EN BUSCA DE UN ÁGORA: USOS CÍNICOS Y USOS CLÍNICOS( nº1) Por Manuel Álvarez Machado

Hace unos años leí un ensayo del sociólogo francés Pierre Bourdieu en el que acertadamente, en mi modesta opinión, venía a decir que el conocimiento “de que es lo que hace que las cosas sean como son” podría impulsarnos tanto a aceptarlas sin debatirlas o cuestionarlas, cómo a sugerirnos todo lo contrario, es decir, a alentarnos a combatirlas. Este conocimiento, aplicado al de la comprensión del funcionamiento de los complejos mecanismos sociales, podría inducir a actitudes diferentes y contrapuestas, a dos usos distintos de un mismo conocimiento,  que él llamaba “uso cínico” y “uso clínico”.

Cínicos

Los que optaran por un “uso cínico” probablemente pensarían que, puesto que el mundo es como es, lo mejor sería aceptar una estrategia que les permitiera explotar las normas en su provecho, sin atenerse o considerar si son justas o no, o si le agradan o desagradan.

Los que optaran por un “uso clínico”  serían propensos a pensar que ese mismo conocimiento podría ayudar a combatir con más eficacia todo aquello que consideraran incorrecto, dañino o nocivo para nuestro sentido moral.

De la existencia o realidad de estos diferentes usos podemos sacar la conclusión que el conocimiento de las cosas no determina el modo en que pueden ser utilizados, y que ello supone en última instancia una oportunidad de elección, que los hombres, si libres, pueden ejercer en libertad.

Clínicos

Ahora bien, si el conocimiento no determina el modo en que puede ser utilizado, y reducimos estos modos a los que hemos llamado “uso cínico” y “uso clínico”, la pregunta es ¿qué es lo que hace que las personas opten por uno de estos dos usos?. Para complicar un poco la respuesta (a la larga para facilitar soluciones) observemos que en la línea divisoria entre los espacios de ambos usos se sitúan muchas personas que con frecuencia cambian de orilla, pasando del cinismo a lo clínico o viceversa (pero esto será tema en otra ocasión).

Pues bien, en una lectura rápida parece acertado establecer que hacia el uso cínico convergerán las personas más proclives a priorizar el interés propio como el objetivo fundamental (o tal vez podrían pensar que es el más viable, o único), y que hacia el uso clínico se encaminarán aquellos que consideren los sentidos morales como objetivos prioritarios para una vida social correcta, o mínimamente correcta.

¿Egoísmo frente a altruismo o solidaridad?. Tal vez.

Nuevamente volvemos a preguntarnos ¿por qué unos priorizan unos objetivos y otros priorizan objetivos distintos, que difícilmente congenian o congeniarán entre sí?. Seguro que son muchos los factores, aunque algunos tengan una mayor incidencia, pero dejemos para otro momento su búsqueda y localización.

Lo que sí queremos decir, y advertimos ahora, es cómo afectan estos “usos”, en una primera y sencilla aproximación, a los elementos base situados en el tablero socio-político, ese del que hablamos en el artículo anterior.

Teníamos, y usaremos nuestro país como ejemplo para facilitar la exposición, en el tablero: al Partido Popular, en el gobierno, básicamente al PSOE en la oposición parlamentaria, a los bancos, entidades financieras y grandes capitales apoyando a los primeros y a los movimientos ciudadanos (de uno en uno o colectivos) apoyando a los segundos.

El primero proyecta su sombra sobre casi dos tercios de la superficie. El segundo sobre el tercio restante. Los bancos, entidades financieras y grandes capitales proyectan su sombra sobre la superficie ya sombreada por el P.P. y parte de la sombreada por el PSOE. Los movimientos ciudadanos apenas se proyectan sobre el tablero.

Y es, en parte, coherente que los movimientos ciudadanos no se proyecten sobre el tablero socio-político existente, pues la mayoría de sus partícipes no creen en él, especialmente la juventud.

La consecuencia es que la mayoría de la ciudadanía que se siente representada y ocupa espacio, en ese tablero socio-político, acepta el “uso cínico” como el modo adecuado o correcto de actuar en sociedad y en las relaciones humanas., quedando el “uso clínico” en franca minoría e incluso, en estos momentos, en regresión.

La mayoría cree o piensa que no hay alternativas a lo que sucede, que es imposible el cambiar el rumbo de las cosas, que son sueños o utopías las demandas e intentos de los que defienden “usos clínicos”.

Yo creo en las posibilidades de los “usos clínicos”, creo en esos sueños e ideas que otros dicen son utopías, y por ello deseo que los espacios que rodean a los que así pensamos se vayan ocupando por gentes que piensen de forma similar, que actúen “clínicamente”.

¿Cómo se puede ampliar el espacio de los “clínicos” y el número de sus ocupantes?. No es fácil, jugamos en inferioridad, para empezar casi carecemos de lugar de reunión.

¿Lugar de reunión? Si no son hoy apropiadas o válidas las instituciones clásicas de la democracia, o son simplemente insuficientes, ¿dónde ubicarnos?, probablemente sean espacios públicos y privados simultáneamente (estos segundos entendidos como “de los ciudadanos”, no de “propietarios”), espacios en los que se encuentren, dialoguen y se entiendan lo publico y lo privado, espacios en los que las preocupaciones privadas se conviertan en temas públicos, o en los que en las preocupaciones privadas se adviertan temas de preocupación pública; espacios donde puedan renacer y cobrar nueva forma ideas como “bien público”, “sociedad justa” o “valores comunes”. No son encuentros entre la ciudadanía y el poder clásico, son espacios en los que pensar y debatir cómo unir y armonizar los deseos y necesidades privadas con una actuación pública.

Desde tiempos lejanos el Ágora ha sido espacio publico y privado. Tal vez tengamos que recuperarlo, actualizándolo y adecuándolo a nuestro tiempos, y posibilitando cauces para que sean efectivas y realizables sus decisiones. Por Manuel Álvarez Machado

  

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