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LA GUERRA DE SECESIÓN NORTEAMERICANA. Por Cristóbal Miró Fernández

La Guerra de Secesión norteamericana que sacudió los Estados Unidos entre el 1861 y 1865 tuvo como excusa oficial la abolición de la esclavitud de los Estados esclavistas del sur, pero esta excusa tan simplista no puede esconder que tras este conflicto no hubo tan sólo una excusa humanitaria, sino que fue mucho más complejo. Este trabajo tiene por objetivo el explicar lo mejor posible la razón que llevó al estallido de este conflicto donde hubo batallas del calibre de Waterloo, pues por ejemplo en Gettisburg llegaron a luchar 300.000 hombres y morir más de 50.000 de ellos en la batalla cercana a la pequeña ciudad de Gettisburg, que contaba con 3.000 habitantes en 1865. Hubo tantos muertos que el gobierno de Washington pagó a todos los vecinos de Gettisburg para que ayudara a enterrar a los muertos cavando las fosas para mete dentro los cadáveres esparcidos por doquier…una nota terrible sobre el infierno de muerte y fuego que allí ocurrió.

¿Pero porque se llegó a esta guerra devastadora? Todo proceso histórico ha de verse en perspectiva hacia atrás y hacia delante unos ciertos decenios antes, pues es fruto de las características sociales, políticas, económicas, etcétera, del mundo que lo generó, y asimismo crea consecuencias según el azaroso devenir de la Historia que influyen en el futuro que ahora tenemos y vivimos.

Primero habría que buscar estas razones en el desigual desarrollo del norte y del sur de los Estados Unidos de América. El sur abastecía de algodón a las fábricas de Lancashire, Inglaterra, y era esclavista. El norte era industrial y era el destino de gran parte de los inmigrantes europeos que afluían en los Estados Unidos para mejorar su nivel de vida y salir de la pobreza. Aquí haría falta recordar las palabras de Alexis de Tocqueville en 1830, uno de los cinco célebres miembros de la École de Chartres, creada el 1820, de la cual formaba parte el célebre filósofo positivista August Comte, cuando dijo que en cien años, Rusia y Norteamérica, que entonces contaba ya con 31 millones de habitantes, serían unas potencias mundiales.

Pero remontémonos a inicios de siglo XIX, que es donde subyacen todos los factores que determinarán el final estallido de ese terrible conflicto armado, sin olvidar los datos ya referidos, pues ambos están íntimamente relacionados entre sí, pues ambos son causa y efecto de tal tragedia y, como ya referí antes, de su devenir histórico posterior.

Primero hablemos del tipo de unión que constituían estos Estados. Eran unos Estados con una capital federal, Washington D.C., pero con la peculiaridad que si lo decidían podían retirarse de esta unión y crear un estado propio separado del resto de socios que formaban los Estados Unidos. Y aquí viene el primer problema. Desde el inicio del siglo XIX hasta el 1860, cuando Lincoln fue elegido presidente, fue creciendo en el norte la idea de que los Estados Unidos debían unirse más fuertemente y jamás desunirse, mientras en el sur los diversos Estados consideraban que tenían derecho a considerarse libres si lo estimaban necesario. Cabe ver en esto sucesos el reflejo de los hechos de Europa del 1830 y del 1848 y sus revoluciones consiguientes, pues los Estados del sur se consideraban diferentes del norte, mientras los estados del norte no aceptaban que se quisieran separar del cuerpo del que formaban parte bajo ningún concepto. De hecho, cabe pensar que el sur pensaba que norte y sur conformaban ambas civilizaciones se consideraban diferentes, con caracteres sociales y tipos culturales completamente diferentes y ajenos entre sí.

 

El yankee y el virginiano son dos seres muy distintos, no simpatizan mucho entre sí, y con frecuencia están en desacuerdo (…)

El virginiano de pura raza es abierto, cordial, expansivo; hay cortesía en sus maneras, nobleza en sus sentimientos, grandeza en sus ideas; es el digno descendiente del gentleman inglés. Rodeado desde la infancia de esclavos que le libran de todo trabajo manual, es poco activo, incluso perezoso. Es generoso y pródigo (…). Cuando la cosecha de algodón ha sido buena y los precios sólidos, convoca a todo el mundo, salvo a los esclavos de sus tierras, a disfrutar de su opulencia, sin preocuparse mucho de cómo será la próxima cosecha. Practicar la hospitalidad es para él un deber, un placer, una satisfacción. Al modo de los patriarcas de Oriente o de los héroes de Homero, para agasajar a un huésped que la Providencia le envía o que le recomienda un viejo amigo, pone un buey en el asador y riega tan sustancioso almuerzo con vino de Madeira que exhibe tan orgulloso como a sus caballos (…).

Por el contrario, el yankee es reservado, concentrado, desconfiado; es de humor pensativo y sombrío, pero uniforme; su porte carece de gracia, pero es modesto, aunque sin bajeza; su primer contacto es frío, a menudo poco transparente; sus ideas son estrechas, pero prácticas; posee el sentido de lo que es conveniente, pero no de lo que es grandioso. Carece de la menor predisposición a lo caballeresco, y sin embargo, es aventurero y goza con la vida errante (…). El yankee es la hormiga trabajadora, es industrioso, sobrio, ahorrativo (…). Su casa es un santuario que no abre a los profanos; es poco hospitalario, o, más, bien, dispensa raramente la hospitalidad, pero, cuando la concede, es de forma generosa (…). Para ser hombre de Estado le falta esa largueza de espíritu y de corazón que mueve a comprender y amar la naturaleza del prójimo (…). Es un encarnizado individualista que lleva hasta los últimos límites el espíritu del terruño. Pero si no tiene hechura de estadista, es, en cambio, un administrador hábil, prodigioso hombre de negocios. Si carece de aptitudes para gobernar a los hombres, no tiene rival en el manejo de las cosas, para coordinarlas, para vaolorizarlas.

Chevalier, M.., Lettres sur l’Amérique du Nord, 1836, en J. Monnier et A. Jardin, Histoire, 1789-1848, París, Fernand Nathan, 1960, p. 468.

 

En 1820 los Estados del Sur decidieron usar su derecho a la independencia y declararse libres, a lo que se respondió con el “Compromiso de Missouri “, en el que la unión se mantuvo precariamente tras el compromiso de que hubiera el igual número de estados no esclavistas y estados donde la esclavitud estaba permitida.

En 1846, el Sur conquistó Nuevo México y el 1850 se creó un Estado no-esclavista, California. Esto rompía el equilibrio y de nuevo se llegó a otro acuerdo de urgencia para mantener la unidad de los Estados Unidos. Se llegó al “Compromiso de 1850”, en los que los estados del Norte no perseguirían la esclavitud y devolverían los esclavos fugitivos a sus dueños sureños en cuanto fueran detenidos en el norte. Esto inflamó más los ánimos de los abolicionistas, que querían abolir la esclavitud en el sur, creando un foco de tensión permanente entre los Estados del Norte y los Estados del Sur.

Ahora hablemos de la población norteamericana, evolución y distribución de la misma sobre los Estados Unidos. Cabe decir que hacia el año 1800 la población norteamericana era de 5,3 millones de personas. Hacia la época en la que Alexis de Tocqueville escribe la cita señalada anteriormente en 1830, la población era ya de 31 millones de habitantes. Cabe pensar hasta que punto la emigración europea fue la responsable de tal crecimiento poblacional y cabe tener en cuenta también el hecho de que en su gran mayoría estos inmigrantes europeos basculaban hacia el norte, hacia el mundo de las fábricas. En modo alguno bascularían hacia el sur y sus estados, era el reino del algodón y sus esclavos africanos, trabajadores no pagados y que conservó gracias a este hecho una cultura más puramente anglo-sajona, a diferencia del norte, el mundo de las fábricas, más cosmopolita aunque el idioma obligatorio que se usaba en la sociedad era el inglés en todos sus aspectos sociales, legales y educacionales, un factor al que los nuevos inmigrantes, aunque fueran alemanes se adecuaban de inmediato, no existiendo apenas racismo en esta sociedad de gente inmigrada desde la llegada de los primeros inmigrantes ingleses a Roanoke, en Virginia, en el año 1584, si exceptuamos los viajes de John Cabot (Giovanni Gabotto) bajo enrique VII el año 1496 y el de la compañía Merchants Adventurers en busca de oro el año 1576 y 1577 bajo el mando del capitán Martin Frobisher a tierras de los inuit.

 

Vista de New York, Broadway, año 1826.

 

El hecho es que el norte fue evolucionando hasta convertirse en el reino de las fábricas, y el sur en el reino del algodón y sus esclavos, mayoritariamente africanos que constituían cerca de la mitad de su población, mientras el norte era la tierra de los inmigrantes europeos, entre los que empezaba a surgir la conciencia de que la esclavitud tenía que ser abolida por monstruosa, hecho que ya se había dado en las repúblicas latinoamericanas hacia el 1850, inglesas hacia 1833, en las francesas en 1848 y en el imperio austro-húngaro en la misma fecha, pero en los estados del sur fue imposible. La demanda de algodón crecía cada día con mayor fuerza debido a la creciente industrialización europea, lo que, a su vez, originaba otros tipos de conflictos de otra índole.

El primer gran conflicto que iba unido a la economía algodonera del sur era el problema de las tarifas proteccionistas que el norte deseaba alzar para impedir que los productos ingleses invadieran su economía y sus industrias. Cabe recordar aquí un par de ejemplos del pánico que los industriales del norte sentían hacia el comercio inglés y sus bajos precios de producción, pero usaré dos lugares diferentes, la India y el Perú. Cabe recordar aquí que para sojuzgar la India y destruir su comercio nativo se decidió introducir a partir de los años 1840 paños de Manchester en todos los mercados que compraban productos manufacturados indios. Los productos manufacturados indios eran más caros, más elaborados y menos cuantiosos que los británicos al hacerse a mano, mientras los costes de producción de los productos británicos eran más baratos, se pagaban sueldos más bajos a los obreros que los producían, se producían en serie y eran de menor calidad, pero por el hecho de producirse en serie y ser de menor coste de producción, se vendían más baratos y barrieron los productos indios de sus mercados comerciales.

Ahora vayamos al Perú, al cerro de la explotación minera de Pasco Copper Corporation. Toda la maquinaria minera de Pasco era inglesa de importación, por lo cual se llevaban parte de beneficios. Cabe recordar aquí que el puerto de Lima estaba lleno de maquinaria industrial minera inglesa abandonada y oxidada, puesto que al no haber carreteras que la pudieran llevar a los centros mineros que la habían comprado y tener que ser llevada sobre lomos de asnos, era virtualmente imposible transportarla hasta su ubicación final y allí se quedaba.

 

 

Foto de Napoleón III, emperador de Francia (1851-1870), sobrino de Napoleón I, emperador francés (1804-1815).

 

Cabe ubicar también aquí la conquista de México por parte de Napoleón III entre 1861 y 1864, en plena guerra de secesión. La excusa oficial era que México se había negado a indemnizar a los súbditos franceses que habían padecido la convulsa situación política del país azteca que era endémica desde la época del Imperio de Itúrbide del año 1821. Con esta excusa de fondo, Inglaterra, Francia y España tomaron el puerto de Veracruz en el año 1860, pero Napoleón III de Francia, tras dejar la excusa oficial siguió tomando el país azteca hasta que conquistó la capital y colocó como emperador títere a Maximiliano de Austria, que fue ejecutado por Juárez el 1863 tras derrotarlo en la guerra civil siguiente y conseguir el control sobre los conservadores, representados por Maximiliano de Austria. Esta conquista se hizo en espera de la destrucción de los Estados Unidos de América a raíz de la guerra que padecían por entonces y su atomización en pequeñas repúblicas independientes y débiles, sobre las que Napoleón gobernaría desde México en las del sur y transportaría tanto algodón como fuera posible a precios bajos hacia sus fábricas textiles francesas. Pero nada de esto sucedió, y Maximiliano de Austria fue ejecutado, el Norte ganó la guerra y Napoleón III fracasó en sus planes. Pero esto ya es otra historia, aunque como se puede observar también está relacionada con este hecho.

En relación a este hecho cabe ubicar el conflicto que deriva de unos Estados sureños deseosos de hacer negocio con Inglaterra vendiendo algodón a bajo precio y un norte industrial que al mismo tiempo necesitaba tales materias primas y temía a una Inglaterra que podía importar productos baratos al norte y sus mercados y hundir su economía.

Ahora les sugeriría que volviésemos al año 1848, cuando Europa fue sacudida por una fallida explosión de nacionalismos conocida como “Primavera de los Pueblos” y que fue tanto la reedición de la revuelta nacionalista del 1830 contra el imperio austriaco y ruso, surgidos de la Santa Alianza del 1815 en su forma existente hasta el año 1918, como su recuerdo en los estados sureños, hijos de Europa.

El año 1848 había pasado, así como la década del 1850, con el “Compromiso del 1850” en un intento desesperado de mantener viva la unión de estados norteamericanos que conformaban los Estados Unidos de América, pero cabe recordar que el proceso de guerras nacionalistas que llevarían a la creación de Alemania, tras las guerras de 1864 y 1866 contra austriacos y los propios estados alemanes independientes como estado culminarían el año 1870 con la derrota francesa en Sedán, mientras Italia se consolidaría como estado en la década de 1850, tras la batalla de Magenta y Solferino en el año 1859 contra los austriacos, con ayuda de los galos de Napoleón III aunque hasta el 1870, tras Sedán, Roma se convirtió en capital de Italia, pues Roma perdió la protección francesa al caer el Segundo Imperio y abdicar Napoleón III.

Por eso los estados sureños aun podían aspirar a separarse de los norteños, pues veían en estos ejemplos de nacionalismos europeos su propio reflejo como estado diferente de los norteños, mientras los norteños aspiraban a crear un estado unitario bajo una sola ley y una sola capital, Washington.

En 1860 fue elegido presidente republicano Abraham Lincoln, que moriría el 14 de abril del año 1865 de un disparo a bocajarro de una Deringer Philadela empuñada por John Wilkes Booth mientras estaba en un teatro de Washington, con el consiguiente plan de crear una tarifa aduanera alta para todos los Estados Unidos, un ferrocarril a escala nacional y un desarrollo económico y capitalista a escala nacional. Todo ello se unió a los deseos abolicionistas del ala más extremista del partido republicano, al que no pertenecía Lincoln, y todo ello desembocó en una petición formal de retirada de la Unión de estados de los estados sureños. Ello motivó que toda esta explosiva situación política y social desembocara en el envío de tropas al sur para obligarlos a permanecer en la Unión capitaneada por el Norte, su posterior resistencia y la guerra que siguió entre 1861 y 1865, con la victoria final del Norte sobre el Sur en Gettisburg en 1865.

Entre 1861 y 1865 existieron dos bandos en liza, y dos presidentes, uno para cada uno. La Confederación, apoyada por muchos estados europeos, preferentemente industriales por las razones páginas anteriormente aducidas y que tenía relación con el algodón tan necesario para sus industrias textiles, bajo el mandato del general Robert E. Lee (1804-1870), con capital en Richmond y el Norte bajo el mandato de Abraham Lincoln, con capital en Washington.

General Robert E. Lee, presidente de la Confederación de Estados Sureños durante la guerra civil norteamericana o Guerra de Secesión entre los años 1861 y 1865, con capital en Richmond.

No se trata aquí en este trabajo de repasar la larga lista de batallas que sucedieron en esta larga y cruenta guerra civil que enfrentó un mismo país en una devastadora, sanguinaria y fratricida guerra, como todas, en definitiva. Aun así tampoco se trata de pasar un velo sobre tales sucesos luctuosos, pues una guerra X tiene unos antecedentes, un desarrollo de la misma en relación a la sociedad donde se desarrolla y unas consecuencias en el futuro, ya sea a corto, medio y/o largo tiempo sobre todo el mundo que lo rodea y con el que se relaciona, y en un ámbito global como es el mundo del siglo XIX, el marco donde un proceso histórico X se desarrolla es mundial.

Recordemos pues a buenos generales de ambos bandos, como el general Grant, nordista, y el general Stonewall Jackson, que lo igualaba en valor y talento y que falleció en la batalla “perfecta” de Chancelorsville (1863), que aunque ganada por lo sudistas, no pudo ser aprovechada por la muerte del general Stonewall Jackson durante la misma, como antes referí al hablar de dicha batalla.

Pero no todos fueron grandes generales. Cabe recordar el caso del general Mclellan y Burnside, ambos nordistas, aunque ambos generales eran completamente distintos, aunque igual de ineptos. El general Ambrose Everett Burnside (1824-1881) se caracterizaba por enviar a la lucha a sus soldados aunque supiera que iban derechos a la masacre, convirtiendo cada batalla en la que participaba en una batalla de Balaclava (1854), donde en la Guerra de Crimen (1853-1856) fue devastada la caballería ligera inglesa al ser lanzada contra las baterías de artillería rusas aunque se la había advertido al comandante británico Fitzroy Sommerset (1778-1855) que hacia donde enviaba sus soldados serían masacrados por los cañones de las tropas zaristas durante el asedio de Sebastopol.

Batallas en las que Burnside demostró su talento para masacrar sus propias tropas fueron las de Atientam (1862) y el largo asedio de Petersburg (1864), y las víctimas de su incompetencia se cuentan en 20.000 soldados unionistas de 1861 a 1865.

McLellan (1825-1855) era todo lo contrario. Pese a saber que podía ganar batallas pues sus fuerzas eran el doble que las del enemigo confederado, su miedo a entrar en batalla convertía una victoria segura en una derrota segura. Pueden darse como ejemplos a la misma batalla de Atientam (1862) ya referida antes en el caso del general Burnside. La conjunción de ambos “genios” militares llevó a la derrota sin remedio de las tropas unionistas en esta batalla. Pero no era todo cobardía en McLellan. Se enfrentó en las elecciones de 1864 a Abraham Lincoln, pero obviamente y dadas las derrotas y la fama de cobarde en el campo de batalla de dicho general, la derrota fue tan segura aquí como en el campo de batalla.

Dado ya este repaso a unas cuantas batallas y generales de esta pavorosa contienda civil y habiendo hablado de la decisiva batalla de Gettisburg (1865), donde perdió la Guerra de Secesión el sur confederado al inicio de dicho trabajo y haber ya referido en otro punto anterior la fallida expedición francesa para dominar México entre 1861 y 1864, podríamos ya pasar tratar de la época posterior a esta guerra, conocida como la época de la reconstrucción de los Estados Unidos de América, ahora ya como un estado unido de modo irrevocable por la Décimocuarta Enmienda a la Constitución, mientras la esclavitud fue abolida de modo oficial en todos los Estados Unidos de América el año 1865 por la Décimotercera Enmienda.

 

Asesinato de Abraham Lincoln, cometido por John Wilkes Booth, el 14 de abril de 1865 en Washington, mientras asistía a una obra de teatro.

El asesinato de Lincoln por John Wilkes Booth, un fanático sudista, o en otro aspecto, y este mucho más lógico, un terrateniente que había quedado arruinado tras la abolición de la esclavitud o alguien, como muchos otros confederados, que habían padecido durante la guerra pérdidas y desgracias y tenía ansias de venganza hacia el hombre que desde el Norte había enviado las tropas el año 1861 y provocado el conflicto bélico, desató el Norte vencedor la idea que había que barrer toda la organización anterior a la guerra e imponer el modo de gobierno e instituciones de la Unión vencedora. El mismo año 1865 el zar Alejandro II (1855-1881), muerto el año 1881 por una bomba y creador de la tristemente célebre Sección Tercera, o policía secreta zarista, vendía Alaska a los norteamericanos, mientras la abolición de la esclavitud abría vastas esperanzas a los nuevos ex-esclavos para una nueva vida en libertad y arruinaba y convertía en poco menos que mendigos a sus antiguos dueños, pues no se les compensó en absoluto por la pérdida de fuerza de trabajo que representaban sus esclavos.

Muchos fueron quienes fueron al sur a alfabetizar a los ex-esclavos, movidos por movimientos humanitarios, pero también fueron muchos otros por las ansia de hacer dinero fácil abriendo industrias, ocupando cargos públicos vacantes o ganando el dinero de cualquier modo ilícito, siendo estos dos anteriores referidos anteriormente no menos limpios ni legales que el tercero, pues hubo gran cantidad de enriquecimiento conseguido por métodos poco ortodoxos.

Ante todo, y disculpen mi olvido en el tema debería haberme referido a la célebre Doctrina Monroe (1820), aquella que dice explícitamente la frase de América para los americanos. Con la victoria en la Guerra de Secesión de la Unión se hizo realidad tal Doctrina Monroe en los territorios de los Estados Unidos de América, todo ello completado con la venta de Alaska por el gobierno zarista a los norteamericanos y el fracaso del imperio francés en México con la victoria de Juárez sobre Maximiliano de Austria en el año 1864. La pregunta a esta Doctrina Monroe es si América para los americanos fue usada para dar el poder de América a todos sus habitantes o tan sólo a los Estados Unidos de América sobre las repúblicas sudamericanas y fue la base de su posterior expansión imperial con la United Fruit Company a finales de siglo XIX y inicios del siglo XX y la construcción del Canal de Panamá el año 1914, con su posterior ansia de dominio imperialista de toda el área sureña de dicho continente mediante el apoyo a gobiernos aliados suyos derechistas en los países sudamericanos, el apoyo de la CIA y el FBI a tales gobiernos, y la lucha con el comunismo que aspiraba a los mismos objetivos entre los años 20 del siglo XX y la caída de la Unión Soviética el año 1991, aunque los nuevos gobiernos socialistas que vuelven a resurgir tras el modelo chavista venezolano, con su líder político, el presidente Chávez de la República Bolivariana de Venezuela, muerto muy recientemente, siguen luchando contra los Estados Unidos de América y Europa según los mismo objetivos heredados de la revolución cubana guiada por Fidel Castro, tras su conquista del poder en Cuba el 1 de enero del año 1959, con lo que tal lucha heredada del siglo XIX sigue viva aun en nuestros días.

Pero ocupémonos ahora del tema de la abolición de la esclavitud. Muchos dueños, si no todos, quedaron completamente arruinados, como ya se dijo anteriormente, mientras sus antiguos esclavos iniciaban una nueva vida llena de esperanzas aunque siempre con la animadversión latente de la población blanca de los estados sureños de la antigua Confederación.

Muchos aprendieron a leer y escribir y el Norte decidió que había que equipara su derechos a los de sus vecinos blancos en toda su extensión. No en vano muchos esclavos durante la guerra habían luchado junto a la Unión para derrotar la Confederación, y ello significaba que se habían ganado el derecho a tener derechos iguales a sus vecinos blancos. Se puede entender también que los ejércitos de la Unión tendrían muy difícil ganar la guerra sin la ayuda de aquellos hombres que conocían perfectamente el terreno que pisaban, a diferencia de muchos soldados blancos de la Unión que jamás habían salido del Norte.

 

Esclavos afro americanos, siglo XIX, liberados tras la Guerra de Secesión (1861-1865). O se equipararon jamás en derechos con la población blanca hasta los años 70 del siglo XX.

Hasta 1870 esta población ex-esclava tuvo la esperanza de ver sus esperanzas cumplidas, pero a partir del año 1870, apagados los bríos abolicionistas de los hombres del Norte, la población blanca volvió a recuperar poder hasta marginarlos de nuevo de la sociedad.

Esta marginación duró hasta los años 70 del siglo XX, aunque mucho se dijera que John Fitzgerald Kennedy (1917-1963) hizo avanzar la legislación para dar derechos a la población afro americana y las mujeres. En cuanto a las segundas, resabe que sólo hubo una mujer en todo el gabinete de Kennedy durante su presidencia de 1961 a 1963 y se sabe que tras su elección presidencial invitó a un cantante afro americano para cantar para él en la Casa Blanca, pero debido a que su piel era oscura, muchos votantes del Sur se podían sentir ofendidos, así que anuló su visita prevista y tarjo a un cantante blanco para sustituirlo. No cabe tener en cuenta que este hecho pesó sobre las conciencias de la población afro americana que vio esta muestra de racismo por parte de Kennedy y por esto tal vez Malcolm X expresó alegría ante su asesinato en Dallas en 1963, aunque los blancos jamás comprendieron este hecho y lo denostaron.

Dejemos para otra historia los miles de ejemplos de racismo que los blancos del sur demostraron hacia sus vecinos afro americanos durante gran parte del siglo XX. La cuestión era demostrar con algunos hechos como el racismo siguió vivo en esta zona del sur estadounidense hasta épocas bien recientes y como en muchas facetas diarias estadounidenses aun sigue vigente hoy día.

Ahora volvamos al año 1865, si les parece a ustedes bien, y recuperemos el viejo proyecto del ferrocarril trasnacional puesto en vigor el año 1860 y una de las causas que desencadenó la Guerra de Secesión. En 1869 en Utah se puso el primer rail del tren a escala nacional gestionado por la compañía Unión Pacific. Estaba a punto de iniciarse la era del ferrocarril, construído en gran medida por obreros inmigrantes chinos, o coolies, y con ella la era de expansión por el Oeste, con la Ley Homestead, por la que a pequeños campesinos se les concedían créditos para adquirir tierra y fundar granjas, y con esta ley llegó también la edad de las guerras contra los amerindios de las praderas, pero esto concierne a otra historia que aquí no toca nombrar.

En otro orden de cosas, los industriales del Norte fueron los grandes beneficiados de esta contienda, pues si el Norte ganó la guerra fue entre otras razones por la fuerza empresarial de tales Estados, que con sus fábricas fabricaban armas en más cantidad que las agrícolas regiones sureñas de la Confederación.

En el año 1861, la tarifa Morrill hizo que tuvieran permiso gubernamental para surtir de armas al ejército de la Unión, y, como en la España posterior a la Guerra Civil (1936-1939), el año 1941 con la creación de la RENFE, la Union Pacific tuvo también carácter de empresa nacional ligada a intereses industriales en connivencia con el gobierno de Washington.

Cabe tener en cuenta que en un estado devastado por la guerra y en especial en el sur, donde la vieja clase terrateniente había quedado poco menos que anulada social, política y económicamente, hubiera lugares donde la industria del triunfante Norte tuviera lugar donde ubicarse y posiciones sociales que conquistar.

De hecho, el ejército del Norte ganó la guerra, sus industriales se convirtieron en la fuerza que modernizó el Sur devastado y conquistado y hubo una política que daba tierras a los campesinos para que se establecieran en el Oeste. Estamos hablando a todas luces de una conquista total de estas tierras levantiscas que lucharon contra el Norte y cayeron derrotadas en la guerra civil.

Fue el inicio de la Norteamérica que ahora conocemos, con un ferrocarril nacional, la expansión hacia el Oeste, la expansión futura del poder de los norteamericanos hacia Suramérica y su colonización política desde finales del siglo XIX y inicios del siglo XX, su industrialización y creación de grandes empresas a nivel nacional y de grandes empresarios enriquecidos enormemente por medio de sobornos y demás modos ilegales, y demás aspectos que dieron lugar a los Estados Unidos de América que ahora conocemos, como ya dije antes, aunque su nacimiento fue sellado con la sangre de muchas personas que perecieron en la Guerra de Secesión del 1861 al 1865. Como en la III República Francesa tras Sedán (1870) y la destrucción de la Comuna de París en 1873, fue el inicio de un nuevo mundo que nació sobre ríos de sangre, dolor, lágrimas, sufrimiento y muertes.

 

Autor: Cristóbal Miró Fernández.

 

Fecha: lunes, 25 de marzo del año 2013.