EL PRIMER RESCATE ESPAÑOL: AÑO 1558, REINANDO FELIPE II. Por Cristófol Miró Fernández

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“Está consumido y gastado casi todo lo que se puede sacar de rentas ordinarias, extraordinarias, bulas y subsidios, hasta final de 1560”. Palabras de doña Juana de Austria (a la derecha), regente, hermana de Felipe II al padre de ambos, Carlos I de España y V de Alemania, en septiembre del año 1554.

 

 

Carlos I cedía su poder a su hijo Felipe II en Bruselas, en enero del año 1556. Recibía un poder inmenso, sobre los reinos hispánicos, las Indias y Sicilia…en su reino “no se ponía el sol”, pero también debía, junto con la enorme riqueza que poseía, la enorme cantidad de 15 millones de ducados a banqueros y reinos, y aun la cifra era mayor si se tenían en cuenta retrasos y refinanciaciones de la deuda…
Felipe II optó por una decisión radical, pues no ignoraba tampoco las palabras de su hermana, que figuran al inicio de este texto, y decidió una suspensión de pagos general, pero con suficiente tacto como para no ofender a sus acreedores, que le iban a seguir siendo útiles y muy necesarios. Era extraño que un reino tan poderoso y rico estuviera endeudado hasta las cejas, y para saber las razones de este hecho cabe volver un poco antes de Felipe II, a la época cuando Francisco I y Carlos I luchaban por ganar el título de Emperador de Romanos y Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y que se les tenía que ser otorgado por los Grandes alemanes a uno o al otro en Aquisgrán, el año 1520.
Carlos I ganó el título, a costa de enormes sacrificios que lastraron la economía española para muchos años después…su rival era un rey más consolidado, Francisco I Valois, pero él era el primogénito de la casa de los Habsburgo y se consideraba con derechos legítimos para conseguir el título doble, aunque era muy joven y solamente llevaba tres años en el cargo de rey…una de cal y otra de arena. Así pues acudió a la vieja idea del Arcipreste de Hita en su Libro del Buen Amor (Propiedades que el dinero ha) o a la idea de Quevedo posterior de Poderoso caballero es Don Dinero…es decir, compró a los electores.
A un precio carísimo. El título de Carlos V de Alemania costó 851.918 florines de oro, que fueron a parar a las arcas del duque del Palatinado (139.000 florines) o del arzobispo de Maguncia (103.000 florines) entre otras arcas. Pero el problema era que Carlos I no tenía tantísimo dinero para llevar cabo su plan, así que hubo que conseguirlo de otras maneras que sacándolo de su Tesoro, y las Cortes de Castilla, Aragón y Cataluña eran muy reticentes a darle un solo florín de oro sin haberlas convencido antes y no era nada fácil hacerlo…
Así pues empezó a hablar con banqueros, básicamente alemanes e italianos, sobre los que sobresalía con luz propia la familia de banqueros alemanes Fugger, de Augsburgo. También participaron de modo marginal banqueros castellanos, y se hizo lo que ahora se llama préstamos sindicados, usando toda la banca nacional para 2salvar una gran empresa en peligro.
El truco salió bien y Carlos I decidió repetir la operación cada vez que necesitaba dinero, lastrando la economía durante los próximos 40 años, jalonados de guerras de guerras y victorias, pero también de facturas a pagar una tras otra.
Ya en 1523 empezaron los problemas y era imposible pagar las facturas que debía a los banqueros que eran sus acreedores. Las voces cada vez eran más altas, y el Emperador cada vez tenía más y más dificultades para pagar lo debido, hasta que en plena campaña de Milán de 1524 a 1526 se negaron a prestarle nada…el Emperador estaba en una situación crítica, Y Jacob Fugger (1459-1525) (a la derecha) era uno de los que más lo presionaba, por lo que optó por una solución de emergencia para calmarlo, una solución desastrosa para sus arcas.
La Corona extraía una gran cantidad de dinero para Hacienda de propiedades como los maestrazgos de la Órdenes Religiosas de Calatrava y otras, y en sus tierras se hallaban las célebres minas de azogue de Almadén, por ejemplo. Todas esas propiedades fueron cedidas a los Fugger para calmarlos, y en vez de ir a parar a la Hacienda de Carlos I, fueron a parar a las arcas privadas de Jacob Fugger, durante más de un siglo, entre 1525 y 1645. Al margen de estas propiedades se hicieron con el control de otras explotaciones mineras de importancia…
La situación era desesperada, así y todo…las ganancias conseguidas un año X servían para pagar las deudas del año anterior, mientras la guerras obligaban a suscribir nuevos préstamos para el siguiente…España, por otra parte, era el granero económico de la Corona. No podían compararse los ingresos conseguidos en España con los conseguidos en los Países Bajos o las Indias en plena conquista. España era la única esperanza de poder pagar las deudas que tenía Carlos I con sus acreedores.
Pero no lo conseguía, cada vez había más y más deudas a pagar y era imposible sacar el dinero necesario para hacerlo de ningún lado, con lo que el Emperador decidió arrendar por subasta la recaudación de rentas que cobraba la Corona…pero tampoco era suficiente. El siguiente paso fueron los juros emitidos por Hacienda. Podían tener un elevado interés del 10% y eran peligrosos para el inversor. Cada juro dependía de un impuesto a cobrar, y si este impuesto fallaba, cobrarlos era muy difícil…por lo que todos los inversores pugnaban por los más seguros y de mejor calidad crediticia…
Sus súbditos españoles eran reticentes a ser las víctimas de las grandezas del Imperio…y las Cortes castellanas ponían cada vez mayores obstáculos a la Corona. Ya en 1529 un texto castellano reza: Las necesidades del Imperio y de otras tierras, que no son España ni están a ellas sujetas, no se podrían justamente pagar con lo de España, ni imponerlas a España; únicamente no teniendo ellas para defenderse, y sobrando en Castilla, podría se decir que en “in subsidium” se pudiese pedir, pero no tal que pusiese en necesidad a Castilla”.
Entre 1532 y 1542 los tesoros llegados de América permitieron a 3Carlos I que sus arcas tuvieran una salud desconocida, pero a partir el 1542 una nueva guerra con Francia volvió a complicar las cosas, y en 1544 la guerra con Francia se vio sustituida por la guerra contra los luteranos tras el Concilio de Trento (a la derecha)…y el Emperador tenía ya muy mala fama, pues cada vez cumplía menos con el pago de sus deudas a sus acreedores. Tras las guerras luteranas los intereses por los préstamos subieron del 28% al 48%…una presión intolerable…y cada vez menos banqueros estaban dispuestos a prestarle dinero…
Tras la Paz de Augsburgo, Carlos V decidió abdicar, y Felipe II se encontró ante un aterradora deuda de 15 millones de florines a pagar, sin contar los intereses de demora, y decidió cortar por lo sano…
Nunca antes se había hecho algo así y muchos banqueros, entre ellos los Fugger, perdieron millones de florines, pero además marcó el camino para que otros reinos como Francia o Portugal lo repitieran cuando estaban demasiado endeudados. Pero Felipe II no quería dejar de pagar a sus acreedores, por lo que reestructuró la deuda. Cambió los juros por los juros perpetuos, por la que a cambio de que el Reino jamás amortizara el capital principal, a los inversores se les pagaba a un interés más alto que el 10%, a perpetuidad. Además, se aplicaba una quita, o el perdón de una parte de lo que se le debía para cobrar el resto de lo debido.
Felipe II se libró así de la montaña de deudas legada por su padre, pero más tare él mismo hizo una propia, declarando dos suspensiones de pagos más durante su reinado…demostrando que la economía gobierna sobre la política de manera indiscutida y nunca de modo inverso.

Autor: Cristóbal Miró Fernández.

 

 

 

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