MANUEL MACHADO. Biografía

Manuel Machado (1874-1947)

Datos biográficos, con especial referencia a las actividades relacionadas con el teatro.

Autor: Rosa Sanmartín Pérez.

Manuel y Antonio Machado. (Sevilla 1883).

Manuel Machado nació un 29 de agosto de 1874 en Sevilla; era el mayor de nueve hermanos[1].

En 1883 se traslada con su familia a Madrid, donde ingresaría, junto con Antonio, en la Institución Libre de Enseñanza. A Sevilla volvería en 1896, cuando su familia decide alejarlo del Madrid bohemio, para que continúe su carrera en la universidad de Filosofía y Letras, donde se licenciaría.

Manuel aprovechó su estancia en Sevilla para continuar su labor de escritor, que había comenzado años atrás:

De los doce a los quince años -¡qué edad!- era yo ya poeta, versificador al menos, y encontraba una gran facilidad para la rima y el ritmo, sin tener que contar las sílabas con los dedos, como le ocurría a muchos de mis condiscípulos[2].

De esta época también son “los periódicos manuscritos que los Machado hacían, y que iban de mano en mano, entre los asistentes a casa de doña Victoria, [en donde Zayas representaba teatro]”[3].

En 1893 pasa a formar parte de los colaboradores de La Caricatura, a petición de Enrique Paradas, director de la publicación. Fue una de las revistas humorísticas de la época, aunque tuvo muy poca vida: 1891-1893. De esta última etapa son las colaboraciones de Manuel y Antonio Machado:

Pues bien, este Enrique Paradas, Antonio Machado y yo sostuvimos más de un año el semanario satírico “La Caricatura”, escribiéndonos las treinta y dos o treinta y seis páginas de que constaba. El gran caricaturista Ángel Pons se lo dibujaba todo. Fue esta mi primera aventura periodística. Quedé por entonces bien harto de las letras de molde[4].

Dos poemarios escribiría con Enrique Paradas, Tigres y alegres (1894) y Versos (1895).

En 1896 comienza su colaboración con El Porvenir de Sevilla. Allí publicará algunos poemas[5] y, posteriormente, en 1897, se embarcará, junto a su hermano Antonio, en el Diccionario de ideas afines y Elementos de Tecnología. Compuesta por una sociedad de literatos bajo la dirección de Eduardo Benot[6], de la que Manuel Machado pasará a ser secretario de Redacción.

También en El Porvenir continuaría con su faceta de crítico teatral, comenzada cuatro años antes en La Caricatura. Como explica el profesor Alarcón Sierra:

Las dos reseñas teatrales aparecieron el 30 de marzo y el 2 de abril de 1897, en la tercera página de El Porvenir. Sorprende la cercanía de ambas y su falta de continuidad; las críticas sucesivas muchas veces aparecen sin firma; tal vez alguna fuera de Manuel Machado, pero entonces, ¿por qué firmar unas sí y otras no, cuando, además, conocemos su «deseo prematuro de publicidad»?. También podemos pensar que nuestro escritor sustituyó eventualmente en esas dos ocasiones a la persona que se ocupaba normalmente de desempeñar esa tarea y que, una vez reincorporada ésta a sus funciones, Machado no tuvo otra ocasión de hacer críticas teatrales. Hipótesis aparte, lo cierto es que sólo encontramos dos colaboraciones de este tipo firmadas por nuestro autor a lo largo de todo 1897[7].

Tres años más tarde, en  1899, Manuel Machado se traslada a París. Allí conocerá a los simbolistas que dejarían su impronta en el poeta, especialmente en sus siguientes composiciones; aunque años más tarde, volvería a retomar el folklore popular como base de su creación poética.

En 1901 aparece la revista Electra en la que colaborarán Pío Baroja, José Martínez Ruiz, Ramiro de Maeztu, Francisco Villaespesa, Ramón María del Vallé-Inclán, y Manuel Machado, como secretario; quien, a su vez, tendría una sección fija en la revista, «Los poetas del día», en la que también Antonio Machado publicó algunos de sus poemas.

En sus estancias en Sevilla conoce a su prima Eulalia Cáceres, con la que contraerá matrimonio en Sevilla, un 15 de junio de 1910. Ella sería la encargada de custodiar los fondos machadianos que, casi un siglo después, darían a conocer parte de la creación literaria de los hermanos Machado, que hasta la fecha había permanecido inédita, y que mostraban algunos aspectos de la biografía y la bibliografía de ambos autores hasta ahora desconocida.

Dos años más tarde, en 1912[8], salía a la luz su Cante Hondo, poemario que recogía la tradición andaluza y popular tan arraigada en su padre, Antonio Machado Álvarez, Demófilo.

En noviembre de 1916, Manuel Machado, entraría a formar parte de la redacción de El Liberal, donde ejercería de crítico teatral, con un tono menos satírico que el que habíamos visto con anterioridad en La Caricatura, y de donde pasaría a La Libertad en 1919. De la época de El Liberal son los artículos en los que volcaría sus aportaciones a la escena española: necesidad de una renovación teatral, creación de un Teatro Nacional, profesionalización del actor,… que quedarían plasmados, posteriormente, en su Manifiesto Teatral.

A este respecto se refirió la investigadora García-Abad:

De este modo, si cotejamos lo que podríamos denominar como éxitos comerciales (obras que se han acercado o superado la mítica cifra de las cien representaciones) del periodo con el volumen de recensiones tratadas por Manuel Machado en La Libertad, se evidencia un desinterés palpable del crítico por un tipo de teatro popular o comercial a favor de otras opciones que muestran una atención especial al teatro clásico y extranjero. De unas sesenta obras que rondaron el centenar de representaciones, Manuel Machado atiende en su selección sólo a veinticinco. No todas ellas, por otra parte, merecen un juicio favorable del autor[9].

El teatro que recibimos allende nuestras fronteras se muestra como uno de los pilares fundamentales para la renovación y la asimilación de corrientes vanguardistas. Especial atención muestra Machado ante el teatro extranjero. De las cuatrocientas reseñas recogidas para este estudio unas ciento cincuenta se refieren a obras de autores extranjeros. Manuel Machado nos acerca a través de sus críticas al panorama teatral que se disfruta fuera de España, y a la recepción que el público y la crítica le dispensan a lo largo de estos seis años. Figuras de la importancia de Pirandello, Bernard Shaw, Strindberg o D’Annunzio van a ser objetivo esencial de su interés[10].

El tono autobiográfico fue una constante en la creación literaria de Manuel Machado. En 1917, en un artículo aparecido en El Liberal y, publicado posteriormente en Un año de teatro, ensayos de crítica dramática (1918) decía así:

Por mi parte no me siento lo más livianamente grave, ni siquiera serio, ni menos triste ni avinagrado. La vida no me ha sido lo bastante enemiga para eso. Y en mis cuarenta años de existencia (treinta por lo menos pueden repartirse entre los dolores y las alegrías, en la proporción corriente, ya que yo empecé muy niño [con la muerte de su padre]), he pasado mis penas, he saboreado mis goces, he visto mucho y he reído bastante. Nada, en resolución, ha podido acibarar mi natural benévolo, ni desarraigar un optimismo que no fundo yo precisamente en una alta estimación de los hombres, sino en la admiración que siento por lo mucho que hacen… dado lo poco que valen y pueden. Sigue leyendo