se creaban igual, fueran o no legales, lo que constituía aceptar un hecho consumado por parte del emperador, al mismo tiempo que las grandes sociedades de empresarios. El Imperio nacionalizador se teñía de un ligero barniz liberal y socialista sin ceder un ápice en su control nacionalizador de la economía.

La cuestión es que Napoleón no era un dictador al uso de los dictadores posteriores. Él no era proteccionista, sino que deseaba introducir a Francia en el mundo del libre comercio a escala internacional. Y esto era por una razón muy sencilla: las fábricas e industrias sin materias primas no producen, no pueden funcionar, y si n funcionar no producen riqueza para el estado ni trabajo para sus obreros, y sin fábricas que produjeran tampoco podía granjearse el apoyo de banqueros ni burgueses, ni crear sociedades…en definitiva, necesitaba el libre comercio para hacer tratos comerciales con otros estados que tuvieran las materias primas que él necesitaba para hacer funcionar Francia y generar riqueza y asegurarse la lealtad a su persona. No podía evitar apoyar el libre comercio, era un asunto vital para Francia.

En este contexto conviene recordar como los estados del sur de los futuros Estados Unidos de América surtían a Francia de algodón o como Francia asimismo prestaba dinero al México de mediados del siglo XIX, entre otros muchos factores. El libre comercio era vital para Francia…y no sólo en el continente americano. Europa también era cortejada por Francia. Bélgica estaba ya muy industrializada y tenía productivas minas de carbón que podían surtir a Francia de este material, muy necesario para sus fábricas y sus ferrocarriles en expansión, y es que Francia no tenía carbón…la unión comercial con Bélgica más que ser importante para Francia era vital para su economía. Incluso los belgas deseaban esta unión comercial, pues Francia tenía un mercado internacional que podría ir muy bien a la economía belga…pero no pudo ser. Los ingleses y el Zollverein alemán se opusieron a Francia y salió derrotada en esta batalla económica. Pero pronto volvió a la carga, golpeando a Inglaterra en su corazón: su comercio.

Atacó a Inglaterra reduciendo los derechos de importación y en Inglaterra, que desde la derogación de la Ley de Cereales de 1846 se estaban imponiendo los que apoyaban el libre comercio, se encendieron todas las alarmas. Desbaban ser amigos de Francia, poder importar productos ingleses a Europa a través de Francia, y Napoleón III había golpeado justo en ese blanco de un modo más preciso que lo hiciera Guillermo Tell en la manzana sobre la cabeza de su hijo. Inglaterra estaba deseosa de firmar un tratado de libre comercio con Francia y Napoleón III, que cometió un error, superó las reticencias del Cuerpo Legislativo, firmó un tratado de libre comercio con la Gran Bretaña en 1860. Digo que fue un error porque hizo que perdiera el apoyo de muchos industriales en un momento complicado para Francia, pues aún no había superado la crisis del 1857 y la importación de productos ingleses competía con la industria francesa en crisis, lo que hacía más difícil la recuperación económica de Francia…

Pero no abandonó a los industriales franceses a su suerte. Aportó 40 millones de las arcas públicas para que estos industriales modernizaran sus maquinarias de producción y así poder competir con Inglaterra en igualdad de condiciones. Francia no podía quedar tras Inglaterra en la carrera industrial, pero fracasó. No pudiendo invertir todo el dinero deseado en la modernización de Francia y su industria, se demostró que Inglaterra era incapaz de ser superada por ningún otro país europeo. A este tratado anglo-francés lesucedieron otros tratados con otros países europeos y Europa se adentraba por la senda del libre comercio de mano de una Inglaterra muy mecanizada y una Francia incapaz de seguirle el ritmo.

 

El Imperio cojea.

 

6

Fotografía de la Guerra de Crimea (1854-1856) en la que Francia intervino al lado de Inglaterra (y Cerdeña) contra Rusia.

El año 1860 el Imperio entraba en dificultades. La crisis del 1857 no había acabado de sacudir Francia y como ya dije antes, el tratado de libre comercio con Inglaterra descontentó a muchos industriales. Para seguir con la sucesión de contrariedades conviene volver atrás en el tiempo, y recordar la Ley Falloux del año 1850, cuando, como presidente de la República Napoleón III, ubicó bajo supervisión religiosa toda la enseñanza francesa. Eso unido a que desde el 1849 tropas francesas protegían Roma de los revolucionarios italianos que desde Cerdeña querían crear un reino unido, eso convertía a Napoleón III en un paladín de la religión católica, pero con su apoyo a estos mismos revolucionarios contra la católica y conservadora Austria, se enajenó el apoyo de muchos religiosos que lo consideraban un traidor (sobre todo si tenemos en cuenta que los sansimonianos lo llamaban su emperador socialista, y Roma, tras el año 1848, era antiliberal y anti socialista). A partir del año 1860 todas estas presiones y contradicciones internas irían socavando el Imperio lentamente. Napoleón III, consciente de estos hechos, dio más libertad de acción al Cuerpo Legislativo, lo que hizo que la oposición tuviera más campo de acción para criticar al Emperador, por otra parte, lo que hizo que creciera más la presión sobre el gobierno imperial. El Imperio evolucionaba de un modo natural y nada podía hacerse para evitarlo, así que entre el 1860 y el año 1870 el Imperio fue conocido con Imperio Liberal (siempre con muchas reservas este término), mientras el propio Imperio entraba en guerra consigo mismo en un proceso evolutivo interno que nadie sabría cómo habría culminado de no haber caído en Sedan en 1870.

El Imperio es la paz, pero la guerra es el fausto supremo, decía Napoleón III en sus discursos el año 1852…y no se puede negar que esto es así. De hecho el término latino Imperium designa un gobierno militar, y que se sepa hasta ahora, ningún imperio, que no sea comercial, se ha fundamentado sobre bases pacíficas, y los imperios comerciales hasta cierto punto (recordemos la expansión japonesa durante la Segunda Guerra Mundial hecha para fundar una esfera de co-prosperidad económica asiática era en cierto modo un imperio comercial con sede en Tokyo conquistado a base de las armas de sus soldados y tampoco olvidemos la United Fruit Company de inicios de siglo XX que consistió en un imperio comercial norteamericano en Sudamérica basado sobre la supremacía de los Estados Unidos en los países con un régimen político derechista dominados por la Guardia Nacional, un cuerpo policial militarizado hecho por instigación norteamericana…y así muchos ejemplos más a recordar). Las guerras de Napoleón III lo fueron haciendo conocido en Europa como emperador belicoso y comprometido con los intereses europeos y las independencias nacionales, pero su propio éxito causó su caída. De la lucha en Crimea (foto superior) en 1854 pasó a luchar contra los austríacos junto a los sardos (era un favor por ayudarlo contra Rusia en Crimea), de ahí fue a México y de México (entre 1863 y 1867) a Sedan (el 1870), donde aislado políticamente cayó víctima de un nuevo imperio, el alemán…

Sedan, Sedan fue su perdición, pero todas sus guerras anteriores fueron cimentando su derrota poco a poco. Tras Crimea, la unión con Inglaterra auguraba felices futuros, pero Cerdeña lo torció todo. Este pequeño aliado hizo el favor a Francia de luchar contra Rusia, a cambio de otro favor posterior, que era luchar contra Austria-Hungría para crear un reino de Italia, lo que conllevó que Austria se enemistase con Francia y desease la destrucción del Segundo Imperio. Pero Italia quería una capital, y Roma era la capital deseada para el nuevo país una vez creado…el problema era que desde el año 1849 era protegido el Papa por Francia y sólo había un modo de conquistar Roma y concluir la consecución el Estado, que Francia evacuara Roma, y sólo se podía conseguir de una manera, derribando a Napoleón III del poder. Otro aliado en contra de Napoleón III antes de Sedán, y si a ello sumamos que tras Solferino Napoleón III traicionó a los italianos haciendo la paz unilateralmente con Austria, los italianos no confiaban en Napoleón III…y llegó la toma de Veracruz el año 1863. Ingleses y españoles se retiraron de México, pero los franceses no lo hicieron, pues quería Napoleón III crear un imperio al estilo del americano de su tío Napoleón I…una señal de alarma para los ingleses, que deseaban dominar toda Sudamérica económicamente como ya dominaban Brasil…Napoleón III pretendía crear un nuevo imperio con centro en México y los Estados en guerra del sur de Estados Unidos como base de partida y quitarle el poder a los ingleses…sólo había una solución: adiós Napoleón III del poder y adiós Segundo Imperio. A ello habría que añadir que el Canal de Suez era un plato muy apetitoso para Inglaterra y que Francia era su dueña, y los ingleses hubieran querido ser sus nuevos comensales, como fueron a partir del 1875, de muy buena gana…

Maximiliano de Austria era tío del Emperador de Austria-Hungría y fue hecho emperador de México y ayudado a luchar contra Juárez por los franceses, que en cuanto vieron que el norte ganaba la guerra en los EUA el año 1865 y no podían derrotar a Benito Juárez, abandonaron a Maximiliano a su suerte y volvieron a Francia, quien murió ejecutado en Querétaro el año 1867. Una buena razón para desear la caída de Napoleón III por parte de la Corte austríaca…pero ahí no acaba la cosa. España en 1870 estaba en busca de un rey para el trono español, y Bismarck había conseguido convencer a los españoles para que se le pidiera a un familiar Hohenzollern del trono prusiano para ser nombrado rey. Francia consiguió que el futuro Hohenzollern español renunciara al cargo, desairando a los españoles, que por otra parte estando enredados en la guerra de Cuba del año 1868-1878 y sus propios problemas internos surgidos del caos revolucionario del Sexenio Revolucionario del 1868 tampoco podrían haberlo ayudado aunque hubieran querido…en fin, que estaba aislado completamente tras el reguero de guerras que contra unos y otros había hecho desde el año 1853 hasta el año 1870, rodeado de enemigos que deseaban su caída. Y así fue como solo y aislado políticamente el Segundo Imperio Francés cayó en Sedán el año 1870 frente a un astutísimo personaje llamado Bismarck que había esperado hasta que Francia no tuviera aliado alguno que lo ayudara contra él…

Y en Sedan culminó un régimen de 18 años de duración, consumido por la guerra interna dentro de Francia por su apoyo al mismo tiempo a la iglesia, a los italianos revolucionarios, a los obreros y el socialismo y a los industriales franceses y al libre comercio, y la guerra externa contra Prusia. Y así caía el primer dictador moderno,  en un régimen de gobierno que nadie pudo determinar con exactitud hasta que llegaron Hitler en Alemania, Mussolini en Italia, Carol II en Rumanía, Alejandro II en Yugoslavia, Pilsudski en Polonia, Primo de Rivera en España y gentes como ellos en los años 20 y 30 a lo largo de todo el mundo, aunque sería digno recordar que Alexis de Tocqueville ya lo previó, como previó que en el siglo XX los Estados Unidos de América y Rusia serían grandes potencias…al parecer, Alexis de Tocqueville, como Nostradamus, parecía tener dotes proféticos notables, o una más que notable capacidad de observación del mundo que lo rodeaba. Elijan ustedes lo que prefieran, al fin y al cabo, el don de profetizar y de observar atentamente suelen ser ambas caras de una misma moneda en muchos casos…

 

Autor: Cristóbal Miró Fernández.

4

FRANCIA: SU GOBIERNO Y SOCIEDAD BAJO EL SEGUNDO IMPERIO (2ª parte) Por Cristófol Miró Fernández

 

Imprimir

 

 

3

De Cortes y ciudades

 


 

La Corte tenía que ser el espejo de la nueva Francia, y tenía que ser brillante. Más que eso fue deslumbrante dejando atrás en su fasto a Viena o San Petersburgo, con un palacio como las Tullerías con sede de poder. Habiendo de casarse con alguien como buen emperador que dejara heredero de sus dominios, Napoleón III eligió a una célebre belleza española, Eugenia de Montijo, que habría de vivir hasta el año 1920. Se dijo que era un matrimonio por amor, lo que acabó de completar el cuento de hadas francés con su suntuosa corte. Pero las Tullerías no eran París…París era una ciudad de callejuelas estrechas y barrios obreros, donde quienes vivían en ellos podrían alguna vez salir del sopor donde estaban sumidos y levantarse de nuevo contra el tirano que gobernaba Francia como lo hicieron ya antes en diversas ocasiones…y eso había que evitarlo, pero con disimulo, sin mostrar sus auténticas intenciones, maquillándolo un poco…o un mucho.

Primero se llamó a Haussmann (imagen anterior), el más célebre creador de ciudades del momento. Hecho esto, Haussmann proyectó hermosos edificios de todo tipo con amplios accesos y creó boulevares y plazas que acababan en bellas perspectivas urbanas junto a emblemáticos edificios o monumentos…mientras se modernizaba el alcantarillado y el abastecimiento de agua, se tiraban al suelo 40.000 casas y se construían 100.000…y lo más importante de todo, se daba trabajo a la población obrera, lo que convirtió al emperador en un héroe popular mientras inconscientemente lo ayudaban a destruir sus antiguos barrios obreros que los hubieran ayudado a destruir su poder si su héroe se convertía en diablo en un momento dado…los obreros ayudaban a su Emperador a burlarse de ellos sin darse cuenta, pero París bien valía…una reforma integral.

 

Evolución económica bajo el Imperio

 

4

 

Napoleón III deseaba pasar a la historia como un ingeniero social, cierto que no podía ser de otra manera, puesto él mismo clamaba por ser quien eliminara la diferencia de clases sociales que separaba y dividía la sociedad francesa. Su obra anticapitalista de juventud (La extinción de la pobreza), su crítica exitosa a una Asamblea republicano que lo catapultó al poder el año 1850 como un radical político ficticio y su apoyo al sufragio universal masculino hizo que los sansimonianos lo llamaran “el emperador socialista”, pero esta designación era contradictoria, pues primero el socialismo incluye implícitamente la idea de un régimen gubernamental republicano, lo que es incompatible con un régimen monárquico como el napoleónico, por lo tanto esta designación titular llevaba a un gravísimo error de concepción del mismo, pero a Napoleón III le iba magníficamente pues el pueblo lo consideraba amigo suyo y su aliado contra las clases altas, cuando la realidad era completamente al revés…

Saint-Simon era un utópico que apoyaba la centralización económica, junto con su control, por parte de un régimen industrial planificado luchara contra el liberalismo. En definitivas cuentas, Saint-Simon abogaba por un sistema económico nacionalizado y centralizado como el que creó la Unión Soviética en el siglo XX, para lo cual crearon una banca de inversiones desde donde esperaban dirigir el desarrollo económico a través de la concentración de los recursos financieros, es decir, de un banco nacional y propiedad del Estado. Esto implicaba un gran peligro, pues dependía todo el desarrollo de Francia de la buena o mala salud del gobierno, y este era un rasgo dictatorial que implicaba que controlando las finanzas, el Estado controlaba todos los resortes del Estado completamente. De nuevo vemos aquí rasgos soviéticos en el régimen napoleónico francés del Segundo Imperio…

Idearon asimismo una nueva institución bancaria, el Crédit Mobilier, que conseguía fondos vendiendo acciones en público y así conseguía fondos para comprar acciones en las nuevas empresas industriales a desarrollar. El otro banco nacional creado fue el Crédit Foncier, un banco que concedía préstamos al campesinado para desarrollar la agricultura francesa. No se puede decir que lo tuvieran mal pensado en el gobierno, como ayudar a desarrollar la industria, pues a más materias primas, más expansión de la industria por más volumen de productos manufacturados derivados de los primeros, y con un gobierno controlando este proceso, era el gobierno (Napoleón III) quien recibía los mayores beneficios en forma de apoyo social a su régimen.

Francia vivió una era de gran expansionismo a escala mundial, y la aprovechó para favorecer a su Imperio. Se descubrió oro en California y Australia y esto unido a las facilidades de crédito, crearon un considerable aumento en la demanda de dinero en Europa, lo que influyó en una economía inflacionista que implicaba una constante subida de precios en Francia, y junto con la subida de valor de todas las monedas, esto hizo que nacieran un gran número de nuevas sociedades y de inversiones en Francia. Napoleón III llegó en el momento justo al gobierno francés para crear su Segundo Imperio y merced al control soviético de la economía francesa usar el oro de California y Australia para hacer avanzar Francia a la velocidad de una locomotora desbocada…porque en los ferrocarriles también se notó este progreso pues en los años 1850 Francia pasó de 3.000 kilómetros de vías férreas a 16.000…un “ordem e progresso” brasileño al estilo francés pero contemporáneo en el tiempo.

El ferrocarril movió a Francia hacia delante, pues la demanda de vías, raíles de hierro y material auxiliar para este trabajo, sin contar el de las estaciones a construir, hizo que la industria y la minería tuviera trabajo asegurado y el paro descendiera en picado. No olvidemos tampoco que en la España de Isabel II, hasta la época de la guerra civil del 1936, el ferrocarril fue un monopolio francés hasta el punto que se importaron hasta las palas para hacer las obras, y las compañías ferroviarias, todas privadas, eran en su mayoría francesas. Pero volvamos a Francia, donde se unieron a las 55 pequeñas líneas de ferrocarril en seis grandes regionales, racionalizando la línea ferroviaria francesa, mientras los vapores sustituían los barcos de vela y madera a marchas forzadas. El mundo entero favorecía a Francia, desde California hasta Australia…mientras en Suez una compañía francesa construía el canal entre 1859 y 1869, convirtiéndose Francia en propietaria suya aunque el principal accionista, aprovechando la caída del Imperio tras Sedán, fue el gobierno británico a partir del 1875.

Todo iba como la seda y aparecían grandes sociedades, sobre todo en ferrocarriles y la banca. El año 1863 el negocio inversor se abrió a las personas de pocos medios con el “derecho de responsabilidad” en el que cualquier inversor sólo podía perder el valor nominal de sus acciones aunque la sociedad se hundiera o fuera insolvente. Con esta medida todo quien no se atrevía a invertir invirtió en sociedades que activaron los ahorros de toda la nación y crearon un nuevo mundo donde surgieron muchos nuevos ricos mientras la bolsa estaba en constante auge y los financieros un nuevo renombre en tierra gala…los socialistas santsimonianos demostraron ser grandes tecnócratas.

1

FRANCIA: SU GOBIERNO Y SOCIEDAD BAJO EL SEGUNDO IMPERIO. Por Cristófol Miró Fernándezl

 

 

 Imprimir

 

Francia del año 1852 al 1870 vivió bajo el gobierno del Segundo Imperio, heredero y copia actualizada y modernizada del Primer Imperio, bajo la autoridad de Napoleón III, sobrino de Napoleón I. Un hombre menos inteligente que su tío, que subió al poder manipulando una sociedad en crisis y enfrentada entre sí tras la Revolución de Febrero del año 1848 y cayó víctima de una batalla en Sedán en 1870 y víctima de las propias contradicciones y desgastes sufridos con el paso del tiempo por Francia…

 

Napoleón III el político.

 

1
Entrada de Napoleón III en París por el Arco del Triunfo, el día 2 de diciembre del año 1851

Año 1852, Napoleón III se convierte en emperador de Francia el 20 de diciembre…un año antes ha salido ganador mayoritario de unas elecciones posteriores a un golpe de estado dado el 2 de diciembre del mismo año (imagen superior) que derribó a una Asamblea Legislativa surgida de una revolución que en el año 1848 había derribado a un rey revolucionario, Luis Felipe de Orleans, siendo Luis Napoleón presidente de esta misma república desde diciembre del año 1848…había llegado prometiendo ser una ayuda para el hombre común derribando el poder de los grandes plutócratas que reprimían al pueblo…para convertirse en un Emperador autoritario derribando la vida democrática en Francia para gobernar como hizo su tío Napoleón I.

Diferente de su tío completamente, Luis Napoleón no sobresalió como soldado ni administrador, al contrario de lo que había hecho su tío, aunque no se puede considerar a Napoleón III como un ignorante. Era un político. Napoleón I nunca habló en público, Napoleón III no bajaba del estrado y era un enamorado de los mítines políticos, y esa es una diferencia muy importante entre ambos personajes, pues Napoleón III, que había subido políticamente jugando hábilmente con las gentes francesas y sus deseos de seguridad y estabilidad política y social tras los Sangrientos Días de Junio de 1848, conocía que en el mundo del 1850 la opinión pública tenía un peso social mucho mayor que en la Francia del 1800. Napoleón I subió con la ayuda de una Convención que era una dictadura inestable y débil en medio del mundo caótico y sumido en la guerra surgido tras la Revolución Francesa, mientras Napoleón III subió al poder en tiempos de relativa paz, en una Europa que de nuevo ardía en las revoluciones nacionalistas del 1848 y que buscaba un camino a seguir tras los caóticos momentos que se sucedieron entre febrero y diciembre del año 1848 con la frustrada revuelta obrera de junio de este año. Su éxito se puede entender si nos damos cuenta de lo dividida que estaba la Asamblea Legislativa francesa. Dividida así nada podía hacer ante un hombre que poco a poco los fue venciendo a uno por uno de los contrincantes que allí habían, ya fueran monárquicos, socialistas, sus únicos rivales serios, como los socialistas fueron los más duros rivales de Hitler hasta el incendio del Reichstag cuando los ilegalizó, o republicanos “políticos”…su fuerza era superior, y como presidente fue cortejando a las gentes con promesas hasta que llegó al poder.

Era, o se presentaba, como un avanzado a su tiempo en materia de nuevos avances científicos y en general de todo progreso moderno. De hecho había sido un asiduo en el uso de putsches para provocar revueltas sociales, lo que le conllevó la cárcel bajo Luis Felipe. Como radical hablaba de la soberanía el pueblo en el ejemplo del sufragio universal masculino, que él mismo había revocado en 1850 para reponerlo después el año 1851. El sufragio era un tema harto complicado en Europa, que consideraba que el sufragio universal masculino, al dar voto a los obreros, no era compatible con un progreso económico personificado en el gobierno de la burguesía y los terratenientes. Él dijo que alcanzaría un punto medio donde estos serían sinónimos de progreso, y donde el sufragio universal masculino no fuera sinónimo de la llegada al poder de los socialistas.

Su propaganda política se asemejaba a las ideas de Francisco Franco el día 19 de julio del 1936 cuando a las preguntas de un periodista sobre si las elecciones eran el reflejo de un sentimiento popular de representación política y él le respondió que no tenían valor alguno para representar a la sociedad ni sus grupos formantes. Napoleón III consideraba que una vida parlamentaria dividía y debilitaba el gobierno de un país, que la Revolución de Febrero había caído en una vorágine de caos y desgobierno que había llevado a una Asamblea que sólo favorecía a los poderosos, siendo la representación del gobierno de unos pocos sobre unos muchos reprimidos y que el Imperio haría que estos muchos reprimidos era un nuevo modo de ver la política, un modo que arreglaría esta situación sin solución visible, y que gobernaría en beneficio de todos, ricos y pobres, eliminando la lucha de clases inherente a toda sociedad industrial. Como a muchos otros, a partir del año 1848, le importaban menos las formas de gobierno que las realidades sociales y políticas. En fin, que era decididamente antidemocrático, pues la democracia, según él, sólo llevaba a un gobierno donde los ricos tenían representación política y poder, pero los pobres ni una cosa ni la otra…si observamos a Hitler atentamente veremos exactamente las mismas ideas que sostenía Napoleón III y casi de un modo idéntico su modo de llegar al poder, aunque obviamente con algunas diferencias lógicas.

 

Instituciones del Segundo Imperio

 

2

Boulevard Henri, antes de la actuación urbanística del Barón Haussmann y posteriormente a esta misma operación urbanística.

Se podrían calificar como escandalosamente, y explícitamente, antidemocráticas y eran una modificación escasa de las que Napoleón I había modelado durante su Consulado. Tras el emperador había un Consejo de Estado de expertos que redactaban la legislación y aconsejaban en cuestiones técnicas y un Senado elegido a golpe de decreto por el Emperador con una importancia escasa, sino nula. Pero no podía el Emperador enajenarse el apoyo popular, así que había un Cuerpo Legislativo elegido por sufragio universal masculino…relativamente. Las elecciones estaban cuidadosamente manipuladas por el gobierno para que siempre ganara quien favoreciera al gobierno. Nombraba un candidato oficial, el propio gobierno, y literalmente obligaba a todos los funcionarios públicos del distrito a que le dieran su apoyo inquebrantable. Ello no implica que no se permitieran otros candidatos, era necesario para un juego democrático falso y figurado, pero estaban en tales condiciones desfavorables que tenían su derrota por segura…pues no podían ni hacer reuniones políticas y la calidad del papel que pegaba a las paredes con su candidatura era de mucha peor calidad que la del candidato oficial del gobierno…todo acababa siendo un teatro orquestado por el gobierno para simular una democracia, pero todo el mundo sabía que quien acabaría siendo el actor principal, y el único que recibiría aplausos del público asistente a la obra, sería el candidato gubernamental.

El Cuerpo Legislativo no tenía poder real ni era independiente del poder imperial. No tenía iniciativa legal alguna si no se lo permitía el Emperador, quien decidía de un modo autónomo e incontestable, con la ayuda del Consejo de Estado, sobre guerra, paz, el ejército o la política exterior (de un modo idéntico a lo que ocurre actualmente en la Rusia postsoviética). En cuanto a empréstitos ni hablar toca de quien cortaba el bacalao era Napoleón III y podía pedir empréstitos cuando su imperial deseo lo considerara oportuno…

Y ahí no acababa la cosa…pues estaba prohibido por ley que nada que lo que se dijera en el Parlamento fuera conocido por el resto de población francesa, siendo la política de un secretismo tan total y con un carácter tan despótico como podía serlo bajo Luis XIV en el siglo XVII. Si sólo cinco miembros de este cuerpo legislativo lo deseaban, el público tenía prohibido la entrada al Parlamento, con lo que literalmente al pueblo se le impedía no ya tomar parte en las decisiones políticas, sino ni tan sólo conocerlas. La política francesa se había convertido en un régimen dictatorial, despótico y caprichoso donde un solo hombre (y su camarilla privada) hacía y deshacía como su imperial albedrío decidía los destinos de otros muchos millones de personas que tenían que acatar sus designios sin poder hacer nada más que decir “sí, buana”.

Ultima

DE LUIS FELIPE A NAPOLEÓN III (3ª Parte). Por Cristófol Miró Fernández

Imprimir

 

 

 

Ultima

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De la Asamblea Constituyente a la Asamblea Legislativa.

 

En mayo del año 1849 la Asamblea Constituyente se disolvió para convertirse en una Asamblea Legislativa. Una Asamblea Legislativa donde había más monárquicos que republicanos, un organismo republicano con miembros monárquicos, un organismo curioso, sin duda…como en el año 1797. Tanto en la Primera República como en la Segunda República, la gente seguía siendo realista mayoritariamente, pues en la Segunda República de quinientos diputados, dos tercios eran realistas…pero desunidos y que pugnaban por imponer su candidato de nuevo en Francia. Había una gran competencia entre los legitimistas, que seguían a Carlos X y su línea familiar, y los orleanistas, que eran partidarios de la familia de Luis Felipe de Orleans. Incapaces de convivir, apoyarían a cualquiera que los ayudara a derribar al contrario…y ese alguien era Luis Napoleón, el nuevo presidente, asimismo, descendiente de Napoleón Bonaparte, otro monarca… ¿pero y el resto de cámara, a quien seguían? Había 180 diputados socialistas, el sempiterno enemigo a batir por la Asamblea Constituyente, ahora Asamblea Legislativa, y otros 70 eran republicanos políticos que como Lamartine eran anticuados y no estaban por la labor de un cambio social, sino por un cambio político…sin duda este último grupo atacaría a los republicanos “sociales”.

Presidente y Asamblea deseaban ante todo librarse del fantasma del comunismo. La ocasión vino dada tras un intento de insurrección en junio del año 1849. No hizo falta incendiar el Parlamento como hizo Hitler incendiando el Reichstag, la propia Asamblea, ante el incendio apagado en junio, expulsó a treinta y tres parlamentarios socialistas de los 180 que había en dicha Asamblea, aparte de prohibir las reuniones públicas e imponer controles a la prensa, o como se diría en otras palabras, se impuso la censura pública e ideológica. Pero aún había sufragio universal masculino, y eso había que retocarlo también, puesto que los obreros seguirían votando a los socialistas y sus opositores políticos tendrían que tenerlos como oposición a sus medidas…así pues se suprimió este sufragio y se privó del voto a un tercio de población, la más pobre y la más socialista. Se pude decir que la democracia estaba muerta en Francia…

Para cavar de rematar el asunto M. falloux (arriba) lanzó su Ley Falloux de la enseñanza, por la que   la escuela pasaba a ser un organismo supervisado por la iglesia católica, expulsando de sus cargos educativos a los maestros laicos, pues eran agentes de la revolución. Esta República se había convertido en antirrepublicana y era un gobierno de las clases altas, como bajo Luis Felipe, de la burguesía, el gobierno de unos pocos que marginaban a otros muchos, la población obrera. Los obreros, de nuevo habían sido objeto de burla por las clases medias y altas de Francia…y Francia misma se convirtió en paladín de las fuerzas conservadoras enviando a tropas que protegieron a Roma de los revolucionarios durante 20 años. Un rasgo más de las contradicciones de gobierno de Napoleón III, pues mientras Roma era protegida de los republicanos durante 20 años, el mismo Napoleón III ayudaba a Cerdeña a luchar contra Austria y crear un reino surgido de un levantamiento popular…

Y de nuevo Napoleón da la nota…

 

Los monárquicos odiaban a los socialistas y se odiaban entre ellos. Era fácil dominarlos, muy sencillo, su propia división propiciaba la llegada de Napoleón al poder sin que nadie se lo impidiera. La cuestión era conseguir el apoyo de los radicales, y Napoleón dio la nota de nuevo. Repuso el sufragio universal masculino el año 1851, el mismo sufragio que había urgido por eliminar el año 1850. Y manipuló a un pueblo sorprendentemente ingenuo. Usando las ideas lanzadas en su obra La extinción de la Pobreza, hizo ver al pueblo que los plutócratas eran unos monstruos insaciables que despreciaban al pueblo, y él era el único que los protegería de sus fauces hambrientas de poder…la Asamblea, cayendo en la trampa de napoleón, se había convertido en la enemiga del pueblo por sus medidas sin tener en cuenta que su propia división y envidias mutuas habían ayudado al encumbramiento de otro Napoleón al poder…pero era ya muy débil su poder y ya no había marcha atrás en el proceso.

Napoleón puso a sus lugartenientes en puestos clave del gobierno, como ministros de la guerra y del interior, como haría Bismarck, controlando todos los resortes públicos del poder. Usando los conflictos sociales y el odio surgido dentro de la sociedad a raíz de los Sangrientos Días de Junio del año 1849, Napoleón jugó hábilmente con los enfrentamientos sociales para primero aislar a los monárquicos y republicanos políticos del pueblo eliminando los socialistas del gobierno para después vencerlos a ellos, pues el pueblo jamás apoyaría a alguien que lo había marginado del poder. Y lanzó él mismo la revolución que él mismo había abortado en junio del 1849, ahora convirtiéndose en radical amigo del pueblo…

El 2 de diciembre del 1851 ardió París, y Luis Napoleón tomó el poder de nuevo atacando y disolviendo la Asamblea Legislativa cuando intentó reunirse. Pero el país se levantó, de nuevo, pero fue aplastado, muriendo unas 150 personas en París y siendo detenidas unas 100.000 personas en toda Francia. Una nueva “lluvia de metralla”, como dijo Napoleón I al derribar la Convención el año 1799, había barrido la Segunda República para convertir a Luis Napoleón en un segundo Cavaignac, ahora sin permiso de la Asamblea Constituyente…pero como Cavaignac el presidente francés decidió quedar como un demócrata ante el pueblo, así que hizo elecciones el 20 de diciembre.

Obviamente ganó él las elecciones, no como su solemne tío que se autoproclamó emperador. Si el diciembre del año 1848 había conseguido 5.400.000 votos, el diciembre del año 1851 consiguió 7.439.216 frente a 646.737 en contra. Nadie podía acusarlo de antidemocrático ante el mundo, Francia seguía siendo una república, aunque por poco tiempo, pues un año después nació el Segundo Imperio, con un emperador llamado Napoleón III, sobrino de otro emperador…

Francia había perdido todas las instituciones democráticas. La república había muerto, como el liberalismo y el constitucionalismo. Los monárquicos burgueses y los propietarios, los antiguos sostenes de Luis Felipe estaban interesados por el liberalismo constitucional, obviamente mucho más que los republicanos o los bonapartistas, o las gentes humildes de campo y ciudad, pero estaban tan divididos que no pudieron hacer frente a Napoleón III y fueron marginados.

Francia fue una dictadura moderna, hueca y calculadora, y un espejo en el que gentes como Hitler o Mussolini se verían reflejadas. Había nacido el segundo dictador moderno, heredero de otro dictador llamado Napoleón I, pero este era espejo de Federico de Prusia, mientras Napoleón III fue el maestro de otros dictadores.

¿Qué había pasado en Francia estos años? El gobierno de Luis Felipe había quedado sucumbido víctima tanto de su incapacidad de cambio, culpa de la incapacidad de asumir este hecho por el propio Luis Felipe de Orleans y de su ministro Guizot, en febrero del año 1848. Esta revolución, organizada por los radicales con ayuda de los obreros que padecían una época de paro y hambre desde el año 1847, fue usada por los burgueses para conseguir el poder de Francia, pues no estaban satisfechos con Luis Felipe. El triunfo se consiguió gracias a los obreros, que vieron así su oportunidad de conseguir mejorar sus condiciones de vida y de conseguir llevar a cabo medidas políticas que por una vez no los marginaran, al fin y al cabo fueron ellos quienes expulsaron al rey…pero no. El Parlamento pasó a ser dominado por los republicanos “políticos” mientras los republicanos “sociales” eran marginados. Entonces, para acallar las presumibles muestras de ira del pueblo obrero ante este hecho se crearon los Talleres Nacionales, para dar trabajo, pero también para demostrar que el socialismo era incapaz de conseguir nada de lo que se proponía. El problema fue que los Talleres Nacionales unieron a los obreros para conseguir sus objetivos de mano de los radicales, de nuevo dispuestos a tomar el poder. La Asamblea Constituyente intentó eliminar esta amenaza eliminando los Talleres Nacionales provocando la ira de estas gentes sin trabajo y estallaron los “Sangrientos días de junio”. La Asamblea designó con dictador temporal a Cavaignac para reprimir a los obreros, pero ante el riesgo de que intentara tomar el poder, se decidió hacer elecciones en un mundo dividido y en crisis…y entonces llegó Luis Napoleón, enarbolando la bandera de sus ambiguas ideas políticas y hablando a voz en grito de la nunca muerta leyenda de su tío Napoleón, que aún muchos recordaban con aprecio…sin duda, el Presidente de Francia fue Luis Napoleón, y había entrado en el gobierno, en diciembre del año 1849. La Asamblea Legislativa decidió eliminar otra vez al peligro insurreccional socialista de la vida política francesa y una conjura fallida determinó que de 180 diputados socialistas, 33 fueran expulsados, la iglesia convertida en guías educativas de la sociedad francesa por la Ley Falloux, derogado el sufragio universal masculino, eliminando del voto a un tercio de los votantes, y prohibidas todas las reuniones públicas…ahora Napoleón, todavía tenido por el pueblo como amigo de los obreros, podía debilitar a la Asamblea, separarla del pueblo, aislarla y derrotarla. Sólo tenía que dar un golpe de efecto para conseguirlo.

El año 1851, con la Asamblea debilitada y odiada ante el pueblo llegó el momento. Convertido en radical demócrata habló abiertamente de que los plutócratas abusaban del pueblo, lo oprimían y volvió a poner en vigor el sufragio universal masculino para llegado el momento dominar la política francesa de nuevo…con ayuda del pueblo que ahora ayudaba. Y así el 2 de diciembre del año 1851 se lanzó sobre el poder sabiendo que la Asamblea Legislativa nada podía hacer por pararlo. Tomó el poder con ayuda del pueblo y sus lugartenientes puestos en el poder para ayudarlo, anuló la Asamblea, reprimió a los rebeldes a su poder y ganó las elecciones con aún más mayoría de votos que el año 1849, y con la inestimable ayuda de la iglesia católica que había posicionado al pueblo a su favor, a la que defendía en Roma desde el año 1849 de las tropas de Mazzini, y contra la Asamblea, revolucionaria al fin y al cabo ella también…en fin, que el año 1852, el 20 de diciembre, otro Napoleón volvió al poder de Francia recreando un Imperio de nuevo, jugando hábilmente con los unos y los otros, traicionando a ambos según le convenía y usando la Francia caótica y en conflicto surgida tras la revolución de febrero del 1848 para conseguir su objetivo de conseguir el poder en tierras galas como príncipe que era de la familia Napoleón…

Autor: Cristóbal Miró Fernández.

Fechado: sábado, 14 de septiembre del año 2013.

DE LUIS FELIPE A NAPOLEÓN III (2ª Parte). Por Cristófol Miró Fernández

5

 

 

Arde París.

 


General Cavaignac, dictador francés.

El gobierno levantó una oleada de rabia que arrasó París entre el día 24 y el 26 de junio, con la violencia desatada por 20.000 furiosos obreros que lucharon contra el ejército en igualdad de condiciones. El gobierno optó por calmar los ánimos un poco tarde, pero aun así impidió que muchos más hombres se unieran a la lucha, pagando los sueldos de los Talleres Nacionales a quienes trabajaban en ellos. Tres días después todo había acabado con una derrota total de los revoltosos, con unas cifras finales de 10.000 muertos o heridos y once mil prisioneros. La Asamblea se negó a apiadarse de ellos y los condenó a ser deportados a las colonias.

Y así acabaron los “Sangrientos Días de Junio”, pero dejaron una herida incicatrizable en la sociedad europea. La sociedad se dividió en dos bandos irreconciliables, la burguesía, que no tuvo problemas para encomendar a un nuevo Napoleón la represión de la población obrera que los había encumbrado al poder, y el proletariado que había visto con pruebas irrefutables como la burguesía nunca admitiría que pasaran de instrumento, ya fuera para mantener su riqueza y poder, ya fuera para derribar al anterior que los ignoraba, pero una vez quisieran dar su voz a oír en alto, no dudarían en hacerlos callar a tiros por las calles.

Pero los sucesos de Francia eran sólo parte de un proceso que cubría toda Europa en la llamada “Primavera de los Pueblos”, desde Inglaterra hasta Polonia y Rusia, llegando a influenciar lugares tan lejanos como México o los Estados Unidos. Pero concentrémonos en Inglaterra, ahora…pues la revolución de París influenció la revuelta cartista de Londres…

Con el grito de “¡Francia es una República!”, Ernest Jones puso de nuevo en marcha la revolución cartista, con 6 millones de firmas, según él afirmaba. Se reunió de nuevo otra convención cartista, que se consideraba antecedente de una Asamblea Constituyente, lo que implicaba que Inglaterra estaba al borde de una revolución, azuzada por los más radicales, que empezó a reunir armas y enseñar su manejo. Por el lado del gobierno, el viejo Duque de Wellington, tomó juramento a 70.000 policías especiales para acabar con la revuelta, mientras en Liverpool y otros lugares se produjeron choques, mientras en Londres grupos organizados de hombres tenían ya picos preparados para levantar el pavimento y alzar barricadas en las calles de las barriadas obreras al tiempo que incendios sistemáticos. Mientras esto sucedía, el Parlamento recibió las demandas cartistas, pero las rechazó diciendo que “sólo” habían dos millones de firmas, cuatro millones menos que las estimaciones de Ernest Jones.

Mientras en las calles se preparaba el combate…que acabó sin empezar. Uno de los organizadores era un agente secreto del gobierno y en el momento justo denunció la conjura y todos sus miembros principales fueron arrestados, aunque de todos modos no hubiera prosperado…los cartistas no apoyaban la revuelta abierta que sí apoyaban el núcleo duro de obreros y los periodistas radicales.

Pero ahí estaba, lo que certeramente escribió Marx, como muchas otras cosas, en las primeras frases de su célebre obra, el Manifiesto Comunista “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”. Los obreros no tenían suficiente fuerza entonces para imponerse a los burgueses, que los usaban para sus objetivos políticos de derribar a los gobiernos absolutistas que ponían cortapisas a su poder social. Pero el miedo estaba ahí, e iba a determinar la política de los gobiernos europeos frente a la población obrera durante más de un siglo adelante.

 

Y volvió un Napoleón revivido…

 

6

Ledru-Lorrin, republicano “socialista”

En Francia de nuevo, tras los Días de Junio del año 1848, la Asamblea Constituyente, se decidió a crear una constitución republicana, cosa curiosa, teniendo de mandatario a un militar…y en vista de lo acabado de suceder, optó por crear un fuerte poder ejecutivo en manos de un presidente que sería elegido por sufragio universal masculino, y su elección debía ser inmediata, pues podría ser que Cavaignac hiciera como Napoleón y se convirtiera en mandatario por iniciativa propia de Francia…

Existieron cuatro posibles candidatos: el influyente Lamartine, uno de los organizadores primigenios de la Asamblea Constituyente de febrero y republicano “político”, Cavaignac, dictador en funciones, Ledru-Rollin, republicano “socialista”, y…dando la campanada surgió de la nada Luis Napoleón Bonaparte, el sobrino del célebre Napoleón I, dictador francés que dominó con su imperio a media Europa desde el año 1804 hasta el 1815.

Lamartine, como poeta que era, abogaba por una república idealista y con tintes morales, mientras Cavaignac abogaba por una república de orden y disciplina, que fácilmente podía derivar en dictadura, mientras Ledru-Rollin abogaba por unas ideas “sociales” más moderadas que las que tenía Louis Blanc. Cada uno representaba una parte de Francia. Lamartine la burguesía, Cavaignac el ejército y Ledru-Rollin la población proletaria. Pero aún faltaba Luis Napoleón Bonaparte, que había surgido de la nada siendo antes invisible. Luis Napoleón fue el elegido por mayoría, en parte por ser un Bonaparte, y en parte por no haber atacado a los obreros durante los Días de Junio, con lo que era tenido por amigo de los obreros, pero tampoco por haberlos apoyado abiertamente, lo que lo convertía en amigo de la burguesía, mientras el ejército, y toda Francia, recordaba aun con nostalgia la gloriosa Francia de su solemne tío, mientras él defendía el orden en la sociedad…en fin, que ganó Luis Napoleón de una manera apabullante en diciembre del 1848 porque era la síntesis de ideas imposible de Lamartine, Ledru-Rollin y Cavaignac…

Luis Napoleón Bonaparte, nacido en el año 1809, era hijo del rey de Holanda. Al morir su padre el año 1832 Luis se convirtió en el jefe de la familia. En 1836 y 1840, en Estrasburgo y Boulogne, hizo sendos “pustches”, como haría Hitler el año 1923 en el “Putsch” de la Cervecería, seguido de un puñado de seguidores. Fracasados ambos y detenido con la condena de cadena perpetua en Ham, aprovechó la torpeza indecible de sus carceleros y escapó el año 1846 disfrazado de albañil de su prisión para nunca volver, teniendo sólo que atravesar unos descuidados, de guardias, jardines. Revolucionario, hablaba de ideas sociales y políticas avanzadas, y eso, junto con los ““pustches”” y su participación en la revuelta de Italia del año 1830, y su posible formación de carbonario, lo convirtieron en alguien a quien los obreros consideraban su amigo y apoyo social. Escribió dos folletos, y en uno de ellos, La Extinción de la Pobreza, lo convertía en un socialista, pues atacaba el capitalismo, mientras en el otro, Ideas Napoleónicas, defendía la memoria de su tío.

Pero también era enemigo de los anarquistas, y en la primavera del 1848 se alistó a la guardia especial de Wellington para reprimir las protestas cartistas de Inglaterra. Se puede decir que era un hombre lo bastante “flexible” como para un día apoyar a los obreros y el otro a los burgueses con igual fuerza y determinación…o se podía decir que era lo bastante traidor para apoyar a la mañana una idea y denostarla a la tarde del mismo día sin reparo alguno.

Napoleón jamás había sido olvidado. Era una leyenda, mal entendida por mucha gente, empezando por el propio campesinado, que creía que había sido Napoleón quien los había liberado de la servidumbre. El año 1836 se acabó el Arco del Triunfo, revitalizando su figura nunca muerta, y el año 1840 sus restos fueron llevados a Francia desde Santa Elena y fueron enterrados en Les Invalides, en París. Francia era un país donde el gobierno estaba en manos de unos pocos y muchas gentes no tenían más experiencia ni más sentido político que el adquirido durante la revolución. Bonaparte jugaba con las cartas marcadas, sabía que la gente recordaba a su tío, y como sobrino suyo tendría no pocas bazas seguras para ganar las elecciones de diciembre del año 1848. De hecho, era el único de todos los posibles presidentes que la gente conocía, lo que le aseguraba el éxito electoral. Un viejo campesino llegó a decir que cómo no iba a votar a ese señor si a él se había helado su nariz en Moscú, cuando la invasión rusa de la Grand Armée… ¿acaso había confundido a Luis Napoleón Bonaparte con Napoleón Bonaparte? ¿O había fusionado la figura histórica y política del Emperador con la de su sobrino?

Luis Napoleón Bonaparte se había convertido en Presidente de Francia estando ayudado por la Asamblea, como Napoleón Bonaparte se había convertido en el Primer Cónsul de la Convención durante la Revolución Francesa…la historia se repetía. Había ganado la presidencia sobre un militar Cavaignac que se parecía en su proceder contra los revoltosos de junio a un Napoleón Bonaparte

de antaño mientras el sobrino de Napoleón actuaría de un modo mucho más cauteloso que Cavaignac en la consecución de sus objetivos políticos, permaneciendo neutral sin favorecer abiertamente desde el primer momento a este o al otro grupo…se podía decir que cada grupo social, ya fueran obreros, burgueses o militares, veían su líder, pues por su neutralismo inicial parecía gobernar en armonía para todos los grupos.

 

DE LUIS FELIPE A NAPOLEÓN III (1ª Parte). Por Cristófol Miró Fernández

 

 

1El año 1848 el rey que había derribado a Carlos X el año 1830 mediante un revolución, Luis Felipe de Orleans (arriba) caía bajo los signos de otra revolución, fácilmente evitable, para tres años más tarde volver a ver Francia como surgía otra dinastía real en la persona del sobrino del célebre Napoleón Bonaparte, Napoleón III, pero empecemos por el principio…

 

La caída evitable de un monarca

 

El año 1848 Europa ardía en un fuego revolucionario, se daba la Primavera de los Pueblos…hasta en Francia, la cuna de la Revolución Francesa del año 1789. En Francia el monarca, salido de la revolución de 1830, y su ministro Guizot se habían vuelto completamente sordos y ciegos al mundo que los rodeaba, mientras los republicanos se volvían poco a poco socialistas…el socialismo se convertía en fuerza social, y la prueba de ello es que Marx este año hubiera escrito su Manifiesto Comunista, el credo de todo obrero…pero mientras estos progresos iban sucediendo en el terreno de la política, los socialistas iban siendo reprimidos por el gobierno de Luis Felipe de Orleans, que con su ministro Guizot, se negaban a cualquier reforma social al mismo tiempo que en el Parlamento se discutían cada vez menos cuestiones importantes para la ciudadanía francesa. Gobierno y sociedad vivían en mundos completamente diferentes…

Francia era un mundo donde la mayor parte de la burguesía carecía de representación en la Cámara de los Diputados, como sucedía antes del 1789 en el gobierno de Luis XVI, mientras esa misma burguesía era propensa a prácticas poco honradas, como el fraude o el soborno, en un mundo donde cada vez había más industria y más población obrera con deseos de poder dejar oír su voz. La unión políticos-industriales creaban un enorme red de corrupción, y la gente presionó para que se concediera el voto a más personas en vez de dárselo a uno de cada treinta, como se hacía entonces. Asimismo el gobierno se dividía en radicales, jacobinos, y liberales, girondinos. Los radicales pedían el sufragio universal y una república, mientras los liberales, por su unión con el gobierno a causa de representar la industria, deseaban sólo una ampliación de derecho de voto…era en esencia la lucha del pueblo contra la burguesía, y Luis Felipe, y Guizot, bastante cortos de vista, debieran haber apoyado la burguesía contra los radicales, en vez de no apoyar a nadie.

 

El estallido de la revolución en Francia el año 1848.

 

2

Los radicales decidieron provocar al rey organizando un banquete el 22 de febrero del año 1848 en París, acompañado de manifestaciones por las calles…y el rey picó el anzuelo de lleno. Los radicales esperaban levantar la población y traer una república a Francia tras la prohibición del rey de tales actos, que sucedió el 21 de febrero, un día antes de la fecha elegida para el día del banquete.  Encendida la mecha, el incendio se escampó solo, empezando por las barriadas obreras. Había estallado la revolución (arriba, gravado del año 1848).

El rey optó por intentar calmar los ánimos aceptando  la reforma electoral exigida por los radicales mientras en esta partida de ajedrez los radicales movieron ficha organizando una manifestación ante la casa de Guizot. La manifestación provocó una respuesta que acabó de encender el gran incendio. Alguien disparó sobre los guardias que guardaban la casa y estos en defensa propia respondieron al ataque, matando a veinte personas…jaque mate.

Los radicales cargaron los cadáveres de los muertos en carros y los pasearon como mártires ante los obreros de las barriadas obreras, que se enfurecieron y se levantaron en armas. El rey Luis Felipe había perdido la partida y optó por huir de un París que ardía el día 24 de febrero del año 1848…huía al exilio a Inglaterra para salvar la vida ante la furiosa revolución francesa del año 1848. Su miopía política le había impedido llevar a cabo cambios políticos y sociales que hubieran salvado su gobierno en tiempos de paz…

 

El futuro incierto de una Francia sin norte.

 

3

¿Qué destino tenía ahora Francia? No tenía gobierno, y había la opción de la república exigida por los radicales, o republicanos, o ceder el trono al joven nieto de Luis Felipe de Orleans…solución sencilla, entrar armados a la Cámara de los Diputados y forzar la formación de una república…justo lo que hicieron los republicanos. Se podría decir que se había dado un anticipo histórico de la revolución rusa del año 1917, y los obreros podían formar su sociedad utópica en un mundo socialista. Los dirigentes republicanos crearon un grupo rector de diez personas, mientras toda Francia elegía una nueva Asamblea Constituyente. Louis Blanc formaba parte de esos diez hombres, junto con Lamartine, poeta y político.

Los obreros se presentaron ante el Ayuntamiento parisino con las exigencias de que Francia adoptara como enseña la bandera roja socialista, pero Lamartine mostró su talento poético y los hizo  desistir convenciéndolos de que Francia tenía que seguir teniendo de enseña la bandera tricolor…una primera muestra de que una república inspirada por el movimiento obrero no era bien aceptada, y una muestra clara de cómo la clase obrera era fácilmente manipulable, ya fuera por los radicales, ya fuera por republicanos tibios como Lamartine, contrarios al poder obrero erigido en ley.

Había dos tipos de socialistas, los “políticos” y los “sociales”…y los “sociales” estaban en franca minoría en el nuevo gobierno revolucionario. Louis Blanc urgía con urgencia al Gobierno Provisional una reforma social y económica, cosa que los “políticos”, como Lamartine, no deseaban hacer. Louis Blanc deseaba un Ministerio de Progreso para crear unos “talleres sociales”, sostenidos por el Estado y colectivistas que el mismo Blanc había proyectado, un fracaso…todo lo conseguido fue una Comisión de Trabajo y unos talleres llamados “nacionales”, que jamás compitieron con la empresa privada para no descoyuntar la economía francesa. Talleres de escasa importancia, eran más que nada un compromiso político para no provocar una auténtica insurrección obrera que derribara el poder de la burguesía. La nueva república francesa, temerosa de los obreros y su poder, no se negaba a escucharlos abiertamente pero los marginaba de un buen principio para que jamás consiguiera dominar en campo alguno de la naciente república francesa…de hecho deseaban ser una muestra palpable de como el socialismo era imposible de aplicarse en la realidad fuera de las utopías socialistas, mientras tanto fue incapaz de conseguir la jornada de diez horas, establecida por Inglaterra el año 1847…

 

Los obreros reaccionan.

4 


  Louis Blanc, socialista utópico y republicano “social”.

La revolución de febrero estalló en un clima social donde el paro era un hecho innegable en Francia. Los talleres nacionales eran un modo de ayudar a los parados a sobrevivir a este hecho pagándoles dos francos diarios mediante su trabajo en carreteras u otros medios, donde se juntaban los brazos de gentes cualificadas y no cualificadas…sin esta situación de crisis quizá los radicales no hubieran podido excitar los ánimos ya revueltos de las barriadas obreras para derrocar al rey, como en la Holanda del siglo XVI o la Francia del 1789…

El año 1847 había sido un año de crisis y depresión, y la revolución sólo desestabilizó más las cosas de lo que ya estaban, pues impedía que los negocios recobrasen la confianza, pues el clima político no era estable ni propicio para la industria. Los talleres nacionales se quedaron pequeños muy pronto para el aluvión de parados reconocidos que afluyeron en busca de trabajo, de 25.000 parados a mediados de marzo a 200.000 en junio, en una ciudad de un millón de habitantes… ¡una quinta parte de su población total estaba trabajando en los talleres sociales porque estaba en el paro!

La situación era ciertamente explosiva en París y Francia…y los republicanos eran claramente de tendencia anti socialista.

La Asamblea Constituyente se reunió el día 4 de mayo en París. El Gobierno Provisional cedió su poder a una comisión ejecutiva temporal, hecha por sus propios miembros. Esta comisión había dejado de lado a los republicanos “sociales”…había traicionado a los obreros, los mismos que habían ayudado a derribar el gobierno de Luis Felipe de Orleans meses antes. Ignorar a los republicanos “sociales” era una declaración anti socialista por parte de una sociedad donde la burguesía provinciana y los terratenientes se negaban a llevar a cabo una revolución obrera que destruiría su poder social. Tenía a su cabeza a un grupo de cinco miembros, y su máxima figura era Lamartine, enemigo declarado de Louis Blanc. En definitiva, la burguesía se enfrentaba y excluía a los obreros del gobierno, lo que constituía un error por parte suya, pues estos obreros se habían dado cuenta del alcance de su poder social, pues habían expulsado a un rey de su trono, y temían por su futuro…nadie les garantizaba que se no clausuraran los talleres nacionales…

París volvió al año 1792, junto con Francia entera, entre un país que no deseaba una revolución y un París que la deseaba de un modo ardiente. Los revolucionarios deseaban liberarse de una política lenta y parlamentaria y abogaban por la acción directa y radical, pero había ciertas diferencias…el año 1792 la población obrera no era tan grande como en el París del 1848, un mundo industrial donde los obreros padecían los mismos males de la Inglaterra contemporánea, pero en Inglaterra el gobierno era eficiente mientras Luis Felipe y Guizot vivían desconectados de la realidad que los rodeaba. Francia no pudo aplicar la jornada de diez horas que Inglaterra había aplicado el año 1847 y sus salarios eran más bajos que en Inglaterra, el paro era un mal común a ambos países, como la conciencia clara que la sociedad industrial no ofrecía futuro alguno a los obreros que ayudaban a levantar tal sociedad. Otra diferencia era que el obrero inglés no era propenso a violar los poderes del Parlamento, mientras que en Francia tal violación de la ley no era vista como algo tan terrible, de hecho el ascenso de los jacobinos el año 1792 y el asalto a las Tullerías fue un asalto al poder en toda regla, una violación de toda legalidad vigente, un auténtico golpe de estado contra los girondinos llevado a cabo por el pueblo desesperado encabezado por los jacobinos…se puede decir que en Francia la violencia era también parte intrínseca de la vida política.

Había dos adversarios frente a frente, la Asamblea Constituyente y los hombres de los Talleres Nacionales, burgueses y terratenientes contra obreros, una lucha de clases que estaba a punto de estallar con toda su fuerza, como en la Comuna de París del 1871. Los Talleres Nacionales habían reunido a millares de hombres, los habían reunido para trabajar y lo más importante, para poder llevar a cabo una acción conjunta organizada para conseguir sus objetivos sociales. Los mismos creadores de estos Talleres Nacionales crearon las bases para la guerra que estaba a punto de librarse sin darse cuenta. Los agitadores decidieron aprovechar el descontento común que había surgido entre aquellas gentes al ver que la Asamblea Constituyente los había apuñalado por la espalda y usaron todo este resentimiento para asaltar la Asamblea Constituyente el día 15 de mayo con toda la fuerza de aquellas gentes desesperadas y resentidas. Los miserables volvían a ser las piezas de ajedrez del tablero de la política que llevaban a cabo los ambiciosos que ansiaban llegar a él por cualquier modo.

Pero la Asamblea Constituyente no estaba indefensa como los girondinos, sino que estaba preparada como la Convención ante cualquier contratiempo que los entorpeciera. Ante la amenaza real de llevar a cabo una auténtica revolución al estilo jacobino, la Guardia Nacional hizo frente a los sublevados y restableció la Asamblea Constituyente. Habían ganado una batalla, pero las medidas que siguieron después hicieron que literalmente París estallara…porque no se les ocurrió otra cosa que la que los obreros temían, disolvieron los Talleres Nacionales, condenando al hambre a todos los que trabajaban en ellos…eso sí, les dieron tres alternativas, o unirse al ejército, ir a trabajar a talleres provinciales o ser expulsados de París, siendo idénticas las segunda y tercera opción.

Los obreros se organizaron para resistir. La Asamblea Constituyente había demostrado que sólo los había usado para llegar al poder, pero que no los quería ayudar, sólo utilizar. La respuesta de la Asamblea Constituyente aun hizo crecer más el incendio, pues declaró la ley marcial, la comisión ejecutiva dimitió y se estableció la dictadura militar bajo el mando del general Raviallac y el ejército. No había duda, ahora, de que los obreros eran despreciados e iban a ser reprimidos por u militar, sólo cabía una revuelta abierta, y París ardió en llamas…