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MANUEL DE GODOY (5ª Parte). Por Cristófol Miró Fernández

El año 1796 fue un auténtico desastre para España…y no sólo por la guerra contra Inglaterra. Godoy tenía que sobrevivir políticamente, y esto en medio de una crisis política y social devastadora, y sólo podía hacerlo siendo ayudado por Francia…Godoy mismo se convirtió en cliente del Directorio, en esclavo del Directorio, en siervo político del Directorio, y con él, todo el país que representaba…y con Napoleón, un hombre que ya de por sí despreciaba a todos sus adversarios políticos, la debilidad manifiesta de España se convirtió en motivo de desprecio y manipulación despiadada por parte del Primer Cónsul y después Emperador Francés…

Y la crisis social y política conllevaba la crisis económica de un modo correlativo y obligatorio. Para empezar el Gobierno no perdió el interés que tenía en época de Carlos III en los diferentes sectores económicos, y en algunos casos profundizó en las mejoras ilustradas, pareciéndose de un modo caso análogo a las que llevaba a cabo la República Francesa, aunque por motivos distintos…hacía falta cambiar el modelo de crecimiento económico y de industria…aunque ello significara atacar los principios tradicionalistas que el pueblo y gran parte de nobleza y iglesia seguían todavía. Se destruyeron los gremios para cambiar el modelo económico español y se distribuyeron tierras entre l campesinado que no las tenía. Esta división de tierras atacaba a la nobleza según el modelo de Carlos III, una época ya antigua e imposible de recuperar, sobretodo teniendo en cuenta la figura real de Carlos IV y la figura del primer ministro que era Godoy…y sobretodo esta política era desconcertante en un primer ministro y un rey tradicionalistas, y en un mundo dominado por la lucha entre la Revolución Francesa y las monarquías absolutistas…sin duda la gente que observara esto no sabría a que atenerse…¡un rey y un ministro tradicionalistas llevando a cabo medidas sociales y económicas propias de un estado revolucionario como el francés!

Y para acabar este remolino de medidas revolucionarias…se llegó al uso de los párrocos rurales para extender las luces de la ilustración entre las gentes tradicionalistas del campo…increíble y completamente absurdo es el usar a los miembros más reaccionarios de una sociedad X para extender sus principios e ideas más revolucionarias y laicistas…y todo esto no por necesidades o ideales políticos…en absoluto…sino por imperativos económicos, pues España estaba arruinada y aumentando el número de campesinos se recaudaban más impuestos, los gremios perdían sus ventajas fiscales y así el gobierno sacaba más dinero para sus arcas, pues ante todo España tenía las arcas vacías.

Pero Godoy no era poderoso, y la oposición tradicionalista sí lo era…resultado: medidas retiradas. En algo sí se parecía a Carlos III: ante una oposición muy fuerte a sus mediadas el rey se retiraba cautelosamente a su palacio a la espera de que se calmaran y confiaran para volver de nuevo al asalto en un momento de despiste del contrario. Pero incluso si Godoy hubiera llevado a cabo sus medidas, ¿qué hubiera conseguido? Su propio sistema reformista buscaba una clientela que lo protegiera de la oposición política, más fuerte que él…y para ello colocó a su familia y conocidos en puestos importantes civiles, religiosos y militares para así conseguir una estabilidad política y unos apoyos que no tenía, algo perfectamente comprensible y entendible y ante todo una medida política perfectamente lógica y coherente, porque así obtenía apoyos para su gobierno y al mismo tiempo controlaba el gobierno y tenía espías dentro del mismo para saber si alguien deseaba hacerle algún tipo de daño, aunque los principales opositores estaban dentro del propio palacio, en la persona del Príncipe de Asturias, el futuro rey Fernando VII, allí donde pensaba que tenía más seguridad y más apoyos.

Pero Godoy tenía una cosa clara: si quería oponerse a los tradicionalistas necesitaba a los reformistas. A fines del 1797, Godoy reclamó a su servicio a los políticos marginados por Floridablanca, como Cabarrús, embajador en Francia, y Jovellanos, nombrado ministro de Gracia y Justicia, mientras Urquijo traductor de Voltaire, fue ministro de Asuntos Exteriores. Un gobierno ilustrado que no aprobaba tampoco al primer ministro, Godoy, que finalmente dimitió el 28 de marzo de 1798, siendo sustituido por Saavedra.

¿Por qué renunció Godoy al cargo que ostentaba? Primero por presiones internas intolerables a causa sobretodo del déficit nacional de 800 millones de reales a inicios de año, pero sobretodo, y ahí se demuestra como Francia convirtió a España en su satélite, a causa de que Francia consideraba que su cliente quizá no era lo suficiente servil hacia ella y que admitía con demasiada libertad a emigrados franceses y sus conjuras políticas hacia la república. El rey Carlos IV, esclavo de Francia, hizo que Cabarrús y Godoy dejaran sus cargos. Carlos temía a Francia, temía que lo abandonara en su lucha contra Inglaterra y temía sobretodo que Francia invadiera de nuevo España…España había perdido todo su poder, ahora era o la esclava de Inglaterra o de Francia, pero bajo ningún concepto nada más que eso…

Y mientras tanto el gobierno español vivía en medio de una crisis total interna. Los enfrentamientos entre tradicionalistas e ilustrados era cada vez más enconada, pues de nuevo los ilustrados deseaban poner en vigor sus medidas políticas mientras los tradicionalistas deseaban evitarlas a toda costa. España no era más que la sombra de lo que había sido en época de Carlos III…y el rey no estaba por la labor de defender sus medidas ilustradas…Jovellanos fue desterrado de nuevo a Asturias en 1798 y Saavedra fue depuesto de su cargo para entrar en su lugar Caballero, tradicionalista, mientras Godoy, de nuevo, mostraba su curiosa y contradictoria ambivalencia política, dando apoyo a una bula papal, la del 1794, que condenaba las proposiciones del sínodo de Pistoia y reclamaba que se respetaran los privilegios tradicionales de la Iglesia…aunque entre los propios tradicionalistas tampoco estaban de acuerdo entre ellos para publicarla en España…una crisis política total y una situación completa de desgobierno en España…aquí vemos de nuevo, como a fines del siglo XVII, como el gobierno se pelea por gobernar despiadadamente mientras el pueblo sufre calamidades en forma de guerra, calamidades, malas cosechas, hambres…un completo divorcio entre gobernantes y gobernados…

Y ante este caos, en el año 1800, de nuevo los reyes miraron de nuevo a Godoy, el único que podía aportar algo de orden a este enorme caos político, social y económico que era España…un hombre que había demostrado que tampoco podía arreglar nada, pues su ambigua política muchas veces aun provocaba todavía más problemas de los ya existentes antes…

Pero esta vez fue más prudente. No volvió a ser primer ministro, fue bastante más que eso…su poder era inmediatamente inferior al de los monarcas y estaba sobre el de todos los ministros. En pocas palabras: el valido real había vuelto. Su lugar como primer ministro había sido ocupado por Pedro Cevallos, mientras el mismo Godoy se había vuelto más prudente en su política…algo se había ganado, pues.

España era un auténtico desastre. Sierva de Francia o de Inglaterra desde el año 1792, su población pasaba grandes privaciones mientras sus políticos de tendencia tradicionalista y ilustrada se peleaban de un modo salvaje para imponerse a sus adversarios políticos…mientras en Europa se lidiaba una gran guerra en Europa entre liberalismo y tradicionalismo, entre la república y los monarcas absolutos, entre Inglaterra y Francia…y España vivía en primera persona aquellas tensiones, pues tenía un rey y un valido tradicionalista, una lucha entre tradicionalistas y conservadores en la política, un servilismo hacia Francia para sobrevivir a la guerra con Inglaterra, una crisis social, económica y política autodestructiva, y este mismo gobierno tradicionalista tenía que llevar a cabo medidas revolucionarias con el único objetivo, imposible de conseguir, de poder seguir adelante en su día a día…estamos viendo el triste retrato de un país totalmente colapsado y próximo al desastre absoluto inevitable.

El año 1800, el Primer Cónsul, Napoleón Bonaparte, decidió usar a España para sus objetivos de dominar y sojuzgar Portugal, a lo que España no podía negarse. Era virtualmente imposible hacerlo, y no lo hizo. Godoy, nombrado comandante en jefe, fue enviado el mayo del año 1801 a conquistar Portugal con un ejército de 60.000 hombres. Fue la llamada “guerra de las naranjas” y duró tres semanas. Si Godoy, conocido por su torpeza en la Guerra Grande fue capaz de derrotar a Portugal fue porque Francia lo ayudó, pues eran aliados (aceptemos esta palabra con ciertas reservas.

Y así España consiguió la paz con Inglaterra, tras la Paz de Amiens en el año 1802, pero nada más. Francia no estaba dispuesta a darle nada a España, salvo una minúscula parte de Portugal, la ciudad de Olivenza.

 

España, como sierva de Francia, había perdido su propia independencia y libertad de movimientos. Con Napoleón como Primer Cónsul desde el año 1799, España cayó bajo las redes del dictador francés, que básicamente veía a España como un satélite útil para luchar contra sus enemigos ingleses o cualquiera que fuese. Además Francia, al estilo Luis XIV en la Guerra de Sucesión, usó a España como un medio de mantener económicamente a Francia. España era un mero depósito de hombres y dinero para Francia, eso era todo…ya no era más que un siervo de Francia.

Y como cantera de soldados, España que mejorar ante todo el ejército nacional, dotarlo como mejor pudiera, aunque esto era un hecho que dejaba bastante que desear en el caso español desde hacía muchos años, y sobretodo con Godoy como valido real, o rey si se puede decir mejor, pues los monarcas eran unos ineptos y Godoy…Godoy poco menos…

Demasiados oficiales, mal preparados, con un ejército descuidado, mal entrenado y mal armado. ¿Por qué tantos oficiales? Sencillo, Godoy usaba la ascensión al cuerpo de oficiales como medio de tener clientela política, aunque esto significara arruinar todavía más el ya depauperado reino de España…pero la gente no aceptó esta situación y hubo una serie de levantamientos en Valencia en 1801 y en Vizcaya en 1804 que casi cuestan la vida al corregidor (en Vizcaya), mientras Godoy seguía con sus despropósitos y el pueblo los seguía padeciendo. ¿Valía la pena seguir manteniendo con vida un gobierno como éste?

El gobierno padeció una tensión enorme entre el 1800 y el 1808. Nadie quería ser siervo francés, era natural, pero Godoy, y eso era cierto, no podía oponerse a Napoleón de ninguna manera. Aliarse con Inglaterra era también imposible, pues ahora Portugal había caído bajo el poder francés y si se aliaba con Inglaterra, sería atacada España por Francia y Portugal, mientras Inglaterra usaría a España como la usaba Francia, como cantera de soldados y de dinero para nutrir sus guerras contra Francia. España estaba atrapada, y nada podía salvarla, mientras Inglaterra impedía que la plata de las indias llegara a España, pues iba directa a las arcas francesas. El subsidio (o impuesto) pagado a Francia llenaba las arcas francesas y sólo arruinaba todavía más al país…¡España estaba parias a Francia como si de un reino de taifas del siglo XII retratase a los reinos cristianos norteños a cambio de no ser invadida!

Godoy no podía elegir, pues España tenía un dueño y se llamaba Napoleón Bonaparte. Así pues consiguió un préstamo de Francia al 10 por 100 del interés.

 

El subsidio pagado por este país a Francia ha sido satisfecho con regularidad hasta el mes de mayo, a razón de 800.000 dólares mensuales. Entretanto, se ha ideado una nueva medida para permitir al gobierno francés apoderarse de los recursos de España de forma que no pueda verse dificultada por los obstáculos que antes o después aparecerán por la extracción de plata. Se ha negociado en París un préstamo de 5 millones de dólares a favor de este gobierno, o hablando con mayor propiedad, a favor de Francia, y no cabe pensar que ni siquiera una parte de él vaya a parar alguna vez a este país ni ser utilizado para ningún otro objetivo que no sea que el del pago del tributo estipulado.

 

Frere a Harrowby, 5 de junio de 1804, PRO, FO 72/52

 

En pocas palabras, en el año 1804, España había contraído algo más que un impuesto pagable a Francia, ahora había adquirido lo que actualmente se llama deuda externa, el método de colonización económica y endeudamiento más execrable que puedan padecer los países empobrecidos del sur…y ahora España ni siquiera poseía como propios ni los propios caudales de sus arcas, ahora hasta estos pertenecían en virtud de este préstamo a Francia.

Y en el año 1804 Napoleón se denominaba Emperador francés. Ahora sólo podía ir peor, mucho peor si cabe para España…

El año 1804, en octubre, pasó un hecho luctuoso. Inglaterra, sabedora que los tesoros de las Indias iban de un modo ya completo a las manos de Napoleón, decidió impedir que obtuvieran un solo peso más de plata destruyendo la flota que la transportaba a España. A 58 días de navegación del Río de la Plata, 4 fragatas españolas fueron atacadas por Inglaterra para apropiarse de la plata que transportaban a bordo suyo. Tres de ellas fueron capturadas, la cuarta estalló.

España declaró la guerra a Inglaterra de nuevo, con lo que aun necesitaba a Francia más que nunca, ahora, pues sería atacada por Inglaterra. Diez meses después España y Francia eran derrotadas en Trafalgar, en 1805 (véase los vídeo de la batalla incluidos arriba en este mismo trabajo)…y España se quedaba sin flota. Ahora dependía de Francia para ser defendida de Inglaterra y para transportar la plata de las indias a Cádiz…ahora ya se podía decir que era realmente vasalla absoluta de Francia…hemos vuelto a la época de inicios de siglo, bajo los primeros años de Felipe V: sin flota militar, pagando impuestos a Francia, dependiendo de sus soldados para sobrevivir, en guerra con Inglaterra…pero con una diferencia fundamental. En el año 1704 Luis XIV consideraba que tenía que defender España para defender el trono de su sobrino-nieto mientras ahora Napoleón no veía en España a ningún monarca que defender, pues los quería dominar, además de despreciarlos a conciencia.

Pero para Godoy tampoco eran tiempos felices. Los tradicionalistas seguían en liza con los ilustrados del gobierno, mientras los reyes eran unos ineptos, mientras el auténtico rey era Manuel de Godoy. En pocas palabras: había una guerra cortesana en toda regla en un gobierno en rápida descomposición y en lucha abierta dentro de sí mismo mientras el país era víctima ya de unos ya de otros…y los tradicionalistas eligieron como defensor suyo al príncipe de Asturias, al futuro rey Fernando VII, tan inepto como sus padres.

Fernando VII detestaba a sus padres, detestaba a Godoy, como en general gran parte del pueblo y la nobleza, y detestaba a los ilustrados del gobierno, que eran vistos muy a su pesar como instrumentos de Francia en España por los tradicionalistas “aragoneses”. Pero Godoy temía a Fernando VII. Si él llegaba su buena estrella se había perdido para siempre, y eso hacía que no deseara que Fernando VII llegara jamás al trono español, algo inevitable. Fernando VII era políticamente poderoso, pues tenía el apoyo de los tradicionalistas mientras Godoy tenía el apoyo de unos reyes incapaces de gobernar…vamos, que Godoy no tenía ningún apoyo, bueno, uno: Napoleón Bonaparte.

Así pues había que moverse, y rápido. Entre el año 1806-1807 decidió pedir a Napoleón un principado propio en Portugal. El 28 de agosto del año 1807 en Fontainbleau se llegó a un tratado entre España y Francia. España aseguraría el paso a Portugal por España a las tropas francesas para poder conquistar Portugal de un modo definitivo. Tras esta conquista Portugal sería dividido en tres partes y una de ellas, el Algrave, sería dado como principado propio a Godoy. Trato hecho, pues, en inicio de un modo satisfactorio para Godoy…por el momento. Napoleón cambió de idea y decidió apoyar a Fernando VII, pues Godoy era un cliente inútil. Fernando VII acabó enviando una carta a Napoleón para pedirle una novia francesa para casarse con ella…¡el futuro rey traicionaba a su propia patria! Bueno, esto en Fernando VII era algo normal…y mientras tanto el propio rey calentaba el ambiente lanzando libelos contra Godoy y María Luisa de Parma para ganarse a la gente.

Esta pelea de gallos reales indicó a Napoleón que ningún bando era digno de confianza y que mejor entrar él a España con sus tropas que confiar en un colaboracionista dudoso como era Fernando VII o Godoy…que fue atacado con toda dureza por la oposición política fernandista. Lo cierto era que era virtualmente imposible confiar en Fernando VII, y los reyes lo sabían esto, con lo que decidieron colocar a Godoy como dirigente máximo de un gobierno de regencia, y ello significaba desplazar a Fernando del trono español, con lo que se urdió una conspiración contra Godoy, que fue descubierta y abortada.

La conspiración incluía eliminar físicamente al rey Carlos IV y elevar al trono a Fernando VII. El 29 de octubre fue detenido y el día 5 de noviembre hizo pública la confesión de Fernando:

 

Señor papá mío: he delinquido, he faltado a V. M. como Rey y como padre; pero me arrepiento…He delatado a los culpados

 

Martí, El Proceso del Escorial, p. 253.

 

Y los culpados eran entre ellos el Duque del Infantado y otros grandes nobles, que sí fueron juzgados a diferencia de Fernando, por causa de negarse a ello el Presidente del Consejo de Castilla a pesar de las demandas de Godoy para hacerlo. Godoy estaba solo y Fernando tenía cada vez más apoyos. El pueblo asistía atónito a un gobierno incapaz de gobernar el reino, a un gobierno donde príncipe y reyes se intentaban eliminar mutuamente, donde un advenedizo llamado Godoy había convertido a España en la sierva económica y militar de Francia…y quería un cambio…¡aquella situación era insostenible e insoportable! Fernando, conocedor de esto, sabía que su fuerza crecía, y ya estaba preparándose para un nuevo asalto al poder, mientras Carlos IV no tenía ni idea de cómo actuar, si alguna vez la había tenido…

El 17 de marzo de 1808 hubo un motín popular en Aranjuez. Godoy, que sabía que moriría si la gente revoltosa lo encontraba se escondió en su buhardilla dentro de una alfombra para salir el día 19 hambriento y sediento para acabar siendo maltratado por la multitud…su estrella se había apagado para siempre, y ahora era Fernando quien daba las órdenes. Perdonó la vida a Godoy, que fue a dar con sus huesos a la cárcel hasta que salió destino a Fontainbleau para nunca volver a España.

El siguiente motín pidió de un modo explícito la abdicación de Carlos IV en la persona de Fernando VII, cosa que el rey cumplió. Fernando VII era rey, pero por poco tiempo…porque estaba ayudado por Napoleón, en la persona de Murat…¡ayudado por el enemigo a ser rey!

El motín de Aranjuez que hizo abdicar a Carlos IV tuvo de principal protagonista a Fernando para impedir que Godoy fuera rey a la muerte de Carlos IV. La reina lo explicó de un modo explícito de esta manera:

 

Mi hijo Fernando era el jefe de la conjuración. Las tropas estaban ganadas por él; hizo poner una de las luces de su cuarto en una ventana para señal de que comenzase la explosión.

 

Citado por Corona, Revolución y Reacción, p. 365.

 

La aristocracia había ganado la batalla que se había entablado en el gobierno desde la época del motín de Esquilache, del año 1766. La guerra interna había acabado, pero había destruido el propio reino de España durante la batalla. España estaba derrotada, y Napoleón lo sabía: ahora sólo faltaba el golpe de gracia…

Napoleón llamó a los antiguos reyes y a su hijo a Francia, donde se rindieron a Napoleón el 10 de de mayo y cedieron su cargo a José Bonaparte, hermano de Napoleón Bonaparte. Pero tampoco salió él vencedor: los fernandistas habían cometido un error de cálculo devastador, Godoy también, quizá y casi seguramente por mera supervivencia política, como los propios reyes, pues se veían incapaces de dominar la situación política y necesitaba recabar apoyos allá donde pudiera tenerlos. El pueblo se acabó levantando contra los franceses, pues también vieron que lo que realmente causó la caída de España fue la Revolución Francesa y los sucesos que de ella derivaron desde el año 1789…y se unieron a los ingleses para ganar su propia libertad.

¿Qué pasó entre el año 1759 y 1808? España pasó de ser un reino respetado, orgulloso y poderoso a ser un esclavo virtual de Francia…en primer lugar la lucha entre tradicionalistas y reformistas, desde el Motín de Esquilache del año 1766 fue desgastando poco a poco el edificio del Estado. Bajo Carlos III, un monarca gigante entre Borbones enanos, esta lucha había sido ganada por el rey y sus ministros ilustrados en muchas ocasiones, pero como en el caso de Olavide, también hubo victorias de los tradicionalistas. La muerte del rey Carlos III fue precedida o sucedida por muchos de sus magníficos ministros ilustrados, y eso fue devastador, pues nadie tuvo suficiente talento para oponerse a los tradicionalistas que ganaban en fuerza poco a poco…y llegó Carlos IV, un rey con escasas capacidades de mando y acompañado de una reina que tampoco era un lince precisamente. Otro terrible error, pues ambos reyes necesitaban ayuda para gobernar y eligieron para ello a un joven inexperto llamado Godoy, que no sabía gobernar. La Revolución Francesa desestabilizó y hundió el edificio monárquico hasta los cimientos. Floridablanca y Aranda fueron sucedidos por Godoy el año 1792, pues el rey pensaba en salvar a su primo real en vez de salvarse a sí mismo, en virtud de los Pactos de Familia, que ataban a España y Francia de manera irremediable y catastrófica…

Y llegó el año 1793 y el rey francés murió, y Francia invadió España, como era esperable…la alianza con Inglaterra hubiera salvado a España del desastre quizá, pero había un recelo secular entre España e Inglaterra, lo que hizo que esta alianza fuera imposible de llevar a cabo. La guerra del 1796 fue una gran derrota española, que volvió a aliarse con Francia en virtud de los Pactos de Familia. Pero Francia vio ahora a España como lo que era ahora, una cantera de hombres y dinero para sus guerras, mientras la inexperiencia de Godoy llevaba al barco de España a un caos sin salida cada vez en mayor medida…en 1798 renuncia, pero el rey, confuso, lo vuelve a llamar esta vez como valido, como rey sin título…ahora los reyes virtualmente abdican en Godoy, dando alas a su hijo para atacar a la corona con ayuda de los tradicionalistas que ansían destruir a Godoy y la reforma de Carlos III para siempre mientras el mismo Godoy no sabe que hacer…y después llega Napoleón: la estocada final. El maestro de la manipulación política juega con los miedos de Godoy y los reyes para dominar a España para sus objetivos mientras al mismo tiempo da alas a Fernando VII para que se convierta sin advertirlo apenas en un colaboracionista francés contra su propio padre…él y todo su partido político tradicionalista que aun luchan sin descanso para vencer a los ilustrados de Godoy…y así pasa todo, y el 1807 Napoleón da el golpe final y coloca a Fernando VII en el trono español, hundiendo así a Godoy definitivamente junto con sus patronos reales en el desprestigio final, hasta que el año 1808 Napoleón derriba totalmente el edificio de la realeza española, si quedaba alguna piedra en él en pie todavía…

Y esta es en resumidas cuentas la crónica de la caída del orgulloso reino de España desde las alturas hasta el mismo infierno, para ser rescatado por la auténtica alma del mismo reino, su pueblo aliado con Inglaterra contra Francia. El pueblo supo responder infinitamente mejor que un gobierno torpe y en continua lucha por el poder…esto demuestra que si el pueblo desea mantener vivo un estado, por mucho que el gobierno ceda, éste nunca caerá ni se rendirá.

 

Autor: Cristóbal Miró Fernández

 

Fecha: lunes, veinte de mayo del año dos mil trece.

 

MANUEL DE GODOY (4ª Parte). Por Cristófol Miró Fernández

Y volvamos a España, donde la situación política era ciertamente complicada. Ya se ha descrito como gran parte de los ministros borbónicos de Carlos III habían muerto poco antes o el mismo año que su soberano, y estos mismos políticos, que destacaban por su profesionalidad, no habían dejado herederos para seguir sus planes políticos…que debían cambiar pues la historia europea cambiaba a marchas forzadas producto del estallido de la Revolución Francesa el año 1789. Godoy, comparado con los mediocres sucesores de los brillantes ministros borbónicos, podía ser considerado como un genio político, y eso teniendo en cuenta que era un hombre no excesivamente sabio, aunque no estúpido, ciertamente. Si Godoy era ya por sí mismo un político mediocre, conviene llegar a pensar como serían los restantes políticos españoles.

Pero los sucesos en Francia aun hacían más difícil esa situación española. La Revolución Francesa había empujado a muchos nobles y clérigos reaccionarios a huir de Francia, y muchos, aparte de huir a Austria, como el hermano del rey, huyeron a Inglaterra y a España, y hablaron verdades y mentiras sobre la Revolución Francesa a unas gentes que aunque criticaran a la monarquía estaban muy mediatizadas y controladas por la Iglesia, que les hablaba de lo sacrosanta que era la figura real borbónica, ungido por Dios como monarca, y por lo tanto tocar al rey era como tocar a Dios…y sobre estas gentes los huidos de la Revolución Francesa volcaron su odio hacia los principios revolucionarios, creando en esta gente un odio inextinguible hacia quien en su ideario mental atacaban al elegido de Dios para regir la nación de un modo absolutista. La larga serie de agravios contra Francia ya habida desde antiguo por España, aun a pesar de las firmas de los Pactos de Familia desde hacia 60 años, que incluían guerras y también una continuada inmigración de jornaleros franceses desde mediados del siglo XVI, sobretodo en Cataluña, en una tierra donde pobres y jornaleros autóctonos en busca de trabajo no faltaban, añadió un continente de racismo imbuido de miseria popular que hizo que las ideas revolucionarias no pudieran ser jamás aceptadas por aquellas gentes, sobretodo por la perteneciente a la clase humilde, la que vivía en la pobreza, que veía asimismo a los franceses como mano de obra barata muy apreciada por los campesinos y señores poseedores de tierra y como salvajes revolucionarios que destruían la esencia del Estado, la figura real. Xenofobia, hambre y conservadurismo social, mezclado con injurias mitad verdad y mitad mentiras y exageraciones interesadas, el veneno más potente que puede introducirse en el corazón humano y contra el que es muy difícil ser inmune, mientras el país estaba en una gran crisis de hambre el año 1789 consecuencia de las malas cosechas del año 1788, cosa que originó disturbios a lo largo de todo el reino en una relación de sucesos muy parecida a la sucedida en el motín de Esquilache del 1766, pero ahora Francia estaba en plena revolución, lo que confería mucho más riesgo a este estallido popular, aunque a diferencia de Francia, la población española no era revolucionaria en absoluto, sólo quería mejorar sus condiciones de vida.

Pero volvamos al plano político por unos momentos, si me lo permiten. El rey temía con razón la Revolución Francesa. Carlos IV no era un rey poderoso, y sus ministros, heredados de su padre, habían muerto en años anteriores en gran medida. Sólo quedaban algunos ministros como por ejemplo Aranda, un peso pesado del régimen anterior, que había trabajado como embajador en Francia y que tenía conocimientos en política, o Floridablanca. Restos aislados de un brillante cuerpo ministerial que se odiaba mutuamente mientras al amparo de un monarca débil la alta aristocracia cobraba fuerza de nuevo. Volvemos de nuevo a ver repetidas las condiciones en las que la monarquía Austria cayó a fines del siglo pasado y volvemos a ver de nuevo la figura de Godoy como reencarnación política de Nithard y Valenzuela. De nuevo una nueva dinastía estaba a punto de caer en España, sólo hacía falta tiempo para ver estos hechos convertidos en realidad.

El Pacto de Familia…el Pacto de Familia, la incapacidad de que España luchara contra Francia, ahora enemiga, a pesar de ver claro que tarde o temprano sería invadida por las tropas revolucionarias. Hacía falta hacer algo, y pronto. Pero estaban ahí los Pactos de Familia y la enemistad con Inglaterra fruto de su unión con Francia para luchar y evitar que su colonialismo entusiasta dominara el mundo. En cierto modo su entusiasmo era comparable y análogo al de los revolucionarios franceses, como Nelson era comparable al genio napoleónico batido en Aboukir (1798) y Trafalgar (1805).

Pero para luchar contra Francia había que liquidar los Pactos de Familia y aliarse con Inglaterra para batir a los revolucionarios franceses. El cuerpo ministerial de Carlos III era incapaz de romper estos pactos políticos, así pues, había que romper con la anterior línea política y con los políticos que la defendían. Y no hacía falta el rey para esto: el propio resentimiento mutuo entre Aranda y Floridablanca hicieron esto, junto con los intentos desesperados del rey de evitar un conflicto con Francia, un conflicto que temía que no podría ganar si sucediera.

Luis XVI era el objetivo de Carlos IV. Mientras estuviera en el trono francés los Pactos de Familia se mantendrían y España no sería atacada. Pero Floridablanca se mostró intransigente con Francia al decir que el honor de los Borbones europeos recaía de modo ineludible sobre los Borbones españoles y Francia se volvió hostil a España y hasta la vida de Luis XVI corría peligro. Era hora de cambiar de ministro y Floridablanca fue cesado el 28 de febrero del año 1792 para ser sustituido por Aranda, su envidioso enemigo político, como primer Secretario de Estado. Floridablanca ya había dictado normas para impedir todo contagio revolucionario en España desde el diciembre del año 1789, pero las medidas para evitar que la literatura revolucionaria entrara en España fracasó. Así pues la Inquisición fue la herramienta perfecta para parar el paso a la Revolución con toda energía, y eso incluyó también a los ministros afrancesados de Carlos III. En 1790, Cabarrús fue enviado a prisión y Jovellanos desterrado a Asturias para que escribiera un informe sobre las minas de carbón mientras Campomanes, que pensaba que era irrelevante disolver el feudalismo en España teniendo en cuenta lo sucedido en Francia, fue expulsado de la presidencia del Consejo de Castilla el año 1791.

Aranda sucedió a Floridablanca en el cargo de primer secretario de Estado e inició su obra cambiando el rumbo que llevaba la de su antecesor. Y la inició de un modo que dejaba ver claro que la alta aristocracia deseba desquitarse de la política de Carlos III hacia ella. Eliminó la Junta de Estado de Carlos III y creó el Consejo de Estado. Institución tradicional, estaba presidida por el rey, pero también figuraban grandes nobles en una institución que les abría de nuevo sus puertas al gobierno. En cierto modo era un paso atrás en la evolución de un Estado absolutista visto desde la óptica de Carlos III, pues si el rey decidía tenía que contar con los grandes nobles para hacerlo, y estos, obviamente, apoyarían al rey en medidas que fueran en su propio beneficio, aunque realmente fue poco lo que trató este consejo. Otro cambió fue la flexibilización de la política española hacia Francia. Floridablanca había provocado no pocos resquemores en Francia con su política hostil a la República, y Carlos IV aun tenía en mente salvar a su primo francés mediante la diplomacia y teniendo de base a esta política los Pactos de Familia. España necesitaba a Francia para contrarrestar a Inglaterra y su pujante poder militar y colonial.

La diplomacia fracasó, a pesar de todos los intentos de intentar salvar a Luis XVI. En agosto del año 1792 cayó Las Tullerías bajo la fuerza de los revolucionarios jacobinos y la familia real fue apresada, al mismo tiempo que los revolucionarios conseguían notables victorias militares y expandían su idea revolucionaria por Europa junto con sus mercader

es y sus ejércitos. La política española se declaró un completo fracaso: ni Floridablanca había conseguido con su política estricta nada ni tampoco Aranda con su flexibilidad política hacia el estado francés. Aranda cayó no por culpa suya, sino por la imposibilidad objetiva de cambiar la actitud política revolucionaria de la República vecina. Al faltar Floridablanca y Aranda, ¿quién quedaba? Godoy, nadie más que Godoy, la última esperanza no ya sólo de salvar la vida de Luis XVI, sino la de salvar a la propia España absolutista de las victoriosas huestes de la República Francesa…la cuestión era saberse estaba preparado para el cargo en la situación tan comprometida y arriesgada como se hallaba entonces. Y la respuesta era no.

 

Y el rey fue decapitado el 23 de enero del año 1793 por un ajustadísimo volumen de 387 votos a favor y 334 en contra, precisamente y curiosamente unos de los votos a favor fue dado por un primo del mismo rey que pretendía ser rey tras caer la república al ser invadida por los ejércitos absolutistas que se preparaban en sus fronteras para invadir Francia en conjunción con las revueltas surgidas en Francia tras la caída de los girondinos en el año 1792…aunque de nada le valieron sus ambiciones, pues poco después él mismo cayó bajo la misma guillotina donde envió a su primo real poco antes.

Y aquí vino el problema para España. Con el rey muerto, el gobierno español dio por hecho que no podrían nunca hacer pactos con Francia, sobretodo ahora que mandaban los jacobinos, así que Godoy hizo un pacto y se alió con los ingleses para sobrevivir a los franceses. Mal destino el del Estado que sólo puede sobrevivir pactando y aliándose con unos contra otros porque no tiene fuerza para sobrevivir por sí mismo, siempre será un títere de uno o de los dos bandos si no al mismo tiempo sí por turnos…

España se vio abocada en una guerra en dos frentes, cuando en realidad no podía luchar ni ganar en ninguno de ellos, ni en tierra ni en mar. En tierra se dio lo que se llamó la Guerra Grande (1792-1795), un auténtico despropósito a gran escala donde fallaron los mandos, no los soldados, y una nueva guerra de religión atizada por emigrados franceses y por un elevado grado de racismo y xenofobia y donde Cataluña soñó con reconquistar el territorio perdido en el 1659 tras la Paz de los Pirineos. Primero miremos esta guerra por tierra, después hablaremos de la guerra marítima, igualmente desastrosa, pero llevada a cabo por el gobierno español con bastante más cautela.

La guerra fue llevada a cabo con total improvisación por parte del gobierno español y el número máximo de solados fue de 56.000, aunque el número consiguió subir un tanto cuando su entusiasmo decayó, pero siempre fueron más los franceses en todos los frentes que los soldados españoles. Podemos dar como ejemplo la cifra de soldados franceses que invadieron el Rosellón. Fueron 40.000 soldados franceses frente a 12.000 españoles, mientras en Navarra y Guipúzcoa eran 23.000 solados españoles frente a 50.000 franceses…mientras los mandos unieron su propia dosis de ineficacia a la minoridad de tropas españolas. De hecho la alimentación y uniformes españoles eran deficitarios y el armamento tuvo que ser enviado por Inglaterra para cubrir su déficit.

Mandos ineptos y tropas valientes…si la guerra se mantuvo durante tres años fue únicamente por el valor de la población humilde, tanto en la zona catalana como en la zona vasca. Tras la caída de Figueres el año 1794, sin haber disparado un solo disparo en su defensa, la población decidió organizarse en Juntas de Defensa para organizar la resistencia y eran animados por libelos como este:

 

“Catalá despertat: Corra depressa á detenir un Enemich, que orgullos per haber romput las trinxeras que lo aturaban á la falda del Pirineus, y per haberse apoderat de la famosa Fortaleza de Figueras, se abansa atrevit per subjectarte á la sua mala lley, y destruirte enterament. Mira que ve á despullarte de tos bens, á arrencarte dels brazos los fills, á trastornar lo Govern, y á convertir la Christina Religió en la més escandalosa impietat: En una paraula, lo Exércit Francés pretén renovar en Catalunya las més injustas violencias, y las més horrendas abominacions que en las passadas centurias cometeren los Moros que la inundaren”

 

Exhortació als catalans, Cervera, 1795.

 

Los mismos franceses usaron la propaganda anticastellana para atraerse apoyos populares al modo del año 1640, pero esta vez sin éxito, pues fueron ellos los grandes odiados y tuvieron que evacuar el territorio ganado en Cataluña. Lo mismo puede decirse de los vascos y navarros y la Paz de Basilea del 1795, firmada por un gobierno demasiado ansioso por llegar a la paz con Francia, traicionó los esfuerzos realizados por su pueblo, y condecoró a Godoy con el injusto título de Príncipe de la Paz, que no había hecho nada para ganárselo. Por otra parte el gobierno español, dando gala de una notable capacidad para traicionar a sus aliados, abandonó a Inglaterra y se pasó de nuevo al lado de Francia, que aparte de cobarde y traidor, consideró al gobierno español como un satélite suyo inaugurando una guerra continuada con Inglaterra desde el año 1796 al año 1808.

Y ahora tratemos de la guerra naval entre 1793 y 1796 si ustedes me permiten. La armada española no ayudó en exceso a los ingleses, y los mismos ingleses dijeron que “los españoles eran más infinitamente difíciles de tratar como amigos que como enemigos”. Se quejaban de Godoy, aunque en el caso de la conquista de Toulon su postura fue la más apropiada y considero personalmente que cualquiera de quienes leemos estas líneas hubiéramos hecho lo mismo que él hizo. Se pretendía bloquear la rada de Toulon en 1793, pero los ingleses exigieron que ante todo España enviara una flota sin ayuda inglesa, pues la suya aun no había llegado al escenario del bloqueo naval inglés. Godoy caviló, y con razón, que la flota española recibiría el grueso del ataque francés mientras debilitaba la flota francesa y bloqueaba la ciudad. En otras palabras, las grandes víctimas de la batalla sería la flota española, lo que se llama ser la “carne de cañón” mientras los ingleses, llegados más tarde, sólo tendrían que rematar el trabajo, pues el grueso del mismo ya lo habrían hecho los españoles…por lo que Godoy se negó a pesar de todas las peticiones inglesas a enviar allí una flota sin que la inglesa hubiera llegado antes y lo ayudara en el bloqueo de la ciudad. Como pueden ustedes ver, una decisión muy sabia por parte de Godoy, que fue criticado con toda dureza por los ingleses. Al final los ingleses cedieron, y ambas flotas conquistaron Toulon en agosto, pero el almirante Hood fue lo bastante arrogante para exigir que la plaza fuera tan sólo inglesa y marginó a los españoles aliados de su conquista, reconquistada por Francia en diciembre.

Así vistas las cosas ¿qué era España tanto para Francia como para Inglaterra? Un mero apoyo naval, sin importancia reconocida por ninguno de ambos bandos y despreciada por ambos en igual medida, en otras palabras un objeto útil para lograr debilitar al enemigo pero nada más que eso…y los españoles no querían ser eso, de hecho nadie aceptaría serlo de buen grado, y esta postura es coherente.

Tras los sucesos de Toulon, la armada española se negó a ayudar a los ingleses en su guerra contra Francia, los barcos españoles tenían como misión principal defender las ciudades portuarias, sin ellas estarían indefensas, y no hallaban razón alguna para defender a Inglaterra, quien, por lo demás, siempre había sido enemiga de España, y que habían demostrado que jamás tratarían a los aliados españoles como iguales. Durante toda la guerra naval España fue pasiva con respecto a Inglaterra y Francia, y salió de ella relativamente en buen estado, con 45 de 86 navíos preparados para luchar si fuera necesario…y más tarde lo fue, contra Inglaterra.

Pero subyacían otros problemas en esta actitud de pasivismo contra Francia. El Pacto de Familia era una unión con Francia desde hacía 60 años, y ello hacía que luchar contra Francia fuera terriblemente complicado. Los viejos pesos pesados del gobierno de Carlos III, Aranda, criticaron a Godoy su alianza con Inglaterra invocando los viejos Pactos de Familia, unos pactos de defensa y ayuda mutua que, por otra parte, desde la muerte de Luis XVI el 23 de enero de 1793 carecían de todo significado. Esto indica hasta que punto la política española era inmovilista y arcaizante, pues seguía manteniendo unas antiguas alianzas políticas que ya no significaban nada y que implicaban una servidumbre de España hacia Francia, pero teniendo en cuenta que Inglaterra los trataba igual, realmente no encuentro diferencia alguna entre unos y otros…

Acabada la guerra el año 1796 por la Paz de Basilea se dio un conflicto interno en España que acabó de hundir el país en la ciénaga…Aranda había sido expulsado por Godoy y el rey del gobierno, pero Godoy, carente de toda idea de cómo renovar la política española siguió por tendencia con la antigua que implicaba una servidumbre disfrazada de alianza hacia Francia, como antes lo había sido hacia Inglaterra, mientras los ilustrados no confiaban en Godoy, era imposible hacerlo después del lastimoso espectáculo de la Guerra Grande, mientras tampoco confiaban en la Revolución Francesa…¡un gobierno de ilustrados que no confiaban en sí mismos y un ministro que a pesar de repudiar viejas formas de gobierno las repetía de un modo consciente al carecer de otros modelos ni de ideas para idear ninguno nuevo!

Y aquí no acabó todo…Inglaterra se volvió contra España y la empezó a combatir como antes combatió contra Francia. Realmente catastrófico, pues eso conllevó a España postrarse a los pies de Francia para pedirle que fueran sus aliados y ayudarles a luchar contra Francia. El 5 de octubre España declaró la guerra a Inglaterra, lo que conllevó una penosa serie de derrotas militares navales, bloqueos como el de Cádiz, derrotas como las de San Vicente en el año 1797…y lo peor de todo fue la unión franco-española era incapaz de contrarrestar la fuerza inglesa, lo que conllevó no sólo la servidumbre de España hacia Francia, sino también su ocaso militar definitivo…se repetía lo que sucedió un siglo antes, durante la Guerra de Sucesión, en la que la Península se convirtió en el campo de batalla de toda Europa, mientras los propios españoles, los sujetos de la guerra pues se llevaba a cabo en su territorio, eran los únicos que no podían decidir su destino…

MANUEL DE GODOY (3ª Parte). Por Cristófol Miró Fernández

Poco después le tocó a la Inquisición, pasar por la piedra de Carlos III en su determinación de doblegar a la iglesia a su poder absolutista, pues la Inquisición igualaba en su poder al rey y se permitió juzgar a ministros borbónicos como Campomanes en la lucha entre reformadores y tradicionalistas por el poder. El caso más espectacular de juicio a un ministro borbónico fue el Pablo de Olavide, el año 1776. Hay que decir que este era un hombre muy valiente, que durante su carrera como funcionario real, intendente de Sevilla y administrador de las colonias de Sierra Morena tuvo el valor de espetarle a los nobles andaluces que más que decorar iglesias

 

Sería más devoto gastar vuestro dinero en el desarrollo de la agricultura y en la mejora de vuestras propiedades, ayudando así a vuestros vecinos y a los pobres e indigentes

 

Marcelin Defourneaux, Pablo de Olavide ou l’Afrancesado (1725-1803), París, 1959, pp. 293, 294-305, 309-326 y 352-365.

 

Cabe decir que esta muestra de valor fue mal acogida por los acaudalados andaluces y aun más cuando evitó que en las colonias de Sierra Morena, un excelentemente llevado a cabo experimento borbónico de colonización de zonas vacías de población y con riesgo de ser semillero de bandidos, similar al que se llevó a cabo en la zona sur de las Tierras del Ebro en Cataluña con el proyecto inconcluso por la muerte del monarca el año 1788 de la creación de la gran ciudad portuaria de San Carlos de la Rápita, de la que quedan grandes obras como la Iglesia Nueva de estilo neoclásico, coronado con un gran éxito por su magnífico modo de llevarse a cabo y que merece todo tipo de elogios , que los capuchinos se implantaran allí.

Fue juzgado por la inquisición el año 1778 acusado de herejía, ante la vista de 46 invitados, miembros de la sociedad acaudalada que él había retado con tanto valor y que ahora se tomaban la venganza por haberse enfrentado a ellos. Pero no fue condenado, pues huyó a Francia, donde vivió hasta su muerte, donde quedó estremecido del poder de la Revolución francesa, más poderosa aun que la Inquisición.

Por extraño que parezca, la Inquisición dio jaque mate al rey Carlos III, quien no defendió a su ministro, y a sus colegas ilustrados, que tampoco movieron un dedo por ayudarlo.

Carlos III no se atrevió a tocar la Inquisición, era un instrumento muy útil si se lo favorecía, como cuando el año 1792 Floridablanca la usó para que incluyera en su lista negra a libros revolucionarios que cuestionaban el poder real de Carlos IV. De hecho, la política de Carlos III era muy tímida y en la lucha por modernizar el país que gobernaba entre el sector reformista y el tradicionalista el rey mantuvo un equilibrio entre ambas posturas que conllevaba que cuando era presionado por los tradicionalistas renegaba de aquella política para adecuarse a los designios de los tradicionalistas, haciendo desandar todo el camino andado hasta entonces, como sucedió en el Motín de Esquilache mientras en otros casos como el de Pablo de Olavide permitía que sus enemigos juzgaran a los ministros reales derrotando al rey sin que éste hiciera nada por defender a Olavide de la Inquisición. Y así, entre camino andado y desandado, sus medidas fueron mediocres, al mismo tiempo que belicistas y destructivas para su obra final, haciendo la final que los que tenían privilegios a su llegada al trono siguieran teniéndolos al final del mismo. Obviamente un reinado tan largo que duró entre el año 1759 y 1788 tuvo que presenciar muchas más reformas que las que aquí se describen de un modo sumamente resumido, pero al no ser el tema de este trabajo el reinado de este monarca Borbón ni su política interior ni exterior el resumen de estos hechos es necesariamente breve, al servir de prólogo para hablar del futuro reinado de su hijo y heredero, Carlos IV. Y ese fue el legado de Carlos IV, un hombre que podría haber seguido con las reformas si hubiera sido capaz de hacerlo, pero por desgracia no tenía ni las aptitudes de su padre que, a fin de cuentas, fracasó de un modo casi total en su intento de reformar el Estado borbónico, siendo él el mismo ejemplo de la frase que le dijo a su hijo Carlos IV donde le dice que “un navío con velas encontradas no camina”, pues una vela llevaba el nombre de reformistas, la otra de aragoneses o tradicionalistas y entre ambas estaba el barco de la España borbónica que un día avanzaba hacia puerto, el otro retrocedía el paso andado el anterior, y entre avanzar y retroceder el navío sólo avistó el puerto, pero nunca llegó a fondear en el mismo.

Y llegó el año 1789, un año después de la llegada al poder de Carlos IV, tras la muerte de su padre Carlos III, junto con la muerte de gran parte de sus ministros ilustrados, excelentes ministros que dejaban una Corte huérfana de talento, en la que el mayor talento lo representaba Godoy, un joven advenedizo. El año 1783 moría Roda, Múzquiz lo siguió el año 1785 y Gálvez los siguió a ambos el año 1787. Estos seguían al pueblo que tras años de malas cosechas y hambres, moría en gran número entre 1785 y 1787. Y ahí no acabó todo: la infanta Mariana Victoria murió el 2 de noviembre de 1788, su hijito recién nacido poco después, y más tarde el infante Gabriel, el 23 de noviembre, siguió a su esposa y su hijo a la tumba. El propio rey moriría de fiebres el 14 de diciembre del mismo año 1788. Mala herencia para un futuro rey, sin buenos ministros y un país en crisis de hambre, mientras los herederos ilustrados de Carlos III y los aragoneses tradicionalistas luchaban dominar al ahora rey Carlos IV, un hombre débil e incapaz de gobernar.

Mientras en Francia estallaba la Revolución Francesa, el movimiento popular más radical que cambió la faz de la tierra en varios aspectos y prefiguró el comunismo moderno, el feminismo actual, el socialismo político, los derechos a sanidad pública y demás derechos humanos, llegando más lejos que la independencia norteamericana en sus Derechos del Hombre (1776-1783)…pero esto también significó que España, como todas las potencias europeas reaccionarias padeció la cercanía a este formidable estallido social  que representó la Revolución Francesa iniciada el año 1789. Y quizá España padeció más que el resto de Europa por la existencia de los Pactos de Familia entre los Borbones franceses y los españoles, ambos familia, en efecto, desde Felipe V, ya que el rey Luis XV era sobrino del rey español. Esto significó que ambas potencias se unían militarmente para combatir a los ingleses, como sucedió la guerra del 1776, aunque ello significara que tanto Francia como España acabaran arruinadas y en números rojos y con deudas incapaces de soportar sus economías propias del Antiguo Régimen.

Hubo tres Pactos de Familia firmados y establecidos entre la monarquía gala y la ibérica. El primero se firmó en el año 1733, el segundo se firmó diez años más tarde, en el año 1743, y el tercero el año 1761, en la época de Fernando VI, hermano de Carlos III, hijos ambos de Felipe V. Estos Pactos de Familia imposibilitaban la lucha entre Francia y España, lo que a la larga fue algo que animó a los revolucionarios, caída la monarquía tras la ejecución del rey Luis XIV el 23 de enero del 1793 en la guillotina, seguida poco después por la de su esposa María Antonieta, la Gallina Austríaca como la llamaba el pueblo francés, que la odiaba. Cabe decir que tenían razones para hacerlo, y de peso. Mostraba una incomprensión completa al sufrimiento del pueblo, lo que la llevó a decir en una ocasión que “si no podían comer pan que comieran pasteles”, incomprensión típica de toda la Corte de Versalles, la auténtica capital francesa situada a 14 kilómetros de París, pero el pueblo esperaba que si bien el rey no los comprendía, al menos la reina los ayudaría y mostraría piedad por ellos, a invadir España en la Guerra Grande del 1793 y 1795, en la cual un inepto Godoy ganó el título de Príncipe de la Paz, un título que era más importante que el de Conde Duque de Olivares, impuesto a Don Gaspar de Guzmán por Felipe IV y aun en época de napoleón llevó a la desastrosa batalla de Trafalgar donde Lord Nelson, vencedor de la batalla de Aboukir (1798) contra Napoleón, derrotó a las flotas hispano-francesa aniquilándolas casi por completo, tanto a los barcos como a sus tripulaciones, entre ellos a parte de los 6.000 soldados españoles de la fuerza naval, dato ya referido anteriormente. Pero en aspectos relativos a algunos de estos datos aquí explicados volveremos más adelante para explicarlos mejor y con más precisión de datos explícitos.

 

 

 

Quizá otra reina que fue lo bastante torpe y arrogante para granjearse el odio popular con sus palabras fue la última zarina Romanov, prima del Kaiser Guillermo II de Alemania que dijo sin ambages que “una gota de mi sangre vale más que la de un millón de la de mis súbditos”. Imposible demostrar un desprecio más notable y manifiesto hacia el pueblo que se gobierna.

La revolución francesa representaba un desafío a los regímenes absolutistas que había en Europa. Era una llamada al alzamiento del Tercer Estado en armas para conquistar el poder que el Primer Estado y el Segundo Estado les negaba con sus arcaicas prerrogativas nobiliarias y su negativa a pagar impuestos. Pero el Tercer Estado no era en absoluto homogéneo, pues dentro de él se podían hallar desde los más ricos burgueses, de hecho el Club Jacobino era el Club de la alta burguesía francesa y sus tasas y cuotas eran tan elevadas que muy poca gente podía formar parte de él, hasta el más mísero campesino o mendigo que vivía en las calles francesas. Una nobleza que veía como perdía poder en los cambios sociales que se operaban en la sociedad francesa, la más moderna de la época y por lo tanto la más inconformista ante el hecho de vivir en un estado que aun tenía grandes contenidos de sociedad feudal en su seno, y la burguesía, que añoraba la época de Luis XIV cuando era realmente poderosa por ser sus miembros los ministros reales y que veían a su vez como su fuerza social y económica crecía y se veían marginados del poder por el propio rey, que siempre había sido su apoyo para contrarestar el poder de la nobleza, fueron los protagonistas de la magna lucha que fue la Revolución Francesa. La Revolución Francesa fue, en efecto, la lucha entre una nobleza decadente que no quería ceder poder y una burguesía que añoraba tiempos pasados de poder político y que veía frustradas sus expectativas de progreso social dentro de este régimen feudal que era la Francia de Luis XV y Luis XVI, que como Carlos IV, era un rey lo bastante torpe e inexperto para no ver los peligros que venían por delante y que vivía literalmente apartado del mundo en Versalles, la auténtica capital de Francia, situada a 14 kilómetros de París, mediatizado por una nobleza que lo predisponía contra sus aliados tradicionales: la burguesía, que con su experiencia y conocimientos, eran la fuerza económica, política y social real en Francia, y un pueblo que, creyendo que el rey hacía milagros por ser un enviado y ungido por Dios, le era fiel hasta el extremo.

La Revolución Francesa era la heredera de Luis XIV por varias razones la primera de las cuales sería su voluntad conquistadora, lo que la enlazaba con la creación de un imperio a escala europea y la creación de un mercado donde las mercancías francesas tuvieran un mercado seguro, en un ambiente de guerra colonial con Inglaterra, ya desde los inicios de la Edad Moderna. Por otra razón este hecho se puede considerar en relación a la expansión de los ideales revolucionarios entre las clases populares, que en general fueron entusiastas de esta revolución de ideas. Se puede situar a la misma escala que la Revolución Soviética del año 1917, por la fuerza que la ideología y entusiasmo popular tenían en su expansión a nivel mundial. De hecho la Guerra Fría se podría pensar como un enfrentamiento girondino-jacobino a nivel mundial, pues América representaba la fuerza de la burguesía, mientras los soviéticos representaban la fuerza del pueblo, un enfrentamiento que aun dura en la actualidad y que no extinguirá nunca, pues siempre habrá miembros opresores de la sociedad y miembros oprimidos de la misma.

Otra razón de esta expansión militar de la Revolución francesa se puede considerar como la mera supervivencia de la misma, en claro paralelismo con la soviética del año 1917 acaecida en Rusia. La huída del rey a Varennes, en junio del 1791, para huir hacia Austria, de donde era originaria su esposa, y reunirse con los nobles exiliados para comandar un ejército en conjunción con su hermano y reconquistar Francia y eliminar la revolución de raíz, tras escribir la célebre carta donde la repudiaba fue un hecho demostrativo de que el rey, con derecho a veto en la Asamblea Constituyente, nunca iba a ayudar a que la Revolución se asentara sobre cauces constitucionales y sí a torpedearla para hacerla inviable, como más tarde haría el año 1823 Fernando VII tras la caída del Trienio Liberal y la entrada de los Cien Mil Hijos de San Luis para devolverle el trono absolutista y derribar a los liberales, lo que daría en la década ominosa (1823-1833), pero eso es otra historia que aquí no se trata. Su célebre frase de “vayamos todos y yo el primero por el camino de la Constitución” fue un mero modo de salvar el cuello y el trono, como hizo Luis XVI el año 1789 tras el Juramento del Juego de la Pelota. Su posterior encarcelamiento tras el asalto a la Tullerías en 1792 por un pueblo que ya no podía de ningún modo confiar en él, fue un signo de que la Revolución no había fracasado y que todos los poderes absolutistas de Europa se lanzarían sobre Fancia para destruir la Revolución. De este modo la expansión militar revolucionaria se podría ver como una mera invasión defensiva de Europa, para establecer regímenes afines y que les sirvieran de colchón protector ante los taques de Rusia e Inglaterra, y de los miembros de las diversas coaliciones absolutistas para invadir Francia y arrasar la obra revolucionaria.

He aquí una de las razones que impulsaban a los revolucionarios a atacar la España borbónica, de hecho podemos ver aquí a las tres razones que impulsan a atacar a la España borbónica de Carlos IV. Primero de todo vemos aquí los Pactos de Familia, que enlazaban a los Borbones con la monarquía francesa traidora a la nación francesa. Este hecho ya explica por sí mismo el odio francés a España y da una razón más que obvia para la posterior Guerra Grande del año 1792-1795, con un intento de invadir España desde los Pirineos por parte de Francia, de cuyos detalles se hablará llegado el momento. Posteriormente España era un estado que podía servir de colchón a la Francia revolucionaria para evitar los ataques directos contra ella de Inglaterra, también podía servir de mercado para sus productos en un imperio francés europeo a nivel mundial, pues tener colonias en América posibilitaba la expansión revolucionaria por las colonias americanas españolas, como realmente pasó a partir del 1808, y un nuevo campo de batalla donde batir a los ingleses, mientras también era un semillero de soldados para los ejércitos revolucionarios para batir a sus enemigos absolutistas. España era todo eso para Francia a la vez, y eso la convertía en un objetivo seguro de conquista para la Francia surgida de la revolución. De nuevo se había vuelto a la vieja Francia de Luis XIV, a la Francia de “vicinus galli, nos amicus” del siglo XVII, pero esta vez no a escala europea, sino a escala mundial, y por razones completamente diferentes a las del siglo XVII, o quizá no tanto, en el fondo…

Y volvamos a España, donde la situación política era ciertamente complicada. Ya se ha descrito como gran parte de los ministros borbónicos de Carlos III habían muerto poco antes o el mismo año que su soberano, y estos mismos políticos, que destacaban por su profesionalidad, no habían dejado herederos para seguir sus planes políticos…que debían cambiar pues la historia europea cambiaba a marchas forzadas producto del estallido de la Revolución Francesa el año 1789. Godoy, comparado con los mediocres sucesores de los brillantes ministros borbónicos, podía ser considerado como un genio político, y eso teniendo en cuenta que era un hombre no excesivamente sabio, aunque no estúpido, ciertamente. Si Godoy era ya por sí mismo un político mediocre, conviene llegar a pensar como serían los restantes políticos españoles.

Pero los sucesos en Francia aun hacían más difícil esa situación española. La Revolución Francesa había empujado a muchos nobles y clérigos reaccionarios a huir de Francia, y muchos, aparte de huir a Austria, como el hermano del rey, huyeron a Inglaterra y a España, y hablaron verdades y mentiras sobre la Revolución Francesa a unas gentes que aunque criticaran a la monarquía estaban muy mediatizadas y controladas por la Iglesia, que les hablaba de lo sacrosanta que era la figura real borbónica, ungido por Dios como monarca, y por lo tanto tocar al rey era como tocar a Dios…y sobre estas gentes los huidos de la Revolución Francesa volcaron su odio hacia los principios revolucionarios, creando en esta gente un odio inextinguible hacia quien en su ideario mental atacaban al elegido de Dios para regir la nación de un modo absolutista. La larga serie de agravios contra Francia ya habida desde antiguo por España, aun a pesar de las firmas de los Pactos de Familia desde hacia 60 años, que incluían guerras y también una continuada inmigración de jornaleros franceses desde mediados del siglo XVI, sobretodo en Cataluña, en una tierra donde pobres y jornaleros autóctonos en busca de trabajo no faltaban, añadió un continente de racismo imbuido de miseria popular que hizo que las ideas revolucionarias no pudieran ser jamás aceptadas por aquellas gentes, sobretodo por la perteneciente a la clase humilde, la que vivía en la pobreza, que veía asimismo a los franceses como mano de obra barata muy apreciada por los campesinos y señores poseedores de tierra y como salvajes revolucionarios que destruían la esencia del Estado, la figura real. Xenofobia, hambre y conservadurismo social, mezclado con injurias mitad verdad y mitad mentiras y exageraciones interesadas, el veneno más potente que puede introducirse en el corazón humano y contra el que es muy difícil ser inmune, mientras el país estaba en una gran crisis de hambre el año 1789 consecuencia de las malas cosechas del año 1788, cosa que originó disturbios a lo largo de todo el reino en una relación de sucesos muy parecida a la sucedida en el motín de Esquilache del 1766, pero ahora Francia estaba en plena revolución, lo que confería mucho más riesgo a este estallido popular, aunque a diferencia de Francia, la población española no era revolucionaria en absoluto, sólo quería mejorar sus condiciones de vida.

MANUEL DE GODOY (2ª Parte). Por Cristófol Miró Fernández


Carlos IV era un hombre incapaz de distinguir entre amigos y enemigos, y Godoy recuerda como cada noche le preguntaba por lo que había hecho por sus súbditos aquel día. Ello implica que era un hombre que se preocupaba por el reino y sus habitantes, un punto a su favor, pero, como todos los Borbones, salvo Carlos III, que había enviudado el año 1758, un año antes de llegar al trono español, que jamás se volvió a casar aunque si se hubiera vuelto a casar su propio carácter fuerte e independiente, muy similar al fuerte carácter propio de Felipe II, le aseguraba independencia de criterio con respecto a sus ministros, de hecho, era él quien siempre tomaba las últimas decisiones y lo más importante, las mantenía hasta el final (en un símil de la dinastía Austria precedente, Carlos III era un Carlos I y un Felipe II mientras el resto de los reyes de su dinastía, incluida Fernando VII e Isabel II en el siglo XIX, eran personajes débiles de la talla de Felipe III, Felipe IV y Carlos II) su mujer tenía un gran poder sobre él y lo dominaba.

Carlos IV y María Luisa de Parma eran a su vez víctimas y verdugos. La elección de Godoy tuvo como motivo principal, como ya se dijo al inicio de este trabajo, la necesidad de tener un apoyo frente a la presión que padecían por parte de golillas civiles y miembros del ejército para poseer en exclusiva la voluntad real y dominar la política española. Vemos aquí los mismos elementos que determinaron la elección de Johann Everard Nithard y a Don Fernando de Valenzuela bajo el gobierno de la regente Doña Mariana de Austria y Don Carlos II a fines del siglo XVII, mientras el papel de Don Juan José de Austria lo protagoniza el Príncipe de Asturias, el futuro rey Fernando VII. Vemos, en pocas palabras, como a finales del siglo XVII, el final caótico de la dinastía Austria precedente a la borbónica…y aun más, Napoleón Bonaparte hace la réplica de Luis XIV y su hermano José de Felipe V…la historia se repite con distintos protagonistas, pero los sucesos pasan de un modo idéntico…salvo que aquí Fernando VII, recupera el trono de España el año 1814, lo que rompe la copia exacta de los hechos acaecidos a finales del siglo XVII y los acaecidos a finales del siglo XVIII.

Carlos IV, un inexperto entonces, y siempre, Príncipe de Asturias y rey posterior, bajo el gobierno de su padre Carlos III había sido usado por el bando aragonés, contrario a los golillas, para derrotar a los golillas, en lo que era una lucha entre reformistas y conservadores. No en vano su padre le dijo una frase que decía “un navío con velas encontradas no camina”, con lo que quería decirle que si la monarquía se enfrentaba entre sí, entonces el país se hundía en el caos y el desgobierno absoluto.

Con su hijo Fernando VII pasó exactamente lo mismo y Fernando VII fue usado por una nueva generación de “aragoneses” civiles y militares para deshacerse de Godoy. Azuzado por los celos hacia Godoy y por el odio a sus padres, llegó al extremo de querer dar un golpe de Estado en el año 1807…en esta ocasión el navío tenía las velas tan encontradas que no se movió del sitio donde estaba, se quedó varado y una tempestad llamada Napoleón Bonaparte lo hundió bajo el mar.

¿Qué podemos observar aquí, en este proceso de enfrentamiento interno de la monarquía que acabó destuyéndola? La lucha entre reformista y conservadores para dominar la política y a los reyes usando de caballo de Troya al propio príncipe sucesor al trono borbónico, lo que imposibilitaba que la familia real estuviera unida entre sí y pudiera afrontar las dificultades que España pasaba tanto en su interior como en su exterior.

¿Qué España recibió como herencia Carlos IV al suceder en el trono a su padre Carlos III? En apariencia era un reino fuerte, con una economía consolidada, unas medidas reformadoras llevadas a cabo por sus ministros que aseguraban que todo funcionara correctamente, una industria y un comercio que reportaba beneficios al Estado…un país en buen Estado y próspero, en pocas palabras, pero detrás de la mayor de las glorias se puede esconder el germen de la peor crisis que puede hundir toda esta imagen de esplendor, y en muy poco tiempo, unos años apenas…

Ante todo hablemos de Carlos III, nacido en 1709 en Madrid, durante la Guerra de Sucesión, era un hombre que sorprendía a quien lo conocía, y de un modo positivo. Llegado al trono el año 1759, a la edad de cincuenta años de edad, viudo el año 1758 y nunca de nuevo casado, era el Borbón gigante entre todos los Borbones enanos que lo habían precedido en el trono. Traía de su paso por el trono de las Dos Sicilias una fama de buen gobernante…y no sólo eso, también se trajo ministros de confianza, como el siciliano Leopoldo di Gregorio, marqués de Esquilache, que fue expulsado de España y del gobierno el año 1766 tras el célebre Motín de Esquilache (1732-1795), pensado e inspirado por Zenón de Somodevilla, Marqués de la Ensenada (1702-1781), que a su vez había sido expulsado de los cuatro cargos políticos que ostentaba, célebre por su catastro que dio luz por primera vez a una idea aproximada de la población española a mediados del siglo XVIII, entre los cuales se encuentra el Secretario de Marina, por los ingleses por mandato real de Fernando VI el año 1754, pues suponía un peligro para Inglaterra con su programa de construcción naval de una flota poderosa que compitiera con la inglesa en la carrera por el dominio mundial que por entonces ya existía en el mundo, en el que los principales protagonistas eran los ingleses, los franceses y los españoles, y que, como heredero de José de Patiño (1666-1736), estaba dispuesto a llevarla hasta el final y poner en entredicho la supremacía naval inglesa mundial.

 

“esto está hecho, mi querido Keene, por la gracia de Dios, el rey y la reina y mi bravo duque y cuando leas esta nota, el mogol estará a cinco o seis leguas camino de Granada. Esta noticia no desagradará a nuestros amigos en Inglaterra. Tuyo, querido Keene, para siempre, Dik. A las doce de la noche del sábado”

 

Wall a Keene, 20 de junio del 1754, Private Correspondence of Sir Benjamin Keene, p.38.

 

Carlos III era un rey con una personalidad muy marcada. Era, como Felipe II, un rey que tomaba las decisiones importantes por sí mismo, no sin el consejo y ayuda de sus muy sabios ministros, pero sí que la decisión final la tomaba él y no la cambiaba ante ningún tipo de presión, si no era muy fuerte u organizada. La diferencia entre un rey débil y un rey con un carácter fuerte es que quien domina a los Consejos es el rey en caso de ser fuerte y los Consejos dominan al rey en caso de ser débil…los Consejos y las potencias extranjeras, que como en la época de Fernando VI, veían amenazado su poder por el aumento de la flota española de mano del Marqués de la Ensenada, como ya se dijo anteriormente.

¿Qué implica que el rey tenga ministros extranjeros, como Felipe V tuvo a Jean Orry en finanzas o Carlos III tuvo a el Marqués de Esquilache y Grimaldi, ambos sicilianos? Implica que el rey puede hacer derivar sus intereses, por consejo de estos ministros, hacia intereses que no sean los deseados por la nobleza española natural del reino o que lo apoyen en políticas reformistas o de otro talante no deseadas por esta nobleza, pues una reforma de un soberano absolutista tiende a incidir siempre en una mayor concentración de poder en manos del monarca para dominar mejor el gobierno y la maquinaria del mismo.

De hecho, gran parte de la lucha del reinado de Carlos III y Carlos IV se basa en la lucha entre reformistas y tradicionalistas. El año 1766 Madrid de iba convirtiendo en una ciudad industrial, con un tejido industrial importante, básicamente nutrido de mendigos y vagos, que odiaban tal sistema de trabajo por explotador y cruel. Del mismo modo este colectivo de vagos y mendigos suplían de obreros a los astilleros que construían la flota española. En ambos lugares se consideraban poco menos que esclavos y urdían complots y motines para matar a los guardias y fugarse, complots y motines que contaban a los sacerdotes y estos los contaban a las autoridades pertinentes, que los desarticulaban rápidamente y castigaban a quienes los urdían. Detrás de todos estos motines y complots estaba la actitud de los ministros borbónicos que consideraban que los mendigos y los vagos eran gente que se había acostumbrado a vivir de la sopa boba de los conventos y de la limosna de la buena gente que la daba. Eran considerados,  improductivos y ociosos, y el gobierno ilustrado de Carlos III deseaba erradicarlos para convertirlos en trabajadores que dieran riqueza a la nación mediante su trabajo en fábricas estatales, básicamente textiles.

El año 1766 estalló el motín de Esquilache, impulsado de un modo indirecto por Zenón de Somodevilla, Marqués de la Ensenada, derribado por los ingleses del poder el año 1754, y relacionado tanto con las malas condiciones de vida que padecía la gente humilde como con la lucha entre reformistas y conservadores, los reformadores que mediante la reforma del Estado querían modernizar España y reforzar el poder de la monarquía borbónica, y los conservadores que sabían que si esto pasaba perderían poder político.

El Estado borbónico era ante todo un Estado militarista, y la Guerra de los Siete Años no había sido especialmente brillante para España. En general, los jefes militares españoles, miembros de la nobleza, eran conocidos por su ineptitud y arrogancia a la hora de entrar en batalla. Los ingleses llegarían a decir que “los españoles son infinitamente más difíciles de tratar como aliados más que como enemigos”, poniendo esto en relación con la escasa ayuda que darían a los ingleses en la lucha contra Francia negándose entre otras cosas a arriesgar su flota en combates navales al lado de los ingleses, en parte por puro sentido común, pues a fines del siglo XVIII no había con qué reponer la flota dañada en una batalla naval por los pocos caudales que el gobierno tenía para hacerlo y por la avanzada edad de los navíos militares españoles, y en parte por que era más seguro tener la flota cerca de una ciudad portuaria pues había menos posibilidades de ser atacada por el enemigo. Esto se vería claramente el año 1805 en Trafalgar, cuando la flota entera, en conjunción con la francesa, fue aniquilada por los ingleses bajo el mando de Lord Nelson, que moriría allí, junto con la muerte gran parte de los 6.000 marinos que componían la flota española, una pérdida mucho más luctuosa que la de los navíos, pues son vidas humanas, irreemplazables.

Esquilache había dado a elegir al rey o mantener una guerra, la de los Siete Años, y matar al pueblo de hambre o alimentar al pueblo hambriento. Carlos III eligió la guerra, y de esta mala decisión del rey quien salió perjudicado fue su ministro en vez del rey que envió las tropas a la guerra, lo que ocasionó que hubiera una inflación de precios de productos básicos, lo que aumentó el hambre del pueblo ya hambriento por naturaleza.

Si a esto unimos un pueblo hambriento que ha visto como la guerra sólo ha sido un desastre, con perdidas de vidas humanas de miembros de su colectivo, el aumento de impuestos para sufragarla, el hambre subsiguiente a la inflación de precios entre el pueblo y la oportunidad de los sectores conservadores para deshacerse de la política reformadora real y de Esquilache, para más motivación posible un extranjero siciliano, entonces el motín de Esquilache adquiere toda la dimensión de una crisis social en toda regla.

La excusa oficial fue que Esquilache había prohibido las capas que tapaban la cara completamente y los sombreros de tres picos, prendas usadas por los majos y los embozados, y en general por el pueblo llano, el mismo pueblo que padecía con toda crudeza los efectos combinados de las malas cosechas, el hambre, la inflación de precios, la pobreza cotidiana y las pérdidas de vidas de hombres en la desastrosa Guerra de los Siete Años.

Pero hubo otra víctima colateral del motín social: la industria naciente. Madrid, como ya se ha dicho, era una ciudad donde se desarrollaba una industria naciente, básicamente textil, y por lo tanto había una gran concentración de población obrera en la capital. El hecho que los obreros consiguieran aterrorizar al propio rey y al propio gobierno fue un hecho que desincentivó toda la iniciativa de crear un tejido industrial sólido, pues demostró que el pueblo unido podía enfrentarse al gobierno de un modo exitoso y conseguir que cediera en su política. En este motín las cifras hablan claro: en este motín se reunieron 15.000 y la cifra final de población reunida en la Puerta del Sol, el 24 de marzo, fue de 20.000-30.000 personas.

En definitiva, Esquilache, fue expulsado del cargo, mientras el rey, que huyó aterrorizado ante las masas enfurecidas el día 25 de marzo y había abandonado a la guardia de palacio a su suerte y murieron 19 de ellos a manos de los rebeldes que asaltaron Aranjuez al comprobar como el rey rehuía hablar con ellos, tuvo que ceder ante la multitud furiosa el día 26 de marzo.

 

¿Fue un levantamiento popular? No. Lord Rochford habla que la nobleza no se vio amenazada, lo lógico si fuera un levantamiento popular espontáneo que fuera contra la misma, y el hecho de que Campomanes hubiera decidido el año 1762 desamortizar las tierras de la nobleza fue un golpe para sus privilegios, y que Zenón de Somodevilla hubiera sustituido a Esquilache hubiera satisfecho a los jesuitas. La nobleza no aceptaba ser mandada por abogados como Esquilache, Campomanes, Moñino y Roda, y provinciales por añadidura.

 

“Cuando uno considera el gran orden con que se desarrolló, el desprecio que toda la gente mostraba hacia el dinero que les ofrecían, la claridad de sus ideas, afirmando que su principal objetivo era acabar con Esquilache y con el elevado precio del pan, y que la orden sobre los sombreros sólo era el pretexto, no hay lugar para la duda de que algunos de los grandes más importantes y los máximos representantes de la ley estaban detrás de todo el asunto.”

 

Rochford a Conway, Madrid, 31 de marzo a 5 de mayo de 1766, PRO, SP 94/173

 

El diciembre del año 1766 la Corte volvió a Madrid y promulgó un perdón general…¿general? Falso, en absoluto fue un perdón general hacia quien actuó en aquel motín contra la corona. El hecho de recluir a los vagos en hospicios por orden real e impedir que recibieran ayuda en forma de limosnas y sopa boba, que los jesuitas fueran expulsados de España al año siguiente y que muchos sacerdotes sobrantes fueran reenviados de nuevo a su respectivas diócesis y obispados dista mucho de ser un perdón general y se parece más a una represión atenuada para no hacer explotar una revolución social general que costara el trono y la vida al rey Carlos III. Carlos III se vengó de la afrenta, a pesar de que en un principio puso tierra de por medio para salvar la piel ante la masa furibunda y los nobles tradicionalistas. Era una afrenta al poder absolutista real, y esto significaba que si no sabía que había pasado y quienes eran los culpables su poder y prestigio internacional se verían dañados en Europa sin remedio. Los cargos que Esquilache ocupaba fueron entregados a Juan de Muniain (Guerra) y a Miguel de Múzquiz (Hacienda), ambos expertos administradores pero no miembros de la a nobleza tradicionalista, con lo que la nobleza se vio de nuevo desairada.

Acto seguido tropas llamadas por Carlos III se acantonaron en Madrid y detuvieron a todos los vagos de la ciudad y conducidos a un hospicio mientras se prohibía dar limosna a los religiosos y otros religiosos eran enviados fuera de Madrid. Así se desactivaba de un modo automático tanto la fuerza popular que amenazó el poder real como a los sectores tradicionalistas que lo apoyaron durante el motín de Esquilache.

Poco después le tocó recibir, fueran o no culpables, a los jesuitas, amigos de Ensenada. La victoria del motín hubiera supuesto que hubieran vuelto de nuevo al poder y que a través de ellos dominarían al rey la nobleza tradicionalista contraria a sus reformas. Poco después serían expulsados de España y Portugal en una política de reforzamiento de poder real, pues los jesuitas eran partidarios del Papa y Carlos III aspiraba a tener más poder absolutista, lo que pasaba por controlar ante todo la iglesia española y hacer descender la fuerza del poder papal en España. Cómo en el caso de la Orden del Temple en el siglo XIV en Francia y los reinos ibéricos, ellos fueron las víctimas de la lucha por el poder entre el Sumo Pontífice romano y el rey borbónico español y el rey luso, por idénticas razones.

Pero el motín se había dado por otras razones, y una de ellas era el hambre, derivada de la sequía, los altos impuestos, la inflación de precios y la Guerra de los Siete Años (1756-1763) europea. No sólo hubo motines de hambre en Madrid, sino en muchos otros lugares del reino, pero lo que atizó a estos motines con más fuego fue el motín de Esquilache en Madrid. Tras este surgieron todos los demás que fueron tan radicales que hubieron de ser reprimidos por el ejército, pero consiguieron su objetivo: los precios de los alimentos bajaron, aunque en Zaragoza, por ejemplo se cobraron la vida de once personas que fueron ejecutadas a raíz de estos motines del hambre popular.

Los jesuitas eran una orden muy rica. Pecado terrible en una sociedad y una época donde las guerras eran muy costosas de mantener y el gobierno muy belicoso. Aparte de esto eran papistas, como ya se dijo antes, con lo que por un lado tenían mucho dinero que el rey deseaba poseer y por otro no le eran tan fieles a su personas como él deseaba que fueran, aunque no le eran ciertamente desafectos, tenían voto de fidelidad al Papa, y eran partidarios de los sectores tradicionalistas de la Corte, contrarios a las reformas borbónicas. Aquí se hallan los tres pecados capitales que los hicieron ser expulsados de España. La iglesia la formaban unas 15.000 personas sobre una población total de 10’5 millones de habitantes, y las órdenes a las que pertenecían no eran precisamente pobres y desorganizadas, pero la orden jesuita, en una segunda edición de los templarios, estaba mucho mejor organizada que el resto, era más rica y era fiel al Papa. La copia exacta de la Orden del Temple, como ya se dijo anteriormente, y no sólo el rey deseaba su riqueza y propiedades, también las deseaban las restantes órdenes, que tras su desaparición saquearon y se apropiaron de sus bienes repartiéndoselos entre ellas, sumando a estos repartos las cátedras universitarias que poseían los jesuitas.

El año 1767, la noche del 21 de marzo, del modo más cobarde, fueron levantados de sus camas los monjes de la Orden a punta de bayoneta, metidos en carruajes del modo más rápido posible y enviados en barcos a América bien aprisa, ante la tibieza de la iglesia en general deseosa de lanzarse como buitres sobre sus riquezas, posesiones y cátedras universitarias. Fue una maniobra cobarde y sumamente tiránica de un rey que no quería que nadie le hiciera sombra en su poder absolutista y se merece un justo reproche.

Familia Carlos IV

MANUEL DE GODOY (1ª Parte). Por Cristófol Miró Fernández

 

 

Don Manuel de Godoy (1767-1851), valido de Carlos IV (1788-1808), hijo de Carlos III (1759-1788), rey de España. Don Manuel de Godoy, valido instantáneo, y nunca mejor dicho, fue hecho valido con 21 años de edad, sin experiencia política alguna, sin conocimientos algunos en la materia, sin capacidad alguna de ser valido en ningún aspecto…¿Por qué fue hecho valido, entonces? Por la sencilla razón que Carlos IV y su esposa necesitaban alguien en quien apoyarse para gobernar, pues eran presionados por golillas y militares para que hicieran caso a uno y desdeñaran al otro bando. Necesitaban alguien que no fuera ni funcionario civil (golilla o aragonés) ni militar, y encontraron por casualidad a Manuel de Godoy. Podríamos encontrar aquí un segundo Nithard o un segundo Valenzuela, y sería correcto considerarlo así, pero su ascensión al cargo de valido fue todavía más sorprendente y absurda: se cayó del caballo haciendo su ronda de vigilancia en presencia de los reyes el septiembre del año 1788 en San Ildefonso. Acto seguido se levantó sin aspavientos y volvió a montar en el equino. La princesa de Asturias lo vio, lo llamó a sus habitaciones y el joven guardia a caballo entró como guardia de las habitaciones reales y salió destinado a ser primer secretario de Estado, otra forma de llamarlo valido el año 1792 tras ser ascendido rápidamente durante estos años en guardia real, ser colmado de favores y riquezas y ser convertido en un personaje conocido en la Corte gracias a sus amigos reales…así de absurdo.

Él mismo lo describe en sus diarios el año 1840 en el exilio parisino al que fue el año 1808 tras la reunión en el palacio de Fontainbleau entre los reyes y su hijo Fernando VII con Napoleón Bonaparte, en el que ambos bandos acabaron abdicando a favor del dictador, convertido en Emperador el año 1804, y del que nunca volvió:

“No fue culpa ni ambición de parte mía que se hubieran propuesto y quisiese Carlos IV tener un hombre de quien fiarse como hechura propia, cuyo interés personal fuese al suyo, cuya suerte pendiese en todo caso de la suya, cuyo consejo y cuyo juicio, libre de influencias y relaciones anteriores, fuese un medio más para su acierto o su resguardo, en los días temerosos que ofrecía Europa. Por esta idea, todo suya, me colmó de favores, me formó un patrimonio de su propio dinero, me elevó a la grandeza , me asoció a su familia y ligó mi fortuna con la suya.”

Príncipe de la Paz, Memorias, I, p.54.

Cabe tener en cuenta que un monarca que elige de esta manera a sus validos ministros suele acabar hundiendo su reinado tarde o temprano, pues pierde credibilidad ante la elite y el pueblo, que no comprende ni acepta al nuevo valido, elevado al cargo de un modo tan improvisado y poco meditado. Sería bueno recordar como elegía a sus ministros la reina Isabel II de España (1836-1868) y que guarda bastante relación con este modo de elegir ministros “a dedo”…se la conoce como la “política del Cotillón” y el ministro X sabía que seguía o no en el cargo si la reina bailaba con él el baile del Cotillón en ocasiones especiales. Este medio de elegir ministros y ministerios completos, junto con la política que guiaba a todo el reino, eran profundamente inestables y la reina, junto con el casamiento en 1836 con su primo Francisco de Asís, conocido por su homosexualidad latente, hasta el punto que el pueblo lo llamaba Doña Paquita, la petición de la rosa blanca al Papa, lo que implicaba que era virgen después de casada y que no había consumado el matrimonio con su esposo, la camarilla que la aconsejaba en su decisiones compuesta por el Padre Claret y Sor Patrocinio, la monja de la llagas, las derrotas militares en la reconquista de América en al año 1866, la propia fealdad de la reina, cuyo parecido físico y de gobierno con su padre Fernando VII, sus numerosos amantes, fruto de su estúpido matrimonio político, la inestabilidad de España entre 1833 y 1868 y la crisis económica del 1866 que llevó a la bancarrota del Credit Mobiliare Français, llevó al final de la monarquía borbónica el año 1868 y el Sexenio Revolucionario (1868-1874).

Lo cierto es que Don Manuel de Godoy no era poco inteligente, pero tampoco era un genio político, su inteligencia tenía limitados recursos, y su formación educacional era sencillamente correcta, pues era hidalgo, nacido en Badajoz. Ello no implica que un hidalgo no pudiera ser bien educado y llegar alto, de hecho todos los altos burócratas de la época borbónica eran hidalgos e incluso los había de clase humilde, como José de Gálvez, ministro de Carlos III, muerto el año 1787, un año antes que el rey Carlos III, cuyos dos hermanos eran conocidos como honrados carreteros.

Lo que realmente irritaba a los ministros era el modo improvisado y poco meditado por el que Godoy fue hecho valido por los reyes, y su escasa formación para tal puesto político. El pueblo tampoco lo entendía, y era lógico, y eso hacía que Godoy no fuera aceptado por la sociedad española en conjunto.

Manuel de Godoy tenía una relación un tanto especial con el género femenino. Su misma elección como ayudante real era debida a la elección “a dedo” de la Princesa de Asturias, una mujer que, contra la costumbre de la época, era una mujer muy abierta en el trato con los hombres. Se dijo que fue la amante de Godoy, cosa que no es cierta, o no lo fue tras su casamiento en el año 1797. Lo que sí fue su gran amiga, así como amigo del rey Carlos IV, un hombre del que después hablaremos del carácter que tenía. Godoy, en realidad era lo único que permitía un acierta libertad de movimientos a los monarcas, como Nithard o Valenzuela garantizaban lo mismo a Doña Mariana de Austria entre el año 1664 y 1675.

Como describe el historiador Muriel, en la Historia de Carlos IV, I, p.141, “Lo que dolía a los españoles era el origen del favor de Don Juan Manuel Godoy, debido únicamente a la pasión de la reina”, lo que quitaba credibilidad tanto a los monarcas como a su criatura, a quien estos convirtieron en Grande de España, duque de Alcudia, Príncipe de la Paz, comendador de la Orden de Santiago, miembro de la gran orden de Carlos III y de la orden del Vellocino de Oro, asimismo fue hecho mariscal de campo, generalísimo y almirante. Y toda esta abultada lista de condecoraciones varias para un joven sin apenas nociones para llevar a cabo sus funciones. Por si esto fuera poco, en agosto de 1789 se concedió una renta vitalicia a Godoy de 266.667 reales. Esta renta fue traspasada a su amante, Pepita Tudó, tras su boda con María Teresa de Borbón, el año 1797, boda también orquestada por los reyes, aunque la amante, el auténtico amor de Godoy, siguió siendo amante suya, tuvo dos hijos con ella, fue nombrada condesa, y padeció su mismo destino fatal con su casa asaltada por la multitud enfurecida el año 1807.

Porque hacia el año 1796 Godoy se enamoró realmente de Josefa Tudó, una humilde muchacha gaditana. Pero no era la esposa que los reyes deseaban para él y un año después fue esposado por inspiración real, y obligación real, con la noble María Teresa de Borbón, prima del rey. Pero como ya se dijo antes, jamás olvidó a la joven gaditana y fue muy favorecida por Godoy, dándole título de condesa y pasándole su renta vitalicia de 266.667 reales, un regalo real dado a este por los reyes el año 1789. Godoy jamás retó a los reyes en sus decisiones y siempre las aceptó, de otro modo hubiera sido desairado y hubiera perdido la posición social que había conseguido, y para un “humilde” hidalgo esta posición de poder, de títulos y dinero era un regalo inestimable.

Godoy se decía que era amante de la reina, lo que no pasaba de un simple bulo acentuado por el carácter abierto de la reina con los hombres, se sabía que era amante de Pepita Tudó, estaba casado con la prima del rey, María Teresa de Borbón, y aun así más mujeres lo rodeaban cada día, lo que le hacía un flaco favor a su ya inestable elección política. Cuando algún deseaba algún favor de Godoy le enviaba para pedírselo a su más hermosa hija, con lo que la antesala de su palacio siempre estaba lleno de mujeres, aparte de objetos lujosos, con lo que Godoy se creaba una clientela que lo apoyaba en su designios políticos de ser aceptado por la nobleza, algo vital cuando el modo de elección de tal ministro es tan absurda como lo fue la de Godoy.

“Da audiencia a mujeres de todo tipo, princesas, duquesas, títulos y no títulos, todas juntas en la antesala iluminada por una sola lámpara”

Bute a Grenville, Aranjuez, 26 de junio de1795, PRO, FO 72/73

Pero que fuera amigo de la reina no implica que siempre fuera amable con ella, que fuera sumiso con ella. Lady Holland realizó una investigación entre el año 1803 y 1804 para saber realmente que tipo relación tenía Godoy con la reina y concluyó:

“Es imposible afirmar con certeza cuáles son los lazos que existen entre él y la reina. Él la desaira, la ha insultado y ha conseguido la confianza del rey con independencia de la influencia de ella; sin embargo, cuando sufre más intensamente la presión de la impopularidad o la interferencia francesa, ella le apoya eficazmente…”

Lady Holland, 24 de noviembre de 1803, Spanish Journal, p.118

Una relación ambigua, una relación que implicaba no tan sólo una sincera amistad, que la hubo, pues fue Godoy quien vivió los últimos minutos de vida de la reina en Roma, sino también una amistad interesada por ambos lados, por el de Godoy, la necesidad de ascensión social y de poder y dinero en un hombre ambicioso, y por la de los reyes la necesidad de contra con un apoyo cuando eran incapaces de reaccionar ante la situación política complicada que vivía España y ellos no eran capaces de llevar las riendas del poder, por lo que consideraban a Godoy un genio político que salvaría España del desastre, aunque las cartas de la reina indican que era sincera amiga suya.

“Saves que te he dicho me gustava y quería que fueran que fuesen las cartas y resoluciones puestas por ti, por la fuerza, justicia y decoro con que hablas en ellas, haciendo quede el Rey como corresponde y que este pobre Reyno no esté despreciado por todos y por los mismos naturales”

María Luisa a Godoy, Aranjuez, 25 de junio de 1803, San Ildefonso, 14 de agosto de 1806, en Seco Serrano, Godoy, pp. 88 y 97.

“Amigo Manuel, no te expongas y te guardes, pues hay malos pícaros, y que siempre sigas como hasta aquí, pues no tenemos más amigo que tú, ni quien como tú nos sea fiel y afecto. Luisa”

Citado por Corona, Revolución y reacción, pp. 283-285; véase también Carlos Pereyra, ed., Cartas confidenciales de la reina María Luisa y don Juan Manuel Godoy, Madrid, 1935.

Palabras ciertas, cuando el primer pícaro de esta “Trinidad en la Tierra” era el propio Príncipe de Asturias, el futuro rey Fernando VII (1814-1833), que conspiró para expulsar a su propio padre del trono el año 1808 en el Motín de Aranjuez, y pactó con Napoleón en Fontainebleau para conseguir el trono de Madrid, aunque en realidad quien en un principio ganó fue Napoleón, que engañó y quitó el trono tanto a Carlos IV y María Luisa como a Fernando VII. Y ni Godoy se salva de dicho título de pícaro, pues hizo un trato con Napoleón para conseguir el título de Príncipe del Algarbe portugués si permitía pasar las tropas napoleónicas para tomar Portugal el año 1808, lo que hizo en realidad Napoleón, aunque también se adueñó poco después del trono español, con lo que el trato entre Godoy y Napoleón tampoco fue respetado ni aplicado.

El rey Carlos IV, miembro de la “Trinidad en la Tierra”, según palabras de la reina María Luisa, era un hombre que, como todos los miembros de su familia hijos de Felipe V, tenían una obsesión u otra, lo que los incapacitaba para gobernar y hacía recaer el gobierno o en sus mujeres (Isabel Farnesio, Bárbara de Braganza, María Luis de Parma) o en validos (Godoy). Felipe V era un obseso sexual y religioso, Luis I no tuvo tiempo de reinar, pero también, como hijo de Felipe V que era, tenía ciertos problemas mentales, reflejados en el hecho que pasara un año para que Luis I compartiera mesa con su joven esposa, Luisa Isabel de Orleáns, 18 meses antes de que durmieran juntos y algunos más antes de que consumaran el matrimonio, Fernando VI era un hombre que vivía en el mundo infantil de los juguetes de cuerda, Carlos III era un obseso de la caza y Carlos IV lo era de los relojes, los que pasaba horas y horas observando su funcionamiento).

Goya self-portraitGoya pintando

GOYA, SU PINTURA Y SU TIEMPO. DOCUMENTAL. Por Jesús García Moreno.

Francisco Goya y Lucientes

 

Goya autoretrato(1790-95() Real Academia de San Fernando (Madrid)

 

 

En este completísimo Documental, magistralmente elaborado y comentado por profesores de Historia del arte y de Historia de España,   de diversas universidades británicas, podremos apreciar  la biografía humana de Goya, sus vicisitudes, sus éxitos y fracasos, sus enfermedades, que le llevaron a  una sordera prematura, y, de forma paralela, cómo estas fueron influyendo en su pintura,  en su imaginación y en la evolución que aplicó a   su pintura con tal de alcanzar las formas, colores e imágenes  que quería representar desde su interior más sincero y desnudo. Este trabajo es muy importante para comprender a Goya sus antecedentes y referencias pictóricas, su evolución y las influencias que desde  su estilo  emanaron impulsando  a la pintura contemporánea de finales del siglo XIX y primeros del XX. Por Jesús García Moreno

 

El tío Paquete (1820)

 

EN RECUERDO DE RAFAEL ALBERTI, EN EL 110 ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO. Por Jesús García Moreno.

Vídeo: EL mar, la mar…recitado por Rafael Alberti

 

 

Vídeo: Rafael Alberti un poeta de su tiempo, comentado por Luis García Montero

 

 

Rafael Alberti Merello, nació en el Puerto de Santa María (Cádiz) el 16 de diciembre de 1902, de una familia de origen italiano que se dedicada al negocio del vino en Cádiz y murió el 28 de octubre de 1999.

Comenzó sus estudios en el colegio de jesuitas San Luis Gonzaga. EL ambiente ultra religioso y la férrea disciplina chocaron con el espíritu del joven, que acabó siendo expulsado en 1916 por mala conducta.

En 1917 se trasladó junto con su familia a Madrid, allí se decidió por la práctica de la pintura, su principal actividad hasta 1923.

En 1920 falleció su padre. Ante su cuerpo yacente, Rafael escribe sus primeros versos.

Una afección pulmonar le obliga a trasladarse a San Rafael, en la sierra de Guadarrama. Allí desarrolla su inquietud poética que quedaría plasmada en el Poemario “Marinero en tierra” (1924).

Restablecido de su lesión pulmonar regresa a Madrid donde frecuenta la Residencia de Estudiantes rodeándose de otros poetas como Federico García Lorca, Pedro Salinas, Jorge Guillen, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, entre otros jóvenes que acabarían conformando el grupo poético más importante de la literatura española del siglo XX.

En 1925 con “Marinero en tierra” obtuvo el Premio Nacional de Literatura “ex aequo” con Gerardo Diego.

En 1927, aquel grupo de poetas decidieron, coincidiendo con el tricentenario de la muerte de Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 1561-1627) [1] en el Ateneo de Sevilla. De aquel acto surgió la llamada Generación del 27.

Rafael Alberti decidió implicarse de lleno en la política al final de la dictadura de Primo de Rivera, apoya el advenimiento de la II República Española y se afilia al Partido Comunista.

Junto con María Teresa León Goyri[2] (Logroño, 1903-Madrid 1988) su compañera de por vida.

Junto  a su compañera,  y otros intelectuales, contribuyeron a la salvación del Museo del Prado junto a  otros edificios emblemáticos de Madrid bombardeados  por la Legión Cóndor, enviada por Hitler en apoya del general golpista Francisco Franco.

Rafael Alberti, en conmemoración del acontecimiento, escribió el drama  “Noche de guerra en el Museo del Prado”.

Trasladado a Valencia, junto a otros intelectuales como León Felipe y Antonio Machado, celebraron en esa ciudad, en Madrid y Barcelona, en julio de1937, el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura[1].

EL final de la Guerra Civil, supuso el exilio, junto a su compañera María Teresa León, primero en Francia, de donde tuvieron que huir al ser acusados de comunistas peligrosos por el régimen del Mariscal Petain. Llegaron a Buenos Aires en 1940, en Argentina les nación su hija, Aitana. Desde 1963 establecieron en Roma. Durante esa etapa viajaron por Rusia, Europa, América y China. Regresarían a España en 1977. Año en que fue elegido diputado al Congreso por el Partido Comunista. Renunciando posteriormente a su escaño.

A partir de ese año se dedica con fervor a su labor literaria, se prodiga en recitales, conferencias, homenajes en olor de multitud. No llegó a ser admitido en la Academia de la Lengua pero obtuvo el Premio Cervantes en (1983), aunque previamente (1983) había renunciado al Premio Príncipe de Asturias, por sus convicciones republicanas.

 

El 28 de octubre de 1999, fallece en su casa de El Puerto de Santa María, su villa natal. Sus cenizas fueron esparcidas en su mar, aquel que le inspiro a través de la nostalgia por su ausencia, su obra “Marinero en tierra”.

 

 

Su poesía es “popular” -según Juan Ramón Jiménez-, “pero sin acarreo fácil, personalísima, de tradición española, pero sin retorno innecesario, nueva, fresca y acabada a la vez, rendida, ágil, graciosa, parpadeante: andalucísima”. La etapa neogongorista y humorista de Cal y canto (1926-1927) marca la transición de este autor a la fase superrealista de Sobre los ángeles (1927-1928). A partir de entonces, y tras afiliarse al partido comunista, su obra adquiere tono político. Este giro le lleva a considerar

su obra anterior como un cielo cerrado y una contribución irremediable a la poesía burguesa.


[1]   Luis de Góngora y Argote ( Córdoba, 1561-1627)   poeta y dramaturgo del barroco español del  Siglo de Oro , Fue el máximo  exponente de la corriente literaria denominada culteranismo o gongorismo. Su obre fue estudiada  e imitada, a lo largo del tiempo, como si de un clásico latino se tratara.

[2] María Teresa León Goyri, Estudió en la Institución Libre de Enseñanza, fue licenciada en Filosofía y letras, De clara vocación progresista, fue escritora de novelas, obras de teatro, poesía y articulista, glosadora de temas sociales, culturales y en defensa de la mujer. Fundo, junto a Rafael Alberti, las revistas Octubre (1933) y ya en plena guerra civil El Mono Azul.

[3] La Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura, creada en el 30 de julio de 1936,  fue una organización de carácter civil. Sus antecedentes directos se deben buscar en Paris (1935) dónde se constituyó, con la participación de algunos intelectuales españoles, la Asociación Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura, de la que su homónima española se creó como sección…

En el congreso de julio del 37 en Valencia participaron escritores como Antonio Machado, León Felipe, Pablo Neruda, Nicolás Guillen, Ernest Hemingway, Cesar Vallejo, Raúl González Tuñón, Octavio Paz, André Malraux, Luis Aragón, entre otros.

Vídeo: Enrique Morente interpreta a Rafael Alberti

 

Vídeo: Entrevista en TVE a Rafael Alberti

Bibliografía:

-Antología del grupo poético de 1927, Edición de Vicente Gaos, actualizada por Carlos Sahagún. Cátedra Letras Hispánicas,Ediciones Cátedra(Grupo Anaya, Madrid, 2001

-Wikipedia

-Página web www.cerrvantes

Vídeos:

Entrevista subido por sleeperawake22

El mar, la mar… recitado por R.ALberti , subido por juanelotv

Rafael Alberti un poeta de su tiempo, subida por cedecom