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MANUEL DE GODOY (2ª Parte). Por Cristófol Miró Fernández


Carlos IV era un hombre incapaz de distinguir entre amigos y enemigos, y Godoy recuerda como cada noche le preguntaba por lo que había hecho por sus súbditos aquel día. Ello implica que era un hombre que se preocupaba por el reino y sus habitantes, un punto a su favor, pero, como todos los Borbones, salvo Carlos III, que había enviudado el año 1758, un año antes de llegar al trono español, que jamás se volvió a casar aunque si se hubiera vuelto a casar su propio carácter fuerte e independiente, muy similar al fuerte carácter propio de Felipe II, le aseguraba independencia de criterio con respecto a sus ministros, de hecho, era él quien siempre tomaba las últimas decisiones y lo más importante, las mantenía hasta el final (en un símil de la dinastía Austria precedente, Carlos III era un Carlos I y un Felipe II mientras el resto de los reyes de su dinastía, incluida Fernando VII e Isabel II en el siglo XIX, eran personajes débiles de la talla de Felipe III, Felipe IV y Carlos II) su mujer tenía un gran poder sobre él y lo dominaba.

Carlos IV y María Luisa de Parma eran a su vez víctimas y verdugos. La elección de Godoy tuvo como motivo principal, como ya se dijo al inicio de este trabajo, la necesidad de tener un apoyo frente a la presión que padecían por parte de golillas civiles y miembros del ejército para poseer en exclusiva la voluntad real y dominar la política española. Vemos aquí los mismos elementos que determinaron la elección de Johann Everard Nithard y a Don Fernando de Valenzuela bajo el gobierno de la regente Doña Mariana de Austria y Don Carlos II a fines del siglo XVII, mientras el papel de Don Juan José de Austria lo protagoniza el Príncipe de Asturias, el futuro rey Fernando VII. Vemos, en pocas palabras, como a finales del siglo XVII, el final caótico de la dinastía Austria precedente a la borbónica…y aun más, Napoleón Bonaparte hace la réplica de Luis XIV y su hermano José de Felipe V…la historia se repite con distintos protagonistas, pero los sucesos pasan de un modo idéntico…salvo que aquí Fernando VII, recupera el trono de España el año 1814, lo que rompe la copia exacta de los hechos acaecidos a finales del siglo XVII y los acaecidos a finales del siglo XVIII.

Carlos IV, un inexperto entonces, y siempre, Príncipe de Asturias y rey posterior, bajo el gobierno de su padre Carlos III había sido usado por el bando aragonés, contrario a los golillas, para derrotar a los golillas, en lo que era una lucha entre reformistas y conservadores. No en vano su padre le dijo una frase que decía “un navío con velas encontradas no camina”, con lo que quería decirle que si la monarquía se enfrentaba entre sí, entonces el país se hundía en el caos y el desgobierno absoluto.

Con su hijo Fernando VII pasó exactamente lo mismo y Fernando VII fue usado por una nueva generación de “aragoneses” civiles y militares para deshacerse de Godoy. Azuzado por los celos hacia Godoy y por el odio a sus padres, llegó al extremo de querer dar un golpe de Estado en el año 1807…en esta ocasión el navío tenía las velas tan encontradas que no se movió del sitio donde estaba, se quedó varado y una tempestad llamada Napoleón Bonaparte lo hundió bajo el mar.

¿Qué podemos observar aquí, en este proceso de enfrentamiento interno de la monarquía que acabó destuyéndola? La lucha entre reformista y conservadores para dominar la política y a los reyes usando de caballo de Troya al propio príncipe sucesor al trono borbónico, lo que imposibilitaba que la familia real estuviera unida entre sí y pudiera afrontar las dificultades que España pasaba tanto en su interior como en su exterior.

¿Qué España recibió como herencia Carlos IV al suceder en el trono a su padre Carlos III? En apariencia era un reino fuerte, con una economía consolidada, unas medidas reformadoras llevadas a cabo por sus ministros que aseguraban que todo funcionara correctamente, una industria y un comercio que reportaba beneficios al Estado…un país en buen Estado y próspero, en pocas palabras, pero detrás de la mayor de las glorias se puede esconder el germen de la peor crisis que puede hundir toda esta imagen de esplendor, y en muy poco tiempo, unos años apenas…

Ante todo hablemos de Carlos III, nacido en 1709 en Madrid, durante la Guerra de Sucesión, era un hombre que sorprendía a quien lo conocía, y de un modo positivo. Llegado al trono el año 1759, a la edad de cincuenta años de edad, viudo el año 1758 y nunca de nuevo casado, era el Borbón gigante entre todos los Borbones enanos que lo habían precedido en el trono. Traía de su paso por el trono de las Dos Sicilias una fama de buen gobernante…y no sólo eso, también se trajo ministros de confianza, como el siciliano Leopoldo di Gregorio, marqués de Esquilache, que fue expulsado de España y del gobierno el año 1766 tras el célebre Motín de Esquilache (1732-1795), pensado e inspirado por Zenón de Somodevilla, Marqués de la Ensenada (1702-1781), que a su vez había sido expulsado de los cuatro cargos políticos que ostentaba, célebre por su catastro que dio luz por primera vez a una idea aproximada de la población española a mediados del siglo XVIII, entre los cuales se encuentra el Secretario de Marina, por los ingleses por mandato real de Fernando VI el año 1754, pues suponía un peligro para Inglaterra con su programa de construcción naval de una flota poderosa que compitiera con la inglesa en la carrera por el dominio mundial que por entonces ya existía en el mundo, en el que los principales protagonistas eran los ingleses, los franceses y los españoles, y que, como heredero de José de Patiño (1666-1736), estaba dispuesto a llevarla hasta el final y poner en entredicho la supremacía naval inglesa mundial.

 

“esto está hecho, mi querido Keene, por la gracia de Dios, el rey y la reina y mi bravo duque y cuando leas esta nota, el mogol estará a cinco o seis leguas camino de Granada. Esta noticia no desagradará a nuestros amigos en Inglaterra. Tuyo, querido Keene, para siempre, Dik. A las doce de la noche del sábado”

 

Wall a Keene, 20 de junio del 1754, Private Correspondence of Sir Benjamin Keene, p.38.

 

Carlos III era un rey con una personalidad muy marcada. Era, como Felipe II, un rey que tomaba las decisiones importantes por sí mismo, no sin el consejo y ayuda de sus muy sabios ministros, pero sí que la decisión final la tomaba él y no la cambiaba ante ningún tipo de presión, si no era muy fuerte u organizada. La diferencia entre un rey débil y un rey con un carácter fuerte es que quien domina a los Consejos es el rey en caso de ser fuerte y los Consejos dominan al rey en caso de ser débil…los Consejos y las potencias extranjeras, que como en la época de Fernando VI, veían amenazado su poder por el aumento de la flota española de mano del Marqués de la Ensenada, como ya se dijo anteriormente.

¿Qué implica que el rey tenga ministros extranjeros, como Felipe V tuvo a Jean Orry en finanzas o Carlos III tuvo a el Marqués de Esquilache y Grimaldi, ambos sicilianos? Implica que el rey puede hacer derivar sus intereses, por consejo de estos ministros, hacia intereses que no sean los deseados por la nobleza española natural del reino o que lo apoyen en políticas reformistas o de otro talante no deseadas por esta nobleza, pues una reforma de un soberano absolutista tiende a incidir siempre en una mayor concentración de poder en manos del monarca para dominar mejor el gobierno y la maquinaria del mismo.

De hecho, gran parte de la lucha del reinado de Carlos III y Carlos IV se basa en la lucha entre reformistas y tradicionalistas. El año 1766 Madrid de iba convirtiendo en una ciudad industrial, con un tejido industrial importante, básicamente nutrido de mendigos y vagos, que odiaban tal sistema de trabajo por explotador y cruel. Del mismo modo este colectivo de vagos y mendigos suplían de obreros a los astilleros que construían la flota española. En ambos lugares se consideraban poco menos que esclavos y urdían complots y motines para matar a los guardias y fugarse, complots y motines que contaban a los sacerdotes y estos los contaban a las autoridades pertinentes, que los desarticulaban rápidamente y castigaban a quienes los urdían. Detrás de todos estos motines y complots estaba la actitud de los ministros borbónicos que consideraban que los mendigos y los vagos eran gente que se había acostumbrado a vivir de la sopa boba de los conventos y de la limosna de la buena gente que la daba. Eran considerados,  improductivos y ociosos, y el gobierno ilustrado de Carlos III deseaba erradicarlos para convertirlos en trabajadores que dieran riqueza a la nación mediante su trabajo en fábricas estatales, básicamente textiles.

El año 1766 estalló el motín de Esquilache, impulsado de un modo indirecto por Zenón de Somodevilla, Marqués de la Ensenada, derribado por los ingleses del poder el año 1754, y relacionado tanto con las malas condiciones de vida que padecía la gente humilde como con la lucha entre reformistas y conservadores, los reformadores que mediante la reforma del Estado querían modernizar España y reforzar el poder de la monarquía borbónica, y los conservadores que sabían que si esto pasaba perderían poder político.

El Estado borbónico era ante todo un Estado militarista, y la Guerra de los Siete Años no había sido especialmente brillante para España. En general, los jefes militares españoles, miembros de la nobleza, eran conocidos por su ineptitud y arrogancia a la hora de entrar en batalla. Los ingleses llegarían a decir que “los españoles son infinitamente más difíciles de tratar como aliados más que como enemigos”, poniendo esto en relación con la escasa ayuda que darían a los ingleses en la lucha contra Francia negándose entre otras cosas a arriesgar su flota en combates navales al lado de los ingleses, en parte por puro sentido común, pues a fines del siglo XVIII no había con qué reponer la flota dañada en una batalla naval por los pocos caudales que el gobierno tenía para hacerlo y por la avanzada edad de los navíos militares españoles, y en parte por que era más seguro tener la flota cerca de una ciudad portuaria pues había menos posibilidades de ser atacada por el enemigo. Esto se vería claramente el año 1805 en Trafalgar, cuando la flota entera, en conjunción con la francesa, fue aniquilada por los ingleses bajo el mando de Lord Nelson, que moriría allí, junto con la muerte gran parte de los 6.000 marinos que componían la flota española, una pérdida mucho más luctuosa que la de los navíos, pues son vidas humanas, irreemplazables.

Esquilache había dado a elegir al rey o mantener una guerra, la de los Siete Años, y matar al pueblo de hambre o alimentar al pueblo hambriento. Carlos III eligió la guerra, y de esta mala decisión del rey quien salió perjudicado fue su ministro en vez del rey que envió las tropas a la guerra, lo que ocasionó que hubiera una inflación de precios de productos básicos, lo que aumentó el hambre del pueblo ya hambriento por naturaleza.

Si a esto unimos un pueblo hambriento que ha visto como la guerra sólo ha sido un desastre, con perdidas de vidas humanas de miembros de su colectivo, el aumento de impuestos para sufragarla, el hambre subsiguiente a la inflación de precios entre el pueblo y la oportunidad de los sectores conservadores para deshacerse de la política reformadora real y de Esquilache, para más motivación posible un extranjero siciliano, entonces el motín de Esquilache adquiere toda la dimensión de una crisis social en toda regla.

La excusa oficial fue que Esquilache había prohibido las capas que tapaban la cara completamente y los sombreros de tres picos, prendas usadas por los majos y los embozados, y en general por el pueblo llano, el mismo pueblo que padecía con toda crudeza los efectos combinados de las malas cosechas, el hambre, la inflación de precios, la pobreza cotidiana y las pérdidas de vidas de hombres en la desastrosa Guerra de los Siete Años.

Pero hubo otra víctima colateral del motín social: la industria naciente. Madrid, como ya se ha dicho, era una ciudad donde se desarrollaba una industria naciente, básicamente textil, y por lo tanto había una gran concentración de población obrera en la capital. El hecho que los obreros consiguieran aterrorizar al propio rey y al propio gobierno fue un hecho que desincentivó toda la iniciativa de crear un tejido industrial sólido, pues demostró que el pueblo unido podía enfrentarse al gobierno de un modo exitoso y conseguir que cediera en su política. En este motín las cifras hablan claro: en este motín se reunieron 15.000 y la cifra final de población reunida en la Puerta del Sol, el 24 de marzo, fue de 20.000-30.000 personas.

En definitiva, Esquilache, fue expulsado del cargo, mientras el rey, que huyó aterrorizado ante las masas enfurecidas el día 25 de marzo y había abandonado a la guardia de palacio a su suerte y murieron 19 de ellos a manos de los rebeldes que asaltaron Aranjuez al comprobar como el rey rehuía hablar con ellos, tuvo que ceder ante la multitud furiosa el día 26 de marzo.

 

¿Fue un levantamiento popular? No. Lord Rochford habla que la nobleza no se vio amenazada, lo lógico si fuera un levantamiento popular espontáneo que fuera contra la misma, y el hecho de que Campomanes hubiera decidido el año 1762 desamortizar las tierras de la nobleza fue un golpe para sus privilegios, y que Zenón de Somodevilla hubiera sustituido a Esquilache hubiera satisfecho a los jesuitas. La nobleza no aceptaba ser mandada por abogados como Esquilache, Campomanes, Moñino y Roda, y provinciales por añadidura.

 

“Cuando uno considera el gran orden con que se desarrolló, el desprecio que toda la gente mostraba hacia el dinero que les ofrecían, la claridad de sus ideas, afirmando que su principal objetivo era acabar con Esquilache y con el elevado precio del pan, y que la orden sobre los sombreros sólo era el pretexto, no hay lugar para la duda de que algunos de los grandes más importantes y los máximos representantes de la ley estaban detrás de todo el asunto.”

 

Rochford a Conway, Madrid, 31 de marzo a 5 de mayo de 1766, PRO, SP 94/173

 

El diciembre del año 1766 la Corte volvió a Madrid y promulgó un perdón general…¿general? Falso, en absoluto fue un perdón general hacia quien actuó en aquel motín contra la corona. El hecho de recluir a los vagos en hospicios por orden real e impedir que recibieran ayuda en forma de limosnas y sopa boba, que los jesuitas fueran expulsados de España al año siguiente y que muchos sacerdotes sobrantes fueran reenviados de nuevo a su respectivas diócesis y obispados dista mucho de ser un perdón general y se parece más a una represión atenuada para no hacer explotar una revolución social general que costara el trono y la vida al rey Carlos III. Carlos III se vengó de la afrenta, a pesar de que en un principio puso tierra de por medio para salvar la piel ante la masa furibunda y los nobles tradicionalistas. Era una afrenta al poder absolutista real, y esto significaba que si no sabía que había pasado y quienes eran los culpables su poder y prestigio internacional se verían dañados en Europa sin remedio. Los cargos que Esquilache ocupaba fueron entregados a Juan de Muniain (Guerra) y a Miguel de Múzquiz (Hacienda), ambos expertos administradores pero no miembros de la a nobleza tradicionalista, con lo que la nobleza se vio de nuevo desairada.

Acto seguido tropas llamadas por Carlos III se acantonaron en Madrid y detuvieron a todos los vagos de la ciudad y conducidos a un hospicio mientras se prohibía dar limosna a los religiosos y otros religiosos eran enviados fuera de Madrid. Así se desactivaba de un modo automático tanto la fuerza popular que amenazó el poder real como a los sectores tradicionalistas que lo apoyaron durante el motín de Esquilache.

Poco después le tocó recibir, fueran o no culpables, a los jesuitas, amigos de Ensenada. La victoria del motín hubiera supuesto que hubieran vuelto de nuevo al poder y que a través de ellos dominarían al rey la nobleza tradicionalista contraria a sus reformas. Poco después serían expulsados de España y Portugal en una política de reforzamiento de poder real, pues los jesuitas eran partidarios del Papa y Carlos III aspiraba a tener más poder absolutista, lo que pasaba por controlar ante todo la iglesia española y hacer descender la fuerza del poder papal en España. Cómo en el caso de la Orden del Temple en el siglo XIV en Francia y los reinos ibéricos, ellos fueron las víctimas de la lucha por el poder entre el Sumo Pontífice romano y el rey borbónico español y el rey luso, por idénticas razones.

Pero el motín se había dado por otras razones, y una de ellas era el hambre, derivada de la sequía, los altos impuestos, la inflación de precios y la Guerra de los Siete Años (1756-1763) europea. No sólo hubo motines de hambre en Madrid, sino en muchos otros lugares del reino, pero lo que atizó a estos motines con más fuego fue el motín de Esquilache en Madrid. Tras este surgieron todos los demás que fueron tan radicales que hubieron de ser reprimidos por el ejército, pero consiguieron su objetivo: los precios de los alimentos bajaron, aunque en Zaragoza, por ejemplo se cobraron la vida de once personas que fueron ejecutadas a raíz de estos motines del hambre popular.

Los jesuitas eran una orden muy rica. Pecado terrible en una sociedad y una época donde las guerras eran muy costosas de mantener y el gobierno muy belicoso. Aparte de esto eran papistas, como ya se dijo antes, con lo que por un lado tenían mucho dinero que el rey deseaba poseer y por otro no le eran tan fieles a su personas como él deseaba que fueran, aunque no le eran ciertamente desafectos, tenían voto de fidelidad al Papa, y eran partidarios de los sectores tradicionalistas de la Corte, contrarios a las reformas borbónicas. Aquí se hallan los tres pecados capitales que los hicieron ser expulsados de España. La iglesia la formaban unas 15.000 personas sobre una población total de 10’5 millones de habitantes, y las órdenes a las que pertenecían no eran precisamente pobres y desorganizadas, pero la orden jesuita, en una segunda edición de los templarios, estaba mucho mejor organizada que el resto, era más rica y era fiel al Papa. La copia exacta de la Orden del Temple, como ya se dijo anteriormente, y no sólo el rey deseaba su riqueza y propiedades, también las deseaban las restantes órdenes, que tras su desaparición saquearon y se apropiaron de sus bienes repartiéndoselos entre ellas, sumando a estos repartos las cátedras universitarias que poseían los jesuitas.

El año 1767, la noche del 21 de marzo, del modo más cobarde, fueron levantados de sus camas los monjes de la Orden a punta de bayoneta, metidos en carruajes del modo más rápido posible y enviados en barcos a América bien aprisa, ante la tibieza de la iglesia en general deseosa de lanzarse como buitres sobre sus riquezas, posesiones y cátedras universitarias. Fue una maniobra cobarde y sumamente tiránica de un rey que no quería que nadie le hiciera sombra en su poder absolutista y se merece un justo reproche.

Goya self-portraitGoya pintando

GOYA, SU PINTURA Y SU TIEMPO. DOCUMENTAL. Por Jesús García Moreno.

Francisco Goya y Lucientes

 

Goya autoretrato(1790-95() Real Academia de San Fernando (Madrid)

 

 

En este completísimo Documental, magistralmente elaborado y comentado por profesores de Historia del arte y de Historia de España,   de diversas universidades británicas, podremos apreciar  la biografía humana de Goya, sus vicisitudes, sus éxitos y fracasos, sus enfermedades, que le llevaron a  una sordera prematura, y, de forma paralela, cómo estas fueron influyendo en su pintura,  en su imaginación y en la evolución que aplicó a   su pintura con tal de alcanzar las formas, colores e imágenes  que quería representar desde su interior más sincero y desnudo. Este trabajo es muy importante para comprender a Goya sus antecedentes y referencias pictóricas, su evolución y las influencias que desde  su estilo  emanaron impulsando  a la pintura contemporánea de finales del siglo XIX y primeros del XX. Por Jesús García Moreno

 

El tío Paquete (1820)

 

EN RECUERDO DE RAFAEL ALBERTI, EN EL 110 ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO. Por Jesús García Moreno.

Vídeo: EL mar, la mar…recitado por Rafael Alberti

 

 

Vídeo: Rafael Alberti un poeta de su tiempo, comentado por Luis García Montero

 

 

Rafael Alberti Merello, nació en el Puerto de Santa María (Cádiz) el 16 de diciembre de 1902, de una familia de origen italiano que se dedicada al negocio del vino en Cádiz y murió el 28 de octubre de 1999.

Comenzó sus estudios en el colegio de jesuitas San Luis Gonzaga. EL ambiente ultra religioso y la férrea disciplina chocaron con el espíritu del joven, que acabó siendo expulsado en 1916 por mala conducta.

En 1917 se trasladó junto con su familia a Madrid, allí se decidió por la práctica de la pintura, su principal actividad hasta 1923.

En 1920 falleció su padre. Ante su cuerpo yacente, Rafael escribe sus primeros versos.

Una afección pulmonar le obliga a trasladarse a San Rafael, en la sierra de Guadarrama. Allí desarrolla su inquietud poética que quedaría plasmada en el Poemario “Marinero en tierra” (1924).

Restablecido de su lesión pulmonar regresa a Madrid donde frecuenta la Residencia de Estudiantes rodeándose de otros poetas como Federico García Lorca, Pedro Salinas, Jorge Guillen, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, entre otros jóvenes que acabarían conformando el grupo poético más importante de la literatura española del siglo XX.

En 1925 con “Marinero en tierra” obtuvo el Premio Nacional de Literatura “ex aequo” con Gerardo Diego.

En 1927, aquel grupo de poetas decidieron, coincidiendo con el tricentenario de la muerte de Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 1561-1627) [1] en el Ateneo de Sevilla. De aquel acto surgió la llamada Generación del 27.

Rafael Alberti decidió implicarse de lleno en la política al final de la dictadura de Primo de Rivera, apoya el advenimiento de la II República Española y se afilia al Partido Comunista.

Junto con María Teresa León Goyri[2] (Logroño, 1903-Madrid 1988) su compañera de por vida.

Junto  a su compañera,  y otros intelectuales, contribuyeron a la salvación del Museo del Prado junto a  otros edificios emblemáticos de Madrid bombardeados  por la Legión Cóndor, enviada por Hitler en apoya del general golpista Francisco Franco.

Rafael Alberti, en conmemoración del acontecimiento, escribió el drama  “Noche de guerra en el Museo del Prado”.

Trasladado a Valencia, junto a otros intelectuales como León Felipe y Antonio Machado, celebraron en esa ciudad, en Madrid y Barcelona, en julio de1937, el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura[1].

EL final de la Guerra Civil, supuso el exilio, junto a su compañera María Teresa León, primero en Francia, de donde tuvieron que huir al ser acusados de comunistas peligrosos por el régimen del Mariscal Petain. Llegaron a Buenos Aires en 1940, en Argentina les nación su hija, Aitana. Desde 1963 establecieron en Roma. Durante esa etapa viajaron por Rusia, Europa, América y China. Regresarían a España en 1977. Año en que fue elegido diputado al Congreso por el Partido Comunista. Renunciando posteriormente a su escaño.

A partir de ese año se dedica con fervor a su labor literaria, se prodiga en recitales, conferencias, homenajes en olor de multitud. No llegó a ser admitido en la Academia de la Lengua pero obtuvo el Premio Cervantes en (1983), aunque previamente (1983) había renunciado al Premio Príncipe de Asturias, por sus convicciones republicanas.

 

El 28 de octubre de 1999, fallece en su casa de El Puerto de Santa María, su villa natal. Sus cenizas fueron esparcidas en su mar, aquel que le inspiro a través de la nostalgia por su ausencia, su obra “Marinero en tierra”.

 

 

Su poesía es “popular” -según Juan Ramón Jiménez-, “pero sin acarreo fácil, personalísima, de tradición española, pero sin retorno innecesario, nueva, fresca y acabada a la vez, rendida, ágil, graciosa, parpadeante: andalucísima”. La etapa neogongorista y humorista de Cal y canto (1926-1927) marca la transición de este autor a la fase superrealista de Sobre los ángeles (1927-1928). A partir de entonces, y tras afiliarse al partido comunista, su obra adquiere tono político. Este giro le lleva a considerar

su obra anterior como un cielo cerrado y una contribución irremediable a la poesía burguesa.


[1]   Luis de Góngora y Argote ( Córdoba, 1561-1627)   poeta y dramaturgo del barroco español del  Siglo de Oro , Fue el máximo  exponente de la corriente literaria denominada culteranismo o gongorismo. Su obre fue estudiada  e imitada, a lo largo del tiempo, como si de un clásico latino se tratara.

[2] María Teresa León Goyri, Estudió en la Institución Libre de Enseñanza, fue licenciada en Filosofía y letras, De clara vocación progresista, fue escritora de novelas, obras de teatro, poesía y articulista, glosadora de temas sociales, culturales y en defensa de la mujer. Fundo, junto a Rafael Alberti, las revistas Octubre (1933) y ya en plena guerra civil El Mono Azul.

[3] La Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura, creada en el 30 de julio de 1936,  fue una organización de carácter civil. Sus antecedentes directos se deben buscar en Paris (1935) dónde se constituyó, con la participación de algunos intelectuales españoles, la Asociación Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura, de la que su homónima española se creó como sección…

En el congreso de julio del 37 en Valencia participaron escritores como Antonio Machado, León Felipe, Pablo Neruda, Nicolás Guillen, Ernest Hemingway, Cesar Vallejo, Raúl González Tuñón, Octavio Paz, André Malraux, Luis Aragón, entre otros.

Vídeo: Enrique Morente interpreta a Rafael Alberti

 

Vídeo: Entrevista en TVE a Rafael Alberti

Bibliografía:

-Antología del grupo poético de 1927, Edición de Vicente Gaos, actualizada por Carlos Sahagún. Cátedra Letras Hispánicas,Ediciones Cátedra(Grupo Anaya, Madrid, 2001

-Wikipedia

-Página web www.cerrvantes

Vídeos:

Entrevista subido por sleeperawake22

El mar, la mar… recitado por R.ALberti , subido por juanelotv

Rafael Alberti un poeta de su tiempo, subida por cedecom