CAZANDO ESTRELLAS por Raquel Viejobueno.

Cazando estrellas.

Salí al patio de luces para tender la ropa que, húmeda, se dejaba hacer. Miré arriba, un diminuto cuadrado azul blanquecino, era la única entrada de luz y aire. Mi vecina que ansiosa de diálogo, me oyó desde la cocina solitaria, abrió la puerta, y disimulando  no verme, fingió sorprenderse de mi presencia. No me extrañó, ya nada me extrañaba. Comenzó hablar, a contar y a decir, y yo, a escuchar, a callar a asentir. El diálogo no nacía y en ese aborto de comunicación, creí morir antes de haber estado en ese patio de luces. Olía a hambre, a manchas en la piel de los trabajadores, a corrupción en los delantales de los que cocinan para el pueblo, olía a desahucio, a penas y lágrimas que se secan en la piel, y se quedan como barro, como tatuajes de tiempo.

Continué tendiendo mi ropa, colocándola lo mejor posible, y mientras lo hacía me sentí peor que si hubiera estado en la más absoluta soledad.

El abandono social, la indiferencia por los olores que nos estrangulan y nos despojan del significado de ser humanos, me brotaban como un herpes por todo el cuerpo. Mi ropa, que se quemaba de rabia, era ya viejos harapos de un pasado que no quería recordar, y me vecina hablaba, a veces sonreía, decía y contaba, y yo escuchaba, miraba de reojo, callaba. El cuadrado azul pareció ser más pequeño, y el patio de luces más oscuro, y poco a poco cada ropa fue tornándose como figuras rocambolescas de personas olvidadas, vidas de cartón y existencias en alcantarillas. Sentí que era el lugar, ese era mi país y mi territorio, con los mismos olores, las mismas tristezas, y la melancolía de no encontrar diálogo. Mi vecina hablaba, se tocaba los cabellos y hacía que colocaba pequeños objetos, yo iba perdiendo mis identidades, y vi volar mis sueños, escapar entre los ojos mi infancia, y vi a mis vecinos mudos que colgaban en cuadros sus dramas.

Cada vez quedaba menos luz, menos aire, y mi ropa quedó expuesta a un futuro que no vislumbraba, lo único que pude creer, y mientras oía a mi vecina relatar y relatar, fue salir a cazar estrellas, para cosmos-universo-estrellasdejarlas al pie de la frontera de la vida que quería crear y compartir. Ese día salí a cazar estrellas y ya nunca regresé…

Raquel Viejobueno

4 pensamientos sobre “CAZANDO ESTRELLAS por Raquel Viejobueno.”

  1. Muy hermoso relato que muestra un claro contraste entre las personas sensibles a la realidad que les rodea y los que permanecen ajenos a todo aquello que les puede afectar y prefieren cerrar los ojos.
    Las personas que cazan estrellas son los que hacen que el futuro avance, sin ellas, gente soñadora, nada es posible.

  2. Cuánta belleza poética, bronca y dolor.
    ‘Mi ropa que se quemaba de rabia’. La soledad profunda ……me pegó hondo.
    Las crisis siempre, siempre nos tocan, nos sacuden…a algunos -dichosos- solo los acarician.

    Saludos

  3. Mil gracias por vuestros comentarios. En todas las crisis siempre encontramos las mismas víctimas, en un ciclo que nunca se termina, ni cambia. Lo mejor es tener un patio de luces, donde salir a cazar estrellas, y soñar con un cambio. Abrazos.

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